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China y Rusia: ¿fuerzas reformistas?

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Recuerdo la conmoción que hace años causó Juana Bacallao cuando creyendo agradar a sus anfitriones hizo un brindis por Chiang Kai Chek en una recepción de la embajada de Mao Tse Tung en La Habana. Después de todo, lo de ella no es la política sino el vaudeville. Pero también sucede que al cruzar el umbral de cierta edad se tiende a confundir personas, lugares y situaciones. Recuerdos juveniles se agitan y enturbian la razón creando situaciones ridículas. Es por eso, como apuntara Fidel Castro en un olvidado discurso que la semana pasada me enviase un lector, que es siempre necesario renovar los dirigentes. A los viejos, según su propia advertencia, puede ofrecérsele que continúen aportando su experiencia desde un Consejo de Ancianos.

Cuando los estadistas contemporáneos visitan la isla lo hacen con la solemnidad y respeto de quien se sabe en un museo del pasado siglo. En él los ancianos siguen aferrados al poder. Los cubanos, por su parte, lo ven como una versión del Hotel California de donde, según narra la canción de los Eagles, nunca se puede salir.

Jóvenes dirigentes chinos y rusos recorren en estos días la región buscando comercio e integración, no hipotecas ideológicas. Les interesa el petróleo de Venezuela, no los ditirambos “bolivarianos”; el níquel cubano, no las reflexiones del compañero Fidel. A diferencia de la Unión Europea y Estados Unidos no se sienten motivados por el examen de la situación de los derechos políticos y civiles, pero no por ello se constituyen en mecenas incondicionales. Esperan que los acuerdos comerciales se cumplan y los créditos se paguen. Son representantes de dos modelos de neocapitalismo, -totalitario y autoritario-, no de sistemas comunistas ni socialistas. El resto es paisaje.

Los barcos y aviones de guerra que han aparecido en el Caribe por cortesía de Caracas son, probablemente, el folklórico episodio final de un capítulo llamado George W. Bush. Pronto la Unión Europea y Barack Obama renegociarán el despliegue de cohetes estadounidenses y la expansión de la OTAN a cambio de garantías permanentes a la seguridad y la estabilidad de todos los países de aquella región. Cuando eso suceda la postalita mas difícil de coleccionar para los niños cubanos y venezolanos serán la que tenga la foto que recuerde esta visita de la flota rusa. Sin duda, La Habana puede todavía identificar algunos puntos de posible alianza política coyuntural con Rusia, pero no es como antes una alianza ideológica, porque la clase dominante rusa no es comunista ni socialista, aunque sea autoritaria. Lo mismo puede decirse de China.

La alianza estratégica que en realidad buscan chinos y rusos es con Washington. Quieren sentarse con europeos y estadounidenses a construir juntos una nueva arquitectura internacional multipolar en la que Moscú y Beijing no sean marginados ni hostigados. El flirteo con ancianos y orates –créditos, armas y retórica solidaria incluidos- es el ajedrez que han de jugar mientras llegan hasta allí. Sólo Bush pudo obrar el milagro de atizar viejos amores, pero con Obama en la Casa Blanca, ¿a quién le interesa conversar sobre el porvenir mundial con los gobernantes de una islita que no tendrá futuro mientras ellos apuntalen su inmovilismo?

La mala noticia para el Parque Jurásico habanero es que están lidiando con fuerzas que cuando enfrenten crónicos impagos ralentizarán como hasta ahora la implementación de sus compromisos. Al final, es probable que arriben a la conclusión de que jamás podrán cobrar lo que le adeuden a menos que Cuba cambie. Por ello no es impensable que terminen uniéndose a otros actores, internos y externos, para presionar juntos por la apertura y reforma económica de la isla. A fin de cuentas, ellos son modernos y razonables. Sólo esperan por una oferta que no puedan rehusar.



Importantes Reflexiones del Compañero Fidel

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“Esta revolución es afortunadamente una revolución de hombres jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de hombres jóvenes; hacemos votos para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos; hacemos votos para que jamás esos métodos de monarquías absolutas se implanten en nuestro país y que se demuestre con los hechos esa verdad marxista de que no son los hombres, sino los pueblos, los que escriben la historia.

