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La "Revolución Bolivariana”

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Existe un proyecto de transición regional hacia regímenes totalitarios que tiene su cerebro en La Habana, su banco en Caracas y ha venido instalando sucursales en Managua, Quito y La Paz. Pretendía abrir otra en Honduras, pero se la cerraron. Se presentó originalmente como redentor de grandes mayorías frente a las injusticias vigentes. Al igual que sus predecesores totalitarios del siglo XX, aprovechó el descrédito en que habían incurrido las clases hegemónicas y los partidos políticos de sus respectivas sociedades.

A la “tormenta perfecta” bolivariana contribuyeron décadas de exclusión social e insensibilidad política que descreditaron la capacidad representativa de la democracia realmente existente. Los totalitarios fraguaron una transición regional –gradual pero sistemática- con la que desmantelar las bases legales e institucionales de la democracia alegando su pretendido "perfeccionamiento".

Los gobiernos latinoamericanos de izquierda moderada no tomaron distancia de sus parientes radicales por dos razones: provenían de la misma familia política y su existencia les aportaba algunas ventajas. Los gobiernos conservadores veían todo aquello con cierto desdén. Como antes sucedió con otros regímenes totalitarios, la retórica apocalíptica del grupo radical parecía impracticable. Cosa de bufones. Estados Unidos, por su parte, estaba demasiado ocupado con otros temas y regiones.

Pero todo eso comienza a cambiar. Los bufones demostraron ser peligrosos: las oscuras relaciones con Irán y las FARC, los coqueteos geopolíticos con Rusia, la progresiva subversión regional de los pilares de la democracia. La contraofensiva comenzó con el ataque al campamento de las FARC en Ecuador, los golpes militares del gobierno colombiano a esa fuerza irregular y la captura de evidencias irrebatibles de sus nexos con varios gobiernos del ALBA. Luego vino la caída del precio del crudo que impuso límites al financiamiento del proyecto expansionista del eje La Habana - Caracas. El contragolpe de estado en Tegucigalpa vino a representar una sensible derrota de sus aspiraciones en Centroamérica.

En resumen: el proyecto de transición regional “bolivariano” se desenmascara, comienza a perder fuerza. Son buenas noticias. América Latina está necesitada de una genuina transición hacia otra historia – no el retorno a las vividas en siglo XX- en este cambio de época planetario.

Sin embargo, el único reto no es el de vencer a los totalitarios de izquierda sino también a los autoritarios de derechas. No solo a los creyentes en el Estado absoluto, sino también en el Mercado absoluto. Lo que se necesita no es que el viejo proyecto de la derecha venza al no menos vetusto de la izquierda, sino trascender ambos.

Es necesario como nunca antes fortalecer los pilares centrales de la democracia: rotación obligada de los gobernantes, pluralismo ideológico y electoral, autonomía y participación activa de la sociedad civil, Estado de Derecho, garantías a las libertades y derechos ciudadanos. El caudillismo, populista y reeleccionista, es tan perjudicial por la derecha como lo es por la izquierda.

Igualmente importante es arrancar las raíces que nutren la popularidad del proyecto totalitario: la realidad de que nuestra región exhibe el índice de desigualdad de ingresos mayor del planeta y la tendencia a achacar todos nuestros males a otros sin nunca reconocer y rectificar los errores propios. Nadie nos impone desde fuera la incompetencia, corrupción y mediocridad. El “imperialismo yanqui” no es quien “bloquea” el porvenir regional. Dejemos esas piruetas verbales a Fidel Castro.

No se trata solamente de cerrar el paso al socialismo de estado que ahora pretende retornar travestido como “socialismo del siglo XXI”, sino de trascender simultáneamente el fallido capitalismo latinoamericano que le abrió espacio aun después de desaparecida la URSS. En dos palabras: requerimos un nuevo pensamiento para una nueva época.

Los países latinoamericanos necesitan transformarse en sociedades de la información. Modernas, abiertas y democráticas. Con economías sustentables y equidad de oportunidades sociales. El nombre es lo de menos. Lo importante es que el gato cace ratones.

Si de revoluciones se trata la democracia ha demostrado ser la única revolución permanente desde la antigua Grecia y Roma. Es esa revolución y no otra la que debe capturar nuestra imaginación latinoamericana.



La paz, el conflicto y Juanes

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El derecho a expresar una opinión es sagrado y la pasión al defenderla no es una debilidad. Sin embargo, para que las pasiones sean útiles hay que impedir que interfieran la razón. Afortunadamente la inmensa mayoría del exilio cubano ya lo entiende de ese modo y Juanes lo sabe. El distinguido compositor y cantante ha comprendido el dolor que anida detrás de las interrogantes levantadas en torno a su concierto. Eso habla de su sensibilidad e inteligencia.

