Actualizado: 23/10/2019 9:47
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Los discos y el martillo

Las acciones de Vigilia Mambisa contra la obra de Juanes: ¿Fascismo, censura o performance político?

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"Cuando no se disfruta de la libertad, la única excusa del arte y su único derecho para existir es ponerse al servicio de ella. ¡Todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera" (José Martí).

Hace unos días, la prensa y la televisión de Miami se hicieron eco de una protesta "insólita": un grupo de cubanos, armados con martillos, salió a la calle a romper discos de Juanes y a quemar una "camisa negra", en alusión a una de sus canciones. La acción era una respuesta al concierto que organiza el artista colombiano en la Isla, junto a Silvio Rodríguez y Amaury Pérez Vidal.

Juanes ha dicho que el evento, que se efectuará en la Plaza de la Revolución, en La Habana, será "blanco", sin ataduras políticas, ni banderas de ninguna clase. Pero sus argumentos no han convencido a varios grupos del exilio.

Tras ver en la televisión las imágenes de los sublevados, integrantes de Vigilia Mambisa, el columnista Alejandro Armengol (El Nuevo Herald) comparó la protesta con la quema de libros y obras de arte que hicieron los estudiantes nazis en 1933.

"No hay mejor propaganda para el gobierno de La Habana que la imagen de los miembros de Vigilia Mambisa destruyendo a martillazos las copias de los discos de Juanes y quemando una camisa negra. Sería bueno que de inmediato se iniciara una campaña en esta ciudad, para alquilar un cine y mostrarles a esos señores lo que hacían los nazis con los libros y las obras de arte", dijo.

En su artículo, Armengol criticó al "sector más recalcitrante del exilio", al cual acusó de ser una especie de "grupo de apoyo al comandante". El argumento detrás de la crítica era que, con tales acciones, se le hacía un favor muy flaco a los exiliados: los participantes en la protesta supuestamente demostraban (por asociación con los nazis) su carácter intransigente y extremista, cuando había mejores formas de manifestar el desacuerdo. Las acciones de Vigilia Mambisa, por lo tanto, eran una especie de mimesis o calco de las del gobierno de la Isla.

Esa misma noche, el 17 de agosto, María Elvira Salazar, la popular presentadora de MegaTV (Miami), invitó a su programa al jefe de la organización para señalarle, en los mismos términos que El Nuevo Herald, que tal acción era típica de regímenes totalitarios.

Le dijo que, si bien ella entendía que Vigilia Mambisa estaba en todo su derecho de manifestar públicamente su desacuerdo, la imagen "internacional" que proyectaba de la comunidad de Miami era la misma que criticaban sus detractores.

María Elvira insistía en que la destrucción de discos ya había dado razones a cantantes como Víctor Manuel y Ana Belén para criticar a los exiliados, a quienes el español llamó "gusanos".

Por si esto fuera poco, cuatro días después la agencia EFE informó que el ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, había calificado las reacciones del exilio en términos muy similares a los anteriores: "Hemos visto, lamentablemente, el rostro feroz del fascismo en liquidación desde Miami contra un proyecto tan hermoso como el de Juanes, al que desde Estados Unidos intentan politizar".

Sólo un grupo de cubanos

¿Qué hay de cierto y de errado en todo esto?

Primeramente, es cierto que la Alemania nazi —o más exactamente, los estudiantes que representaban a dicho régimen— vivió en 1933 una quema de libros y obras de arte de autores cuyas ideas eran odiosas para el gobierno: judíos, ingleses y norteamericanos. Las obras eran tildadas de "degeneradas" y lanzadas a las llamas para demostrar que ninguna sería tolerada en el futuro, bajo el nuevo régimen.

Enseguida, tal acontecimiento despertó la indignación de la prensa mundial, e innumerables escritores y artistas lo condenaron. Desde entonces, actos como la quema de libros y obras de arte han sido usualmente atribuidos por el pensamiento occidental, y especialmente en Estados Unidos, a la censura, el despotismo y la intolerancia.

Lo que se les escapa a quienes comparan las acciones de Vigilia Mambisa con las de los nazis, sin embargo, es que estos últimos estaban respaldados por un gobierno que llevó a cabo las prácticas más inhumanas que hemos conocido hasta hoy. Entre ellas, el exterminio de miles de hombres, mujeres y niños en campos de concentración.

