Actualizado: 28/10/2020 16:03
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Medicina total

A propósito de los cirujanos de Castro: ¿Qué une a los regímenes totalitarios con la medicina?

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El futuro de los cirujanos de Castro

Los médicos cubanos que atienden a Castro son jóvenes y están muy bien entrenados. El único mal que les aqueja es el de ser los mejores profesionales que la incondicionalidad política puede producir. Esa es la razón por la que distan tanto de una genialidad como la de Sauerbruch, o del bien ganado renombre de un García Sabrido.

Eso no quita que hayan intentado, e intenten todavía, darle la mejor de las atenciones posibles a un paciente que para la mayoría de ellos es —por eso están ahí— un dios. Cualquier error que puedan haber cometido, o cometan, tiene como la más creíble de sus razones la propia dinámica represiva creada por un tiranuelo que se cree sabedor de todo, un Pico de la Mirandola caribeño que se abroga el derecho a discutir cualquier tema humano… pistola en mano.

Las presiones físicas y psicológicas a las que están sometidos los médicos de Castro, en la famosa clínica de la calle 41, serían inaceptables para cualquier profesional de la salud que se respete. El doctor Sabrido —gracias a la cobardía del tirano que se niega a enfrentar las consecuencias de sus actos— logró tener una visión corta y escenografiada de un mundo al que muy pocos tienen acceso.

Es cierto que su primera lealtad es para con el paciente, pero también lo es (en virtud del carácter cerrado y peligroso del mundo al que entró) para con sus colegas cubanos. Una actitud tan humana como ayudar a Castro pudo haber sido, o podría ser, pedir inmunidad total para los médicos que estén implicados en el caso.

Uno nunca sabe lo que pasa en esas cajas negras, y la prevención es otra de las reglas de oro de la medicina moderna. Nada cuesta prevenir que la frase "gravísima intervención" se convierta, en la mente del tiranuelo paranoico, en una cadena de acusaciones solapadas y —en el mejor de los casos— en una rumba de espaldarazos que inviten al suicidio.

Los argumentos que el profesor Sabrido pudiera utilizar en defensa de sus colegas cubanos podrían ir desde un pacto de caballeros (los gángsteres como Castro responden bien a esas dinámicas) hasta una forma de pago por los servicios prestados.

Lenin: 'Los doctores-camaradas son unos culos'

En caso de que esos argumentos fallen, se podría echar mano a las socorridas palabras de uno de los pocos tipos que Castro todavía respeta. Me refiero a Vladimir Ilich Ulianov, que en una carta que le escribió a Máximo Gorky en noviembre del año 1913, entre otras cosas le dice: "Realmente me ha preocupado la noticia de que 'un Bolchevique', aunque sea uno que ya dejó de serlo, le esté dando a usted un nuevo 'tipo' de tratamiento. ¡Qué los santos nos preserven de los doctores-camaradas en general, y de los doctores-bolcheviques en particular! Es una verdad real, el 99 por ciento de los doctores-camaradas son unos 'culos', así me lo hizo saber un buen médico. Le aseguro que usted solo debe consultar hombres de primera clase (excepto para molestias menores). ¡Es terrible que se preste para ensayar los inventos de un bolchevique! La única tranquilidad sería la supervisión de los profesores de Nápoles, si es que realmente conocen su negocio… Ya lo sabe, si va en invierno, en cualquier caso, llame a algún doctor de primera clase en Suiza y en Viena —¡Sería inexcusable que no lo hiciera!".

Suiza, año 1913, es probable que Lenin estuviera pensando en Sauerbruch.


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El cirujano español José Luis García Sabrido (en primer plano), de camino al hospital Gregorio MarañónFoto

El cirujano español José Luis García Sabrido (en primer plano), de camino al hospital Gregorio Marañón. (AP)