(….)

Quienes se creen insustituibles para sus pueblos piensan con la misma mentalidad de esos que creen que asesinando a los dirigentes de la Revolución asesinarán la Revolución. El día en que cualquiera de nosotros se creyera indispensable, estaría pensando igual que esos terroristas; dejaríamos de ser marxista-leninistas.

Las monarquías absolutas, en medio de todas sus inmensas desventajas, tenían al menos la ventaja de que había un heredero del poder. Aceptar el método y el sistema de las monarquías absolutas en el socialismo es el peor de los absurdos, porque entonces empieza la lucha de los aspirantes a monarcas absolutos. ¿Y para qué sirve un partido donde todo gira alrededor de un hombre?

(….)

Y volviendo, para finalizar esta parte, a la idea que expresara, a los votos que hacía porque todos nosotros los hombres de esta Revolución, cuando por una ley biológica vayamos siendo incapaces de dirigir este país, sepamos dejar nuestro sitio a otros hombres capaces de hacerlo mejor. Preferible es organizar un Consejo de Ancianos donde a los ancianos se les escuche por sus experiencias adquiridas, se les oiga, pero de ninguna manera permitir que lleven adelante sus caprichos cuando la chochería se haya apoderado de ellos.”

Fidel Castro Ruz

13 de marzo de 1966

9:30 pm



Titulares sorprendentes

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“El nuevo presidente de Estados Unidos es hijo de un africano”. “La India llega a la Luna con su propia nave espacial”. “Piratas asaltan en pleno siglo XXI a un barco- tanque, del tamaño de un portaviones, cargado con petróleo ”. Todas estas asombrosas noticias han sido cintillos de primera plana en la prensa de días recientes.

Hace poco, sin embargo, unos activistas decidieron publicar y distribuir una edición apócrifa del New York Times. Tomaron un suceso real extraordinario –la elección de un afrodescendiente a la Casa Blanca- y lo mezclaron con noticias falsas que los productores de esa tirada ilegítima desearían se transformasen en reales. La lógica que querían inducir en los lectores era que si algo tan impensable como lo de Obama había sido posible, ¿por qué no otras cosas? . Así -incentivando su imaginación- buscaban darles aliento para que prosiguiesen en pos de nuevas metas.

Como nada pasa en Cuba digno de comentar, me pregunté cuál sería la reacción en la isla si un día saliese una versión del Granma con noticias como estas:

Internacionales

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ofrece cambiar todo lo referido a la política de Washington hacia Cuba que queda bajo su poder de decisión. Ello abarca un amplio espectro de medidas en materia de restricciones de viajes y remesas, devolución a Cuba del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo, la cooperación en la lucha contra el crimen organizado, la prevención y recuperación de desastres naturales, así como lo referido a controles ecológicos y fitosanitarios entre muchas otras. El Presidente anunció también su disposición a llevar ante el Congreso el asunto del levantamiento del embargo que sólo puede ser decidido por el poder legislativo.

Nacionales

El Presidente Raúl Castro informó ayer acerca del repentino agravamiento de la enfermedad del Comandante en Jefe que lo obligará a internarse y abandonar en lo adelante su importante actividad periodística y de asesoramiento por prescripción facultativa. El Presidente de los Consejos de Estado y Ministros hizo el anuncio ante una asamblea de oficiales de las FAR y el MININT a la vez que lanzó una fuerte crítica a la burocracia estatal por haber paralizado su programa de cambios de estructuras y conceptos por casi dos años, por lo que previno serán sustituidos en próximos días algunos dirigentes civiles y del Partido incluyendo ministros. “Tomaremos estas medidas ahora y otras más audaces en el futuro sin preocuparnos lo que digan algunos sabandijas en Miami o de la prensa extranjera”. Entre las medidas mencionadas se encuentra la cooperativización de empresas estatales y autorización para que privados puedan poner en marcha pequeñas y medianas empresas, el libre acceso a Internet, una amplia amnistía de presos y el fin de los permisos de salida y entrada al país. El Presidente de los Consejos de Estado y Ministros advirtió que se trataba apenas del inicio de un proceso que había sido retrasado hasta ahora por los burócratas y y que un paquete mucho más audaz de medidas necesarias e impostergables sería anunciado en algunas semanas. Abundó así mismo en el trabajo de los gloriosos combatientes del MININT. “Las brigadas de acción rápida no pueden sustituir el trabajo profesional de nuestros combatientes del MININT, por lo que he dado la orden para su disolución. Tampoco debe ese Ministerio seguir perdiendo el tiempo en perseguir antenas de satélite ilegales cuando aquí nadie nunca se ha opuesto al acceso a la información, por ello he instruido a ETECSA que ofrezca ese servicio a cualquier ciudadano del mismo modo que ya hicimos antes con los teléfonos celulares".

