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Después de mí, el Diluvio

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Los lectores de este Blog van a tener que perdonarme su extensión en esta ocasión. Estamos ante circunstancias oscuras que pueden ser presagio de nuevas tragedias y es necesario pensar en ellas.

Hoy existe una gigantesca coalición pro cambio en Cuba, que engloba a los más amplios sectores de la población y algunos del gobierno, dejando desmarcados a los pocos que se resisten a alterar el status quo. Unos promueven cambios para comenzar un nuevo capitulo en la historia nacional; otros para que no se llegue a cerrar el que hoy se vive. En ese contexto, Fidel Castro ha optado por ser el líder de la “micro fracción” opuesta al cambio.

La elite de poder en Cuba necesita asegurar la gobernabilidad y sabe que solo hay tres herramientas para ello: la represión, la cooptación –antes por medio de la adhesión ideológica y hoy por temor al “enemigo”- y la integración por vía de generar prosperidad cotidiana. Al hacerse crítica la necesidad de supervivencia, la gente puede llegar a perder el miedo a la represión e incluso al “enemigo”.

El gobierno necesita con urgencia vencer el escepticismo generalizado. También requiere un marco de distensión para que sus proyectos –aun si se tratase de reformas graduales y controladas- puedan prosperar. Es en este punto donde las iniciativas de algunos actores extranjeros involucrados en el conflicto cubano pueden complicar las cosas. Pero, ¿cuán “externo” es el origen de algunas de esas posibles complicaciones? El ahora anciano, pero incorregible caudillo, pudiera estarse dedicando a alentar sucesos que descarrilen sus proyectos.

Según ha declarado el Presidente Hugo Chávez fuentes de inteligencia venezolanas y “de otros países” le han alertado de una inminente agresión colombiana y ha movilizado por ello a su maquinaria de guerra para enfrentarla. Dudo que esas fuentes –si realmente existen- sean ecuatorianas, bolivianas, nicaragüenses, iraníes, chinas, o incluso cubanas. Un examen serio de las actuales circunstancias del gobierno colombiano, del contexto regional y de la sobrecargada agenda de la actual Administración en la Casa Blanca, -cuando se aproxima una elección presidencial y una recesión en ese país-, no permitirían a ningún analista llegar a tan arriesgada conclusión aunque tuviese indicios aislados que le preocupasen.

El Presidente venezolano fue más lejos aun. Ya está, virtualmente, en pie de guerra. Sus acciones podrían ser tomadas de ese modo por otros. Movilizó a sus fuerzas armadas y pidió a los países de la región que retirasen sus fondos de los bancos de EEUU cuando ese país está en la antesala de una recesión. También reclamó a los gobiernos del ALBA que integrasen con urgencia sus fuerzas militares y de inteligencia. “Si se meten con uno de nosotros se meten con todos”. Y poco después declaraba que si la oposición en Venezuela lograba ganar las alcaldías en las elecciones previstas para dentro de unos meses, el “2009 sería el año de guerra”. No satisfecho con todo eso, aseveró que “Si a Hugo Chávez le toca entregar el gobierno en 2013, no lo hará a un contrarrevolucionario, porque si no, vendría la guerra”. Más claro ni el agua: el resultado del recién celebrado referéndum ya puede considerarse cuestionado. Como todo aquel que presente una candidatura contra la suya –sea comunista o anticomunista- es para él un contrarrevolucionario, el presidente venezolano ha venido a declarar sin ambigüedad posible que no entregara a nadie el poder. Qué relevancia tiene perder un referéndum cuando bastan las bayonetas (“vendría la guerra”).

Tiendo a pensar que detrás de bambalinas, conectado de algún modo con estos hechos, se encuentra el gran “Maestro” en la política de confrontación como medio para justificar la congelación del status quo y manipular apoyos populares, movilizando la patriotería. En el caso cubano recurrió repetidamente a enturbiar las aguas cada vez que se amansaban. Lo hizo con Angola cuando el Presidente Ford había levantado ya el embargo a las subsidiarias de empresas de EEUU en terceros países, y La Habana se llenó de Chevrolets, sabiendo que con esa acción, además, torpedeaba el proceso de distensión entre la URSS y EEUU. La Guerra Fría había sido un buen negocio para La Habana desde su perspectiva. Si bien esa acción protegió a Angola del régimen de África del Sur, el análisis de sus iniciativas posteriores indica que no era esa altruista causa lo que realmente lo decidió a emprenderla en aquella ocasión. Lo volvió a hacer con Etiopía –está vez para intervenir en un conflicto entre dos países africanos-, cuando Jimmy Carter le informó de sus planes para avanzar hacia el restablecimiento de relaciones en su mandato presidencial. Insistió en ese curso al dar inicio al éxodo del Mariel en el momento en que Carter se jugaba su reelección frente a Reagan. Lo repitió con Clinton, también al jugarse su reelección, cuando derribó las dos avionetas que sabía desarmadas, pese a que la Casa Blanca le aseguraba que no aprobaría la Helms Burton y deseaba ampliar las conversaciones bilaterales. Insistió en sus maniobras para volar todo puente de entendimiento alternativo cuando a los pocos días de abrirse, por primera vez, una oficina de cooperación de la Unión Europea en Cuba, lanzó la redada de detenciones más grande desde el preludio de la invasión por Bahía de Cochinos.

