Actualizado: 19/06/2024 16:42
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Economía

Recortar lo exiguo

Las medidas que toma el gobierno para enfrentar la crisis pueden acabar frenando el ya limitado crecimiento.

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El gobierno del general Raúl Castro ha reducido en un 6% el presupuesto de sus organismos locales, así como el de los sectores más importantes de la economía, para lo que resta del año 2009.

 

El recorte del gasto gubernamental antecede a las predicciones de crecimiento que anunciará el Comité Económico para América Latina (CEPAL) la próxima semana, y que en el caso de Cuba pueden resultar muy negativas dentro del conjunto de la región.

 

Las autoridades ya reconocen que el crecimiento planificado para 2009, un 6%, no se va a alcanzar en las actuales condiciones. El ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo, ha afirmado recientemente que ahora sólo se espera un "2,4% o 2,5%". La cifra, probablemente, volverá a ser rebajada de forma ostensible por la CEPAL, como consecuencia del efecto combinado de la caída de las remesas de los familiares en el exterior, el descenso en las exportaciones de los principales productos y el hundimiento de la campaña turística, entre otros elementos.

 

Ni siquiera los ingresos que el régimen suele recibir por el trabajo de maestros, médicos y servicios sociales en otros países van a poder compensar la caída en picado de la economía cubana.

 

Las tensiones financieras internacionales están golpeando la liquidez en divisas, de modo que las empresas extranjeras que operan en la Isla tienen dificultades para repatriar sus beneficios, en la medida que el Banco Central —cuyo presidente abandonó el cargo hace pocos días— no está atendiendo con el debido rigor y premura los compromisos, ante la escasez de moneda fuerte.

 

Medidas parche

 

La reacción de las autoridades, estableciendo controles en el consumo de energía, reduciendo la mermada dieta de alimentos racionados y restringiendo determinados servicios públicos, como el transporte, es un parche que, en modo alguno, va a servir para paliar la situación de escasez en que viven los cubanos.

 

Por último, y en el inicio de la temporada ciclónica, las autoridades han promovido intensos reajustes en los planes de construcción de viviendas, sobre todo en la recuperación del medio millón de inmuebles dañados por tres huracanes en 2008.

 

Los analistas internos atribuyen este lúgubre escenario "a lo duro que ha sido el golpe de la crisis económica mundial para la economía cubana''. Y razón no les falta. Los motores externos de la economía cubana se han apagado, o funcionan al ralentí y, en ausencia de una posición competitiva exterior bien definida, el agotamiento del modelo productivo planea como una pesada losa.

 

Por ello, cuando hace algunos días se anunció el plan especial para mejorar el comercio de productos agropecuarios, que comienza el 1 de agosto, muchos pensamos que este tipo de soluciones no es la más acertada cuando lo que se necesita, en el caso de la economía cubana, es dar un giro de 180 grados.

 

Teniendo en cuenta que en Cuba, el sistema económico está participado ampliamente por el Estado, y que la iniciativa que se podría calificar como "seudo privada" está muy limitada y condicionada por las autoridades, la reducción de un 6% en los presupuestos públicos no significa otra cosa que un derrumbe del PIB, es decir, del valor de la economía en su conjunto.

 

En una economía estatal, menos gasto público es menos capacidad de asignación, de producción, de acopio de bienes intermedios, de inversiones, en suma, freno al crecimiento. Una medida que en los países con economía de mercado resulta fundamental para reactivar el crecimiento económico, en Cuba se puede convertir, en las actuales condiciones, en un arma de doble filo. Se puede considerar que es positivo que un gobierno se apriete el cinturón en momentos de crisis, si hay contrapartida en un sector privado capaz de asumir el tirón de la economía y liderar el crecimiento. Este es precisamente el efecto deseado con las medidas de ahorro público.

 

Pero ¿existe ese sector privado capaz de reemplazar al público en el liderazgo económico en Cuba? Evidentemente, la respuesta es no. Y el actual escenario no es el mejor para ensayos macroeconómicos que carecen de sentido, sino para adoptar soluciones más valientes: libertad de empresa privada, derechos de propiedad y economía de mercado. Esta receta es ahora más necesaria que nunca.


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