Provinciales

El Vicepresidente de los Consejos de Estado y Ministros, José Ramón Machado Ventura, informó a los Primeros Secretarios Provinciales del Partido en una reunión en Villa Clara acerca de la decisión del Buró Político de acelerar las medidas orientadas por el compañero Raúl y que han sido hasta ahora obstruidas por la burocracia. Los cuadros asistieron a la proyección del video con el discurso del Presidente de los Consejos de Estado y Ministros a los combatientes de las FAR y el MININT. Posteriormente Machado Ventura expresó: "Ahora que el entrañable Comandante en Jefe ya no puede ayudarnos tenemos que comprometernos a impulsar todo lo que Raúl orientó hace rato y no se ha cumplido todavía. Esa será la mejor respuesta a los rumores contrarrevolucionarios de que estas medidas fueron previamente acordadas con la delegación de Obama que visitó en días pasados nuestro país. Todas las medidas que ahora anunciamos y las que tomaremos progresivamente responden a viejas ideas lanzadas por el compañero Raúl que fueron respaldadas por el pueblo en un millón trescientas mil y cuatro asambleas a lo largo de toda Cuba hace ya casi dos años. Lo que ahora hacemos es seguir adelante con nuestros proyectos y lo que hace Obama es rendirse ante el fracaso de medio siglo de agresiones contra nuestra patria. Es el imperio el que capitula. Sus palabras nada tienen ni tendrán que ver con las decisiones soberanas que en beneficio de nuestro pueblo adopte el Partido y gobierno cubanos” concluyó el alto dirigente.

Pero mientras imaginaba hoy ese Granma ficticio, salió esta noticia en la prensa internacional:

Raúl Castro canta en chino

The Associated Press

"El presidente Raúl Castro y su colega chino Hu Jintao visitaron juntos a centenares de estudiantes del país asiático, que junto al mandatario cubano entonaron una canción sobre Mao.

Mientras Hu firmaba en el libro de visitas de Ciudad Tarará, centro escolar cercano a La Habana que acoge a 1,917 estudiantes chinos, Castro subió al escenario y comenzó a tararear en el idioma de su invitado una canción tradicional que aprendió durante su juventud.

''No tengo la memoria que tiene Fidel (Castro, su hermano mayor y ex gobernante), pero aún me acuerdo de esta canción'', dijo el mandatario, quien pidió ayuda a los menos jóvenes para recordarla".

Nada que hacer. Por ahora hay que seguir lidiando con una aburrida realidad que ni de inspiración para escribir nos sirve ya.



La amistad y la política

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Hace un par de semanas perdí en La Habana a una entrañable amistad: Julio Fernández Bulté. A lo largo de su vida fue un referente de decencia, coherencia y lealtad a valores humanistas básicos,

Bulté nunca hizo ni dijo nada en lo que no creyera sinceramente. Sin embargo, cuando encontraba evidencias de que sus apreciaciones sobre algún tema podían ser erradas, no vacilaba en corregirlas sin calcular conveniencias ni apariencias. Era posible sostener con él apasionadas discusiones sobre temas políticos, pero en ellas nunca dejaba de mostrar respeto a su interlocutor.

