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La sociedad cubana ante el cambio

Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco@rogers.com

 

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Hacer camino al andar

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Estoy muy agradecido por la acogida inicial que se ha dispensado a este sitio. En particular estoy en deuda con todos los que han enviado sus comentarios, tanto a mi correo privado como al blog, sugiriendo temas para próximos intercambios. Deduzco de esas acciones el interés por parte de un sector de lectores de colaborar con nuestro blog. Una aclaración: cuando digo “nuestro” no es por compartir la tendencia a conjugar verbos en la primera persona del plural, como acostumbra hacerse en el discurso oficial cubano. Es porque quiero enfatizar que, una vez aceptada mi invitación inicial, se trata en lo adelante de un empeño colectivo. Deseo que mi función, como dije antes, sea la de facilitar el intercambio de ideas y garantizar a los participantes el imprescindible ambiente de respeto para sostener este diálogo.

Esta contribución colectiva viene a sumarse a las ya existentes. Hay excelentes blogs dentro de este mismo portal que llevan buen tiempo haciendo un valioso aporte cotidiano a los lectores. Algunos de sus más destacados autores han dado la bienvenida a este sitio. Al pedirle su asesoría, por su probado dominio del oficio, la han ofrecido de manera generosa. Esto es ya una buena noticia.

Permítanme ahora sugerir una manera de organizar la conversación sobre los múltiples asuntos que han puesto sobre la mesa. Si he entendido bien, creo que han expresado interés en abordar los siguientes temas que les propongo examinar, en este orden, en los próximos días:

  • Intolerancia e idiosincrasia nacional (Reinaldo Álvarez)
  • Diálogo y discusión (Gustavo Cabrera)
  • Visión sistémica de la sociedad cubana y su hábitat internacional (Amparo)
  • Dependencia e interdependencia (René Medina)
  • Los futuros posibles y el miedo al cambio (Bárbara)

De permanente atención debe ser el reto que nos lanza Malinche Cubensis: ¿Cómo hacemos para asegurar que nuestros intercambios “fluyan de, para y por Cuba”? Ese es el desafío que asumimos al emprender este camino asechados por las intolerancias de la idiosincrasia nacional de la que nos alerta Reinaldo. Pero, como dice el poeta: se hace camino al andar.

Para ir calentando los motores sobre el primer tema, les paso un fragmento de la Declaración de Principios sobre la Tolerancia aprobada por la UNESCO el 16 de noviembre de 1995. Muchos de los firmantes violan lo suscrito. Eso se sabe. Pero lo relevante es que nadie puede ya proclamarse en abierta oposición a estas definiciones. Si la mayor parte del derecho internacional carece de una fuerza que obligue a su implementación, su contenido tiene un valor normativo y moral de alcance universal del que no pueden escapar sus violadores. En lo que a nuestro intercambio se refiere creo útil tener a mano estas definiciones por imperfectas que resulten o hipócrita sea la actitud de muchos de los firmantes de esa Declaración.

Nos encontramos de nuevo el martes próximo en este espacio. Mientras tanto, como acostumbraba decir un inefable meteorólogo del noticiero nacional de TV: “Les deseo lo mejor”.

Artículo 1 Significado de la tolerancia

1.1 La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz.

1.2 Tolerancia no es lo mismo que concesión, condescendencia o indulgencia. Ante todo, la tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los demás. En ningún caso puede utilizarse para justificar el quebrantamiento de estos valores fundamentales. La tolerancia han de practicarla los individuos, los grupos y los Estados.

1.3 La tolerancia es la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo (comprendido el pluralismo cultural), la democracia y el Estado de derecho. Supone el rechazo del dogmatismo y del absolutismo y afirma las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos.

1.4 Conforme al respeto de los derechos humanos, practicar la tolerancia no significa tolerar la injusticia social ni renunciar a las convicciones personales o atemperarlas. Significa que toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y acepta que los demás se adhieran a las suyas. Significa aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación, su forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen derecho a vivir en paz y a ser como son. También significa que uno no ha de imponer sus opiniones a los demás.


15 Comentarios


15 por Canta Claro (Usuario no autenticado) 10/12/2007 16:00

He estado leyendo los distintos comentarios en el blog -- incluyendo los del "propietario" --, y sin dudas a veces somos (hablo en este caso por mi y por otros que asumo les pasa lo mismo, por eso el "somos")suspicaces con las reglas en general, viejos resabios sin dudas, y nos preguntamos: se aplicaran de forma totalmente justas?
Si eso se logra y en este blog se debaten los diferentes puntos de vista sin ataques personales ni descalificaciones, sin que nadie tenga que defenderse de insultos de los que se consideran poseedores -- como deciamos cuando niños en mi pueblo -- "de la bolita del mundo y la palabra de Dios", si se debate el mensaje sin descalificar el mensajero, esto seria un gran paso de avance hacia la practica de la tolerancia que tanto necesitamos; ojala que asi sea.

