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El Caballero de siempre

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El escultor José Villa Soberón parece empeñado en repoblar La Habana con personajes célebres del más allá y del más atrás. Respondiendo al encargo de las autoridades, fue primero la estatua de John Lennon, que desde entonces ocupa su banco en el parque de 17 y 8, en el Vedado. Y aunque resulta difícil validar su relación ideológica con el discurso oficial, no ocurre lo mismo con los sueños y las esperanzas del cubano de a pie, quien imagine desde siempre un mundo mejor. Restauradas las gafas que alguien le robó a los pocos días de sentarse en el parque, la costumbre le ha incorporado ya al mobiliario urbano.

 

Julio Antonio Mella baja las escaleras en la Universidad de las Ciencias Informáticas. Hemingway frente a su daiquirí en El Floridita. Teresa de Calcuta lee en su patio del Convento de San Francisco de Asís. Martí arrastra su cadena en la antigua Cantera de San lázaro. Y más allá de la capital, Benny Moré pasea por el Prado de Cienfuegos, la ciudad que más le gustaba. Tin Tan se sienta al borde de una fuente en Ciudad Juárez y otro Lennon ya camina por Denver.

 

Las autoridades aprecian las ventajas de estos ciudadanos de bronce: no exigen su cuota, no atestan el transporte urbano, no integrarán la disidencia y se presupone que, por razones de peso, no enfilarán jamás hacia el Norte a lomos de una balsa.

 

También el Caballero de París camina de nuevo por la ciudad, frente al Convento de San Francisco de Asís, en una versión menos vulnerable que el original. El encargo fue en este caso de Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, quien ya había exhumado los restos del Caballero para enterrarlos con honores en el mismo Convento, devenido hoy museo y sala de conciertos.

 

Juan Manuel López Lledín, más conocido como El Caballero de París, integra desde hace más de medio siglo la mitología habanera. Nacido en Fonsagrada, aldea gallega de Lugo, en 1890, emigró como cientos de miles de sus compatriotas a la promisoria Habana de la época. Después de trabajar como dependiente en los hoteles Telégrafo, Sevilla y Manhattan, cumplió prisión tras ser acusado por el robo de unas joyas en la casa donde se empleaba, aunque más tarde fue demostrada su inocencia. En la cárcel se quebró el hilo que lo conectaba a eso que las convenciones han acordado llamar “realidad”. Desde entonces se le vio zapateando las calles con su hirsuta melena y su barba, que encanecieron al paso de los años, su capa negra llena de misteriosos bolsillos interiores, de donde extraía estampitas, recortes de periódicos y hasta caramelos para obsequiar a los niños.

 

En un país obsesionado por los olores corporales, su acre aroma a sudores, soles y serenos acumulados en la piel, fue incapaz de ahuyentar a los caminantes, y en especial a los niños, que se acercaban a él con un mohín de burla que la mirada del Caballero transformaba en curiosidad y simpatía. Su altivez menesterosa, su caballerosidad, el tono siempre señorial de su discurso inconexo, lejos de espantar, atraía. No era raro ver a su alrededor un coro de todas las edades que escuchaba perorar al Caballero con una atención que raras veces se ha tributado a los políticos. No se sacaba mucho en claro de sus lecciones magistrales de poesía automática. Es cierto. Pero la gente intuía que aceptando mendrugos y limosnas sin rebajarse a pedir, mezclando en la lengua, sin filtrar, cuanto pasara por su imaginación, aquel hombre había alcanzado una redención que para la mayoría era un sueño imposible. Obligado a bajar la cerviz ante el patrón, y a domesticar su lengua más tarde ante los caciques de la política, el cubano descubría en el Caballero la libertad en estado puro.

 

Si otros mendigos de la ciudad estaban obligados a exponer sin pudor sus desastres corporales o conmover con la crónica de sus desgracias, al Caballero de París le bastaba estar. Su modo de irradiar al mismo tiempo altivez y lástima, simpatía y ternura, conseguía que el caminante se sintiera más cuerdo, y presuntamente superior, pero a su vez compulsado a ser ”bueno”, en un mundo donde la bondad no es muy rentable. Cada persona que se acercaba al Caballero contraía la perturbadora noción de que aquel hombre era una variante extrema de sí mismo.

 

El Caballero fue, posiblemente, el único peludo de La Habana que en los años 60 y 70 no fue arreado a insultos ni rapado en una estación de policía. Atento a su historia interior y no a los devaneos de la política, ni cantó la chambelona al político de turno, ni coreó las consignas que iban tatuando el rostro de su ciudad. No obstante, nadie lo acusó de falta de entusiasmo revolucionario o connivencia con el enemigo, aunque fuera de París y Caballero. No Proletario ni de Coco Solo. Las locuras temporales de la política respetaron su locura atemporal y eterna.

 

Ante el deterioro de su salud física, fue ingresado en 1977 en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, donde permaneció hasta su muerte el 12 de julio de 1985. Desde entonces abandonó la notoriedad e ingresó en la mitología. Hoy que el marketing y la prensa rosa facturan decenas de famosos por semana para alimentar las insulsas vidas de sus lectores, cabría subrayar que El Caballero de París fue y es famoso por méritos propios.

