Actualizado: 18/01/2022 16:22
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Artes Escénicas

El Teatro ha muerto

Se avanza hacia una cultura doméstica y la gente se quedará cada vez más en casa. ¡Viva el progreso!

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Müller propuso una dramaturgia saturada de imágenes abiertas, perfectas para tecnologizar, aunque este nunca fue su propósito. Su tremendismo sintético, se puso de moda a finales del siglo XX, hasta que cayó el Muro de Berlín. Grupos como Blue Man Group y el Cirque du Solei, de tendencia mucho más comercial que el binomio Willson-Müller, vigorizaron a Frankenstein con puestas en escena que costaban millones de dólares.

Informática y glamour

La música y el circo contaron a través de una dramaturgia de números. La línea divisoria entre arte y entretenimiento se volvió muy delgada. Informática y glamour hicieron latir al monstruo.

Frankenstein hizo de todo para llegar a donde el cine no podía llegar. Se prostituyó en el teatro comercial poniéndose nalgas y tetas artificiales y máscaras sensuales, que ocultaron sus cicatrices, también ligas y pelucas. Se traicionó en el teatro oficial interpretando repertorios empolvados, cómodos para los políticos de turno, quienes pudieron presumir gracias a la cobardía del teatro por primera vez, de la grandeza del país. Inmolándose en los teatros independientes, los cuales se dejaron quemar por la causa y no tuvieron la astucia de Galileo Galilei.

Para ponerle las cosas más difíciles a Frankenstein en su paso impetuoso, surgieron en este período medios aun más cómodos para el espectador. La televisión, la cual rápidamente descubrió el cable y trasmitió estupideces obnubilantes por 180 canales durante las veinticuatro horas del día, hirió mortalmente al cine.

Ya no hay que salir de casa para ver cine, remataron el vídeo y las tiendas de Blockbuster. Redes de familias enteras, el fin de semana, ven de cinco a diez películas en casa, a excepción de las películas de estreno. Y para cerrar con broche de oro, la computación se integra cada vez más a la televisión global y a la distribución de películas.

Lo que se viene, y de hecho ya está pasando a menor escala, es que el espectador puede programar su propia televisión en la red y además alquila las películas por Internet, las cuales paga con dinero electrónico y recibe directamente en la pantalla. Se avanza hacia una cultura doméstica, en la que todo estará al alcance de la mano y la gente se quedará cada vez más en casa. No lo condeno, es lo que es. Nadie lo puede parar. Hacia allí vamos. ¡Viva el progreso!

Cuando Frankenstein llegó al lugar donde creía que el cine no podía alcanzar, se descubrió en Las Vegas. Entonces tomó un puñal y buscó un árbol, no lo encontró por ninguna parte. Finalmente marcó una máquina de juego. Después corrió donde el cine y lo recibió una computadora con la cabeza del cine recién cortada en una mano. El cine salio detrás de una cortina y le dijo:—¿Te gustó el efecto cinematográfico? Luego le contó que sus películas entraban perfectamente en la televisión y la computación, por lo que su eternidad estaba garantizada.