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Anestesia local, pistola en mano

Castro, Pérez Roque y el futuro de la Isla: ¿Está en los jóvenes la clave del problema?

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Quien ejerce el mando sólo busca cambios que mantengan el statu quo. El que evidentemente aspira al cetro sabe que los cambios serán inevitables. El gobernante, a punto de cumplir 80 años, utiliza a los jóvenes en un simulacro de "revolución cultural", para atemorizar a quienes lo rodean.

El otro sabe que en los jóvenes está la clave del problema. El primero le habló a los jóvenes estudiantes. El segundo habla en representación de los jóvenes. Uno habla de la muerte, pero está convencido de que aún le quedan muchos años por delante. Otro no se atreve a mencionarla: "no son [estos días] para evocar noticias tristes, ni temas a los que se rechaza nada más de pensar en ellos".

Las palabras plañideras del cortesano lo denuncian: vislumbra la muerte del gobernante, la teme y la desea y se atreve a proponer un futuro sin Castro. ¿Cae en la trampa impulsado por su ambición, repite la impresión que causó al abalanzarse al podio cuando el desmayo del mandatario, o de nuevo cumple órdenes? El Pérez Roque de siempre: no es posible tanta osadía sin una autorización expresa.

Una caja de resonancia

El ministro ha hecho de la repetición un hábito. No le basta con volver a lo expresado por el gobernante: la Isla ha alcanzado la "invulnerabilidad militar". Afirma que se alcanzará la "invulnerabilidad económica", pero no está tan seguro respecto a la "invulnerabilidad ideológica y política". Ya aquí no hay repetición, sino duda. Al decir esto comete el primer error de muchos. No sólo lo han colocado en la posición de ser una caja de resonancia, le han dado también cuerda para que se arriesgue a una nota disonante.

Si es necesario reinventar la revolución, la tarea no puede quedar en manos de los "veteranos", cuyos errores ahora está pagando la población. Castro dice apostar a los jóvenes, ejemplificados en los trabajadores sociales.

Pérez Roque rebate ese argumento. Quienes eran niños al inicio del "Período Especial" y los que en los últimos diez años han llegado a la adolescencia —aproximadamente dos millones y medio de la población nacional—, tienen "más información y más expectativas de consumo que los jóvenes que al principio de la Revolución fueron a alfabetizar", no se dejan conquistar por "el mismo discurso de siempre, que si la salud y la educación", muchos pertenecen al grupo de gente que se "hace ilusiones con el capitalismo". Nada más peligroso para un fonógrafo que creerse cantante.

El ministro teme que la "invulnerabilidad ideológica" se pierda "cuando no exista la voz que llame cuando los demás no se dieron cuenta" y propone salvar el Estado, porque si éste no se salva, no se salva él. Quiere una legitimidad basada en la autoridad. Invierte los términos propios de un Estado de derecho, donde la legitimidad es la que otorga autoridad y apela a que los dirigentes sean honestos y no tengan privilegios. Llama al apoyo popular sobre la base de ideas y convicciones y pide predicar con el ejemplo. Propone impedir a toda costa el surgimiento de una nueva burguesía.

Dieterich tercia

La estrategia del canciller no se sostiene. Heinz Dieterich, en Rebelión, la hace pedazos: "Apelar a la disciplina revolucionaria y los valores éticos en las actuales circunstancias de Cuba, tener que ser como Fidel o el Che, no cambiará el panorama general de la situación, porque las condiciones objetivas no sostienen ese discurso". Y en otro párrafo: "la propiedad estatal es percibida por muchos como una propiedad ajena o anónima, que se puede privatizar a través del robo. Mientras esto sea así, será difícil acabar con la corrupción y el robo, como muestra el ejemplo de China".

Esto lo escribe un intelectual favorable al gobernante cubano y un ideólogo cercano al presidente venezolano Hugo Chávez. Si la izquierda tradicional rechaza el discurso del ministro, ¿qué futuro le espera a éste? Porque desde hace años esta misma izquierda puede no estar de acuerdo con las acciones o los postulados de Castro —las palabras de Dieterich son también una impugnación al discurso del gobernante—, pero se siente obligada a no rechazar su figura.

Pérez Roque convertido en una caja de resonancia desafinada, a la espera de la patada que lo quite del medio. Fue advertido a tiempo, cuando al ser nombrado ministro de Relaciones Exteriores dijo que lo único que él realmente conocía era la forma de pensar de Castro.

En aquel entonces, el escritor Norberto Fuentes destacó que la afirmación era falsa. "Si realmente conoce la mentalidad de Fidel Castro, lo primero que hace es pedir asilo en el próximo país que visite". Hay una enorme distancia entre conocer el pensamiento íntimo de Castro y obedecer a pies juntillas todo lo que el gobernante manda a decir: ¿Cuántos han sobrevivido a sus dictados? Una distancia enorme, que se mide con un paso al vacío.


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