La sangre de los Otros
Juan Antonio Blanco | 03/07/2009 14:18
Se ironiza afirmando que “político” es aquel siempre dispuesto a dar tu vida por la patria. La tuya, no la propia. Manuel Zelaya, que recién pospuso su anunciado retorno a Honduras, ya convoca a la insurrección popular contra las Fuerzas Armadas para que sangre ajena lo traiga de vuelta al sillón presidencial. Y Hugo Chávez –que estuvo presto a largarse en un avión hacia La Habana cuando un golpe lo depuso por unas horas- vaticina que ocurrirá un baño de sangre si su protegido no es restaurado como presidente. El sabe lo que dice.
Chávez no espera que las masas hondureñas se alcen contra el actual gobierno de Micheletti. Para irritación del golpista venezolano, en Honduras la inmensa mayoría apoyaría hasta Satanás si fuera preciso antes que emprender el camino hacia “paraísos” al estilo de los que promete La Habana y Caracas. En la perspectiva castrista corresponde a los grupos violentos “bolivarianos” esparcidos por la región reagruparse en Honduras para provocar el baño de sangre que vaticina su actual mentor y financista.
La técnica es la misma que describe el Manual de Guerrillas. Realizar acciones de “propaganda armada” de escaso valor militar en la esperanza de provocar una represión indiscriminada contra la población civil que atraiga la atención internacional. El rencor que resultase de esa eventual torpeza militar y política se encargaría de nutrir las filas de la insurrección hasta entonces inexistente. De ese modo y en forma gradual, las filas “revolucionarias” –sin llegar nunca a representar una mayoría- adquirirán la legitimidad de la que carecen como opción política o electoral. Si para impulsar esa carrera al abismo se hace necesario instalar a Zelaya en una remota zona fronteriza, para que desde allí continúe arengando a otros a ofrendar sus vidas, no vacilarían en hacerlo.
En otras palabras: Castro y Chávez confían que unos pocos militantes violentos logren, con su concertación y apoyo, provocar en Honduras una represión masiva que les otorgue la relevancia que no tienen. Se intenta construir una oposición sobre sangre ajena. La sangre de los Otros. ¡Estad alertas!
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 03/07/2009 14:22
La cultura del miedo
Juan Antonio Blanco | 20/10/2009 4:51
El miedo es una característica que pudiera definir la presencia de una dictadura, afirmó un politólogo venezolano, Ramón Guillermo Aveledo, después de realizar su estudio sobre siete regímenes dictatoriales. Si existiese un miedómetro, dijo, sería posible soltar las alarmas cuando sobrepasara ciertos niveles.
En Cuba todos tienen miedo. Los gobernantes y los gobernados. El temor es el cimiento del inmovilismo. La sociedad vive inmersa en la cultura del miedo. Buen tema para meditar en este Día de la Cultura nacional
Los “de arriba” temen que permitir el acceso a Internet, la libertad para salir y entrar al país sin pedir permiso, o autorizar la iniciativa de taxistas, carpinteros, payasos y vendedores, desestabilice su poder omnímodo. Los “de abajo” temen que de conocerse sus verdaderas ideas tanto ellos como sus familiares sufrirían represalias sin que su sacrificio cambie nada. Fidel desconfía de Raúl; el vecino desconfía del resto del barrio. Y todos desconfían –muchísimo- de aquellos que no muestran temor aunque lo sientan.
Los paralizados por el miedo suponen que quienes tienen el aplomo de decir lo que piensan se atreven a ello por alguna razón inconfesable. Así acomodan la mala conciencia quienes suponen que el coraje no puede existir si ellos no se atreven a ser su portador. A los calculadores siempre deja perplejo el valor ajeno. Suponen, no sin cierta razón, que cada acto de coraje resalta su amarga sumisión. Los pone en posición incómoda y por ello buscan subterfugios para cuestionar a quienes asumen otra actitud.
Lo que en realidad sucede es que hay personas para las que obrar en buena conciencia resulta más importante que proteger sus intereses inmediatos. Quienes asumen riesgos conocen los peligros a que se exponen y el miedo los asecha por igual. Lo que ocurre es que temen más perder su dignidad que enfrentar los probables castigos.
