Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Ilusiones y realidades

¿Están exagerados los resultados de la política europea hacia Cuba?

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El artículo Las virtudes del coro (de Arturo López Levy), publicado en Encuentro en la Red con fecha 3 de abril, tiene —entre otros valores— la cualidad de mover a la reflexión en torno a un tópico que ha despertado no pocas polémicas, tanto en algunos observadores internacionales como en ciertos grupos que animan diversas posiciones políticas dentro de Cuba. Se trata de las políticas de la Unión Europea y de Estados Unidos en relación con el tema cubano.

El texto de López Levy es atinado en sus valoraciones al contraponer las posiciones de ambas políticas y sostener que no es posible lograr compatibilidad alguna entre ellas, toda vez que recogen presupuestos diametralmente opuestos.

El gobierno de Estados Unidos, con sus posiciones de fuerza, refrendadas en el embargo y en todo tipo de compromisos con los sectores de la derecha radical cubanoamericana asentada en la Florida, sólo ha propiciado al régimen de Castro cimentarse en el manido discurso nacionalista para perpetuarse en el poder y extremar las "medidas revolucionarias" tendientes a reprimir cualquier propuesta alternativa, en aras de "salvar a la patria"; entorpeciendo así un proceso de cambios en la Isla.

De esta suerte, tal política ha llegado a constituir para el régimen cubano un soporte ideológico mucho más sólido que los textos de los clásicos del marxismo.

Sin embargo, tampoco habría que exagerar los resultados obtenidos hasta ahora por la política europea en Cuba.

Es decir, si bien su objetivo de "alentar un proceso de transición a una democracia pluralista y al respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, así como una recuperación sostenible y la mejora de las condiciones de vida del pueblo cubano", está en concordancia con las aspiraciones de la mayoría de los cubanos y resulta más coherente con un clima de diálogo y entendimiento, magnificar el impacto que esta política ha tenido sobre la sociedad podría disminuir la efectividad que debe lograr objetivamente a mediano y largo plazos.

Modestos resultados

En realidad, resulta aún demasiado prematuro calificar sus resultados. Está claro que ha transcurrido un tiempo lo suficientemente largo en la política de confrontación Estados Unidos-Cuba, iniciada desde los años sesenta del pasado siglo, como para poder constatar su inutilidad y obsolescencia.

En cambio, a sólo 10 años (un lapso de tiempo corto) de los acuerdos de la Posición Común europea, con su política de compromiso constructivo, se pueden reportar modestos resultados, sobre todo si se tiene en cuenta que tendiendo puentes entre los gobiernos europeos y el de Cuba, no se justifican las posiciones atrincheradas de este último.

En otras palabras, una política de distensión en busca de entendimiento, para evitar el aislamiento de los cubanos, coadyuva a desautorizar la eterna política de confrontación del gobierno de la Isla y le impide utilizar los argumentos de defensa de la soberanía (a los que tan útiles resultan las políticas estadounidenses hacia Cuba). El diálogo es una apuesta provechosa frente a la fracasada confrontación de cuatro décadas de desgaste.

Sin embargo, no es menos cierto que si Estados Unidos no ha podido usar en Cuba sus "experiencias exitosas de promoción de apertura en China, Vietnam o la antigua Europa del Este", no se debe sólo al hecho de que su gobierno subordine sus acciones a los intereses de los cubanoamericanos de la Florida, sino también a las actitudes de La Habana, que necesita alimentar la confrontación con el "enemigo imperial" para mantenerse a perpetuidad en el poder sobre el falso discurso nacionalista.


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El canciller Pérez Roque y la comisaria de Asuntos Exteriores de la UE, Benita Ferrero-WaldnerFoto

El canciller Pérez Roque y la comisaria de Asuntos Exteriores de la UE, Benita Ferrero-Waldner. (AP)