Actualizado: 21/11/2019 17:15
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Economía

Vueltas de carrusel

¿Algo se mueve en la Isla? Sin revelar nada en concreto, Osvaldo Martínez intenta convencer a la opinión pública europea.

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El anuncio de una conferencia en Madrid de Osvaldo Martínez, presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional del Poder Popular, levantó ciertas expectativas, considerando la presunta disposición de La Habana para emprender el camino de una reforma económica.

Sin embargo, la charla del funcionario, que tuvo lugar en la Casa de América, no pasó de un simulacro. Enseguida, buena parte de los asistentes se vieron profundamente decepcionados, al escuchar los mismos argumentos de siempre, que atribuye la culpa de la parálisis de la sociedad cubana al "bloqueo imperialista" y, frente a ese desafío, la voluntad de la dirigencia del país para "perfeccionar el socialismo".

Resulta un lugar común que el poder no consulta ni tiene en cuenta al mundo académico para elaborar sus políticas en general. Los académicos con permiso para salir y hablar públicamente, forman parte de la "intelectualidad orgánica" de la revolución y como tal mantienen una estrecha complicidad con el poder, reproduciendo su secretismo y sus consignas; cuidando al máximo el puesto que ocupan en la nomenclatura del régimen.

Ateniéndose a este principio, Martínez expresó: "No voy a hacer revelaciones sensacionales sobre política económica". Sin embargo, ya es el segundo economista del régimen, de cierto rango, que pasa en un mes por la tribuna pública madrileña, hablando mucho, pero sin revelar nada en concreto.

Todo esto apunta a que La Habana, con el fin evidente de predisponer favorablemente a la opinión pública de que algo se mueve en la Isla, de que "esta vez la reforma va en serio" y de que "Raúl sí tiene voluntad de renovador", envía a España —el país de la Unión Europea con mayor sensibilidad e implicación de todo tipo en el tema— a sus más leales —que no talentosos— economistas con el fin de crear una falsa impresión. El gobierno busca concitar simpatías que le permitan crear un contexto de apoyo en la Unión Europea, en un momento crucial de su andadura histórica.

A juzgar por la magra, contenida y parcializada exposición de Martínez, cabe pensar que ese es el objetivo de las "giras" recientes, y las que quizás falten, de economistas adosados al poder. El ponente se comportó como una estación repetidora, al expresar las ideas preferidas por el poder: "A pesar del doble bloqueo, se superó el momento más difícil de la crisis", y "a partir de los primeros años de este siglo se rebasó la etapa de supervivencia y ahora se piensa en elaborar proyectos de desarrollo".

Realidad sesgada

Evidentemente, el sistema económico isleño siempre se ha distinguido en la gestión de la pobreza, pero falla sistemáticamente en la creación de riqueza. Lo que no expresó Martínez es que de lo más profundo de la crisis se pudo salir gracias a las medidas liberalizadoras que el régimen implementó a regañadientes. O sea, que gracias a una limitada apertura del mercado, pudo preservarse el férreo monopolio del Estado totalitario sobre el movimiento económico de la nación.

Tampoco dijo que, gracias a haber encontrado en los petrodólares chavistas un nuevo agente subsidiador del desastre nacional, el régimen no se ha hundido del todo y coquetea ahora con una "reestructuración económica" cuyo contenido y alcance mantiene, como siempre, en el más absoluto secreto.

Martínez se ufanó de la superación de los apagones, "gracias a una iniciativa del Comandante en Jefe" que pasa por reducir la dependencia del sistema energético nacional de las ineficientes y derrochadoras termoeléctricas soviéticas —mientras convino al gobierno, la ayuda soviética era generosa y desinteresada, ahora es reprendida—, instalando "grupos electrógenos" que funcionan con diésel.

Sin embargo, el economista cubanoamericano Carmelo Mesa-Lago ha detectado defectos graves a largo plazo en el nuevo programa energético: "Sólo un tercio de los grupos electrógenos ha sido instalado, el voltaje en las horas pico disminuye perceptiblemente, han estallado transformadores y a mediados de 2006 y comienzos de 2007 se reportaron apagones en La Habana, Matanzas y Pinar del Río. Evaluando 18 meses de la 'Revolución Energética', el vicepresidente Carlos Lage reconoció que 1.200 millones de toneladas de diésel son consumidas a un costo muy alto, el suministro de combustible sigue siendo vulnerable, el consumo de electricidad podría ser cortado y los ahorros son insuficientes".

