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Matrioshka ¿rusa?

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Hoy, jueves 24 de julio, el Ministerio de Defensa ruso desmintió que su institución tuviese planes de “instalar bases militares cerca de las fronteras de otros países”. Si bien es un paso positivo, resulta todavía impreciso , porque no responde a la interrogante planteada por el artículo de Izvestia, ni a las posteriores declaraciones, ayer miércoles, del ex Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Anatoly Kornukov y del ex Jefe de la aviación estratégica de largo alcance, Mikhail Oparin, publicadas en el sitio Internet de la agencia Interfax AVN. La “hipótesis” que se ha manejado desde un inicio es que dar apoyo logístico en Cuba a bombarderos nucleares rusos de largo alcance no constituye en propiedad la instalación de una base militar en esa isla, pero sirve sus intereses estratégicos respecto a Estados Unidos. Hoy aparecieron nuevas declaraciones en Moscú que sugieren que todo esto puede constituir una “medida activa” de “ciertos sectores” en Praga o Varsovia para enemistar a Rusia de los Estados Unidos. Ingeniosos que son algunos en cubrir sus huellas.

La simple “hipótesis” de que los rusos, Fidel Castro y Chávez –quien invitó en una conferencia de prensa en Moscú a los primeros a establecer bases en territorio venezolano- estén valorando pasos similares a los que condujeron a la Crisis de los Cohetes en 1962, es ya un regalo importante a los que se oponen a la elección del candidato del Partido Demócrata en noviembre. Hoy jueves la edición nacional del Investor's Business Daily les recuerda a sus lectores que Kruschev creyó ver un debilucho e inexperto presidente en Kennedy durante el diálogo que sostuvieron, después de su derrota en Bahía de Cochinos, en junio de 1961. Esa evaluación dio pie, dos meses después, a la construcción del Muro de Berlín y luego al emplazamiento de cohetes nucleares en Cuba. El periódico se interroga cómo manejaría Obama durante su potencial presidencia situaciones semejantes a las que ahora se vislumbran.

Si Rusia necesitaba lanzar “medidas activas” para fortalecer su posición antes de negociar con Bush el mes próximo, eso no la autoriza a filtrar a su prensa supuestas discusiones sobre la posibilidad de emplazar armas en un territorio extranjero como quien discute ubicarlas en los Urales.

Por otro lado, el comentario de hoy jueves firmado por Fidel Castro sobre lo publicado en Izvestia lejos de reivindicar la independencia de Cuba es, más que lamentable, patético. El silencio sostenido hasta hoy por el gobierno cubano sobre este asunto puede calificarse de cualquier modo menos de “digno” como pretende Castro. Estamos ante una potencia que se dice especula acerca de la utilización de Cuba a conveniencia, después que la ha abandonado tres veces. Esa es la esencia de la suavemente llamada por el Asesor en Jefe “hipótesis” rusa.

Ciertamente no es Cuba quien tiene que dar explicaciones y pedir perdón absolutamente a nadie, sino los rusos. Y no deben presentar sus excusas al gobierno de Estados Unidos por evaluar contramedidas a las que ese país viene promoviendo en territorio europeo, sino al pueblo cubano por especular sobre posibles respuestas a costa de su soberanía. Lo que tenía que haber hecho Cuba era exigir esas explicaciones, y rechazar sin ambigüedad alguna el artículo de Izvestia. Si deseaban mantener la simetría en el manejo del incidente pudieron incluso responder a través de un artículo claro y digno de algún periodista de Granma o Juventud Rebelde, o incluso de algún militar retirado, posando de académico desde alguno de los múltiples centros de estudios del PCC y el MINFAR.

