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Normalizar las relaciones

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Cuando se discute sobre la “normalización de relaciones” generalmente nos referimos a Cuba y los Estados Unidos. Pero las relaciones que resulta imprescindible “normalizar” son las del país con su diáspora. Urge poner fin a los permisos de entrada y salida y al destierro que hoy acompaña el acto migratorio.

El momento para darle solución a este problema parece haber madurado.

En este mundo globalizado se ha hecho visible, en toda su arbitrariedad, el anacrónico régimen migratorio que impera en la isla. Frases como “fulanito se quedó” son concebibles sólo allí donde existe la obligación de obtener un permiso de viaje. La canadiense Celine Dion vive en EEUU. Nadie la llama “quedada”. Maradona ha jugado para equipos de varios países sin que nadie lo llamase “traidor”, ni se le prohibiera retornar a Argentina. Los chinos viven orgullosos de atletas como Yao Ming, que juega para el NBA de Estados Unidos sin que eso le impida presidir el desfile olímpico al frente de su país.

Grupos de ciudadanos cubanos radicados en el exterior y algunas organizaciones de exiliados han venido abordando el tema. Ese es el caso reciente de la Declaración de Concordia, suscrita por cerca de un centenar de cubanos en Canadá, EEUU, América Latina y Europa, así como de la Agenda Humanitaria para la FamiliaCubana avalada por dos docenas de influyentes organizaciones del exilio que integran el llamado Consenso Cubano. Otras iniciativas sobre este asunto han sido impulsadas por las organizaciones pertenecientes a la Comisión Cubano Americana por los Derechos de la Familia.

En Cuba el problema de los permisos de entrada y salida también ha sido planteado con mucha fuerza durante el proceso asambleario que tuvo lugar a lo largo de la isla. También provocó un fuerte debate en el reciente Congreso de la UNEAC. Dirigentes y celebridades oficiales coinciden en este asunto con líderes de la oposición a favor de derogar las trabas al libre movimiento de los ciudadanos.

Se percibe con claridad que el tema conecta a personas de diferentes ideologías y perspectivas. Cada vez son menos las voces que en Cuba o Estados Unidos se alzan contra este clamor colectivo.

Quienes desean residir en su patria no quieren sentirse que lo hacen como rehenes. Por su parte, los que preferirían probar fortuna fuera de ella no creen justo que les confisquen desde la bicicleta hasta la vajilla, los llamen traidores y les exijan luego pedir permiso para visitar su propio país sin poder nunca más relocalizarse en él. Los deportistas, artistas y profesionales desean poder desarrollar a plenitud su potencial humano sin que se les imponga distanciarse de su patria.

Estoy persuadido de que ya existen entre los cubanos ciertas zonas de coincidencia en algunos asuntos –como parece ocurrir en este caso- aunque sigan vigentes importantes diferencias en otros temas. Es necesario en este instante focalizar las primeras.

Hay que ahora reunir lo que antes se quebró. Necesitamos cambios dirigidos a la protección y fomento de relaciones familiares fluidas y normales entre cubanos de la isla y la diáspora mientras se encuentra una salida, justa e integral, a la situación del país.

Piénsenlo por un instante. ¿Por qué cuando ciudadanos mexicanos, canadienses o españoles viajan a Cuba sin prácticamente ninguna restricción, los también ciudadanos de esos mismos países, pero nacidos en Cuba, no pueden hacerlo igual? El equipo infantil Peregrinos de Vermont pudo, finalmente, jugar pelota con el equipo Santos. ¿Por qué no aspirar a que los niños cubanos que hoy crecen en Hialeah puedan hacerlo también sin necesidad de permisos de entrada ni autorizaciones de viaje de Estados Unidos ni ningún otro gobierno extranjero? ¿Por qué no demandar que los niños del equipo Santos puedan luego responder a una invitación de los de Hialeah sin tener que pedir un permiso de salida al gobierno cubano?

Los muros que -erigidos en Cuba o levantados en Estados Unidos- obstaculizan las relaciones familiares y dificultan la reunificacion nacional debe ser derribados sin condicionamientos, cortapisas, excusas ni dilaciones.

