Actualizado: 25/01/2022 14:16
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La izquierda a debate

Un(a) Cuba libre: ¿Hibridación postmoderna del ron y la Coca Cola?

Diálogo con el filósofo y profesor Eduardo Subirats sobre la relación de la izquierda internacional con el castrismo.

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Al no poder aplicar sus delirios dominadores a nivel mundial, se lo hacen sentir a sus propios pueblos. Un ejemplo histórico es el de la Conquista española: a pesar del exterminio causado por ésta, a pesar de las consecuencias de la colonización, estoy convencido de que los auténticos desastres causados por la Conquista no son mayores que los que han provocado los gobiernos autóctonos en América Latina. Y no sólo se trata de la alianza de estas élites nativas con el gran capital. El ejemplo de Cuba demuestra a las claras como un gobierno nacionalista, con un poder absoluto sobre los medios de producción nacionales, puede destruir una nación.

E. S.: Si me lo permite, le interrumpo un instante. Los enunciados: la "independencia fue tan genocida como la colonia" o "el comunismo es tan destructivo como el neo-liberalismo", no me parecen correctos porque plantean como opuestos términos que no lo son. Parto de la premisa de que la independencia latinoamericana no fue una independencia, sino una continuación del colonialismo por otros medios, y el comunismo ha sido un capitalismo dictatorial con efectos devastadores. Una de las cosas que debe aprender la nueva teoría crítica, o si lo quiere así una virtual nueva izquierda, es esta continuidad, debe arrancar de esta continuidad para poder entender el presente histórico.

J. A. C.: En un artículo suyo ("Las estrellas literarias, clérigos, el intelectual"), usted hace un llamado a "recuperar el valor humano de las palabras y la restauración de una vida dañada", de todo lo cual infiero que confía usted aún en el papel del intelectual como "desperezador" de conciencias, como conciencia crítica de las sociedades actuales.

Su respuesta de ahora, en cambio, destila un escepticismo paralizador, lo cual veo como una paradoja difícil de comprender. Estoy de acuerdo en que, en muchos sentidos, el intelectual se ha volatilizado, se ha convertido en un fantasma, en un "clérigo de ideas institucionalizadas", o en un "torremarfilista" dedicado a extensas y aburridas charlas bizantinas.

Pero eso no sólo ocurre en el mal llamado primer mundo, donde todavía un intelectual puede sentirse a salvo en su crítica políticamente correcta desde el sillón de una cátedra universitaria, sino también en países del Tercer Mundo, donde el intelectual se "fantasmiza" en un sentido aún mucho más literal, hablando la voz impuesta desde el poder, como el muñeco de un ventrílocuo, ya sea por mero servilismo, por desidia, por codicia o por salvar el pellejo.

Algunos de los males de este siglo XXI que usted acertadamente enumera en su respuesta, podrían aparecer perfectamente en el repertorio retórico de cualquier pequeño déspota tercermundista que busca instrumentalizarlos en aras de satisfacer sus apetencias de poder a menor escala. ¿Qué alternativas ve usted concretamente para un planteamiento menos ambiguo que abra el camino a posibles soluciones?

E. S.: Intelectuales: soy crítico con respecto a lo que sucede en el mundo intelectual a mi alrededor. En dos palabras: lo que sucede en un extremo al profesor corporativo o estatal (literalmente acorralado por la burocracia en todos los sentidos imaginables), y en el otro en la industria cultural (donde tanto vendes tanto vales, con un mercado que de todos modos está trucado).

Soy crítico, en la medida de mis capacidades, conmigo mismo. Y no vamos a hablar de esto. Pero creo firmemente que el intelectual tiene hoy una importantísima tarea que asumir y no hacerlo implica una cobardía de su parte, una traición a sí mismo. Y no estoy hablando de irse al monte con el fusil al hombro, sino construir un análisis ejemplar y un discurso responsable.

Lo que me cuenta de mi artículo sobre el intelectual en el mundo contemporáneo, es decir, que lo publicaron en Cuba, no lo sabía. Mire, me lo censuró El País, de Madrid, El Nacional, de Caracas, y Página 12, de Argentina, La Jornada, de México, lo publicó y su directora, a quien no conozco, me felicitó electrónicamente. Y que yo sepa, lo va a publicar una revista de poesía en México.