El Comandante es un experto en iniciar acciones que descarrilan negociaciones y arrastran a todos a confrontaciones que le faciliten someter a los demás a la disciplina del nacionalismo y la patriotería.

No me resulta difícil, por haber sido testigo cercano de algunos de esos hechos, imaginarlo alimentando fantasías y paranoias en otros presidentes aliados e instándolos a actuar sobre la base de una interpretación distorsionada de la realidad. Basado en sus dotes de manipulador, pudiera estar lanzado a una maniobra de doble propósito. Por un lado recuperar la popularidad de Chávez y justificar que asuma poderes de emergencia nacional para que, sobre esa base, imponga lo que no logró por vía del referéndum. Por la otra, cerrarle, a los aún timoratos reformistas gubernamentales –de manera definitiva-, la posibilidad de futuras alianzas externas con fuerzas progresistas, pero moderadas, como Brasil o con bloques como la Unión Europea.

Su reciente y oscura disquisición sobre el error de Stalin al no decidirse a movilizar sus tropas, pese a los alertas que le había enviado un agente de inteligencia soviético desde Japón acerca de la inminencia de una invasión alemana, cobra nuevo significado en esta coyuntura. Solo que Venezuela, Colombia y el contexto regional y mundial en el siglo XXI no son los de la URSS y Alemania en 1941. Las informaciones de Sorge tampoco tenían el propósito de enturbiar las aguas entre ambos países. Alemania era ya un régimen totalitario y expansionista cuando Stalin suscribió con Hitler un pacto de no agresión.

Hay pronósticos errados que una vez aceptados como verdades invitan a otros a obrar en consecuencia. Es lo que en inglés llaman “a self-fulfilling prophecy”. Si bien Colombia no tendría razón para intervenir militarmente en Venezuela, expandiendo con ello su ya compleja guerra civil, sus Fuerzas Armadas, al verse frente al despliegue venezolano, pueden llegar a suponer que Chávez pretende atacarlos y se decidan a actuar, basados en esa suposición, con una escalada militar. En situaciones en las que los actores distorsionan las pretensiones de los demás, en un contexto cargado de tensiones y desconfianzas, lo que no era cierto puede transformarse en realidad como resultado de los errores de interpretación de todos o de un hecho fortuito que actúa como catalizador. Relean la historia del estallido de la Primera Guerra Mundial y verán lo que sucede cuando se confunden conjeturas con realidades.

“En río revuelto ganancia de pescadores”. Fidel Castro fue siempre un apostador arriesgado a la hora de revolver las aguas y pescar beneficios sin que el río llegase a desbordarse y lo ahogara. La filosofía del Comandante era la de sacar ventajas materiales a su bien calculada participación en la Guerra Fría con las que compensar su total ineptitud para construir una economía eficiente. La de Raúl Castro pudiera ser otra: la de generar eficiencia económica y alejarse de los conflictos internacionales para sacar dividendos a la paz en lugar de a la guerra.

Pero, si como es previsible, Chávez resulta menos brillante que el Maestro para sacar ventajas políticas internas a su danza al borde del abismo y la guerra de veras se desencadena, ¿cuáles van a ser las consecuencias para Cuba de esa aventura?

Si el hermano convaleciente y su ciego discípulo venezolano arrastran a todos a una conflagración de insospechada magnitud y consecuencias, se dinamitarían los puentes internacionales alternativos para anclar los posibles proyectos del actual gobierno de La Habana. También tendría el gobierno cubano que enfrentar el actual estado subjetivo de la población. Me pregunto si el pueblo del 2008 es el mismo de 1962 cuando la Crisis de Octubre. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que oficiales y reclutas de la FAR se van a envolver gustosos en el pabellón venezolano y marchar a morir por culpa de la incontinencia verbal de Hugo Chávez?

Nadie sabe si ya hay tratados militares suscritos entre los dos países, además de los civiles que aparecen en la prensa. Nadie sabe la magnitud, naturaleza y misión de la actual presencia militar cubana en Venezuela hoy día, ancladas en un país de creciente conflictividad interna y exterior. Un fósforo inoportuno puede iniciar un incendio de grandes proporciones y trágicas consecuencias para los cubanos involucrados en este episodio por vía de su temerario caudillo.

