Actualizado: 15/10/2021 16:37
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Respetemos la virtud allí donde florezca

En el debate de la realidad cubana, existe el peligro de que una simplificación excesiva de los temas lleve a cada cual a recurrir una serie de postulados esenciales, que no se formulan claramente, y se pase entonces al rechazo de las opiniones ajenas

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Mientras el futuro y toda Cuba se encoca-cocacolecen,
yo estoy contando a estas alturas con tu amor ¿qué te parece?
Tengo un proyecto en la cabeza constructivo y amoroso
Vanito y Lucha Almada

Después de leer en el COMPENDIO del Observatorio Crítico el texto A propósito de un artículo de Armando Chaguaceda[1], del profesor Ariel Díaz Lazo (cubano recientemente radicado en Miami), me he quedado un poco desconcertado. No es que nadie esté obligado a colmar mis expectativas, pero ante el volumen de textos producidos por el politólogo cubano Armando Chaguaceda, la variedad y profundidad de los mismos, el compromiso ético y patriótico emanado de ellos, era lógico esperar una oposición más digna.

Es importante conocer, de antemano, que se trata de dos intelectuales que discursan desde posturas políticas bien contrapuestas, dado que Chaguaceda es un reconocido hombre de izquierda, anticapitalista, mientras que Ariel Pérez Lazo, como leímos recientemente[2], no se reconoce como tal. Ariel en el texto citado dice que: “Este fenómeno se expresa en la formación de una moda intelectual, la de ser anti-capitalista. Al parecer pocos se dan cuenta que ser anti-capitalista no es positivo, pues no puede haber una ética hecha de negatividades. Para atacar al capitalismo habría que buscar un sistema social que lo supere, quien no avanza más allá de su negación, asume posiciones cercanas al nihilismo”. A mí personalmente me basta con las atrocidades que, a nombre del capitalismo, la “libertad de empresa”, etc., se cometen en nuestro planeta, para sentir un profundo sentimiento anti-capitalista; ahora ¿qué le hace pensar a Ariel que quienes rechazamos el capitalismo y el autoritarismo no tenemos propuestas “positivas” como alternativa? Al parecer durante el tiempo que estuvo en la Isla indagó poco acerca de las propuestas que hoy se mueven por acá. Lo mismo en el resto de América Latina.

El mismo Chaguaceda nos dice en el texto en debate[3] que hay quienes “necesitan invisibilizar la existencia de actores, ideas y propuestas democráticas de izquierda [en Cuba], para depositar todo su capital simbólico (y material) en manos de los opositores vinculados a las políticas de los gobiernos occidentales y la derecha internacional”. Quizás sea por eso que Ariel no logra ver algunos puntos que señala Chaguaceda. Me arriesgo entonces a compartir algunas impresiones que dejó en mí el trabajo de Pérez Lazo.

La equivalencia

Ariel no ve dónde radica la equivalencia entre las “posturas de satanización y apología al régimen cubano”, señaladas por Chaguaceda. Este punto es bien fácil de dilucidar. Considero que la similitud está justamente en los modos con que, desde cada extremo, se intenta hacer política. El socorrido recurso de descalificar al opuesto está siempre presente. No interesa si se poseen o no argumentos, solo importa desautorizar al otro para imponer una verdad. Los adjetivos que se utilizan son iguales en módulo, y diferentes en signo. Los ataques (pues el diálogo no parece importar a ninguna de las partes) buscan como objetivo establecer una única postura válida, una única versión legítima. Diálogo de sordos; eso es lo que sucede.

Siento la tentación de colocar algunos ejemplos “insignes” de estos ataques de ambos bandos, pero no cederé. Verdaderamente el juego de las descalificaciones es muy atractivo, pero infértil.

Otro modus operandi de estas posturas es la simplificación o allanamiento de los temas en debate. Cada cual recurre a unas “esencias” casi nunca demasiado explícitas, y desde ahí rechazan cualquier mirada que ausculte la complejidad del proceso. Como resultado, las diatribas están comúnmente marcadas por la autorreferencialidad, el fetichismo, y el aburrimiento.

De modo que sí son equivalentes las posturas, sí existen, y sí lastran la posibilidad de un debate fértil, respetuoso aún desde posturas ideológicas opuestas. Chaguaceda sólo distingue la postura de Arango fuera del dualismo anterior, sencillamente eso.