La opción entre la dignidad o la sumisión se presenta de múltiples maneras en la existencia cotidiana del ciudadano de a pie en la isla. Unas veces se sale más airoso que otras de esa encrucijada. Algunos han aprendido mejor que otros a vencer el miedo. Yoani Sánchez es, sin duda, uno de ellos. Por eso – y porque la valentía puede ser tan contagiosa como el miedo- le temen.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 20/10/2009 6:11
LA COSA
Juan Antonio Blanco | 02/06/2008 16:01
Recuerdo que un colega puso sobre el escritorio un cartelito que rezaba “Prohibido hablar de la cosa”. Cuando le pregunté por el significado de aquella advertencia me explicó que todo el tiempo y en todas partes –su casa, la oficina, la cola- la gente iniciaba una conversación indagando su opinión con la pregunta: ¿Cómo ves la cosa? Aquello daba pie a interminables coloquios que ocupaban su tiempo y lo dejaban agotado y deprimido porque todos –incluyéndolo- pensaban que la cosa andaba mal.
En Ottawa uno puede protegerse de la “cosamanía” mejor que en una ciudad como Miami donde se habla del asunto 24 x 7. En los diez años que he vivido en Canadá la TV sólo menciona a Cuba en temporada ciclónica. Las excepciones ocurren cuando alguien importante como Juan Pablo II visita la isla, Elián sobrevive rodeado de delfines el Estrecho de Florida y desata otro tipo de tormenta tropical, o Fidel se enferma de gravedad. Pero el virus de la cosa es endémico entre los cubanos. Cuando los medios no satisfacen nuestra curiosidad por saber como le va, hurgamos hasta en el Granma vía Internet. Junto al dominó, la cosa es el entretenimiento o hobby por excelencia de todos los cubanos. Lo más que podemos hacer para proteger nuestra sanidad mental es no hablar de ella después de las 5 de la tarde pare evitar insomnios.
En los últimos días hay nuevas señales de que la cosa no va bien. Al menos no del todo, o no en lo inmediato.
Después de 19 meses, finalmente, llegó Raúl Castro –aunque acompañado de Machado Ventura- y tuvimos un par de semanas de anuncios espectaculares sobre el advenimiento, a Cuba de algunos artefactos como celulares, DVDs y tostadoras. Estas noticias fueron convoyadas por otras igualmente bienvenidas decisiones como el que los cubanos podrían acceder a los hoteles y que el estado daría tierras en usufructo a aquellos dispuestos a hacerlas producir.
Pero cuando ya nos estábamos acostumbrando a esta cartelera de alegres estrenos semanales reapareció, delgaducho y lúcido, –a su manera, claro- el Asesor en Jefe y junto con él nuevos controles sobre el empleo de Internet por las instituciones estatales (desde Cuba me dicen que ahora puedo perjudicarlos hasta con una frase cordial en un mensaje de e-mail), acusaciones contra las Damas de Blanco, actos de repudio, golpizas y detenciones de disidentes. Todo ello coronado con llamados a fortalecer las cláusulas de la legislación represiva. Como si fuera poco, el verano trae acusaciones espectaculares contra una bloggera que funge de cronista de la cotidianidad sin mostrar el necesario optimismo que para ejercer esa función demanda el jefe del Departamento Ideológico del Comité Central. Antes le habían negado la salida del país, ahora parecen interesados en impedir que salga a la calle.
Los “de arriba” parecen estar también obsesionados con la cosa.
Quizás no sean las Damas de Blanco, Antúnez ni Yoani Sánchez los que más les inquietan, sino sus propios funcionarios y militantes del Partido que se van sumando al galopante disenso con el status quo vigente. Que los primeros expresen su malestar y los segundos lo piensen no deja de ser motivo de preocupación para quienes instalaron la Ley Mordaza y la doble moral teniendo ahora que enfrentar su consecuencia: una sociedad sin mecanismos de auto corrección.
El actual contrapunto entre los llamados a la apertura crítica y las exhortaciones a endurecer la represión me recuerdan el título de una vieja canción: Elegía a la incoherencia. Los procesos sociales no son lineales, sino zigzagueantes. Lleva tiempo metabolizar un cambio desde una mentalidad de bunker y confrontación a otra de diálogo y consenso. A veces no se logra.
