De Kuhn a Álvarez Guedes
Juan Antonio Blanco | 11/12/2007 5:39
El doctor Lino B. Fernández, ex preso político por diecisiete años, me dijo que lo pudo leer en su celda en Isla de Pinos. Los censores no repararon en el alcance de las ideas allí expuestas y él quedó fascinado con su lectura. El librito se llamaba “La Estructura de las Revoluciones Científicas”, publicado en 1962 por Thomas S. Kuhn. La tesis que allí se presentaba, en un texto de escasa longitud y gran densidad, constituía un vuelco en el modo de entender la esencia del modo en que opera el pensamiento científico.
Kuhn explicaba que en el desarrollo de las ciencias había momentos “revolucionarios”. Las revoluciones se producían cuando una interpretación de la realidad física era desplazada por otra que explicaba un número mayor de fenómenos que su antecesora no había logrado desentrañar. Así, por ejemplo, son momentos de cambio de paradigma las teorías de la física mecánica de Newton, las de la relatividad de Einstein o el principio de incertidumbre de Heisenberg para la física quántica. Pero la magnitud renovadora de Kuhn llegaba más lejos al asentar el criterio de que diferentes interpretaciones o paradigmas pueden coexistir en el quehacer científico. En otras palabras: a veces es mejor en el campo de la Física acercarse a la solución de algunos problemas por vía del paradigma de Newton y otros resolverlos con el paradigma de la relatividad de Einstein o desde el ángulo de la física quántica. Unos explican mejor el mundo de los fenómenos macro físicos y otros los de la micro física. Todos llevan razón y explican “verdades” desde diferentes ángulos. Pero ninguna de esas verdades es absoluta y definitiva. De hecho no son más que teorías que tienen un valor temporal hasta que otra explicación las supere.
Traducido “al cubano”: Kuhn nos recuerda que nadie tiene toda la verdad, por lo que debemos llegar a la conclusión de que los demás no tienen que estar “completamente equivocados” si difieren de nuestro criterio.
Sin embargo, cuando se trata de los conflictos que sacuden países y sociedades las cosas se vuelven más complejas.
Ariel Hidalgo me narró como la sentencia por habérsele descubierto un manuscrito en su casa, no solo lo condenaba a ocho años de encierro -la mayor parte de los cuales permaneció en el llamado Triángulo de la Muerte del Combinado del Este- sino que incluía también una curiosa cláusula en que se decretaba que su obra fuese destruida por el fuego. El estado confesional cubano no podía tolerar una interpretación de los sagrados textos marxistas que no fuese la oficial. Mucho menos si se hacia uso de ella para cuestionar al socialismo de Estado y su clase dirigente.
Hoy se venden libros y exhiben documentales en la TV de Miami producidos por agencias del gobierno cubano. Nadie los quema ni atenta contra esas librerías o estaciones de TV. Pero hace unos años eran blancos de acciones terroristas los que se atreviesen a cuestionar la violencia como único camino para democratizar a Cuba. Es evidente que se ha producido un cambio positivo en la conducta social de la comunidad aunque existan todavía algunas personas que profesen ideas y sentimientos intolerantes. En la isla, sin embargo, todavía no es posible distribuir la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU sin buscarse un problema, aunque existan cada vez más personas que han sobrepasado sus anteriores intolerancias. La clave para trascenderlas estará en la calidad de las instituciones democráticas, la cultura de diálogo y el estado de derecho que sepamos construir en el futuro.
En un mundo cada vez más globalizado e interdependiente existen valores universalmente aceptados que se transforman en legislaciones nacionales, a veces adelantándose a la realidad local e incidiendo sobre ella.
Amputar el clítoris en algunos países de África o, en su momento, apalear un negro que pidió servicio en una cafetería del sur estadounidense, podían considerarse tradiciones culturales largamente asentadas y además “legalizadas”. Pero los valores consagrados en los instrumentos internacionales de derechos humanos han sido validados como universales y sus activistas presionan para hacer que sus contenidos pasen a formar parte de la jurisprudencia local. El primer desfile por los derechos civiles se hizo portando dos banderas: la de Estados Unidos y la de Naciones Unidas. El mensaje era claro: las leyes racistas del sur eran ilegítimas porque violaban la constitución federal y el derecho internacional. Es por eso que, aunque no se tenga la mejor opinión del sistema de las Naciones Unidas, el derecho internacional que emana de esa institución es relevante, aun cuando carezcan de fuerza mandataria muchas de sus decisiones y sean perfectibles sus definiciones y contenidos.