14 por un censor cubano (Usuario no autenticado) 10/12/2007 16:00

Le agradezco su respuesta, sobre todo porque demuestra mucha más tolerancia con lo que denomina como descalificaciones que la que anunciaba. Se pregunta usted “¿Cual es la estática en la comunicación que lo hace suponer que se trata de un mensaje sesgado de mi parte, cuando ni siquiera menciono en el post –lo que alguien podría, en justicia, considerar “desequilibrado”- la intolerancia que todos sabemos también existe en sectores del exilio?”. No se trata de los dieciocho llamados a la tolerancia que inserta en apenas dos notas. Tampoco se trata de su reconocimiento de que emprende este proyecto “asechado por las intolerancias de la idiosincrasia nacional”, lo que sólo puedo interpretar como una aceptación sin revisión de la etiqueta descalificadora de intolerancia que sufrimos todos, una convicción superficial que parece creer como dogma. Lo consideraba parcial por prudencia, pues suponía que comprendía que la distinción entre la tolerancia y la intolerancia es una necesidad o una preocupación del pensamiento democrático liberal, pero sin valor alguno para aquellos que consideran que la esencia de la política es el enfrentamiento actual o potencial entre amigos y enemigos, distinción que conlleva la necesidad de una autoridad más allá de la ley. El carácter o el tono del discurso de una sociedad dependen de lo que esa sociedad considere como más respetable o más admirable. Para ellos la descalificación del enemigo no constituye una intolerancia sino un deber. Su reclamo de tolerancia no tiene significado para el poder, y, por consiguiente, sólo puede lograr un desarme parcial de sus víctimas, sin dudas un medio para establecer un diálogo desde la debilidad y el silencio. No les faltaba razón a los antiguos cuando advertían que el conflicto entre el pensamiento y la política es irresoluble. Pero un paso más, y no me deja otro camino que recurrir a la retórica de los muertos. “Su presupuesto de partida es que la verdad absoluta no existe y nadie la monopoliza”. Más allá del relativismo insoportable de la frase o de la circularidad que la refuta, ¿piensa acaso, estimado profesor, que es posible defender la legitimidad de una revolución con tantos fusilamientos en su mochila?

13 por Alexis Figueredo (Usuario no autenticado) 09/12/2007 20:40

Corrijo la palabras "desequilibrio" y "ante", donde sobró la S.

12 por Juan Antonio Blanco 09/12/2007 20:28

Estimado Alexis:

Mucho agradezco su mensaje. Sus bien fundamentadas preocupaciones no deben inquietarlo en mi caso. Sin embargo, siento decirle que estos personajes existen. No es fantasía ni paranoia. La información la conozco de manera directa, pero no es mi oficio o siento vocación por atacar personas. Me interesan los sistemas de ideas, instituciones y normas sociales que fomentan la intolerancia, no acosar individuos. Su mensaje me ha ayudado al recordarme que no siempre logro en tan breve espacio ser todo lo preciso y claro que desearía y debo ser.

Por si antes no quedó suficientemente explicito lo reitero ahora: no me interesa analizar a los mensajeros. Me interesan los mensajes. Y para que podamos concentrarnos en el contenido de las ideas, y despajarlas de la agresividad verbal que a veces las acompaña, es que se han propuesto reglas de convivencia y respeto recíproco en este espacio.

Tambien deseo que se entienda por todos que -aun bajo estrictas reglas de respeto mutuo- este blog no es un nuevo espacio para la "batalla de ideas". No lo es. No se busca quien tiene la verdad y declararlo vencedor en un agresivo torneo con ideas "enemigas". Es un lugar de encuentro para el diálogo sereno entre ideas diversas e incluso en franco conflicto de perspectivas. De eso es de lo que se trata, pero sobre la diferencia entre debate y diálogo hablaremos más adelante.

Le reitero mi agradecimiento por su sincero y bien pensado mensaje.

11 por Alexis Figueredo (Usuario no autenticado) 09/12/2007 19:00

Estimado Juan Antonio:

En mi primer y anterior comentario en este blog, efectivamente percibí una muy leve inclinación - espero que no tendencia- a subrayar "la intolerancia de la política cultural impuesta en la isla"; algo que es cierto sin dudas. Sin embargo, decidí posponer cualquier discrepancia, en función de la cordial bienvenida.

Ahora, nuevamente me dirijo a usted, para comunicarle mi inquietud respecto a su respuesta al "uncensor". En ella, usted plantea entre otras cosas que, "cuando se parte de prejuicios, por bien fundamentados y explicables que sean, resulta difícil escuchar a otros". Sin embargo, más adelante usted afirma categóricamente: "... funcionarios que reciben un salario por analizar qué se está escribiendo "fuera" con el propósito de posteriormente "atacar" a los "contrarevolucionarios", o de atizar desconfianzas y odios bajo otros disfraces". Lo anterior puede sin dudas ser correcto. Ahora bien, tiene usted pruebas concretas al respecto? No contribuye esto "al desiquilibrio informativo"?

Las preguntas anteriores van encaminadas a poner en perspectiva nuestra realidad cubana en cuanto a la cultura del debate y la intransigencia. Existe una fuerte tendencia al chantaje mediático en los blogs informativos y de análisis de la diáspora. Muy sutilmente, se tiende a poner a la defensiva a cualquier voz o, pluma que disienta de lo que se ha establecido como contrapartida a la ortopedia mediática de la isla. El chantaje hasta ahora, ha logrado imponerse y, sabotea la posibilidad de diálogo. Sucede que muchas veces se cede inconscientemente ante este germen y entonces, comenzamos a tratar de justificar cada acto de nuestra conciencia ante los inquisidores del anticastrismo.

Este, su blog, desde su inicio ha sido testigo de algunos comentarios que tratan de ponerlo a usted contra las cuerdas, con el objetivo de descalificarlo en cuanto a su objetividad para el debate, por su trastienda ideológica. Ojalá no ceda usted antes las presiones contínuas. Ojalá también que, las opinones genuinas, no estén sometidas a ese credo impuesto por los que exigen filiaciones y atizan el dogma. Espero que la claque excluyente que quizás lo obligó a usted a marcharse de Cuba, no le imponga hoy, en la diáspora las pautas a su conciencia.

Reciba un saludo.


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