En el momento que vivimos es imprescindible que todos los cubanos de buena voluntad, donde quiera que estén, se den la mano y echen a andar. Es urgente e imprescindible decidirnos a dar un primer paso conjunto. Su alto contenido ético y el amparo que le otorga la legislación internacional, hacen de este tema de derechos migratorios el terreno adecuado para avanzar.

Muchos creen imposible que los cubanos aprendan a conversar sus diferencias y concertar sus voluntades. Pero el progreso humano responde al permanente cuestionamiento de aquello que en un momento dado es considerado imposible. En este caso no hay mucho que perder con el intento. Entonces, ¿qué hacer?

NOTA

Estoy fuera de Canadá en este momento. Tengo la buena intención –ya veremos si es factible- de seguir subiendo textos los martes mientras estoy de viaje pese a que tendré acceso limitado y esporádico a Internet. Pero se me va a hacer muy difícil en esas circunstancias poder atender de manera adecuada la continua llegada de sus comentarios. Les ruego que sean comprensivos y pacientes al respecto.

Por otro lado aquellas ideas concretas que deseen aportar en relación con el tema de la normalización del flujo integral de relaciones entre la isla y la diáspora pueden también enviarlas directamente a mi correo electrónico ([email protected]) Por favor, para evitar que su mensaje sea suprimido automáticamente como spam, describan el “asunto” ( subject) del correo poniendo la palabra BLOG. ¡Gracias a todos!



¿SUMISIÓN O UNIÓN?

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Creo reconocer -hay manierismos inconfundibles- al autor del ovejuno mensaje firmado con el titulo de la obra teatral Esperando a Godot que fuera enviado al post anterior y publicado por mi entre los comentarios de Unamos la nación al que iba dirigido. Allí aparecen, íntegros, mi llamado a la unión y su mensaje de sumisión para quien desee releerlos.

La respuesta –que haré dividiendo por partes su texto- ha resultado extensa para este espacio, aunque no para lo que mereciera decirse a quien la envió. Pero creo que, al final, el tema interesa a todos.

1) “Esta retórica blanquina sobre la nación huele mal”

Ese es el derecho de su olfato. En mi caso tiendo a sentir mal olor cada vez que recibo o leo un mensaje que pretende ser agudo y perspicaz sembrando misterios sin ser claro. Si tiene algo que decir sobre mi o mis intenciones dígalo aunque se oculte detrás de un pseudónimo. Con claridad le digo que creo su texto oscuro por las razones que, párrafo a párrafo, explicaré a continuación.

2) “Está concentrada en trabajar desde arriba, en forma vertical, quitando y poniendo políticas que reacomodan el dominio de aquellos que ya tienen el poder, sea en Cuba o en Miami. En otras palabras, lo que propone Blanco es una alianza entre las élites políticas y culturales, no una transformación democrática que se genere a través de todo lo largo y ancho del espectro social. Ése modelo si avanzado en los setenta y parte de los ochenta, hoy está agotado”.

Creo que lo que le molesta es precisamente lo contrario de lo que usted afirma. En efecto, son las sociedades civiles las que deben tener el protagonismo en esta nueva época y por eso promuevo su capacidad de acción autónoma sobre la base de intereses prioritarios y comunes. Como la nación cubana está fragmentada de diversas formas, y una de las más importantes es la que se ha producido con el destierro masivo de cientos de miles de personas, pretendo contribuir a identificar sus intereses comunes para hacerlos valer contra aquellas estructuras de estado y gobierno que los afectan.

3) “La sociedad cubana no es la misma de hace veinte años, ni el mundo tampoco”.

No pierdo la esperanza de que algunos dirigentes cubanos lleguen a entenderlo.

