Comentario de Juan Antonio Blanco (Juan Antonio Blanco)
Modificado: 11/06/2008 23:13
Retomando los comentarios de ayer quisiera referirme a tres de las más usuales objeciones que se hacen al uso del diálogo, y que guardan una conexión entre ellas.
“1) No se puede confiar en el interlocutor porque esta comprobado que es un timador que nunca ha cumplido lo discutido. 2) No se puede obtener nada por vía de conversaciones, diálogos y negociaciones porque luego no se cumple lo pactado. 3) No hay nada que conversar, dialogar ni negociar porque las experiencias previas han fracasado demostrando la inutilidad de esa vía.”
El caso de Hitler y la política de apaciguamiento son siempre citados por los críticos de las vías políticas como ejemplo definitivo de sus objeciones.
Permítanme unas aclaraciones previas.
a) Las conversaciones, diálogos y negociaciones son herramientas para el abordaje de conflictos. La violencia bajo diversas manifestaciones (físicas, económicas, culturales) e intensidades (represiones de diversa índole, guerras) es la otra.
b) Del mismo modo que hay negociaciones que no llegan a rendir frutos hay guerras que se estancan sin que ninguna de las partes pueda prevalecer sobre la otra mientras continua la violencia. Y del mismo modo que se pierden guerras por mal diseño de la estrategia o pésima dirección de la batalla también se pierden o malogran diálogos y negociaciones por ausencia de una estrategia adecuada, impericia de los interlocutores o mala apreciación de las potencialidades propias y de la otra parte.
c) Las vías dialogadas y/o negociadas para buscar salida a un conflicto tienen “ventanas de oportunidad” que se abren o cierran.
d) Un elemento decisivo para que se abra una “ventana de oportunidad” en que las vías políticas puedan coronarse con éxito es aquella que presenta a ambas partes una situación en que el costo de prorrogar el conflicto es mayor al costo potencial que pudiera estar asociado a su solución pactada.
e) Es posible que pese a existir una clara “ventana de oportunidad” una de las partes no tenga conciencia de la necesidad de asumir la vía política. A eso contribuye la incapacidad de ver la realidad de manera objetiva desde el grupo al que se pertenece.
f) En esas circunstancias es crucial lograr el inicio de una fase de conversaciones, sin compromisos ni precondiciones, para hablar de la conveniencia de entablar un diálogo y crear las condiciones de confianza mínimas para que ello sea posible. Las conversaciones así cumplen el papel de pedagogo del adversario para hacerle ver una realidad (la necesidad y factibilidad de salidas políticas) que ha sido incapaz hasta de entonces de captar. Las conversaciones sirven para que el temor de un grupo al enemigo que enfrentan disminuya al tratar de manera directa con él y conocerlo mejor.
Y aquí viene el tema de Hitler y las tres comprensibles reticencias antes mencionadas.
Los errores en el preludio de la II Guerra Mundial fueron a mi juicio los siguientes:
1) Dialogar con Hitler en lugar de hacerlo con Alemania. El caudillo – decidido a hacer la guerra- usaba las conversaciones para mostrarse constructivo ante su pueblo y la opinión publica mundial. Se pudo haber iniciado un diálogo público con todos los alemanes y haberles hecho una oferta de rectificación de las humillaciones insoportables impuestas a ese país por el Tratado de Versalles. Fue ese resentimiento del que se valió Hitler para ascender al poder. Un diálogo abierto con la nación alemana en lugar de tenerlo exclusivamente con la cúpula nazi y una atractiva oferta que demostrara que los problemas heredados podían ser superados sin acudir a la guerra, hubiera impedido el ascenso de Hitler o habría dividido sus bases de apoyo – el propio movimiento nacional socialista tenia divisiones internas- obstaculizando sus objetivos. La oferta pública de una alianza para el desarrollo en lugar del de las advertencias y amenazas vacías de contenido real hubiera hecho sumamente difícil la tarea a Hitler.
2) El segundo error fue creer en Hitler y seguir haciéndole concesiones sin poner presión sobre él cada vez que faltaba a lo conversado así como no haberse preparado para la guerra mientras se dialogaba. En eso erraron por igual Chamberlain y Stalin. El segundo tuvo incluso la ilusión de ir más allá del apaciguamiento británico para avanzar hacia un pacto estratégico con Hitler.
Cuando se llega a acuerdos y se hacen concesiones sobre esa base hay que ponerlos en una Hoja de Ruta con un calendario de cumplimientos de cada parte, establecer un monitoreo estricto de avances y retrocesos, no hacer concesiones que no sean reversibles por si se incumple lo acordado y prever la imposición de costos que hagan poco atractivo faltar a los compromisos adquiridos.
Pero, además, todo el proceso de diálogo debe estar inserto en una estrategia integral de presiones políticas, incentivos materiales de alcanzarse un acuerdo y preparativos para asumir las otras alternativas (incluida la violencia si fuese inevitable) que hagan mas atractivo para todos el trabajar por la paz. Nada de eso se hizo en el caso del Tercer Reich.
Me referiré a las otras dos objeciones en otros comentarios a lo largo de esta semana.
Nota para León Tussao: No he recibido el comentario respecto al poster 9 así que es probable haya sucedido lo que sugiere respecto a olvidar incluir las dos palabras en la casilla al final del comentario y antes de enviarlo. A mi también me ha ocurrido mas de una vez.
