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La sociedad cubana ante el cambio

Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco@rogers.com

 

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Hacia una cultura de diálogo

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Se repite a menudo que los cubanos carecemos de una cultura del debate. A mi juicio, la carencia es otra: tenemos una cultura de intolerancia que se necesita sustituir por otra de diálogo.

La cultura cubana se ideologizó y transformó en espacio intolerante de confrontación. No es que ella fuera ajena a la intolerancia antes de 1959. La sociedad siempre tuvo un estrecho umbral para convivir con valores y conceptos que le resultasen ajenos. Pero después de esa fecha todo devino en asunto de la ideología y por tanto en supuesto campo de batalla entre el Bien y el Mal. Se nos educó en aquello de que las plumas son fusiles y las palabras balas. Se suponía que cada producto cultural contenía un mensaje. El disenso desde entonces ha sido la línea infranqueable entre nosotros y los otros. Quien disiente no es siquiera un hereje, sino un traidor. Aquel que escribe o expresa ideas opuestas a las que profesamos es el enemigo, a quien hay que odiar con la misma fiereza que pueda sentirse hacia quien porta un fusil en una batalla. Da igual si tienen manos manchadas de sangre o de tinta.

Virgilio Piñera tuvo razón al sentir miedo. Parafrasear la frase con la que Mussolini definió los límites de tolerancia del fascismo italiano para formular la política cultural cubana era un mal presagio. Cambiar la palabra “Estado”, usada por el Duche, por la de “Revolución”, que empleaba el Comandante en Jefe, no era suficiente para que todo cayera en su sitio. Se vivían tiempos exaltados, de amor y de cólera. Eso quizás explique -sin liberarnos por ello de la responsabilidad individual que cada cual ha tenido en esta historia-, que muchos subestimásemos la demostrada capacidad que ya entonces tenía el estado cubano para devorar la revolución y a sus hijos. No haber compartido la visión, el miedo y el coraje demostrado por Virgilio Piñera durante aquella jornada de 1961 en la Biblioteca Nacional ha tenido consecuencias de larga duración en nuestra historia reciente. Desde entonces, los esfuerzos por flexibilizar la política cultural en ciertas áreas siempre han sido bienvenidos, pero la cultura cubana –que trasciende los marcos de decisión de un ministerio- permanece condicionada por el contexto de intolerancia generalizada que impuso el socialismo de Estado.

Si por cultivar una cultura del debate se propone que el arte de la polémica sea puesto al servicio de la descalificación de herejes e ideas disidentes, flaco servicio se aportará al propósito de avanzar hacia una genuina cultura de diálogo que es la que el país realmente necesita. La cultura tiene una gran responsabilidad en facilitar los espacios de encuentro y diálogo para asegurar que las transformaciones que se avecinan puedan llegar a ser –perdonen el recurrir a un lugar común, pero vigente- “con todos y para el bien de todos”. No me estoy refiriendo a lo que va suceder este año o el próximo, sino a lo que inevitablemente ocurrirá –de peor o mejor manera- en un periodo relativamente breve.

Pero no sólo en Cuba se agotan ideas del pasado. No vivimos una simple época de cambios; vivimos un cambio de época.

Muchos vuelven a invocar hoy el vocablo revolución, pero la que resulta más urgente es la de nuestro pensamiento para poder bregar con desafíos nuevos que intentamos entender y resolver desde nuestras viejas ideas, concepciones y experiencias. Esa revolución del pensamiento demanda una cultura de diálogo y tolerancia como espacio vital para su desarrollo.

Cuba necesita hoy trascender su obsoleto paradigma de desarrollo y las mentalidades asociadas a él. En esta coyuntura la cultura cubana no puede jugar el papel que le corresponde sin cuestionar aquella definición en la que la enjaularon junto al pensamiento de sus más notables creadores y mejores funcionarios. Su imprescindible e impostergable servicio al bien común es el de constituirse en un espacio de cohabitación plural e intercambio permanente entre corrientes de ideas y creadores nacionales y extranjeros.