En la retorcida redacción de Fidel Castro no es posible encontrar el decoro que reclamaba la situación ni el rechazo inequívoco a la idea de la que habla Izvestia. El silencio gubernamental y su resbaloso comentario abren espacio a la interrogante sobre si estas “medidas activas” son cien por ciento de inspiración rusa o se implementaron con la cooperación de algunos “amigos”. Aunque hayan sido lanzadas por altos ex oficiales soviéticos desde Moscú, ¿son exclusivamente rusas estas piruetas o dentro de la matrioshka hay también una figura de uniforme verde oliva?

Raúl Castro parecía tener conciencia de que los “dividendos de la paz” y el llamado “poder blando” ( soft power) son más importantes que la estrategia de confrontación permanente y el poder militar. Después de todo fue él quien habló de la supremacía de los frijoles sobre los cañones y ofreció conversar con Estados Unidos. ¿Terminará su vida a la sombra del hermano mayor que revisa y aprueba sus discursos? ¿Es ese su destino inescapable?

Lo que sigo dudando –y mucho- es que los rusos compren fórmulas geopolíticas del siglo XX en las actuales condiciones. Putin y Medvediev, sin perder de vista sus objetivos, comprenden la diferencia existente entre el mundo de hoy y el de ayer; Fidel Castro no.



OBAMA Y EL CAMBIO DE ÉPOCA

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Barack Hussein Obama es presidente de Estados Unidos. El antiamericanismo, como ideología del odio simplista y ramplón, ha recibido un golpe de alcance planetario. El soft power estadounidense –más poderoso que sus hoy comprometidos ejércitos y finanzas- inicia un proceso de recuperación con la nueva Administración que se inaugurará en enero próximo. Obama puede restaurar el espíritu que dio origen a la frase “Hoy todos somos americanos”, que recorrió el mundo cuando el ataque al World Trade Center y que Bush hizo añicos en muy breve tiempo. No le será fácil, pero es posible.

Barack Obama es el primer presidente afroamericano. Pero no es un líder negro. Es un líder carismático americano. Su programa va más allá de la reivindicación de un grupo racial. No es administrador, es un innovador. Collin Powell lo ha llamado una personalidad de estatura transformacional para eludir la palabra “revolucionaria” que hoy es anatema en la cuna de todas las revoluciones modernas.

Obama se propone traer a la democracia americana una transformación posmoderna de gran alcance. Ya lo hizo en alguna medida. Por eso pudo imponerse en las primarias contra Hillary Clinton. Apoyándose en Internet y con una estrategia de comunicación directa con las bases fundó un movimiento nacional propio, constituido por múltiples redes de apoyo político. Basándose en el trabajo de activistas y las modestas recaudaciones de millones de ciudadanos pudo liberarse de las limitaciones financieras, controles políticos y manipulaciones mediáticas del establishment del Partido Demócrata. La World Wide Web le permitió recaudar más dinero para su campaña que el que nunca antes en la historia recibieron los políticos estadounidenses de las grandes corporaciones privadas. Nadie ha sabido aprovechar mejor que Obama el fenómeno político posmoderno de la nueva era de la información.

Decir que ganó las elecciones por el desastroso desempeño de George W. Bush o sus dotes oratorias es negarle estatura. Pese a la verdad que encierran ambas observaciones debe tenerse presente que ganó porque ofreció algo nuevo a lo que el resto de los candidatos de ambos partidos ofertaban. De nada sirve ser buen orador – sea Fidel Castro o Barack Obama- si el mensaje no conecta con las aspiraciones coyunturales de quienes lo reciben , o se sospecha que quienes lo emiten son parte de un paradigma obsoleto al que volverán tan pronto sean electos. Un orador pésimo como Hugo Chávez pudo al inicio abrirse paso por vía democrática –la que hoy intenta cerrar- porque sacó partido al largo resentimiento contra una oligarquía y clase política insensibles a las necesidades de las mayorías. En Cuba, Fidel Castro dejó de ser un líder carismático mucho antes de su actual convalecencia, cuando su discurso se divorció de los intereses e idiosincrasia del pueblo que antes lo recibió con los brazos abiertos.