4) “Lo que tenemos que hacer es acabar con nuestros prejuicios contra las posibilidades de cambio dentro de las estructuras gubernamentales cubanas, por mínimas que estas sean, y ver cómo la sociedad civil puede integrarse a ellas críticamente. Y afuera, presionar para que las relaciones bilaterales pongan a la gente común por encima de los gobernantes”

El que suscribe ha examinado en múltiples ocasiones la potencialidad y sobre todo necesidad de cambios en la sociedad cubana. Si ese no es el rumbo que vienen tomando las cosas me parece exagerado cargarlo a los prejuicios que algunos puedan tener sobre “las posibilidades de cambio de las estructuras gubernamentales cubanas”. El que hizo el discurso el pasado 26 de julio fue Raúl Castro, no yo. Tampoco tengo responsabilidad alguna en la promoción de José Ramón Machado Ventura.

El que me acusa de intentar hacer política elitista hace un llamado ovejuno a darle un cheque en blanco de fe (otro más después de medio siglo) al gobierno cubano, para entonces “ver como la sociedad civil puede integrarse” a las medidas que decidan “por mínimas que estas sean”. Y luego pretende calificar esa integración al añadir que se realice “críticamente”, intentando posar de defensor de una autonomía a la que ya renunció de antemano.

O sea, ver qué decide hacer el gobierno y entonces veremos –VEREMOS- cómo (si se lo permiten y hasta dónde se lo permiten) se “incorpora a ellas –incorporarse es siempre lo “políticamente correcto”, nunca oponerse. Para cerrar ese malabarismo verbal se agrega “críticamente”, palabra que no alcanza a ocultar el espíritu sumiso, elitista y pro gubernamental de este enfoque.

Toda la concepción anterior –que intenta pasar por actualizada y democrática- no revindica el papel autónomo de la sociedad civil ni el ejercicio de la soberanía popular, sino es un sumiso canto al vanguardismo leninista –elitista trasnochado del que ningún intelectual de izquierda que se respete hace ya la defensa.

Pero me llama aun más la atención el hecho de que su mensaje, al tiempo que llama a quitarnos los prejuicios sobre el inmovilismo gubernamental (al cabo de 24 meses del ascenso de Raúl Castro) se conjugue con una exhortación tan típica del gobierno cubano como la de que los que estamos “fuera” debemos callarnos la boca sobre lo que ocurre en nuestro país y volcar todos nuestros esfuerzos a reclamar un cambio en las relaciones bilaterales. Que conveniente, ¿no?

Eso –sin misterio- es tramposo. Ese “zapatero a tus zapatos”, que implica una suerte de “trabaja para quitarme el embargo y no hables ni opines de un país al que ya no perteneces” ha sido una de las peores expresiones de la estulticia y arrogancia gubernamental. Execrable división del trabajo la que se pretende imponer a los desterrados cubanos y el “misterioso” mensajero nos propone seguir.

La mediocridad patética de estas sugerencias no puede ser revestida con baratas piruetas intelectuales. Es usted quien espera por Raúl “Godot” Castro para ver cómo se logra integrar a sus decisiones “por mínimas que sean”. Ese es su problema.

5) “Tarde o temprano, estos pasan, la nación perdura”.

Plenamente de acuerdo. Se acerca el día en que esa aseveración será confirmada, -para algunos de manera poco amable-, por los hechos.

Una CODA para los encargados de la propaganda desde cualquier latitud geográfica.

Veo que resienten este llamado a la unidad nacional. Gracias por hacerlo saber.

La nación con todos y para el bien de todos –que incluirá también a personas como ustedes- será una realidad más temprano que tarde. Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese.

Sigan llamando a la sumisión, que yo no me cansaré de convocar a la unión.



Unamos la nación

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En la isla, el régimen totalitario necesita de un enemigo externo que infunda el temor al cambio y por ello anda siempre a la caza de actitudes y hechos que nutran la cada vez más deteriorada leyenda de la mafia miamense. Conozco personas contrarias al régimen cubano que todavía dicen por lo bajo, “pero me preocupa que se meta esa gente de Miami”. Llevan cinco décadas consumiendo una caricatura de Miami que es un híbrido entre Esteban Ventura Novo y Tony Montana. Lamentablemente hay representantes de la prensa internacional que por facilismo también alimentan viejos estereotipos sobre los exiliados de la isla.

