Actualizado: 22/01/2022 2:37
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La izquierda a debate

Un(a) Cuba libre: ¿Hibridación postmoderna del ron y la Coca Cola?

Diálogo con el filósofo y profesor Eduardo Subirats sobre la relación de la izquierda internacional con el castrismo.

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Este es el panorama común y corriente cuando alguien desde los márgenes del poder administrativo sobre la cultura envía un artículo, crítico en unos aspectos y afirmativo en el otro. Pero para mí, el problema no reside en saber por qué el funcionario que dirige las páginas de El País, o el periodista de Página 12 me lo censure, y la desconocida periodista de México lo aplauda.

Jamás entenderé en qué basan estas decisiones y a menudo sospecho que son puras cuestiones personales. En cualquier caso, la cuestión no reside ahí. La cuestión reside en que tanto da publicarlas o que sean censuradas: estas críticas se las lleva el viento.

La cuestión reside en organizar esta teoría crítica en un sentido conceptual y en un sentido social. Y no lo planteo como alternativa, lo planteo como necesidad de supervivencia intelectual. No solamente es preciso construir una teoría crítica a la altura de los tiempos. También es necesario organizar sus canales de comunicación independientes. Crear una tradición intelectual crítica en un mundo cultural hispánico donde tradicionalmente ha sido barrida por funcionarios e inquisidores.

J. A. C.: En ese sentido, en el que usted enunciaba de "recuperar el valor de la palabra", radica a mi juicio una de las principales responsabilidades del intelectual de estos tiempos. Eso lo comparto con usted. La clase política, sea del color que sea, al igual que determinados movimientos opositores aparentemente al margen, sigue ocultándose detrás de ese esquema maniqueo de "buenos" y "malos", de "izquierdas" y "derechas", etcétera.

El mundo de la política es, como se dice en alemán, eine Welt für sich (un mundo aparte). La política actual se ha convertido en una especie de espectáculo deportivo con rivales que en el fondo se abrazan y dan palmaditas en los vestuarios. El fin último es el espectáculo que ofrecen. Uno de los principales medios de dominación es el monopolio sobre la palabra. Para ello, la clase política adopta el lenguaje prefabricado que se ajusta a sus intereses y responde al cliché a partir del cual construye su puesta en escena.

Esto sucede así, sobre todo, en los países donde rige la democracia tradicional. Y sucede también, de una manera aún más terrible, en los países donde gobiernan dictaduras, que en la actualidad son casi siempre países pobres y pequeños. Sólo que en estos últimos la oposición es desaparecida (a veces literalmente) del mapa: es acosada, expulsada al exilio, encarcelada, torturada y asesinada.

Y permítame ahora, a riesgo de pecar de "ombliguista", que vuelva al caso de Cuba, que es el que mejor conozco, y porque es también algo que, sacado de su contexto, vale para definir un tanto lo que sucede en general en el mundo de la "alta política": un amigo me dijo una vez que Cuba era la víctima de un acuerdo tácito entre el gobierno pseudocomunista de La Habana y el gobierno pseudodemócrata de Washington. La conclusión me parece acertada: ambas clases políticas se necesitan…

E. S.: Disculpe que le interrumpa de nuevo, pero usted salta siempre con la mayor alegría de una cosa a otra. Y una cosa es el espectáculo postmoderno y otra el concepto de dictadura de Valle Inclán ( Tirano Banderas) y sus sucesivas expresiones desde Porfirio Díaz a Trujillo y a Castro, guardando las diferencias históricas que las distinguen. Voy al tema del espectáculo. Luego regresaremos a su isla.

En 1967, Guy Debord, el fundador de la Internationale Situationiste, uno de los grupos intelectuales y políticos más innovadores y revolucionarios (y pequeños) de la Europa de los sesenta, creó una categoría central: la "sociedad del espectáculo". No voy a dar ahora una clase sobre este concepto. En los ochenta, yo mismo escribí La cultura como espectáculo, a renglón seguido del libro de Debord y contra el conservadurismo posmodernista que en aquel momento comenzaba a hacer furor (yo mismo colaboré con los situacionistas en los sesenta e intenté formar su sección ibérica, aunque todo acabó en un par de reuniones y luego la IS se disolvió).

Básicamente, lo que formuló Debord por primera vez fue la consecuencia de la colonización integral de la existencia humana, y sus expresiones espirituales y culturales por la lógica de la mercancía y su potencia transfiguradora de lo real. Es decir, lo que luego aplaudieron los Lyotards y Jamesons, y los Baudrillards y los Huyssens, y todo la farándula académica de los gringos y toda la mediocridad europea que les ha seguido la corriente…