El centro del análisis

Muy rápidamente Ariel salta a la que sería la segunda afirmación de Chaguaceda (más adelante descubriremos que no hay más que estos dos puntos, pues su texto termina). Nos sorprendemos, pues no se trata de una afirmación (como él dice) sino del hecho de haber escogido Chaguaceda un artículo de Arturo Arango[4] como centro del análisis.

Según Pérez Lazo, Arango “simplifica la cuestión política cubana, o más bien la distorsiona”, términos bien arbitrarios aquí, puesto que no da argumentos que amparen tal afirmación. Sólo demanda de Arango que aclare qué es “socialismo”, lo que me lleva a recordar aquellos versos de Silvio: “Nadie sabe qué cosa es el comunismo, y eso puede ser pasto de la censura”.

Ariel no parece querer ver que el texto de Arango (muy interesante, a mi juicio) no es “el centro del análisis”, sino apenas una justificación de Chaguaceda para expresar y profundizar en algunas ideas. Eso se desprende desde el inicio al leer el subtítulo del trabajo, que reza: A propósito de un artículo y ciertas ofensas. De tal modo, el texto de Arango es un punto de partida desde donde Chaguaceda complejiza los temas tratados.

Ariel, incluso, pasa por alto lo que para Chaguaceda resulta especialmente valioso del artículo de Arango “(…) al dar cuenta de quienes no desean una sociedad de exclusiones, de marginación, de intolerancia, de desigualdades profundas, Arturo captó la esencia de iniciativas como las reunidas dentro de la Red Observatorio Crítico, militantes del compromiso crítico con el socialismo cubano. Y que han cosechado, a la par del amplio reconocimiento nacional y foráneo, el acoso y la descalificación de funcionarios y exiliados, con argumentos similares de ser objeto de la “manipulación” de “los otros”. No sabemos qué piensa Ariel de esto. No nos lo dice.

Sin muchos más argumentos, Ariel concluye expresando que “Chaguaceda no ha avanzado un paso más allá de esa crítica a medias al régimen totalitario”. No intentaré siquiera demostrar los posibles valores del artículo de Chaguaceda, puesto que lo mejor es sencillamente leerlo. Recomendable sería, además, leer los muchos otros textos de este autor, de modo que la opinión que se derive de la lectura esté más anclada en la realidad. Los valores, claro está, estarían en estrecha relación con la “utilidad” de los mismos.

Eso sí, me sorprende cuán epidérmico y pueril puede ser el reclamo de Ariel de exigirle de algún modo que use palabras como “totalitario”, “estalinista”, etc. ¿Cuál es el provecho que nuestro pueblo puede sacar de eso? Lo gracioso (para satisfacer sus reclamos) es comprobar cómo, en un espacio compartido por ambos[5], Chaguaceda hace uso de los  términos caros a Pérez Lazo, sin embargo él (creo que para ese entonces aún estaba en Cuba), no se arriesgó a tanto en la misma publicación.

Superemos nuestros egos. Desarrollemos nuestra vocación de servicio al pensamiento revolucionario, a la gente. Caminemos con humildad por estos debates de la Cuba de hoy, y respetemos la virtud allí donde florezca.

Este artículo apareció publicado en el blog de la Cátedra Haydeé Santamaría: http://elblogdelacatedra.blogspot.com/2010/06/respetemos-la-virtud-alli-donde.html


[1] A propósito de un artículo de Armando Chaguaceda. Ariel Pérez Lazo. http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/a-proposito-de-un-articulo-de-armando-chaguaceda-239540
[2] Dossier: Jóvenes opinan sobre los retos de la nación. Espacio Laical. Año 6, Nº1/2010, p.13. http://espaciolaical.org/contens/21/1300.pdf
[3] Cuba: los colores del presente. Armando Chaguaceda. http://elblogdelacatedra.blogspot.com/2010/06/cuba-los-colores-del-presente.html
[4] Cuba: los responsables del futuro. Arturo Arango. El País http://www.elpais.com/articulo/opinion/Cuba/responsables/futuro/elpepuopi/20100513elpepiopi_12/Tes
[5] Nos encontramos ante un dilema de gobernabilidad. Lenier González Mederos. Espacio Laical. Año 6, Nº1/2010, p.49. http://espaciolaical.org/contens/esp/sd_088.pdf


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