Mientras tanto -no exentos de temor ante la eventualidad de que en algún momento del evento pierdan el control sobre los famosos visitantes o el público - las autoridades de la isla intentan posicionarse de otro modo frente a la iniciativa del artista. Han decidido que si el concierto se suspendiera el hecho será presentado como expresión de un exilio “cuya intransigencia lo opone a otorgar unas horas de esparcimiento a sus paisanos”. Si se realiza, lo anotarán como “una victoria de la flexibilidad de la revolución pese a la intolerancia de la Mafia de Miami”.

Pero el problema no ha sido ni es Miami. Más allá de aisladas acciones marginales realizadas por grupos no representativos, la comunidad cubano americana no ha cuestionado el derecho que asiste al artista de ir y cantar en Cuba. El problema que preocupa a todos es que el concierto se realiza en un inevitable contexto político. Negarlo es pueril. Por muchas medidas que Juanes adopte para evitarlo, todo lo que se hace en un estado totalitario esta signado por la política. Haga lo que haga, Juanes no podrá sustraerse a esa realidad. Podría serle de utilidad al respecto meditar sobre lo que en una ocasión expresara Gorki, el cantante de “Porno para Ricardo”, cuando dijo “a mí no me gusta la política, pero parece que yo le gusto a ella”. La política – con sus múltiples y sutiles trampas- perseguirá a Juanes desde que aterrice en Cuba y hasta el momento de su partida. Debe asumirlo.

Sin embargo, eso no disminuye el valor humano de la iniciativa del colombiano. Llevar gratuitamente su arte a un pueblo agobiado por una asfixiante cotidianidad es un gesto loable que merita ser reconocido y agradecido por todos.

Juanes, desplegando audacia y generosidad, desea cantarle a “la paz” desde la isla. Pero algunos han criticado esa idea afirmando que -no habiendo hoy una guerra en Cuba- sería preferible que elevara un canto a “la libertad”. En mi opinión, no son temas excluyentes. La ausencia de acciones bélicas no equivale a que la paz se haya hecho presente. Tampoco el que no existan acciones armadas supone la inexistencia de violencia. La represión de las libertades públicas en Cuba es, de hecho, una expresión de violencia. Cantar a la paz presupone en este caso cantar a la libertad y viceversa.

Si Juanes padece de alguna confusión – no lo sé, no me consta- es probable que sea otra, muy difundida entre diversos sectores: la incomprensión sobre la naturaleza endógena del conflicto cubano. Muchos creen que se trata de un enfrentamiento bilateral entre Cuba y Estados Unidos.

Sin embargo, la realidad es que el núcleo duro del conflicto se expresa entre la población de la isla y un régimen totalitario que, al negarle derechos y libertades básicas, resulta incapaz de satisfacer sus necesidades materiales y espirituales. Si bien es cierto que hoy no existe una “guerra” en el territorio nacional –aunque la hubo y cruenta por varios años- el conflicto y sus causas persisten. La paz no ha triunfado, la violencia no ha desaparecido y el conflicto continúa.

La solución del conflicto cubano no radica en trascender una disputa bilateral, religiosa o territorial, sino en recuperar derechos y libertades ciudadanas negadas por el régimen allí imperante. Es en Cuba donde radica el problema y están sus actores principales: el Estado totalitario y el pueblo cubano, del que su diáspora es parte inseparable.

No creo que Juanes padezca de ideas malsanas sino, en todo caso, de lagunas informativas y algunos presupuestos errados. En realidad –reitero- no lo sé, no me consta. Pero prejuzgarlo culpable de complicidad con los represores y empujarlo -entre suspicacias, amenazas e insultos- hacia las filas de quienes en La Habana desearían sumarlo a sus torcidas estrategias, es una postura impresentable.

Por mi parte confío que la integridad del joven artista se imponga a las manipulaciones de la gerontocracia cubana y que su canto dé respiro y aliento a todos aquellos a quienes la vida cotidiana en la isla ofrece pocos.

¡Suerte Juanes! !Te deseo un Woodstock cubano!



Fidel y Chávez: reveses estratégicos

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A Fidel y Hugo Chávez se les nota un poco nerviosillos de un tiempo acá. Es comprensible.

El precio del crudo no va recuperar los niveles que permitían a la empresa petrolera venezolana ser rentable pese a su alta ineficiencia “roja rojita”. En Cuba sucede lo mismo con el níquel mientras que la ineptitud de la economía estatal impide que el incremento de las visitas turísticas genere mayores ingresos. Tampoco la isla produce alimentos suficientes por lo que en un 80% se compran a Estados Unidos. El malestar social crece tanto en Cuba como en Venezuela donde hoy el presidente Obama es mas popular que ambos mandatarios.