Aunque, si viene el cataclismo, ¿qué puede importarle a quien ya vive prestado cada día? No hay Plan B para salir de esa tormenta una vez que se desate. Ni el anciano aventurero, ni su admirador venezolano lo tienen. No pueden tenerlo porque simplemente no existe esa posibilidad.

Lo sensato es que la elite de poder cubana acabe de comprender que la amenaza más clara e inmediata a sus intereses – y a los del pueblo, en este caso- no radica en Washington ni Miami, sino en un anciano, siempre proclive a la aventura y el voluntarismo, que sigue contando con algunos admiradores tan influyentes como inexpertos en el manejo de crisis internacionales.

Lo cierto es que si Cuba necesita del petróleo de Venezuela, Hugo Chávez también depende de su alianza con la isla. Precisa de médicos, asesores civiles, militares y sobre todo del capital simbólico que desea heredar de lo que fue una revolución. La elite de poder cubana tiene cartas suficientes para imponer cordura a sus aliados, siempre y cuando no se someta ella misma a los delirios de quien puede hundirlos de manera definitiva antes de partir de este mundo.

Como dijo Mariela Castro: ha llegado el momento de que se deje cuidar. Y yo agrego: para que todos, sin excepción, podamos cuidarnos de él en tan delicadas circunstancias. Cortarle la cuenta telefónica con ETECSA sería una contribución importante a la paz regional.



La bronca

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Hace poco leí en una novela cubana, como muletilla constante de sus personajes: “El problema es…”. Luego me he percatado de que, efectivamente, es un estribillo en boca de muchos. Haga la prueba y verá como salta la frasecita a cada momento. “El problema es…”, lo mismo para justificar algo trivial que para emitir un juicio lapidario sobre cualquier tema terrenal.

La necesidad de determinar el problema central en cualquier situación parece una perogrullada, pero con más frecuencia de lo que imaginamos confundimos las causas o efectos, con el asunto al que hay que buscar solución. En uno de los seminarios sobre resolución de conflictos al que asistí hace algún tiempo, uno de los participantes contó que un sábado por la noche, cuando compartía con unos amigos, vieron una trifulca en la calle. Al reconocer al hijo de un vecino, corrieron para separar y calmar a los cinco muchachos, antes de que llegara la policía. Cuando indagaron sobre la causa que provocó la reyerta casi se arma otra bronca porque las explicaciones se contradecían. Al inicio dijeron que uno había ofendido al otro y éste respondió con un bofetón. Pero, ahondando en el asunto, pudieron determinar que todo comenzó porque dos de ellos no se ponían de acuerdo sobre dónde debía ir el grupo aquella noche, y los otros tres se sumaron a la pelea después del primer “galletazo”. Al final, la causa de la pelea radicaba en una discrepancia entre ellos y la incapacidad para ponerse de acuerdo. Los “sopapos” eran el efecto, no la raíz del problema entre aquellos dos jóvenes, al que se sumaron los otros tres para ayudar a su amigo preferido.

La anécdota vino a mi mente cuando en un reciente seminario sobre Cuba formulé las siguientes preguntas: ¿Cómo comenzó este conflicto? ¿Quiénes fueron sus primeros actores? ¿Quiénes se involucraron luego? ¿Cuál es hoy es problema central?

Me llamó la atención que nos tomó algún tiempo formular respuestas con las que todos estuviéramos de acuerdo. Al final, el consenso de los allí presentes fue algo más o menos como lo que sigue.

Esta “bronca” comenzó cuando, al caer Batista, los revolucionarios se dividieron sobre cuál camino tomar. Fidel Castro, con la ambición de consolidar un poder centralizado y absoluto, pretendía afirmar que esa era la única manera posible de promover la justicia social. Los que favorecían conjugar la democracia con la justicia social no fueron escuchados y cuando denunciaron el rumbo de los acontecimientos fueron reprimidos. Aquel conflicto condujo a una guerra civil que se extendió por más de cinco años. Si bien el gobierno declaró haber derrotado militarmente a quienes se le opusieron, no pudo vencerlos: el conflicto continúo expresándose de otros modos y sigue pendiente de solución. Pero aquella confrontación nacional facilitó la temprana entrada al escenario de dos actores externos -EEUU y la URSS- que al apoyar a sus aliados también tenían su propia agenda.