Julio Fernández Bulté tuvo la valentía de reafirmar de manera pública en Cuba nuestra amistad cuando ya era conocido que yo había optado por el exilio. En estos años he tenido la alegría de saludar a viejos amigos que aun residen en la isla y no vacilaron en darme su abrazo al verme. También he presenciado, con tristeza y compasión, la actitud de otros que han sentido la necesidad de evitarme ante el temor de ser vistos saludando a un “traidor”. No pude ver más a Bulté. La vida no volvió a cruzar nuestros caminos en ninguna parte. Pero estoy seguro que su abrazo no hubiese faltado en cualquier reencuentro.

Cuando pienso en los desafíos tremendos que nos presenta la reconciliación nacional en un futuro no lejano en Cuba, encuentro en personas como Bulté aliento y razones suficientes para el optimismo. Son también un permanente recordatorio de que la amistad no puede supeditarse a las discrepancias que se tengan sobre un tema, y menos a lo que se le imponga como políticamente correcto por terceros.

Gracias a amigos como Bulté soy mejor persona.



OBAMA Y EL CAMBIO DE ÉPOCA

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Barack Hussein Obama es presidente de Estados Unidos. El antiamericanismo, como ideología del odio simplista y ramplón, ha recibido un golpe de alcance planetario. El soft power estadounidense –más poderoso que sus hoy comprometidos ejércitos y finanzas- inicia un proceso de recuperación con la nueva Administración que se inaugurará en enero próximo. Obama puede restaurar el espíritu que dio origen a la frase “Hoy todos somos americanos”, que recorrió el mundo cuando el ataque al World Trade Center y que Bush hizo añicos en muy breve tiempo. No le será fácil, pero es posible.

Barack Obama es el primer presidente afroamericano. Pero no es un líder negro. Es un líder carismático americano. Su programa va más allá de la reivindicación de un grupo racial. No es administrador, es un innovador. Collin Powell lo ha llamado una personalidad de estatura transformacional para eludir la palabra “revolucionaria” que hoy es anatema en la cuna de todas las revoluciones modernas.

Obama se propone traer a la democracia americana una transformación posmoderna de gran alcance. Ya lo hizo en alguna medida. Por eso pudo imponerse en las primarias contra Hillary Clinton. Apoyándose en Internet y con una estrategia de comunicación directa con las bases fundó un movimiento nacional propio, constituido por múltiples redes de apoyo político. Basándose en el trabajo de activistas y las modestas recaudaciones de millones de ciudadanos pudo liberarse de las limitaciones financieras, controles políticos y manipulaciones mediáticas del establishment del Partido Demócrata. La World Wide Web le permitió recaudar más dinero para su campaña que el que nunca antes en la historia recibieron los políticos estadounidenses de las grandes corporaciones privadas. Nadie ha sabido aprovechar mejor que Obama el fenómeno político posmoderno de la nueva era de la información.

Decir que ganó las elecciones por el desastroso desempeño de George W. Bush o sus dotes oratorias es negarle estatura. Pese a la verdad que encierran ambas observaciones debe tenerse presente que ganó porque ofreció algo nuevo a lo que el resto de los candidatos de ambos partidos ofertaban. De nada sirve ser buen orador – sea Fidel Castro o Barack Obama- si el mensaje no conecta con las aspiraciones coyunturales de quienes lo reciben , o se sospecha que quienes lo emiten son parte de un paradigma obsoleto al que volverán tan pronto sean electos. Un orador pésimo como Hugo Chávez pudo al inicio abrirse paso por vía democrática –la que hoy intenta cerrar- porque sacó partido al largo resentimiento contra una oligarquía y clase política insensibles a las necesidades de las mayorías. En Cuba, Fidel Castro dejó de ser un líder carismático mucho antes de su actual convalecencia, cuando su discurso se divorció de los intereses e idiosincrasia del pueblo que antes lo recibió con los brazos abiertos.