Los estadounidenses intuyen que el régimen de gobernanza político y económico que hoy los regula está en crisis. Quieren un nuevo capitalismo con un New Deal que no sea una réplica del de Franklyn Delano Roosevelt, sino que se ajuste a las realidades de este siglo XXI. No les asustan los líderes carismáticos porque saben que los pilares centrales de su democracia –separación de poderes, libertades políticas y civiles, poder judicial independiente- gozan todavía de buena salud y son capaces de controlar a quien intente barrerlos por buen orador que sea. Es precisamente por ellos que un candidato negro como Obama pudo competir y ser electo presidente. Estados Unidos en el 2008 no es comparable con aquella Cuba que en 1959 adolecía de grandes debilidades en su institucionalidad democrática.

El desafío que se le presenta a Obama es cómo hacer uso eficaz de las instituciones democráticas para desarrollar políticas –domésticas e internacionales- en interés de la nación en su conjunto, incluyendo a los que no votaron por él, y no sólo de un sector de funcionarios, políticos o financieros en Wall Street. Esa no es tarea exclusiva de un presidente , sino de una nueva generación dispuesta a abandonar el cinismo y escepticismo sobre la virtud de la política. A ella se enfrentará una parte muy poderosa del sector privado y de la clase política estadounidense, tanto del Partido Republicano como del Demócrata. No es poca cosa. Pero el reto principal para Obama es el de aprender a mirar la realidad desde una nueva perspectiva y saber trasmitir a otros esa cualidad. Esta campaña electoral apenas ha sido el primer paso en esa dirección. Pero por ser el primero es trascendental.

En 1776 la Revolución Americana imaginó y materializó un nuevo mundo dando paso a un cambio de época. ¿Puede Estados Unidos en el siglo XXI generar el imaginario y sentar los fundamentos de un nuevo sistema democrático de gobernanza nacional e internacional con la misma ingeniosidad con la que inventó la democracia moderna, el régimen multilateral de relaciones internacionales posterior a la II Guerra Mundial y la tecnología de Internet que ha transformado el modo en que interactuamos a cualquier escala?

Estamos inmersos, desde mediados del pasado siglo, en un nuevo proceso civilizatorio generado por la acelerada revolución de las tecnologías de información y comunicaciones. El tránsito planetario hacia otros regímenes de gobernanza nacionales e internacionales será difícil y convulso – incluso violento- y puede tomar hasta mediados del presente siglo. Transformar mentalidades y luchar contra intereses creados es más complejo y lento que revolucionar las herramientas tecnológicas a nuestro alcance. Pero no es imposible. Incluso se vuelve ineludible.

Lo que acaba de ocurrir en Estados Unidos es síntoma de la complejidad del proceso histórico de transformación mundial que hoy experimentamos. Las mejores intenciones de Obama no tienen el éxito garantizado. ¿Quién puede dudarlo? Pero haber aceptado el reto de promover cambios –y los peligros que eso conlleva- ya le ha ganado al nuevo presidente el respeto de amplias mayorías dentro y fuera de Estados Unidos.

Los que hasta el último minuto apostaron en La Habana a que “el negro” nunca sería electo – y trataron de contribuir a su derrota en Florida manipulando la traumatizada psiquis del exilio cubano- ahora apuestan a que lo asesinen, o, al menos, cometa errores de tal magnitud que pierda su atractivo político. No están solos. En Moscú, Teherán y Caracas, por mencionar algunos, hay quienes comparten su incredulidad y parecen dispuestos a enfrentarlo a una temprana crisis para sacar partido de su inexperiencia, tal y como antes hiciera la URSS con John F. Kennedy.