Los participantes en aquel seminario concluyeron que el conflicto tuvo un origen interno y aún no ha sido resuelto. La violencia se desató - insistieron- cuando Fidel Castro recurrió a ella para imponer su posición y se internacionalizó al involucrar a actores externos. El gobierno cubano, sin embargo, tiene otra tesis oficial según la cual el único conflicto ha sido desde el inicio entre el pueblo y los EEUU, siendo ellos los”representantes” del primero y toda persona que se les oponga un “mercenario” del segundo.

Pero aquella “bronca”, al margen de la tesis que se prefiera para interpretar su origen, dejó en herencia un determinado sistema que todavía hoy está vigente. Sus efectos fueron rechazados por el pueblo cubano -que ya no es el de 1959- en el reciente proceso de asambleas que tuvo lugar en la isla. El conflicto central se expresa hoy entre las fuerzas que pretenden, en esencia, congelar el actual sistema y la población que reclama su urgente transformación. La mayor parte de las personas no tienen interés en discutir a estas a alturas si fue acertada o no la decision de implantarlo. Lo que expresan sin ambigüedades es que se ha tornado insufrible.

En estas discusiones, el embargo de EEUU no fue enarbolado por el gobierno como causa principal de los problemas. La gente ya no acepta el criterio de que el ejercicio de sus derechos y la calidad de su cotidianidad se deciden en la Casa Blanca. Exigen levantar “los otros bloqueos” que no dependen de Washington, para llegar a vivir en una sociedad decente.

Las asambleas pusieron de manifiesto que los llamados “logros de la Revolución” asemejan hoy los restos del pez aguja devorado por los tiburones, que fue todo lo que le quedó al personaje central de El Viejo y el Mar. Crisis de los sistemas de salud, educación y transporte; bajos salarios; comida y viviendas escasas; mala calidad de vida; economía ineficiente; violencia social en ascenso; pérdida de capital humano con los jóvenes que emigran y les imponen una “salida definitiva” de su patria; ausencia de libertades económicas y políticas, al punto de no existir democracia ni siquiera para los funcionarios y miembros del partido de gobierno. Con razón el trovador Pablo Milanés se pregunta y responde en una canción reciente: “¿Ha valido la pena? Pregunto, no sé. ¿Ha valido la pena? Respondo, no sé”.

Preferiría que Pablo Milanés no se obsesionara en exceso con el significado del pasado, y se concentrara en pensar –junto a muchos otros- cómo “arreglar” el futuro. El relato bíblico de lo ocurrido a la mujer de Lot es aleccionador. Quien hoy mire hacia atrás corre el riesgo de convertirse en estatua de sal. Sin padecer por ello de amnesia, debemos intentar mirar hacia delante y construir la concertación de todos aquellos que ahora están convencidos de la necesidad de transformar la realidad. Juntarnos todos y vencer el inmovilismo.

Esta “bronca” comenzó por nosotros y debemos ser los cubanos quienes le demos una salida honorable y justa. Los que estamos fuera de la isla gozamos de libertades y un margen de iniciativa que no tienen siquiera los funcionarios del gobierno y el partido comunista. Eso conlleva la responsabilidad de romper la inercia cuando se hace posible concebir y promover soluciones “con todos y para el bien de todos”. Ejercitémosla.



Pelota política

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La televisión local de Ciudad de La Habana, en tiempo estelar del pasado sábado, mostró el documental del realizador Ian Padrón titulado Fuera de Liga en el que se examina la trayectoria del baseball nacional y se entrevistan peloteros residentes en la isla y tres que hoy radican en el exterior: los lanzadores Orlando “Duque” Hernández y Rene Arocha, y el bateador Kendry Morales. De los 70 minutos del film se dedican diez a esas tres entrevistas. La noticia sería irrelevante en cualquier otro país del mundo, pero el que se proyectara el documental en Cuba ha sido noticia. ¿Por qué? Porque por esos diez minutos el film estuvo prohibido durante cuatro años.

Y de nuevo la pregunta es ¿por qué?

Las entrevistas revelan, aunque sea de manera indirecta, la existencia de violaciones del derecho humano al libre movimiento, que hace de Cuba una situación exótica en ese terreno. Por otro lado, la censura que persiguió al documental nos recuerda la violación de nuestro derecho a la libre expresión.

La censura se encargó de subrayar que desde hace décadas nada es debatible que no sea previamente autorizado, en el momento que sea autorizado y en el lugar que sea destinado para ello por los que monopolizan el poder. Y cuando se habla de “monopolio del poder” o de “poder absoluto” no estoy usando licencias literarias. Es un poderío que decide y regula –o más bien prohíbe o limita-, el derecho a viajar, a tener empresas propias, organizarse en asociaciones independientes, el acceso a Internet, el trabajo independiente, la creación de cooperativas autónomas, a vender y comprar propiedades (ni siquiera tu propia casa). ¡Hasta hospedar un amigo extranjero en tu hogar está regulado! Y por supuesto pensar con cabeza propia está reglamentado y hasta penado por la ley, con figuras legales confusas y kafkianas como: tenencia de propaganda enemiga; difamación de instituciones, organizaciones de masas, héroes y mártires; clandestinidad de impresos; conducta antisocial; peligrosidad predelictiva y …no sigo porque me salgo del tema.