Comentario de Juan Antonio Blanco (Juan Antonio Blanco)
Modificado: 11/06/2008 23:13
Retomando los comentarios de ayer quisiera referirme a tres de las más usuales objeciones que se hacen al uso del diálogo, y que guardan una conexión entre ellas.
“1) No se puede confiar en el interlocutor porque esta comprobado que es un timador que nunca ha cumplido lo discutido. 2) No se puede obtener nada por vía de conversaciones, diálogos y negociaciones porque luego no se cumple lo pactado. 3) No hay nada que conversar, dialogar ni negociar porque las experiencias previas han fracasado demostrando la inutilidad de esa vía.”
El caso de Hitler y la política de apaciguamiento son siempre citados por los críticos de las vías políticas como ejemplo definitivo de sus objeciones.
Permítanme unas aclaraciones previas.
a) Las conversaciones, diálogos y negociaciones son herramientas para el abordaje de conflictos. La violencia bajo diversas manifestaciones (físicas, económicas, culturales) e intensidades (represiones de diversa índole, guerras) es la otra.
b) Del mismo modo que hay negociaciones que no llegan a rendir frutos hay guerras que se estancan sin que ninguna de las partes pueda prevalecer sobre la otra mientras continua la violencia. Y del mismo modo que se pierden guerras por mal diseño de la estrategia o pésima dirección de la batalla también se pierden o malogran diálogos y negociaciones por ausencia de una estrategia adecuada, impericia de los interlocutores o mala apreciación de las potencialidades propias y de la otra parte.
c) Las vías dialogadas y/o negociadas para buscar salida a un conflicto tienen “ventanas de oportunidad” que se abren o cierran.
d) Un elemento decisivo para que se abra una “ventana de oportunidad” en que las vías políticas puedan coronarse con éxito es aquella que presenta a ambas partes una situación en que el costo de prorrogar el conflicto es mayor al costo potencial que pudiera estar asociado a su solución pactada.
e) Es posible que pese a existir una clara “ventana de oportunidad” una de las partes no tenga conciencia de la necesidad de asumir la vía política. A eso contribuye la incapacidad de ver la realidad de manera objetiva desde el grupo al que se pertenece.
f) En esas circunstancias es crucial lograr el inicio de una fase de conversaciones, sin compromisos ni precondiciones, para hablar de la conveniencia de entablar un diálogo y crear las condiciones de confianza mínimas para que ello sea posible. Las conversaciones así cumplen el papel de pedagogo del adversario para hacerle ver una realidad (la necesidad y factibilidad de salidas políticas) que ha sido incapaz hasta de entonces de captar. Las conversaciones sirven para que el temor de un grupo al enemigo que enfrentan disminuya al tratar de manera directa con él y conocerlo mejor.
Y aquí viene el tema de Hitler y las tres comprensibles reticencias antes mencionadas.
Los errores en el preludio de la II Guerra Mundial fueron a mi juicio los siguientes:
1) Dialogar con Hitler en lugar de hacerlo con Alemania. El caudillo – decidido a hacer la guerra- usaba las conversaciones para mostrarse constructivo ante su pueblo y la opinión publica mundial. Se pudo haber iniciado un diálogo público con todos los alemanes y haberles hecho una oferta de rectificación de las humillaciones insoportables impuestas a ese país por el Tratado de Versalles. Fue ese resentimiento del que se valió Hitler para ascender al poder. Un diálogo abierto con la nación alemana en lugar de tenerlo exclusivamente con la cúpula nazi y una atractiva oferta que demostrara que los problemas heredados podían ser superados sin acudir a la guerra, hubiera impedido el ascenso de Hitler o habría dividido sus bases de apoyo – el propio movimiento nacional socialista tenia divisiones internas- obstaculizando sus objetivos. La oferta pública de una alianza para el desarrollo en lugar del de las advertencias y amenazas vacías de contenido real hubiera hecho sumamente difícil la tarea a Hitler.
2) El segundo error fue creer en Hitler y seguir haciéndole concesiones sin poner presión sobre él cada vez que faltaba a lo conversado así como no haberse preparado para la guerra mientras se dialogaba. En eso erraron por igual Chamberlain y Stalin. El segundo tuvo incluso la ilusión de ir más allá del apaciguamiento británico para avanzar hacia un pacto estratégico con Hitler.
Cuando se llega a acuerdos y se hacen concesiones sobre esa base hay que ponerlos en una Hoja de Ruta con un calendario de cumplimientos de cada parte, establecer un monitoreo estricto de avances y retrocesos, no hacer concesiones que no sean reversibles por si se incumple lo acordado y prever la imposición de costos que hagan poco atractivo faltar a los compromisos adquiridos.
Pero, además, todo el proceso de diálogo debe estar inserto en una estrategia integral de presiones políticas, incentivos materiales de alcanzarse un acuerdo y preparativos para asumir las otras alternativas (incluida la violencia si fuese inevitable) que hagan mas atractivo para todos el trabajar por la paz. Nada de eso se hizo en el caso del Tercer Reich.
Me referiré a las otras dos objeciones en otros comentarios a lo largo de esta semana.
Nota para León Tussao: No he recibido el comentario respecto al poster 9 así que es probable haya sucedido lo que sugiere respecto a olvidar incluir las dos palabras en la casilla al final del comentario y antes de enviarlo. A mi también me ha ocurrido mas de una vez.