Los partidos de gobierno en países como Argentina, Brasil, Chile -que hasta ahora han mostrado una exquisita tolerancia hacia sus desaguisados - en pocos meses enfrentarán elecciones presidenciales con una oposición conservadora que parece aventajarlos en los sondeos de opinión.

Pero no para ahí la racha de mala suerte.

Han aparecido nuevas evidencias del vínculo entre las FARC y el gobierno de Correa en Quito así como de esa agrupación narcoterrorista y el gobierno de Chávez. Un video del Mono Jojoy y unos cohetes vendidos a Caracas por los suecos, - ahora capturados a las FARC- , ponen sobre la mesa la conexión operativa encubierta entre el fenecido socialismo del siglo XX y el que estos dos dictadores nos proponen para el siglo XXI. En Honduras, más allá de la torpeza cometida con la expulsión de Zelaya a Costa Rica, perdieron una importante base de operaciones y se ha sentado el precedente de que las subversión bolivariana es reversible. Las evidencias del modus operandis chavista que allí se vienen recogiendo pueden ser tan reveladoras como las encontradas en la famosa laptop del difunto comandante de las FARC Raúl Reyes

En resumen: la proyección estratégica regional del eje La Habana - Caracas se ha visto comprometida a corto y mediano plazo.

La “correlación de fuerzas regional” ha comenzado a girar en dirección contraria a sus objetivos. Es por eso que, en su desespero, acuden a un mayor aventurerismo incrementando las acciones encubiertas dirigidas a desestabilizar Honduras y lanzándose a fondo en el cuestionamiento del derecho soberano que asiste a Bogotá a seguir sus pasos cuando el pasado año ofrecieron a Rusia facilidades logísticas en Cuba y Venezuela para reanudar la presencia militar de Moscú en el hemisferio occidental. Mientras UNASUR se aprestaba a discutir en Quito el derecho de Colombia para otorgar facilidades a fuerzas estadounidenses convencionales carenaba en la Bahía de La Habana un submarino nuclear ruso la semana pasada. De eso nadie quiso hablar.

Algunos gobiernos de la llamada “izquierda moderada” en UNASUR le hacen el juego al ALBA con declaraciones ambiguas de tenue sabor “antiyanqui”, pero eso no le basta a Hugo y Fidel que salieron defraudados ante la imposibilidad de obtener una enérgica condena de Colombia en la reciente reunión de esa institución en Quito.

El hecho es que el reloj sigue marcando las horas y el tiempo se les acaba.

Si Honduras hace gestos positivos hacia las propuestas de Oscar Arias y esquiva o neutraliza hasta las elecciones de noviembre -con firmeza, pero también sabiduría y tacto políticos- las zancadillas desestabilizadoras que le vienen tendiendo los dos caudillos, será difícil que la OEA no se vea precisada a revisar su postura en el 2010 y los europeos seguirán los pasos que adopte la organización regional en este tema.

Por otro lado, a los países que vienen soportando las ingerencias de los pretendidos “socialistas del siglo XXI” se les presenta la oportunidad de virarle la tortilla al ALBA en el debate sobre las bases en Colombia previsto para la “cita presidencial extraordinaria” de UNASUR a darse dentro de unos días en Argentina. No es difícil imaginar que -de proponérselo seriamente- pudieran transformar el debate sobre las relaciones militares entre Bogotá y Washington en una discusión general sobre el otorgamiento de facilidades a la presencia militar de gobiernos y de grupos irregulares armados extranjeros, como son los casos de Rusia, las FARC y Sendero Luminoso. Si lo hacen es muy probable que Chávez, Correa, Morales y Fidel, se vean en un aprieto. Hasta Daniel Ortega tendría que responder por el amparo territorial ofrecido a grupos de pretendidos zelayistas hondureños y de otras nacionalidades que proclaman abiertamente estarse entrenando para iniciar la insurrección en Honduras.

En esas circunstancias, al cúmulo de recientes reveses estratégicos sufrido por el ALBA es posible que se agregase un serio descalabro diplomático si algunos gobiernos que han sido sus victimas se lo proponen.



¿Bases militares “malas”?

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El antiamericanismo es para algunos sectores condición inexcusable para poder clasificar como políticamente correctos. Para esa izquierda binaria sólo merita condenarse aquellas violaciones de derechos humanos realizadas por gobiernos amigos de Estados Unidos. Eso lo sabíamos. Lo novedoso es que ahora nos dicen que hay bases militares “buenas” y otras “malas”.