Este poder absoluto es el que crea situaciones tan tristemente ridículas como la ocurrida con Fuera de Liga. Padrón, de manera conciente o inconciente, llamó la atención sobre la injusticia que entraña el que un gobierno declare traidores a sus emigrantes y los trate, de hecho, como desterrados, a los que expropia todas sus pertenencias y luego transforma en emigrantes definitivos, sin derecho al retorno. Qué yo sepa a Maradona no le han llamado traidor en Argentina, ni mucho menos prohibido la entrada a Buenos Aires cuando jugó con el equipo Barcelona, el de Napoli o el de Sevilla.

El documental rompe el principio de que los traidores son innombrables. Su existencia anterior –escritos e imágenes- es borrada de todo espacio público. El emigrante es un traidor y como tal pierde no sólo sus propiedades, sino también su pasada existencia. Los censores no podían dejar pasar este documental que resquebrajaba un principio vital del control que se ejerce sobre la memoria colectiva.

Ian Padrón no estuvo dispuesto a mostrarse sumiso y atenerse disciplinadamente a la “obediencia debida” que le inculcaron desde la cuna. Pertenece a una nueva generación que subsiste en la incertidumbre y desafíos de la Cuba post operatoria de su Comandante en Jefe. Tiene, al parecer, el criterio de que es su derecho decir cosas.

El joven cineasta devuelve a la pelota su condición de ser un “conector” entre cubanos de ideologías diferentes. Un espacio común a ser cohabitado. Una posible herramienta al servicio de la reconciliación nacional. Padrón no fue a EEUU a buscar exclusivamente a emigrantes “perdedores” como en ocasiones han hecho algunos realizadores de la TV cubana. Eso constituyó otra imperdonable herejía para los censores. Buscó a los que triunfaron en la Isla y luego, pese a correr la incertidumbre que rodea a todo migrante, se asentaron de manera exitosa en el país de acogida. Pero el realizador fue aún más lejos en su ruptura con los mecanismos oficiales de demonización. Al indagar los sentimientos que guardaba El Duque Hernández hacia su anterior equipo y compañeros, el lanzador estrella de los Industriales y los New York Yankees (ahora con los Mets), abrió su camiseta de los NYY –como quien se abre el pecho para mostrar el corazón- y exhibió orgulloso la de los Industriales que llevaba debajo.

El corresponsal de El País nos vende la exhibición de Fuera de Liga como señal promisoria de nuevos tiempos, mientras que el periodista de La Jornada de México nos informa que lo sucedido es el resultado de una sostenida lucha del realizador en que, al agotar todas las vías, llegó a presentar su renuncia al ICAIC. Lucha en que ya no estaba aislado, como ocurrió antes a artistas, poetas, escritores, cineastas y profesores que fueron hostilizados, censurados y hasta enviados a prisión por apenas tener un manuscrito inédito en su domicilio. Ahora la gente intuye el cambio que se avecina. No porque se lo vayan a regalar un grupo de dirigentes más iluminados, sino porque “los de arriba” no pueden dirigir ya como antes, y “los de abajo” no resisten seguir siendo dirigidos de aquel modo. Ante el despliegue combativo de una nueva “guerra de Emilios” (e-mails) en el sector intelectual, los mutiladores de ideas dieron un paso atrás. Uno solo. Pero es alentador. Como dijo el escritor cubano Leonardo Padura "los cubanos que vieron hoy la película se sienten mejor que ayer". Y llegarán a sentirse mucho mejor mañana –agrego yo- cuando puedan ejercer todos sus derechos.

Los tiempos, en efecto, son promisorios. La razón es que cada vez más personas están dispuestas a resistir los abusos de poder y defender sus derechos. Lo que realmente “se mueve” en Cuba es una nueva subjetividad ciudadana.

Un cubano recibió hace poco uno de los más altos honores vinculados al baseball. A Orestes “Minnie” Miñoso le rindieron homenaje en el Gem Theater de Kansas City por su contribución a ese deporte. Allí le dieron el galardón The Jackie Robinson Legacy Award. Robinson fue el primer jugador afro americano en Grandes Ligas y enfrentó todo tipo de discriminaciones por el color de su piel para imponerse, finalmente, por su excepcional calidad deportiva y humana. Así abrió las puertas a otros . Para orgullo de los cubanos, Miñoso hizo lo mismo por los latinos siendo además negro como Robinson. El octogenario cubano se mostró emocionado y agradecido por el homenaje y el simbolismo que lo unía al jugador estadounidense. Me siento honrado por su condición de cubano.



