Este texto de J. A. Blanco me parece muy importante para clarificar la situación.
Conversar es una forma de civilidad social, un momento de relaciones sosegadas, algo que en el siglo XVIII se consideraba un arte. Es como un pasatiempo delicado, donde se confirma el gusto y la calidad de palabra, al mismo tiempo que siempre se aprende algo sobre el mundo, sobre el otro y sobre si. Quizás este arte de la conservación se haya perdido.
Dialogar conlleva, a la diferencia de la conversación pura gratuidad, la búsqueda de un fin. Nos proponemos dialogar cuando buscamos alguna satisfacción o una meta particular.
Negociar siempre ocupa el ultimo termino del dialogo. Si dialogar implica buscar juntos los capítulos a negociar, rebuscar en todos los aspectos del asunto, detallar y sintetizar, negociar significa que se ha esclarecido la situación, que todo está analizado, pensado por ambas partes y que solo queda tomar la decisión o las decisiones. Negociar es decidir. Tomar decisiones sobre lo que por el dialogo se planteó. No sé si J. A. Blanco estará de acuerdo sobre esto. Las negociaciones son siempre difíciles. El dialogo es mas cortés.
Dialogar y negociar es la base casi de cualquier mundo civilizado moderno, de lo contrario volvemos a los tiempos bárbaros de la violencia como forma de convivencia. Quiero decir que nadie puede pensar hoy en día que se puedan resolver los conflictos por la vía única de las armas. Las medidas de retorsión como embargos económicos contra países peligrosos y que reprimen sus poblaciones se aplican justamente para evitar entrar en conflictos armados. Ejemplo los embargos contra Irán. Pero hasta que punto se tendrá que aguantar hasta que los occidentales se decidan a enviar bombas a Teherán para evitar un daño posterior mayor.
Quiero decir que dialogar y negociar nadie lo puede evitar y nadie lo descarta, al menos de ser un loco. Pero la respuesta es con quien y para qué. Estoy de acuerdo con J. A. Blanco que se puede dialogar hasta con sus enemigos, pero hasta cual punto para que esos diálogos y negociaciones no se tornen traición o engaño. Ver los acuerdos de Munich con Hitler, los acuerdos de la vergüenza.
Otra pregunta importante. ¿ Para negociar qué? ¿ Para negociar la transición china o la transición española? ¿Para negociar el abandono de nuestros principios y valores, o para negociar el fin de la dictadura?
De todas formas llegar a una negociación como un débil, flojo o cobarde, sin fuerzas ni reesfuerzos detrás de si, sin RESISTENCIA, es mas loco aun que ninguna negociación.
Comentario de Anonymous User (joseluis sito)
Modificado: 10/06/2008 22:20
Este texto de J. A. Blanco me parece muy importante para clarificar la situación.
Conversar es una forma de civilidad social, un momento de relaciones sosegadas, algo que en el siglo XVIII se consideraba un arte. Es como un pasatiempo delicado, donde se confirma el gusto y la calidad de palabra, al mismo tiempo que siempre se aprende algo sobre el mundo, sobre el otro y sobre si. Quizás este arte de la conservación se haya perdido.
Dialogar conlleva, a la diferencia de la conversación pura gratuidad, la búsqueda de un fin. Nos proponemos dialogar cuando buscamos alguna satisfacción o una meta particular.
Negociar siempre ocupa el ultimo termino del dialogo. Si dialogar implica buscar juntos los capítulos a negociar, rebuscar en todos los aspectos del asunto, detallar y sintetizar, negociar significa que se ha esclarecido la situación, que todo está analizado, pensado por ambas partes y que solo queda tomar la decisión o las decisiones. Negociar es decidir. Tomar decisiones sobre lo que por el dialogo se planteó. No sé si J. A. Blanco estará de acuerdo sobre esto. Las negociaciones son siempre difíciles. El dialogo es mas cortés.
Dialogar y negociar es la base casi de cualquier mundo civilizado moderno, de lo contrario volvemos a los tiempos bárbaros de la violencia como forma de convivencia. Quiero decir que nadie puede pensar hoy en día que se puedan resolver los conflictos por la vía única de las armas. Las medidas de retorsión como embargos económicos contra países peligrosos y que reprimen sus poblaciones se aplican justamente para evitar entrar en conflictos armados. Ejemplo los embargos contra Irán. Pero hasta que punto se tendrá que aguantar hasta que los occidentales se decidan a enviar bombas a Teherán para evitar un daño posterior mayor.
Quiero decir que dialogar y negociar nadie lo puede evitar y nadie lo descarta, al menos de ser un loco. Pero la respuesta es con quien y para qué. Estoy de acuerdo con J. A. Blanco que se puede dialogar hasta con sus enemigos, pero hasta cual punto para que esos diálogos y negociaciones no se tornen traición o engaño. Ver los acuerdos de Munich con Hitler, los acuerdos de la vergüenza.
Otra pregunta importante. ¿ Para negociar qué? ¿ Para negociar la transición china o la transición española? ¿Para negociar el abandono de nuestros principios y valores, o para negociar el fin de la dictadura?
De todas formas llegar a una negociación como un débil, flojo o cobarde, sin fuerzas ni reesfuerzos detrás de si, sin RESISTENCIA, es mas loco aun que ninguna negociación.
RESISTENCIA ¡! UNION ¡!
VIVA CUBA PRONTO LIBRE ¡!