Cuando hace menos de un año Hugo Chávez y Raúl Castro invitaron a las fuerzas navales y aéreas de Rusia a que viniesen con sus misiles y submarinos nucleares a carenar en sus puertos y aterrizar en sus bases aéreas no recuerdo que la voz indignada de ningún mandatario de la región se alzara para denunciar aquellas acciones. Tampoco cuando dejaron correr los rumores de que podrían asignarles aeropuertos y otras facilidades para que de manera continua se produjesen visitas similares. Aquello no fue motivo de inquietud entre los que hoy corren a exigir explicaciones a Colombia por la concesión de bases militares a Estados Unidos para monitorear, con armamento convencional, los movimientos del narcotráfico regional vinculado al terrorismo.

Si pretenden posar de progresistas deberían demandar que América Latina y el Caribe sean definitivamente declaradas zonas libres de armas de exterminio masivo, terrorismo, narcotráfico y de todas las bases o presencia militar extranjera. Debieran cooperar política y militarmente en la erradicación definitiva de aquellos grupos que enarbolando la bandera de la justicia social han hecho del narcotráfico, el secuestro de personas y los atentados terroristas contra ciudadanos inocentes su verdadera profesión. Y debieran permitir que inspectores internacionales reportasen de forma sistemática e independiente si todos cumplen o no lo estipulado.

¡Basta ya de demagogia barata, señores!



¿Hay comunistas en Cuba?

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Cuando cayó la URSS alguien comentó que el mayor error de la CIA en sus estimados sobre aquel país era no haberse percatado de que, desde hacía ya algunos años, no quedaban apenas comunistas en el PCUS. Dicho de otro modo: los militantes ya no eran creyentes del sistema entonces vigente ni compartían sus premisas ideológicas. Me pregunto si la eterna posposición del VI Congreso del PCC por los hermanos Castro se debe en parte a la sospecha que ambos albergan de que quedan pocos comunistas en ese partido que crean en la viabilidad del actual regimen en la isla.

El discurso del General Raúl Castro el pasado 26 de Julio muestra que la elite de poder cubana está consciente de que se inicia una etapa económica y social crítica, sólo comparable a la que se produjo a la caída de la URSS.

Pese a la gravedad de esa conclusión la cúpula dirigente aun no ha alcanzado un consenso –o si ya existe continúa bloqueado por Fidel- sobre el mejor plan de acción económica para enfrentarla. Las referencias a “planes” que se hacen en el discurso reducen ese concepto a un listado de buenos propósitos y acciones puntuales (ie, equilibrar la balanza de pagos, reducir gastos sociales y productivos). Pero esas directrices generales y medidas aleatorias no constituyen una ruta crítica ni concepción estratégica creíble que permitan navegar las actuales turbulencias mundiales y faciliten el cambio hacia un modelo sustentable de desarrollo económico y social. Ni siquiera tienen posibilidades razonables de ser aplicadas con éxito dentro del actual sistema.

El General ha hablado de la necesidad de delinear un modelo económico en indirecto reconocimiento al hecho de que el actual no funciona y de que hasta ahora no hay acuerdo sobre el que pudiese reemplazarlo. Por ello es de esperar que se sigan adoptando medidas ad –hoc en el terreno del ahorro y otras en relación a la esfera monetaria, pero sin llegar a los prometidos cambios de “estructuras y conceptos” por lo que ya lleva tres años esperando el país inútilmente.

En una frase que pudiera pasar por retórica pero no dejaría por ello de reflejar la incertidumbre respecto a los anclajes externos de Cuba, el General Raúl Castro dijo que “Lo que ocurra en Honduras será decisivo para el futuro de Nuestra América”. Los reiterados viajes de Castro a Argelia y Angola –países petroleros a los que Cuba ayudó de manera decisiva en el terreno militar – así como a Brasil parecen indicar que La Habana se está procurando alternativas en caso de que en meses venideros el ALBA retrocediese y Hugo Chávez confrontase problemas internos o regionales de alguna gravedad.

La constatación de que se avecina un tiempo de agravadas escaseces y penurias los pone de nuevo ante la cíclica disyuntiva de la sociedad cubana: represión o reformas. El discurso de Raúl Castro es ambiguo y escaso en indicios claros sobre el modo en que abordarían esta vez esa opción. La impresión que deja es que su respuesta estaría en línea con la que en el pasado ha impuesto su hermano mayor: hacer sólo aquellas concesiones inevitables, factibles de ser revertidas y que no debiliten el control político del caudillo sobre la sociedad.

El gobierno cubano debería comprender que no hay nada “antisocialista” en buscar solución a problemas vitales -como son los de la alimentación y vivienda- liberando las fuerzas productivas a través de actores autogestionarios situados fuera del estado. Pero si no lo entiende e insiste en criminalizar las soluciones en lugar de fomentarlas, debe disponerse a pagar el precio de aparecer como el innecesario verdugo de la población cuando arrecie la crisis. En tal caso, debe estar igualmente dispuesto a pagar las consecuencias de su opción.



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