Pasos hacia el cambio

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Ayer pasaron varias cosas. Un preso político intentó suicidarse en una celda de castigo en la prisión El Guayabo. Un hombre, residente en Miami, consideraba hacer lo mismo por no haberle llegado autorización de viajar a Cuba para ver a su madre en delicado estado de salud. Una mujer intentaba saber el destino de su nieto que había zarpado de manera ilegal rumbo a Estados Unidos para reunirse con su padre porque, pese a tener una visa, no obtenía un permiso de salida del gobierno que consideraba “traidor” a su papá. Me llegó una gruesa cuenta por llamadas telefónicas a Cuba. Un amigo me dijo que de los doscientos cuarenta y cinco dólares que le había enviado por navidades a su hijo sólo le dieron el equivalente a doscientos.

Todas estas situaciones me hacen pensar que mientras se aguarda que el gobierno cubano responda a la demanda de cambios estructurales, hay asuntos de índole humanitaria que es necesario y posible atender de inmediato.

Las conversaciones puntuales sobre temas humanitarios no son algo nuevo en nuestra historia reciente.

Una tuvo lugar en 1962 para la liberación de los presos de la Brigada 2506, y otra en 1978 –este año se cumplirán tres décadas de aquel proceso- que trajo la libertad a más de 3,600 presos políticos y la flexibilización para los viajes en ambas direcciones por motivo de visitas familiares. Lo segundo jugó un papel decisivo en la primera ola de reconciliaciones nacionales entre familiares y amigos cuyas relaciones se habían roto por razones ideológicas cuando partieron al extranjero.

Una serie de temas, ya puestos sobre la mesa, podrían constituir la agenda humanitaria mínima con la cual iniciar una conversación limitada, puntual y constructiva entre cubanos. Han sido planteados, alternativamente, tanto por organizaciones cubanas en el exterior como por la población que participó en las recientes asambleas sobre la situación nacional. Algunas organizaciones disidentes han tomado incluso la iniciativa de proponer diversas fórmulas para dar respuesta a algunos de estos problemas. Como mencionar todas las propuestas sería excesivo, me permito llamar la atención sobre cuatro posibles acciones de aquellas que han sido sugeridas. Creo que de conjunto podrían constituir una mínima agenda humanitaria a ser conversada.

Amnistía

Amnistiar a menos de trescientos sancionados a prolongadas penas de prisión, -semejantes a las aplicadas a los prisioneros de guerra de Bahía de Cochinos y el Escambray-, por haber desarrollado actividades de naturaleza política o de disidencia no violenta es una solicitud moderada y razonable. Muchas de esas personas llevan ya muchos años en duras condiciones carcelarias pese a su edad avanzada y frágil salud. Chávez acaba de decretar una amnistía para quienes participaron en el golpe contra su gobierno. Entonces, ¿por qué no en Cuba?

Una sociedad no se valora sólo por el número de aulas y hospitales de que dispone, sino también por el trato que dispensa a sus disidentes. Al liberar a estos prisioneros el gobierno cubano se liberaría a si mismo. Estos presos son un obstáculo en sus esfuerzos por comunicar una voluntad de cambio real a sus interlocutores nacionales e internacionales para así pasar la página y discutir el futuro.

Respeto al derecho de libre movimiento ciudadano

Una vía eficaz para luchar contra el contrabando humano y sus dolorosas secuelas es respetar el derecho ciudadano a salir y entrar a su patria. Esta medida, además de humanitaria, es ya imprescindible desde una perspectiva económica para detener la pérdida definitiva de capital humano de los que deciden marchar al exterior y se les impide el retorno bajo el concepto de “salida definitiva”. Los admiradores del progreso chino deberían tomar nota de que hace rato el partido comunista reconoció allí ese derecho ciudadano. Entonces, ¿por qué no en Cuba?

Reducción del costo de las comunicaciones familiares y envío de remesas

El servicio de larga distancia con la isla se encuentra entre los más caros del mundo. El correo electrónico es igualmente caro y de difícil acceso. Es más barato hablar con China o Australia (tres centavos el minuto) que con La Habana (desde sesenta centavos hasta un dólar el minuto según quien sea el que provea el servicio). En todo el planeta sólo los territorios de Nauru, Isla Cook y las Islas Christmas & Cocos tienen una tarifa superior. No hay motivo aceptable para encarecer arbitrariamente la comunicación entre los cubanos de afuera y de adentro de la Isla.