La cultura también cuenta. Los prejuicios no son abolidos por decreto. Educar en las normas elementales de convivencia y en el uso de las técnicas comunicativas del diálogo es una contribución relevante al bien común. En Canadá los niños de quinto grado reciben entrenamiento básico en la resolución no violenta de conflictos.
Decir que existe una zona de intolerancia en nuestra idiosincrasia nacional no equivale a expresar que somos “los más intolerantes del mundo”. Por lo demás, un pueblo o individuo no violento puede transformarse en genocida si se dan ciertas circunstancias. No hay pueblos genocidas, sino poblaciones que han cometido genocidios cuando se han dejado arrastrar por emociones y manipulaciones. De hecho no creo que clasificamos entre los intolerantes más notables y pienso que esa afirmación viene de nuestra tendencia a creernos los mejores o peores del mundo en cualquier cosa. En eso creo necesario tener en cuenta lo que reclama uno de los lectores que, a mi juicio con razón, exige que no contribuyamos a reproducir ese mito. Pero la que padecemos -cualquiera que sea el grado que ostente en términos comparativos- es causa de males de cierta envergadura, por lo que hay que asumirla. Saber dialogar es un paso importante en ese empeño, pero no el único.
Si no se sabe escuchar no hay diálogo posible. La comunicación puede imposibilitarse si se tiene un visión distorsionada o demonizada del interlocutor al que por ello se le supone siempre perversas intenciones.
Los dejo con ese gran profesor cubano que es Álvarez Guedes. Él tiene un excelente ejemplo práctico de cómo nuestra imaginación, actuando como mecanismo psicológico defensivo, atribuye intenciones malsanas a otros que ni siquiera conocemos.
Publicado en: Cambio de época | Actualizado 11/12/2007 5:54



8 Comentarios
8 por El Analista (Usuario no autenticado) 18/12/2007 15:20
No quiero se me tome como alguien que ataca y que por tanto rompe las "leyes" del blog, pero la teoria esbozada en uno de los comentarios que vincula la alimentacion con la conducta y que me permito citar: "por ejemplo, un cubano depredador de cerdos y gallinas; va a resultar muy probablemente más salvaje y obsecado que uno que se alimente de soya y vegetales" no me convence, de ser asi tendriamos que pensar que Las Damas de Blanco o el grupo que junto a Dersi Ferrer trato de conmemorar el 10 de diciembre tuvieron su postura pacifica por alimentarse solo con soya y vegetales, mientras que los que los agredieron son depredadores de cerdos y gallinas; no se, pero, sin animos de debate ni de discusion, esto me suena un poco simplista.
7 por Alexis Figueredo (Usuario no autenticado) 12/12/2007 19:40
Los griegos creían que el hombre era el producto - en parte al menos- del medio ambiente. De manera, que consideraban que toda persona debia estar rodeada por cosas diseñadas con el objeto de estimular solamente los más elevados y nobles sentimientos de su naturaleza. Se probó concluyentemente que la belleza en la vida podía ser producida rodeando la vida con belleza. Hasta ahí todo bien; el problema es cuando la razón asume un rol narcisista y presupone una superioridad categórica con respecto a las otras especies.
Creo que la intolerancia, el fanatismo, dogamatismo e intransigencia vienen vinculados al divorcio de los humanos con la Madre Naturaleza; más allá del estadio físico o regional que nos vio nacer. Es decir, la obstinación va en el cerebro, que es el hogar de la mente; y la mente, ejerce sus dictámenes independientemente al lugar donde se nace; ya esto último se lo podríamos dejar al "materialismo histórico".
Sucede, que el "etnocentrismo" y "antropocentrismo" del ser humano nos sitúa en una posición arrogante y débil a la vez, con respecto a otras especies; provocando una tozudez que va en detrimento del bienestar social. Los intolerantes y fanáticos, existen tanto en Suecia como en Canadá; claro, aquí entran a jugar otros factores de diversa índole; como el clima, la alimentación, la historia, etc. Yo considero que lo "tribal" se establece, más allá de la cubanía o de la geografía. El ser humano establece su tribu en ocasiones con miembros de diferentes etnias, razas y credos. Creo también, que la intolerancia es directamente proporcional al hábito alimenticio que tengamos. Por ejemplo, un cubano depredador de cerdos y gallinas; va a resultar muy probablemente más salvaje y obsecado que uno que se alimente de soya y vegetales. La alimentación es un factor muy importante, pues el hombre que es capaz de devorar ferozmente a otro animal, es muy proclive también a querer normalmente- por su temperamento que tiende a ser más hostil y abrupto- a imponer sus ideas.