La diáspora cubana, sin embargo, incluye pero no se limita al grupo de personas que frecuenta ciertos cafés en la Calle 8 como quieren hacer creer algunos periodistas. Hoy son más de dos millones de personas de varias generaciones, portadoras de múltiples ideas y localizadas desde Alaska hasta Australia. Miami sigue siendo, en efecto, el lugar donde un mayor número de cubanos desterrados intentan rehacer sus vidas y ayudar a los que dejaron atrás. Eso es digno y respetable. Ellos, y toda la diáspora de desterrados cubanos –porque eso es lo que somos- diseminados por el planeta, son parte de la nación. La otra está en Cuba. Unirlas debiera ser la prioridad primera.

Lo que hoy vivimos es una vergüenza que ni la afiliación ideológica del estado cubano puede ya explicar. China, gobernada por el partido comunista, se siente orgullosa de que Yao Ming, estrella del NBA en Estados Unidos, abra el desfile olímpico junto a un niño sobreviviente del terremoto que asoló aquel país y a cuya recuperación contribuyó este atleta. Por su parte, el actual gobierno cubano le hace el juego a su rencoroso Asesor en Jefe que acusa de traidores a aquellos deportistas que han deseado medirse contra profesionales de su especialidad y exige que nunca se les permita volver a su patria. Quiere seguirlos excluyendo de la nación a la que pertenecen.

La “nación” –entiéndase- no es una isla llena de palmas; somos nosotros, nuestras familias, amistades y sueños. Los que están dentro y fuera de Cuba. Nuestras ideas y preferencias no deciden nuestra condición de cubanos como pretenden algunos. La soberanía nacional tampoco es una prerrogativa estatal. Es el derecho que todos tenemos a expresar y hacer cumplir nuestra voluntad. Es prerrogativa del pueblo; no del Estado ni de un gobierno que la ha conculcado y pretende ejercer su representación.

El tema de quién es el soberano viene muy al caso cuando el gobierno por un lado enmudece mientras en Moscu se discute abiertamente la conveniencia de establecer bases en la isla y luego corre a vociferar su apoyo a los rusos cuando aquellos entran en algún conflicto con países en su periferia. ¿A cuánta gente en Cuba le interesa que se haga un rápido pronunciamiento gubernamental sobre la invasión de Ossetia del Sur mientras el pueblo ha venido esperando reformas imprescindibles de las que cada vez se habla menos?

Todos somos la nación cubana, la soberanía es nuestro derecho y la patria a todos pertenece. El totalitarismo fragmentó la nación y desea mantenernos en esa condición. Solo reunificando lo que hoy pretenden aislar es que podemos hacer valer nuestra voluntad soberana sobre ese estado y gobierno.

Un muro no se quiebra construyendo otros. Cuando tumbemos los que existen –como ocurrió al caer el de Berlín- el totalitarismo cubano tendrá sus días contados porque fragmentar la nación, separando y contraponiendo a sus hijos, es un pilar central de su estrategia de poder. No permitamos que la pasión y la lógica del rencor –por comprensibles que sean- nos conduzcan a colaborar con la política totalitaria.

Aíslese el totalitarismo; unamos la nación. Entonces, ¿qué hacemos para lograrlo? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar los muros que nos dividen?



¿Desertarán en La Habana?

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Un grupo de niños estadounidenses del equipo de baseball los Peregrinos de Vermont, perteneciente a las Pequeñas Ligas de Nueva Inglaterra, desea medir sus fuerzas contra dos equipos cubanos de su misma categoría: los Mangos y los Santos. El viaje a la isla es cubierto por fuentes privadas y tiene la autorización del Departamento del Tesoro en Washington. Los 14 jugadores -de 11 y 12 años de edad -viajarán con seis chaperones y pasarán nueve días en la isla. Allá se alojarán en el convento y escuela de las Hermanas Salesianas en las afueras de La Habana. ¿Sencillo, no? Pero nada es simple cuando tiene que ver con Cuba.

Según reporta El Nuevo Herald (Miami, Agosto 1, 2008)

En una declaración emitida ayer, (Lincoln) Díaz-Balart afirmó que este tipo de viajes contradice la política de Estados Unidos, que durante décadas ha tratado de aislar y debilitar al gobierno cubano.