Imposiciones desmesuradas hacen del envío de remesas a Cuba el más caro de toda América Latina y Caribe. Revisar esos gravámenes es de elemental sentido humanitario para las familias cubanas que, al igual que sucede con todos los emigrantes, intentan apoyarse mutuamente. Ya en el 2005 el flujo de remesas enviados por emigrantes latinoamericanos rebasaba los 54,000 millones de dólares. Esa cifra supera el total combinado de la inversión extranjera y la cooperación al desarrollo recibida del exterior aquel año. Este monto incluso puede ser considerado de mayor envergadura si se incluyeran las transferencias directas en bienes como las computadoras y electrodomésticos. Economistas e instituciones financieras llevan ya varios años estudiando el impacto positivo de las remesas en los países de origen, por lo que gobiernos, bancos, y la sociedad civil buscan soluciones para facilitarlas y reducir los costos de su envío. Entonces, ¿por qué no en Cuba?

Facilitar el desarrollo de empresas familiares

Es necesario asegurar que las remesas, lejos de crear dependencia hacia quienes las envían o tensiones sociales en la población, sirvan para irrigar el bienestar colectivo. Para ello el gobierno debe autorizar la creación de empresas familiares y crear un ambiente fiscal y legal propicio para su fomento. Es una medida humanitaria que, a la vez, constituye una estrategia económica.

Por un lado, esos recursos crearían nuevas fuentes de trabajo, servicios y productos. Por otro, existen estrategias de cooperativas financieras que permiten dedicar parte de las ganancias obtenidas por el envío de remesas a ofrecer microcréditos a aquellos que no las reciben y que de ese modo pueden ser beneficiados por ellas.

Esta política atraería recursos externos adicionales en forma de fondos de cooperación al desarrollo que podrían hacerse disponibles de manera prioritaria a aquellos ciudadanos que no reciben remesas y deseen emprender una actividad productiva de interés social. Una inyección inmediata de financiamientos canadienses y europeos para el desarrollo de empresas familiares -sin que el país tenga luego que devolverlos ni pagar intereses- es el aporte al bienestar colectivo que traería una decisión, a la vez humanitaria y económica, en este campo. El fomento de las microempresas ha resultado exitoso en todas partes. Venezuela quiere también impulsarlas. Entonces, ¿por qué no en Cuba?

El 2008 podría dedicarse a abordar y dar solución a estos cuatro puntos humanitarios. El gobierno puede con ellos demostrar que está dispuesto a situar las necesidades de las familias cubanas -incluidas las de los presos políticos- por encima de sus rencores.

Nuestros problemas no podrán ser resueltos a cabalidad con estas medidas, aunque dar solución a estos asuntos podría abrir luego la posibilidad de abordar otros de mayor calado.

La posición de Estados Unidos

¿Cómo lograr el cambio en la postura de Estados Unidos sobre viajes y remesas? Al igual que es necesario hacer con el gobierno cubano, se impone que los cubanos motivados por gestar estos asuntos realizaran también las correspondientes gestiones con el de Washington. Pero es preciso que La Habana evidencie su voluntad de cambio iniciando un proceso de conversaciones sobre estas cuestiones humanitarias. Así se haría mas fácil que Washington demostrase la suya cancelando las medidas ejecutivas del 2004 que no requieren ser revertidas por el Congreso. Sería un buen comienzo de ambas partes.

Si Cuba y EEU dieran pasos en estos temas se facilitaría el acceso a otros recursos. Empresarios cubano americanos ya han gestionado millones de dólares para conceder micro créditos tan pronto los gobiernos de ambos países remuevan las trabas que hoy lo impiden.

Pero es difícil convencer a un sector en Washington de que reconsidere su posición mientras el estado cubano se apropie de casi la cuarta parte del valor de cada remesa para sus propios fines. Enviar una remesa a Cuba cuesta más del doble (24 dólares por cada cien) que a México o Filipinas (once dólares por cada cien) para luego ser sometida a un cambio local, arbitrario y desfavorable, al ser recibida por los familiares.

El reclamo del electorado en EEUU es hoy el mismo que gritan los cubanos: cambio. Estas ideas no suponen todavía un diálogo para “El Cambio” (con mayúscula), pero como dicen los chinos, el camino más largo se inicia con el primer paso.



Los dos mejores agentes de Castro

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El gobierno cubano no es un monolito, pero sabe hablar con una sola voz. Ese no ha sido hasta ahora el caso de quienes se le oponen. Cuando se haya consensuado una propuesta básica para iniciar el cambio se estará en mejores condiciones de requerir a los gobiernos extranjeros que la tengan en cuenta en sus conversaciones bilaterales con Cuba.