Desde una perspectiva política, Obama no es un presidente débil. Muy por el contrario, su presidencia goza hoy de un consenso nacional e internacional que neutraliza a sus enemigos. Es además poseedor de un carácter e inteligencia excepcionales. Aquel que lo desafíe puede contribuir a galvanizar y consolidar de manera definitiva la simpatía interna e internacional que ya existe en torno a su presidencia, quizás en mayor medida que cuando “el joven e inexperto” John F. Kennedy salió airoso del reto que le presentó la Crisis de los Cohetes en octubre de 1962. Si se lanzan a esa aventura, les arriendo las ganancias.

A los racistas -de “izquierdas” y "derechas"- mi más sentido pésame.



Zanahorias indigestas

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El alerta ha sido impartido a todo el territorio nacional y las embajadas de Cuba en cualquier rincón del orbe: en el 2009 ¡cuidado con las zanahorias! ¡Ojo con el Tío Sam disfrazado de Bugs Bunny! Las zanahorias más peligrosas –dicen- son las que puedan venir de Estados Unidos, pero se comenta que hay que cuidarse incluso de las procedentes de Europa o América Latina (salvo en el caso de aquellas variedades “bolivarianas” certificadas por Hugo Chávez). ¡Hasta en Miami hay quienes se han sumado a la promoción de la maldita dieta de zanahorias! Para colmo, gracias a CNN recién nos enteramos de lo que hacía Obama antes de meterse a político. Era crítico culinario en la TV local de Chicago y… seguramente recomendaba platos a base de zanahorias.

Resulta ser que por estos días no se habla de otra cosa. Que si antes era el garrote y ahora vienen con zanahorias, que si los menos viejos deben cuidarse del peligroso producto promovido con unos seductores jingles entonados por sirenas, que si 'la cosa" se puede derrumbar por dentro y otras admoniciones similares. Ya tuvo lugar la última sesión de este año de la Asamblea Nacional y el acto en recordación del 50 aniversario del triunfo revolucionario sobre Batista y no se han mencionado para nada los reclamos de la población. ¿Qué pasó con aquello de “leche para todos” que prometió Raúl? Tampoco se dijo nada del más de un millón de planteamientos hechos durante meses en reuniones del Cabo de San Antonio a la Punta de Maisí. Por aquellos días figuraban entre ellos, de manera prominente, la demanda a favor de legalizar la pequeña y mediana empresa, la supresión de los permisos de entrada y salida, así como facilitar el acceso a Internet. Ni siquiera se tomaron decisiones sobre la sugerencia de Mariela Castro de que autorizaran operaciones para cambiar de sexo. Nada. Solo oímos hablar de las dichosas zanahorias después de dos años y cinco meses del edicto del 2006 traspasando parte de los incontables poderes y títulos de un hermano a otro. Los desastres naturales de Fay, Gustav, Ike, Paloma y Hanna palidecen al lado de lo que ahora se aproxima. Se teme el advenimiento de un imparable diluvio de zanahorias.

Por otro lado, el Asesor en Jefe se ha comportado de forma notablemente discreta en estos días. Después de un periodo de febril actividad, en que nos infligía una reflexión cada vez que nos portábamos mal, su mensaje por el cincuenta aniversario no pudo ser más escueto. Tampoco ha aprovechado la crisis de Gaza para lanzar una de sus catilinarias. ¿Se habrá indigestado con alguna zanahoria?



¿Qué puede esperarse?

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Entre sugestivos comentarios y rumores provenientes de la isla, creo pertinente compartir el resumen sobre lo acontecido en el 2008 y las perspectivas del presente año que ofrece el sitio ConCuba (www.concuba.org ). Se los “pego” a continuación.

