Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Los factores del país

A 106 años de fundada la República, el debate sobre nuestra mayoría de edad parece no tener fin.

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Aunque el 20 de mayo fue vivido como una fiesta nacional, la República de Cuba nació bajo el signo de la frustración. En un artículo publicado ese mismo día en El Fígaro, Juan Gualberto Gómez se lamentaba de que los resultados de la Revolución del 95 "no han correspondido a las esperanzas que se pusieron en las ideas directoras y en los métodos propagados y recomendados por el fundador eximio del Partido Revolucionario Cubano", y reconocía que con la intervención "se desvió el sentido del movimiento que Martí preparara y organizara, y en esta desviación está la clave de la grave herida que sufre en este momento el ideal de independencia absoluta de la Patria cubana".

Para otros, más escépticos ante el discurso martiano, la independencia no era sino una gran catástrofe que hundiría al país en la anarquía, la barbarie y la dictadura. En su panfleto Cuba Libre. Anexión o independencia, Francisco Figueras señalaba los muchos obstáculos que hacían poco recomendable la República: clima tropical, falta de educación democrática, heterogeneidad racial, etc. Figueras usaba, claro, el lenguaje de la ciencia, un lenguaje positivista que, a fines de siglo, proclamaba la superioridad de la raza anglosajona sobre la latina. Según él, una "ley fatal de la herencia" pesaba sobre los pueblos "sembrados por España en América", y las dictaduras y caudillos latinoamericanos eran sus frutos; en cambio, los anglosajones "parecen haber descubierto el secreto de la mecánica social, como han resuelto también el secreto de la mecánica física".

No quedaba, pues, más solución que la anexión, y Puerto Rico estaba ahí como ejemplo. Por un lado, la guerra había sido un desastre. Por el otro, la anexión era "producto de leyes eternas que dirigen la mecánica social": como, según la gravitación universal, los astros pequeños tienden hacia los grandes, la isla de Cuba tendía naturalmente hacia los Estados Unidos. El protectorado, según Figueras, no era la solución, pues éste no podría garantizar el orden público interno. Unos años después, los sucesos de 1906 que desembocaron en la segunda intervención, primer punto crítico de la historia republicana, harían que Figueras viera confirmadas sus tesis y desempolvara un largo escrito terminado en 1899, Cuba y su evolución colonial.

En Nuestra América, Martí había dicho que "El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive". Sin embargo, Martí mismo jamás emprendió este tipo de estudios; su discurso se mantiene siempre en un nivel poético, una retórica de la utopía o del subsuelo, cuya autoridad procede más de la literatura que de la ciencia. Mientras en aquel ensayo Martí invierte la perspectiva civilizadora de Sarmiento en una enérgica reivindicación del "hombre natural", los estudiosos de los factores del país, como Figueras y el joven Ortiz, no hacen sino continuarla, desarrollando una crítica del mestizaje autóctono que procedía justamente de aquellos discursos sociológicos e ilustrados que Martí intentaba trascender o desplazar.

En el prólogo de Cuba y su evolución colonial, fechado en 1899-1906, Figueras cuenta que siempre lo ha guiado la fe en la evolución: primero fue autonomista, luego saludó a la revolución, pero más tarde empezó a preocuparle la "finalidad de la guerra". Exiliado en Nueva York, se puso a estudiar Cuba, para ver si "las impurezas eran adventicias o congénitas". Y así se convenció de la incapacidad de la Isla para ser una nación independiente. Su alegato descansa en la descripción, nada rara entre los letrados positivistas de entonces, del carácter cubano como "infante" que lleva en su rostro "desde la cuba el hierro de los desórdenes paternos".

Dado lo transhistórico del carácter nacional, determinado por la raza y el medio, analizar al cubano es, para Figueras, diagnosticar una enfermedad, leer en la evolución histórica y la vida cubana un conjunto de vicios que se resumen en una frase: "debilidad de carácter". La indolencia, la afición al juego y al baile, entre las costumbres privadas, y entre las públicas, la tendencia al personalismo y al militarismo, son algunos de los rasgos que parecen verse confirmados por la "reciente y fulminante caída de la república" que lleva a Figueras publicar su estudio.


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'Pepito', de Armando Patterson y Gerónimo Pérez.