Los estadounidenses intuyen que el régimen de gobernanza político y económico que hoy los regula está en crisis. Quieren un nuevo capitalismo con un New Deal que no sea una réplica del de Franklyn Delano Roosevelt, sino que se ajuste a las realidades de este siglo XXI. No les asustan los líderes carismáticos porque saben que los pilares centrales de su democracia –separación de poderes, libertades políticas y civiles, poder judicial independiente- gozan todavía de buena salud y son capaces de controlar a quien intente barrerlos por buen orador que sea. Es precisamente por ellos que un candidato negro como Obama pudo competir y ser electo presidente. Estados Unidos en el 2008 no es comparable con aquella Cuba que en 1959 adolecía de grandes debilidades en su institucionalidad democrática.

El desafío que se le presenta a Obama es cómo hacer uso eficaz de las instituciones democráticas para desarrollar políticas –domésticas e internacionales- en interés de la nación en su conjunto, incluyendo a los que no votaron por él, y no sólo de un sector de funcionarios, políticos o financieros en Wall Street. Esa no es tarea exclusiva de un presidente , sino de una nueva generación dispuesta a abandonar el cinismo y escepticismo sobre la virtud de la política. A ella se enfrentará una parte muy poderosa del sector privado y de la clase política estadounidense, tanto del Partido Republicano como del Demócrata. No es poca cosa. Pero el reto principal para Obama es el de aprender a mirar la realidad desde una nueva perspectiva y saber trasmitir a otros esa cualidad. Esta campaña electoral apenas ha sido el primer paso en esa dirección. Pero por ser el primero es trascendental.

En 1776 la Revolución Americana imaginó y materializó un nuevo mundo dando paso a un cambio de época. ¿Puede Estados Unidos en el siglo XXI generar el imaginario y sentar los fundamentos de un nuevo sistema democrático de gobernanza nacional e internacional con la misma ingeniosidad con la que inventó la democracia moderna, el régimen multilateral de relaciones internacionales posterior a la II Guerra Mundial y la tecnología de Internet que ha transformado el modo en que interactuamos a cualquier escala?

Estamos inmersos, desde mediados del pasado siglo, en un nuevo proceso civilizatorio generado por la acelerada revolución de las tecnologías de información y comunicaciones. El tránsito planetario hacia otros regímenes de gobernanza nacionales e internacionales será difícil y convulso – incluso violento- y puede tomar hasta mediados del presente siglo. Transformar mentalidades y luchar contra intereses creados es más complejo y lento que revolucionar las herramientas tecnológicas a nuestro alcance. Pero no es imposible. Incluso se vuelve ineludible.

Lo que acaba de ocurrir en Estados Unidos es síntoma de la complejidad del proceso histórico de transformación mundial que hoy experimentamos. Las mejores intenciones de Obama no tienen el éxito garantizado. ¿Quién puede dudarlo? Pero haber aceptado el reto de promover cambios –y los peligros que eso conlleva- ya le ha ganado al nuevo presidente el respeto de amplias mayorías dentro y fuera de Estados Unidos.

Los que hasta el último minuto apostaron en La Habana a que “el negro” nunca sería electo – y trataron de contribuir a su derrota en Florida manipulando la traumatizada psiquis del exilio cubano- ahora apuestan a que lo asesinen, o, al menos, cometa errores de tal magnitud que pierda su atractivo político. No están solos. En Moscú, Teherán y Caracas, por mencionar algunos, hay quienes comparten su incredulidad y parecen dispuestos a enfrentarlo a una temprana crisis para sacar partido de su inexperiencia, tal y como antes hiciera la URSS con John F. Kennedy.

Desde una perspectiva política, Obama no es un presidente débil. Muy por el contrario, su presidencia goza hoy de un consenso nacional e internacional que neutraliza a sus enemigos. Es además poseedor de un carácter e inteligencia excepcionales. Aquel que lo desafíe puede contribuir a galvanizar y consolidar de manera definitiva la simpatía interna e internacional que ya existe en torno a su presidencia, quizás en mayor medida que cuando “el joven e inexperto” John F. Kennedy salió airoso del reto que le presentó la Crisis de los Cohetes en octubre de 1962. Si se lanzan a esa aventura, les arriendo las ganancias.

A los racistas -de “izquierdas” y "derechas"- mi más sentido pésame.



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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
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