Durante el segundo semestre del 2008 predominaron las siguientes tendencias:

Cambio del contexto externo, dado por el retorno de Cuba a mecanismos regionales de concertación e integración; la elección de Barack H. Obama a la presidencia de Estados Unidos; la promoción de los intereses de Rusia y China en América Latina, con la realización de visitas de alto nivel que incluyeron a La Habana; y la suspensión de las sanciones políticas de la Unión Europea. Estados Unidos ha pasado a ser el quinto socio comercial de Cuba, pese a las restricciones del embargo; y la diáspora y exilio cubanos han tenido gestos y dado pasos conciliatorios, con el anuncio de su disposición a dialogar sobre un conjunto limitado de asuntos humanitarios, referidos a las políticas migratorias de la isla y de Estados Unidos que afectan a las familias divididas.

Inmovilismo del contexto interno, pese al deterioro sensible de la ya delicada situación social, agravado por el impacto de las tormentas Fay, Gustav, Ike, Paloma y Hanna. Ninguna reforma significativa del régimen de gobernabilidad ha tenido lugar después de dos años y seis meses de que Fidel Castro traspasara parte de sus poderes y cargos a su hermano Raúl. El cambio interno de real significado ha sido el operado en la subjetividad de la población.

Sin embargo, puede afirmarse que en el 2008 ocurrieron ciertos cambios de políticas y personas –-no estructurales, ni de conceptos-- dirigidos a sostener una política continuista bajo la presidencia de Raúl Castro. Es el caso de la sustitución y/o desplazamiento a un segundo plano de dirigentes allegados al ex mandatario, el lanzamiento de una ofensiva de “disciplina y orden” contra el sector informal de la economía, y el anuncio de nuevas medidas de austeridad que deberán afectar a las capas medias de dirigentes y tecnócratas.

La principal interrogante en el 2009 es cómo el gobierno cubano va a percibir e interpretar el cambio ocurrido en el contexto exterior.

La ventana de oportunidad que se le abre al gobierno apenas tiene dos años: 2009 a 2010. En el 2010 se producirán elecciones en varios países de la región –-entre ellos Brasil y Chile-- donde los candidatos de oposición conservadores tienen buenas perspectivas hasta el presente. En el caso de Estados Unidos, si los cambios en la política hacia Cuba no comienzan a decidirse en los primeros años del mandato de Obama, es improbable que se tomen iniciativas electoralmente arriesgadas después del 2010, cuando de hecho comenzaría la campaña presidencial del 2012 en ese país.

Por otro lado, cualquier suceso internacional puede imponer una lógica interna a la política exterior de Washington que conduzca al cierre temprano de la posibilidad que ahora se abre a la distensión. Esa fue la experiencia cuando la invasión soviética a Afganistán definió la balanza en favor de la línea dura global que perseguía Zbigniew Brezinsky, entonces consejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, en detrimento de la que impulsaba Cyrus Vance como Secretario de Estado.

Si la elite de poder cubana considera que los cambios ocurridos en el contexto externo en el 2008 son prueba de que el inmovilismo da resultados, y además se aferra a esa postura, es de esperar que pronto se disipe el capital político obtenido por esa vía y en consecuencia las oportunidades que ahora se ofrecen. Si por el contrario, aprovecha la coyuntura externa para flexibilizar su política interna es posible que obtenga considerables recursos con los cuales pueda mejorar el deteriorado contexto interno que enfrenta.

Otro tanto ocurre con la concepción de seguridad nacional. La gobernabilidad seguirá siendo precaria mientras no se comprenda que ella no depende de la eficacia del aparato militar y de la gestión de incondicionales en la elite de poder. Sólo abriendo espacio al disenso e impulsando reformas significativas podrá Raúl Castro alcanzar eficacia y ganar la legitimidad interna y externa a la que aspira. Sus enemigos más peligrosos no son hoy Estados Unidos y el exilio cubano, sino el estilo de pensamiento conservador, estatista y autoritario que caracteriza su entorno.

El desplazamiento en la mentalidad popular de expectativas –-y por tanto de legitimidad-- de Raúl Castro hacia la nueva política que Obama pudiera desarrollar hacia la isla, conjugado con el agravamiento de la situación social después de los huracanes que azotaron el país, y la situación de la economía mundial, hacen cada vez mas arriesgada la apuesta por el inmovilismo y la coerción como mecanismos de gobernabilidad.