Es por eso que al inaugurar nuestro blog, del que apenas soy su facilitador, damos la bienvenida a todos: creyentes y ateos, comunistas y anticomunistas, demócratas y autoritarios, neoliberales y socialistas, heterosexuales, homosexuales y bisexuales y a todo el resto del posible inventario de nuestras diferencias. Pero no los invito a debatir o polemizar, sino a dialogar: a escuchar con empatía al otro y expresar con respeto la opinión propia que busca ser enriquecida con la de los demás.

Este blog de comentarios semanales es un espacio para la convivencia plural y el diálogo entre diversas corrientes de ideas. Su presupuesto de partida es que la verdad absoluta no existe y nadie la monopoliza. Aquí todos venimos a ganar del intercambio, no a vencer al otro. A dialogar, no a vociferar. Este es un espacio para expresar criterios, no para desautorizar ideas discrepantes sobre la base de descalificar a quienes las formulan. Nos interesa analizar los mensajes, no los mensajeros. Es posible experimentar la endogamia ideológica en otros lugares de Internet, si eso es lo que alguien prefiere, pero para que este sitio resulte de alguna utilidad al bien común hay que cohabitarlo de manera respetuosa.

Como una coda humorística acerca de las consecuencias de intentar promover la erudición en una cultura de intolerancia, los dejo con este excelente film (Utopía) de dos destacados jóvenes cineastas cubanos, Arturo Infante, como director y guionista, y Pavel Giroud, como editor. Triste es decirlo, pero el tono de los debates y polémicas que se ven en este cortometraje asemejan los que sobre Cuba aparecen en algunos sitios de Internet. El film ha de servirnos como recordatorio de lo que no ha de hacerse.


15 Comentarios


15 por Juan Antonio Blanco 06/12/2007 14:42

Dadas las circunstancias que todos conocemos, no debemos tomar a mal que algunos prefieran no aparecer con su nombre real al enviar sus comentarios. Lo que pido es que sean respetuosos aunque puedan ser discrepantes. Como facilitador del intercambio en este espacio agradezco a todos su cooperacion sobre este aspecto. Gracias.

14 por Elto Lerante (Usuario no autenticado) 06/12/2007 14:00

Esoy de acuerdo con Nancy en que todos los que participemos en este blog, que sera respetuoso y en el que no debemos caer en descalificaciones y debemos demostrar que podemos ser educados y profundos, ademas para identificarnos debemos usar nuestro nombre.

13 por Malinche Cubensis (Usuario no autenticado) 06/12/2007 0:00

Bienvenido y Gracias por colgar ese disfrutable corto sobre una faceta (positiva o negativa?) de nuestra gozadora Utopia Tropical. En mi tendra 'reader de a ratos', sin embargo el dialogo inteligente siempre me tienta a la participacion. En mi modesta opinion dentro del con-versar lucido y critico se excluyen tanto la descalificaciones biliosas, como las comparsas buyangueras y aduladoras que acompanian a quien mas alto grita, a quien enarbola 'su razon' con la estrategia de acallar las otras, simple-mente levantando el tono de la voz. Bienvenido desde las vecindades de esta conversacion que fluye, de para y por Cuba.

12 por Nancy Cabrera (Usuario no autenticado) 05/12/2007 22:20

Muy oportuna la señal de que interesan las opiniones, no los opinantes. Deberemos aprender a dialogar y a respetar criterios distintos y hasta totalmente opuestos sin sentir que se nos ha agredido con una valoración que no compartimos. Eso es principio fundamental, primario, de la democracia que todos queremos para Cuba. Vamos a ver crecer el diálogo franco y respetuoso, sin menoscabo de las personas y los juicios para bien del futuro. Sintomático que en su blog los opinantes tengan nombres "reales"

11 por Violeta Romero (Usuario no autenticado) 05/12/2007 16:00

Felicitaciones por el empeño de crear un espacio con tan certero presupuesto: el de que la verdad absoluta no existe, a pesar de que tantas veces hemos sido víctimas de quienes creen poseerla.
En esa pequeña isla caribeña que es Cuba, el estado cubano ha hecho evidente la existencia de los mitos más clásicos. Así como el rabí creó al Golem, el estado cubano creó al fallido hombre nuevo, pero luego temeroso de su creación lo devoró como Saturno a sus hijos. En Cuba pues, existir ya es un problema; pensar, un crimen.
A algunos al menos nos queda la Internet para confirmar que todavía existimos. Gracias por abrir esta nueva posibilidad.


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