Sectores deprimidos

Según Martínez, la transportación de pasajeros en La Habana requiere un óptimo de millón y medio de viajes diarios y ahora se están alcanzando entre 400.000 y 500.000. Este aumento se ha logrado gracias a la introducción de ómnibus chinos. Empero, el propio ministro de Transporte reconoció que "el déficit acumulado es tan grande que la situación no ha mejorado con la importación de buses, el equipo no se mantiene adecuadamente y los trabajadores no han sido entrenados para manejarlos".

Por otra parte, La Habana, en su comercio con Pekín, tiene que vérselas con intermediarios que cobran comisiones. Además, el 60% de las empresas chinas están en manos privadas, lo cual restringe la capacidad estatal de ayudar a la Isla.

Con respecto al sector agropecuario, Martínez reconoció su estancamiento, caracterizado por la improductividad y el incremento de las tierras ociosas. Esto conduce a que el gobierno se vea en la necesidad de destinar unos 1.500 millones de dólares a la importación de alimentos, de lo cual tampoco escapa el azúcar, cuya ineficiente industria atraviesa la mayor crisis de su centenaria historia.

Para el presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional, la solución al problema de la productividad en el campo pasa por "darle mayor flexibilidad a los productores agrícolas y un mayor estímulo a las relaciones mercantiles en la agricultura", aspecto con el cual el nuevo liderazgo parece concordar, al menos en sus escasas y escuetas declaraciones.

En relación con el turismo, el funcionario señaló que después de rebasar los dos millones anuales, en los dos últimos años ha habido una desaceleración. A pesar de que este fue un sector desarrollado por exigencias de la crisis de los noventa, dijo: "no renunciaremos al turismo, el turismo llegó para quedarse".

Sobre la educación, alabó los consabidos "logros" y dijo que gracias a su "elevado nivel" el país está en condiciones de exportar profesionales de la medicina y de otras ramas. No obstante, eludió referir que más del 50% de las personas que emigran son jóvenes que han perdido toda esperanza de realización personal en su país.

Una bomba de tiempo

Martínez admitió de buen grado un grave problema estructural: la estructura demográfica de la población, debido, sobre todo, a una tasa de natalidad muy baja y una larga expectativa de vida. De modo que el envejecimiento de la población, en combinación con el desempleo, problema al cual no aludió, pueden llevar a la quiebra del sistema de Seguridad Social.

Antes de 2025, la población en la Isla será la más envejecida del continente, con tan sólo dos personas en edad productiva por cada pensionista. Posiblemente no exista problema social más serio que la quiebra de los regímenes de pensiones, como resultado de un acelerado envejecimiento que continuará demandando servicios sociales y jubilaciones, aumentando de esta forma la presión para el incremento de la productividad.

Frente a un problema tan grave y complejo, el economista propuso elevar los niveles de eficiencia; o sea, la menguada productividad del trabajo, pues la relación entre ésta y el salario medio es muy asimétrica actualmente. Para ello, recurre a la vieja e ineficaz fórmula del "perfeccionamiento empresarial" —una reliquia de los tiempos de la planificación—, que, según él, ha demostrado su viabilidad en el 29% de las empresas del país.

Se presentó como un acérrimo defensor del plan, a pesar de admitir que posicionarse en tal extremo lo incluye en una especie de economista del Jurásico.

En relación con el grave problema de la dualidad monetaria, que separa la economía en dos compartimentos estancos —lo cual impide, entre otros factores, la elevación de la productividad—, Martínez reconoció que "fue una penosa necesidad", para renglón seguido afirmar que "es política declarada del gobierno cubano eliminar la dualidad monetaria, aunque no figura en el orden del día de las autoridades".

Preguntas sin respuesta

El economista reconoció que aún no ha finalizado el llamado eufemísticamente "Período Especial", aunque defendió que Cuba se halla en una "fase diferente" y que la composición sectorial del sector externo se ha modificado sustancialmente desde 1989.

En la ronda de preguntas ocurrió un suceso increíble. Uno de los asistentes le expresó que los dirigentes del país llevan medio siglo abusando de la paciencia del pueblo y que después de hacer una revolución que se planteó resolver los problemas básicos (alimentación, transporte, empleo, vivienda), ese gobierno "revolucionario" no ha cumplido sus promesas y lleva el mismo tiempo echándole la culpa a un poder extranjero. De repente, se originó un ruido ensordecedor en los altavoces de la sala, con lo cual la pregunta quedó en suspenso.

A pesar del casual problema de sonido, la pregunta tiene existencia propia y sigue en el aire para el señor Martínez: "¿Cuánto tiempo más necesita el régimen para resolver, de una vez y por todas, los problemas fundamentales del pueblo cubano?".


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El economista Osvaldo MartínezFoto

El economista Osvaldo Martínez (dcha.), junto a Fidel Castro, en 2003. (AP)