Nada, la cosa es “compleja”.
La evolución de la situación en la isla nos devuelve al intercambio de ideas sobre la interrogante original de Bárbara: ¿Qué hacer -desde donde estamos- para extender aliento a las fuerzas que fuera y dentro del gobierno promueven cambios positivos por vía no violenta y para oponernos, incluso de manera preventiva, a las peores tendencias que hoy pujan por renovar su protagonismo?
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 02/06/2008 18:42
Gorki, Gustav y otras tormentas
Juan Antonio Blanco | 02/09/2008 1:52
Tags: Gorki, libertades, Fidel Castro, Cuba, Yoani Sánchez
Si los meteorólogos olvidaron el orden del alfabeto, el gobierno cubano se empeñó en recordarles que la “o” precede a la “u”. Gorki deberá registrarse antes que Gustav, como una importante tormenta tropical que afectó a Cuba en el 2008. Los vientos huracanados del Gorki tuvieron su origen cuando las “leyes de peligrosidad”, que sancionan delitos no cometidos, se conjugaron con la arrogante torpeza de las autoridades. Lo que alguien creyó una gota adicional de arbitrariedad terminó colmando la paciencia de muchos apacibles espectadores.
Seguramente hay algunos que todavía no han salido de su perplejidad. Como se diría en ingles: They just don’t get it. Han venido tolerando canciones de Hip Hop cubano – con letras nada amables hacia policías y autoridades- por su gran popularidad entre la población, pero creyeron que Gorki era un blanco fácil. “A quién puede importarle que metan en la cárcel a un pelúo que se encuera en el escenario aunque insulte a Fidel Castro”. La respuesta es: “A todos los que creemos que nadie puede ser reprimido por lo que piense o diga aunque no nos gusten su vestimenta o preferencias musicales”. Y somos muchísimos en todo el planeta. Recuerdo que después de varias peleas que tuvieron lugar en los alrededores del Patio de María entre tribus de rockeros y freakies, todos se unieron en más de una ocasión para enfrentar a la policía cuando quiso reprimirlos. Con Gorki ha pasado algo similar. Se sumaron a la defensa de sus derechos quienes usualmente critican a Porno para Ricardo o rechazan la música Punk.
Por su parte, la opinión publica internacional sigue “descubriendo” a Cuba. Hace poco se enteró de que los cubanos no podían entrar a hoteles ni tener celulares y que, si tenían suerte, podrían aspirar a tostadoras y calentadores eléctricos en un par de años. Ahora se enteran de la vigencia de las leyes de peligrosidad en la isla, invento fascista asimilado en nombre de la moral comunista. Con las ideas enviadas por ustedes en la pasada quincena, creo que pronto (quizás en uno o dos meses) podamos contribuir entre todos a poner en marcha nuevas iniciativas que también permitan que se conozcan mejor las draconianas leyes migratorias cubanas a las que luego se sumaron los obstáculos que la Administración de George W. Bush impuso en el 2004 a las relaciones familiares de los cubanos residentes en aquel país.
Informar y sensibilizar son pasos iniciales e imprescindibles para poder cambiar algo. Eso a menudo supone un esfuerzo focalizado en un tema concreto. He notado que algunos creen que el futuro de Cuba depende de un súbito Big Bang. Veo las cosas de otro modo. Pedir la libertad de Gorki no supone identificarse con las organizaciones de la oposición cubana, pero demuestra un compromiso con la defensa de las libertades individuales. El propio Gorki no es miembro de ninguna organización; como no lo son tampoco Yoani Sánchez, ni los miembros del grupo Porno para Ricardo que ofrecieron su activa solidaridad. Estamos familiarizados con la dinámica de los partidos políticos y conocemos menos la de los movimientos ciudadanos monotemáticos, en los que una persona puede apoyar varias causas o integrarse a una sola si es la que considera meritoria. Desde mi perspectiva, cien iniciativas y movimientos ciudadanos en torno a múltiples asuntos tienen más capacidad para transformar la realidad que la constitución imposible de un Partido Único del Cambio.