Hace algunos siglos, era peligroso ser un pensador; ahora, es altamente riesgoso no tener la capacidad y la educación necesarias para pensar. Hoy, existen muchos lobos disfrazados de de tolerantes pensadores. La tolerancia debe comenzar por el respeto a la Flora y la Fauna; la espiritualidad debe subordinar a la razón y, ésta última, debe estar en función del cuidado del Planeta que habitamos.
6 por Enrique Soldevilla (Usuario no autenticado) 12/12/2007 3:20
Me parece entender que la propuesta de Juan Antonio es, primero que todo, una invitación a pensar en la barrera (in)comunicativa que la intolerancia, los estigmas o prejuicios representan frente a cualquier diálogo franco y civilizado que pueda producirse entre individuos con convicciones ideológicas o políticas contrapuestas.
Esa invitación significa, además de aprender a escuchar de manera activa, aprender a desconstruir en cada uno de nosotros todo un sistema sedimentado de anclajes (creencias,tabúes y hasta supersticiones)que precondicionan el contexto comunicativo.
Por supuesto que es un tema complejo,pues adaptarse a la realidad cambiante, querer encontrar nuevas fuentes de "queso", dependerá de un cambio de actitud individual. Y de eso se trata precisamente, de superar actitudes que nos permitan pasar del círculo vicioso de la exclusión al círculo virtuoso de la inclusión.
5 por Barbara (Usuario no autenticado) 12/12/2007 1:20
Muy buena la teoria...no es sorna, de veras. Pero ¿cómo?, ¿cómo?, ¿cómo se puede lograr el diálogo con aquellos que quieren aplastar a los demás?
Y lo más importante ¿cómo lograr el diálogo? si usted mismo reconoce que el factor cultural es importante...y nosotros no somos suecos, ni canadienses.
4 por el censor (Usuario no autenticado) 12/12/2007 0:20
Y continúo el diálogo a pesar de que me niega una respuesta. Me saca de la chistera relativista la versión irracionalista que las ciencias sociales han dado de Kuhn, y lo sigo. De modo que “diferentes interpretaciones o paradigmas pueden coexistir en el quehacer científico”, a lo que agrega que “todos llevan razón y explican ‘verdades’ desde diferentes ángulos”. De este modo refiere usted la inexistencia de reglas o métodos para la evaluación de esquemas conceptuales opuestos. Trataré de extender a nuestra conversación esta imposibilidad de valorar teorías rivales en referencia a la verdad, para ver si lo he comprendido. De este modo una teoría política, digamos la que imperaba en la Alemania de ya sabe cuando, era inconmensurable con la teoría política norteamericana o inglesa de ese momento, por lo que debieron haber sido más tolerantes pues los alemanes no podían estar “completamente equivocados”, aunque difirieran de su “criterio”. Sobresaliente, ¿no? Reconozco que soy injusto al llevarlo a tal extremo, aunque más injusto haya sido que el doctor Lino B. Fernández haya estado en primer lugar preso, y de manera secundaria no haber tenido un servicio de “inter-library” que le facilitara “Criticism and the Growth of Knowledge” de Lakatos o “Naming and Necessity” de Kripke, y también “The Trouble with the Historical Philosophy of Science”, donde Kuhn no demuestra mucha paciencia con la versión que da usted de sus ideas. El objetivo es, sin embargo, hacerle ver que es imposible establecer un diálogo cuando se impide de inicio la evaluación de las ideas e intenciones de sus autores, lo que usted insiste en denominar como descalificación o peor, intolerancia. Acaso, estimado profesor, ¿duda usted que la revolución ya se ha auto-descalificado en las palabras y en las acciones de su autor y primer mensajero?
PD. Dejo a un lado su ejemplo de los niños canadienses, aunque apenas pueda controlarme ante este extremo ensayo de ingeniería social y le reconozco, con humildad, que me encantaría entrevistar a esos niños para saber cuál es la distancia del centro escolar que consideran más apropiada para resolver sus diferencias a bofetadas. También salto su recurso a Álvarez Guedes, un mensaje innecesario pero preocupante por lo que tiene de generacional, pues debe saber que, siguiendo a otro estimado profesor, muchos aceptamos a Guedes como un cómico, inclusive muy bueno, pero de ningún modo lo consideramos un humorista.
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