"Los eventos deportivos pueden ser interpretados como gestos diplomáticos aunque esa no sea su intención'', dijo el congresista cubano- americano.

"Y un evento deportivo no es la forma adecuada de responder a la tortura de presos políticos como Yuselín Ferrera, Nelson Aguiar y muchos otros'', agregó Diaz-Balart.

Permítaseme formular, muy respetuosamente, algunas observaciones generales.

Esos niños no tienen ninguna misión diplomática, ni mensaje oficial de la Casa Blanca o el Congreso para Raúl Castro, pero sí trasmitirán uno importante a la población: "podemos ser amigos y jugar mucha pelota". Eso es saludable en un país donde hasta hace poco el que algunos se acercasen a un extranjero provocaba campañas contra el “diversionismo ideológico” amén de que la policía solicitase el carné de identidad al que tomase tal iniciativa. El aislamiento –que es algo más que el embargo- es difícilmente la mejor herramienta a emplear contra un gobierno que se esfuerza precisamente en aislar a la población de cualquier influencia foránea. En este caso persiguiendo el propósito de aislar al gobierno cubano se termina contribuyendo al aislamiento de la población de la isla. ¿Por qué colaborar con el régimen en este aspecto?

Tampoco creo que el viaje de ese equipo infantil de baseball le deje más dinero al gobierno de Cuba que los representantes de las empresas agropecuarias estadounidenses cuando viajan a la isla a cerrar contratos multimillonarios con autorización del Dpto. del Tesoro. Evitar que estos veinte ciudadanos (14 menores y 6 adultos) puedan gastarse unos pocos dólares en souvenirs –probablemente comprados a algún artesano cuentapropista- tampoco impedirá que las arcas del gobierno cubano reciban sumas mayores procedentes de Caracas. Los visitantes, además, se alojarán en albergues de la iglesia, donde presumiblemente les servirán algunas comidas también, y no en los muy caros hoteles estatales cinco estrellas donde se hospedan usualmente los CEO estadounidenses que viajan a Cuba. ¿Por qué presionar al Dpto. del Tesoro para que imponga a estos 20 estadounidenses de a pie todo el rigor de prohibiciones que no sufren ciertos magnates y sus represantantes comerciales?

¿Cuál victoria se busca en este caso? Si es así de dicotómica nuestra visión de las cosas, ¿quién gana o pierde si se impide a los Peregrinos de Vermont jugar en Cuba?

De triunfar la oposición del congresista de Estados Unidos a esta iniciativa la conclusión a la que llegarán muchos –en Estados Unidos y Cuba- es que sólo Washington se opone a los contactos pueblo a pueblo. El Granma y la Mesa Redonda se alimentarán por un tiempo de las entrevistas a esos frustrados niños que no entenderán cuál es la naturaleza de este otro juego donde los han metido.

Aunque durante su estancia en Cuba algunos funcionarios o incluso líderes nacionales los mimen, les regalen pañoletas pioneriles y aburran hasta el delirio con sus anquilosados discursos, tampoco parece probable que ninguno de los jugadores infantiles estadounidenses vaya a desertar en la isla como acaban de hacer varios peloteros cubanos en Canadá desatando la ira del Asesor en Jefe.

En lugar de oponerse a la natural aspiración infantil de poder jugar baseball contra un equipo extranjero quizás el congresista pudiera considerar reunirse con los Peregrinos de Vermont y desearles suerte. Esos niños podrían luego invitar a alguno de los equipos contrincantes a jugar el desquite en Nueva Inglaterra en el 2009 y llevarlos a conocer al Duque y otras estrellas beisboleras cubanas de las que tanto han oído hablar a sus padres. De ser ese el caso ya veremos cuántos “chaperones” les asigna el gobierno cubano si es que autoriza su salida para jugar en Estados Unidos.

El que un evento infantil de poca monta pueda dar inicio a semejante controversia indica la necesidad de buscar enfoques más creativos para abordar el tema de Cuba. Como he dicho en ocasiones anteriores, La Habana no posee un monopolio exclusivo sobre el inmovilismo mental.



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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
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