Su imagen y su recuerdo han quedado en las artes cubanas. Su recatada ternura, en la memoria de quienes lo conocimos. Ahora que, sin perder su altivez, la ciudad se ha vuelto tan menesterosa como él, vuelve a caminar, esta vez en silencio, dispuesto a subir por la Avenida del Puerto y Malecón hasta 23 y desde ahí escalar la Rampa para acomodarse en 23 y 12, su último refugio antes de ser internado. Sea bienvenido.



6 Comentarios



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6 by Nic (Usuario no autenticado) 17/11/2009 9:00

Una vez quisieron 'recoger' a El Caballero de París. Y cuentan que el Caballo salió en defensa del Caballero, cuya estampa de loco poético le resultaba simpática desde sus años de estudiante gansteril. "Es un monumento viviente", dicen que dijo quien todo lo dice en Cuba. La anécdeota no parece ser otra leyenda urbana. Por orden del Uno, ECP fue el único vagabundo permitido en La Habana, el único mendigo con patente de corso para recibir pizza gratis en 23 y 12 o en Infanta y San Lázaro. Nada de que recogía sobras o mendrugos. Los administradores de las pizzerías sabían que había instrucciones desde arriba para darle su pizza y tratarlo con más cortesía que al resto de los usuarios que hacíamos la cola y pagábamos. A él lo atendían como a un cliente distinguido, por orden del Uno.

5 by El Floridano (Usuario no autenticado) 17/11/2009 8:40

No señora, está en el Prado de Cienfuegos.

Acceda a www.juventudrebelde.cu/.../estatua-de-benny-more-situada-en-el-prado-cienfuegero/ para que lo compruebe.

Respetuosos saludos para usted.

4 by El Floridano (Usuario no autenticado) 17/11/2009 8:40

Le digo mas, la escultura de Santiago de Cuba pertenece a Compay Segundo. Lea el artículo siguente.

http://www.cultstgo.cult.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=2108&Itemid=155

Una escultura del legendario músico cubano Francisco Repilado, "Compay Segundo", fue develada en el restaurante La Rueda del poblado de Siboney, lugar donde hace 101 años nació esta figura de la cultura nacional.

Este centro, perteneciente hoy a la compañía Palmares acogió a vecinos del lugar, artistas y admiradores de la obra “Compay”, además de familiares y varios músicos con lo acompañaron en sus cientos de conciertos, para rendir justo homenaje a un grande de los escenarios.

La escultura, casi de tamaño natural, es una inspiración de Elena Baquero Martínez, profesional graduada de artes plásticas y autora de unas 25 obras urbanas, que contó con el apoyo del arquitecto Dagoberto Hen Rodríguez.

Junto a esta representación del músico santiaguero aparece un letrero que muestra una de sus frases más  pronunciadas que dice: "mientras usted le sonría a la vida, ella le va a dar siempre la mejor de sus sonrisas".

Cuentan quienes lo conocieron, que esta era precisamente una de sus características, filosofar sobre la vida, lo que unido a su profundo humanismo, le hacía una persona fácil de abordar para un diálogo o simplemente una reflexión.

Dueño un toque sonero distintivo y difícil de igualar en el ámbito musical, "Compay" hizo populares obras como su famoso Chan Chan, Huellas del Pasado, Macusa y Te apartas de mi, ente otras que hicieron vibran escenarios en Cuba y el extranjero.

Francisco Repilado, (1907-2003),  tuvo un vida longeva y precisamente fue en los últimos años de su rica existencia cuando su obra se hizo más prolífera y sus seguidores se multiplicaron hasta hoy, cuando aún después de su desaparición física, sus legado alegra cualquier festejo al estilo cubano.

 

3 by RAM MANIRTEZ (Usuario no autenticado) 17/11/2009 8:40

Lo vi, me acuerdo de el, seria como a principios de los 70, creo que fue en el "Anon de Virtudes", durante una de mis vacaciones habaneras, cuando mi tia capitalina, le dijo a mi mama pueblerina: Mira, ese es el Caballero de Paris, entonces me fije, en su indumentaria siniestra, su barba entrecana y puntiaguda, su pelo por los hombros, y me llamo la atencion aquel hombre, al cual le daban un vaso con algo en aquella cafeteria en la calle del mismo nombre del Anon, que fue de chinos, si mal no me dijeron. Hombre que se convirtio en leyenda, en dos epocas tan antagonicas y diferentes, la de la Cuba normal y la que vino despues, donde todo se cambio, se borro,se arruino, sin embargo, sin saberlo el Caballero sobrevivio el vendabal, estatua merecida, no?, espero verla algun dia. Buen articulo maestro, como siempre

2 by RAM MANIRTEZ (Usuario no autenticado) 17/11/2009 8:40

Lo vi, en una de mis vacaciones habaneras, creo que cerca del "Anon de Virtudes", una cafeteria que habia en la calle del mismo nombre, creo que de chinos, era como a principios de los 70, tendria yo algo mas de 10 anos, lo estuve mirando un rato, luego que mi tia habanera le dijo a mi mama pueblerina: - Mira, el Caballero de Paris. No me imagine que tan siniestro personaje, medio encorbado, con la barba entrecana y puntiaguda, y el pelo sobre los hombros,al cual le estaban dando un vaso de refresco delante de nosotros, en la cafeteria, fuera un notable, uno de los pocos intocables que no se llevo el vendabal, tambien de barbas que todo lo arraso, como aquel "Anon de Virtudes", el cual vi luego de adulto hecho una ruina, como casi todo. Gracias Luis Manuel, grande, como cada vez que habaneces!!!


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