Vigilia Mambisa no está apoyada por ningún Estado, no representa a ningún exilio, ni tiene el poder de colocar a nadie en una "lista negra". Es, simplemente, un grupo de cubanos que manifiesta su desacuerdo con el concierto de Juanes en su propia patria. Y lo hace de la forma en que cree más va a llamar la atención: martillando los discos del cantante en una acera.

Dicho sea de paso, los discos martillados no eran de otras personas, ni pertenecían a ninguna biblioteca pública. Eran los suyos, incluso "quemados" o tal vez en blanco —según se desprende de las imágenes que han trascendido—, ya que en algunos la carátula no se ve por ningún lado. Todo esto obligaría a interpretar la "acción" como el gesto más rutinario del consumidor: rompe un disco de su propiedad porque ya no quiere seguir escuchándolo, y no se lo regala a nadie porque no le da la gana que se use su propia "copia".

Los cubanos que viajan a la Isla, muchas veces han pasado por situaciones similares en la Aduana. Rompen discos, grabadoras y hasta chorizos, ante la negativa del gobierno a dejárselos entrar al país. "Antes que lo disfruten ellos, mejor los rompo", alegan.

Buscando crear el mayor impacto

De modo que el hecho de estrellar un disco compacto en la acera, no puede interpretarse en los marcos estrechos del fascismo, ni en el del miedo a la censura. Sí es una "acción" violenta, en el sentido que lo son muchas "performances" políticas; pero, en tanto performance, hay que entenderla como una protesta que intenta crear el mayor impacto posible en la imaginación popular, en el cantante y en los medios de comunicación.

Una acción que, por un lado, aprovecha el dato cultural de la "quema de libros" de la Alemania nazi y lo reinterpreta en una situación completamente diferente: la de unos exiliados víctimas de un poder totalitario —tan despótico como el alemán—, que muestran su rechazo al concierto y a lo que entienden como una "traición" del cantante a la comunidad de Miami, donde vive y ha tenido tantos admiradores.

Para que se entienda mejor, imaginemos que a una de las Damas de Blanco, en una de las caminatas que hacen por La Habana, se le ocurra deshojar, como una margarita, alguno de los libros de Fidel Castro o Ernesto Che Guevara. ¿También se interpretaría como una acción a favor de la censura y la intolerancia? ¿Habría que ponerles un vídeo para que se "enteraran" de lo que significa tal acto?

Por supuesto que no. Porque ni ellas ni los miembros de Vigilia Mambisa tienen el poder, ni lo ejercen como el gobierno, que curiosamente sí ha recurrido a la "quema de libros" como estrategia de intimidación. Y no solamente a través de la censura oficial, sino también de forma real, como lo demuestra el paradero que dio a los materiales incautados durante la causa penal de los 75.

Lo ha hecho al amparo —al igual que las organizaciones de estudiantes nazis— de las leyes revolucionarias, de las armas y del poder. En tal sentido, las declaraciones del ministro Abel Prieto no son solamente oportunistas, sino también inmorales. Siendo parte de ese gobierno, apoya con sus acciones lo mismo que critica en sus declaraciones a la prensa. Apoya la censura, la exclusión de los "gusanos" y la encarcelación y fusilamiento de quienes se oponen al régimen de forma pacífica.

¿Es lícito, por lo tanto, comparar la acción con la de los nazis, que respondían a un sistema político, a una forma de pensamiento y a una época tan distinta de la nuestra? No. ¿Estoy de acuerdo con la censura, la intimidación y la destrucción de las obras de arte? Tampoco.

Sin embargo, reconozco en la acción de Vigilia Mambisa no solamente su derecho a manifestarse de tal forma, sino también la expresión plástica de un sentimiento importante —y hasta vital— para una parte de una comunidad que desprecia la censura y el totalitarismo, y al mismo tiempo lucha —con los medios que tiene— para poner en claro su mensaje.


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Un activista de Vigilia Mambisa, durante las protestas contra Juanes, el 14 de agosto de 2009 en la Calle 8, de Miami. (EFE)Foto

Un activista de Vigilia Mambisa, durante las protestas contra Juanes, el 14 de agosto de 2009 en la Calle 8, de Miami. (EFE)

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