De llegar a coincidir en el 2009 la definitiva desaparición física o pública de Fidel Castro con modificaciones en la política hacia Cuba por parte de la Administración Obama, y con la celebración del largamente pospuesto Congreso del PCC, Raúl Castro tendría una nueva y última oportunidad de dar pasos concretos hacia la solución del conflicto con Estados Unidos, y de demostrar su voluntad de introducir cambios de algún calado en la realidad de su país. En ese instante tendrá que optar, de manera definitiva, entre la visión militarizada y estatizada de la gobernabilidad que hoy impera en Cuba, o aquella otra que la concibe como un proceso de reforma revolucionaria hacia una sociedad equitativa y justa, pero también democrática y sustentable.

Vea la versión en pdf http://www.concuba.org/documentos/analisis2_segunda rev.pdf



Males de familia

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El Comandante Cero (siempre a la izquierda) padece de intenso desasosiego. Su hermano está afectado por una irrefrenable melancolía.

Al Comandante Cero lo atormenta su irrelevancia. Castigo divino a la soberbia. Andar dependiendo de otros para cualquier cosa y desplazado del interés público. Cosas veredes, debe repetirse a cada instante. Vive en mundo de fantasía en que imagina que Obama y su Jefe de Gabinete esperan cada amanecer la salida del Granma para leer sus agudas Reflexiones. No obstante, algunos mandatarios se apuran a visitar La Habana. Si tienen suerte y llegan un día en que está presentable podrán verlo y tomarse fotos antes de que se convierta en otro muñeco de algún museo de cera. Ya comienza a serlo. Me cuentan que en la isla a pocos interesaba el rumor de su muerte ni la noticia de su reaparición. En el mundo -¡horror!- todos aclaman y admiran al nuevo Presidente de Estados Unidos. Ingrata que es la gente.

A su hermano, sin embargo, lo atormenta la melancolía. Si viene un chino, canta canciones de la época de Mao. Si va a Moscú, se reúne con círculos de abuelos que ostentan sus medallas de la Gran Guerra Patria. No entiende por qué los chinos le repiten en cada ocasión que su relación con Cuba no está dirigida contra terceros países. Ni la razón por la que Putin le recita -varias en veces en el mismo discurso- que espera que esta vez se cumpla lo acordado. Acuerdos que ni de lejos son los que obtenía La Habana con la URSS y están muy distantes de dar solución a la grave situación nacional. En Angola, Dos Santos le recalca que el desarrollo logrado en ese país africano ha sido alcanzado sin depender de nadie. En Argelia, hace las delicias de un Bouteflika al que no pueden venirle con cuentos porque hace mucho tiempo conoce bien las interioridades e ineptitudes del gobierno cubano. A su salida de Cuba el General declaró que su viaje era muestra de la solidez de su gobierno y de la buena salud que gozaba su hermano. La realidad es otra. Anda -a toda carrera- en busca de aliados petroleros que no se interesen por los derechos humanos ni la democracia, pero resulten más confiables que Hugo Chávez. El problema es que a todos, sin excepción, les interesa que Cuba pague. Ingrata que es la gente.

Al cierre:

El gobierno de Madrid ha protestado -con notable retraso- la resolución adoptada el pasado 11 de julio del 2008 por la Asamblea Nacional del Poder Popular en que expresa su rechazo a la directiva de retorno de inmigrantes ilegales aprobada por la Unión Europea en junio de ese año. Conmovedora solidaridad humana la de la Asamblea Nacional de Cuba con esos emigrantes ilegales extranjeros. Me pregunto cuándo incluirán en su agenda la defensa de los derechos de los migrantes legales cubanos frente a las arbitrariedades y abusos a que son sometidos por su propio Estado. Es asunto de decoro.



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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: [email protected]

 

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