Pero hay un primer paso necesario. Antes incluso de ponernos de acuerdo sobre como apreciamos lo que sucede en Cuba y nuestras diferentes visiones acerca del tipo de cambio al que debemos aspirar ¿por qué no comenzar por acordar el modo en que vamos a administrar y manejar constructivamente nuestros propios conflictos y diferencias? Oscar Visiedo, un amigo bien informado, me lo dijo: los dos mejores agentes de Fidel Castro en el exilio se llaman Ego y Sordera. Han sido muy exitosos en hacer fracasar muchas buenas intenciones -y otras no tan admirables- en este medio siglo.

Se puede exigir que el representante de un gobierno extranjero no diga tonterías ni sus representantes emitan valoraciones que no les corresponde hacer. Se puede juzgar si su manejo del diálogo ha sido inteligente o torpe. O si los representantes diplomáticos en sus embajadas asumen actitudes amables o insultantes. Se le puede criticar si evade el contacto con la sociedad civil cubana y sólo se relaciona con el gobierno. Se le puede considerar ingenuo o sagaz. Pero no puede exigírsele que decida por su cuenta un grupo de planteamientos y los promueva en un diálogo, de naturaleza gubernamental y bilateral, cuando la propia oposición y exilio no se han puesto de acuerdo sobre el particular.

Del mismo modo que si uno tiene que marchar a la guerra prefiere que el compañero de trinchera sepa apuntar y disparar bien, cuando se va a un diálogo hay quienes saben hacerlo mejor y quienes son un desastre. Eso no descalifica de manera automática el propósito, la estrategia, ni al gobierno extranjero que la promueve, sino al que fue mandatado para diseñarla, dirigirla y asegurar su ejecución exitosa.

Pero antes que juzgar el papel jugado por extranjeros, creo que debemos atender nuestro propio desempeño. Si no es posible dialogar entre aquellos interesados en promover un cambio, más lejana es la posibilidad de hacerlo con los que no lo desean. El gobierno cubano – y los extranjeros- no se sienten presionados a tomar en cuenta a quienes no se entienden siquiera entre ellos mismos. ¿Por qué no comenzar, entonces, por nosotros?

Todos -aquellos que preferimos una transformación pacífica o los que optan por otra violenta- debemos asumir responsabilidad ante fracasos anteriores, aprender de ellos y dejar de culpar a otros por la actual situación. Esto siempre ha sido y es asunto nuestro. El conflicto comenzó por los cubanos y debe terminar con nosotros. La responsabilidad de desenredar este ovillo es nuestra. Se puede y debe contar con terceros que ayuden a buscar salidas, pero corresponde a los cubanos apropiarnos del proceso.

Hay en EEUU dos docenas de muy variadas organizaciones que bajo el nombre de Consenso Cubano vienen controlando a Ego, (administrando sus diferencias de manera exitosa), y neutralizando a Sordera, (escuchando los puntos de vista de los demás). Otros grupos vienen trabajando en igual sentido desde su propia perspectiva. El diálogo entre ambos sectores se hace cada vez más posible. En Europa surgen también movimientos que tienen igual propósito. En el 2007 se dieron algunos pasos iniciales entre diversos grupos en Cuba para potenciar coincidencias y controlar discrepancias.

Cuando dentro y fuera de Cuba una masa crítica de cubanos sea capaz de conciliar sus voces, sin por ello renunciar a sus diferencias, se hará muy difícil ignorarla. Y si esa conciliación se hace en defensa de un cambio que respalde las reivindicaciones y expectativas específicas planteadas por millones de cubanos en las recientes asambleas, entonces de poco valdrán lo que Raúl Castro o su hermano crean o deseen hacer.

Se me pregunta si yo estimo que el General “va a hacer algo”. A mi juicio, lo que alguien piense sobre Raúl y sus intenciones es especulativo e irrelevante. Lo que importa -al margen de lo que él crea y desee- es lo que el contexto nacional e internacional le permitirá u obligará a emprender. Cada individuo es siempre él y su circunstancia, aunque algunos, como su hermano, se crean dioses. No podemos adivinar las buenas o malas intenciones del General, pero es factible contribuir a construir un contexto que no pueda ignorar. Eso depende, ante todo, de nosotros.

Ya confesé que tengo un sueño: alcanzar la transformación pacífica de la sociedad cubana. Pero para el 2008 me propongo una cosa bien concreta: contribuir a facilitar una mayor conciliación de posiciones entre todos los que desean el cambio.

¿Qué tal si incluimos entre nuestros buenos propósitos para el 2008 el ayudar a controlar la subrepticia labor de Ego y Sordera en nuestras comunidades para poder avanzar hacia un consenso?

¡Muchas Felicidades!



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La sociedad cubana ante el cambio

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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: [email protected]

 

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