La vida confirma que es cierto: “Sí se puede”. Y aunque no siempre sea posible alcanzar el objetivo inmediato que nos tracemos, nunca llegaremos a saber si lo era de no intentarlo siquiera. Aun cuando se fracasa, es posible que nos situemos más cerca de nuestro propósito que al inicio.
Como dice un conocido psicólogo cubano: “Vale la pena”.
AGRADECIMIENTOS Y SOLICITUD
Ya de regreso en Ottawa comienzo por reconocer –y agradecer- a todos ustedes el haber mantenido activo este espacio en mi ausencia.
Algunos me ayudaron a recepcionar y subir los comentarios cuando me resultaba imposible acceder a Internet. Muchos de ustedes enviaron numerosos correos electrónicos con sugerencias que leí cada vez que me fue posible y más de cien dieron vida al blog intercambiando ideas en él. En los próximos días contactaré a varios de ustedes para concretar su posible cooperación sobre el tema que discutimos.
Mientras tanto tengo algo que solicitar de ustedes.La necesidad de que los cubanos nos demos la mano -desde donde quiera que estemos- para ayudar a los damnificados por Fay y Gustav representa una urgencia a la que debemos responder de manera inmediata. Para ello se impone echar a un lado toda consideración que no sea estrictamente humanitaria. Los invito a pensar en esto para discutirlo próximamente.
Gracias a todos.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 22/01/2009 11:52
“General: derribe usted ese muro”
Juan Antonio Blanco | 10/11/2009 22:38
Tags: permisos de salida y entrada a Cuba, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, migración, represión, Yoani Sánchez
El pasado seis de noviembre un grupo de jóvenes marchaba con carteles por la Avenida de los Presidentes en la barriada del Vedado de Ciudad Habana. Pedían el cese de la violencia política, social, económica, cultural y domestica que permea la sociedad cubana. La violencia como muro que impide ventilar las discrepancias de opinión e intereses de manera constructiva. Entre ellos marchaban destacados bloggers cubanos, cronistas incómodos de una tozuda realidad que, en Cuba, decenas de estaciones de radio, TV, periódicos nacionales y locales no desean reconocer.
El poder, -soberbio, cobarde y violento- no podía permitir semejante atrevimiento. Lo demás es historia: policías de civil detuvieron arbitrariamente a Yoani Sánchez y Orlando Luis Pardo, los golpearon, vejaron y luego abandonaron en una calle cualquiera. Antes los cubanos sufrimos a los sanguinarios “Tigres de Masferrer”. ¿Estos cómo se denominan? ¿Las “Jutías de Castro”?
Ese mismo día, a miles de kilómetros de distancia, quien suscribe estas líneas y un artista plástico en el exilio presentábamos una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA sobre la violación de la libertad de movimiento en Cuba. Se trata de un derecho universal e inalienable, consagrado en el Articulo 13 de la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas y contenido en casi todos los principales convenios humanitarios internacionales. Si bien nuestra denuncia respondía a la iniciativa privada de cinco cubanos ella expresaba el clamor de trece millones de compatriotas –once en la isla y dos en la diáspora.
Pueden ver el video completo de nuestra presentación en el enlace siguiente (es la cuarta que aparece en la lista):
http://www.oas.org/en/media_center/videos.asp?sCodigo=09-0286&videotype=&sCollectionDetVideo=5
Los jóvenes que desfilaron por las calles del Vedado enfrentaron la represión al ejercer su derecho a expresarse libremente. Los que estamos a buena distancia de la porra “progresista” de los Castro somos llamados a reclamar nuestros derechos en alta voz. Entre ellos, la libertad ciudadana de entrar, salir, o residir en cualquier parte dentro o fuera de Cuba.
Los que fuimos a hacer nuestra denuncia a la CIDH no pensábamos el pasado viernes en el aniversario de la Revolución Rusa que evocaba el periódico Granma por estas fechas, sino en el de la caída del Muro de Berlín. Allí exigimos que se tumbe el que intenta distanciarnos de la nación de la que somos parte inseparable. Hoy pudiéramos decir, parodiando la memorable frase de Ronald Reagan cuando exigía de Gorbachev una evidencia clara de su voluntad de distensión: “General Raúl Castro, derribe usted ese muro”.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 12/11/2009 15:19
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