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Después de mí, el Diluvio

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Los lectores de este Blog van a tener que perdonarme su extensión en esta ocasión. Estamos ante circunstancias oscuras que pueden ser presagio de nuevas tragedias y es necesario pensar en ellas.

Hoy existe una gigantesca coalición pro cambio en Cuba, que engloba a los más amplios sectores de la población y algunos del gobierno, dejando desmarcados a los pocos que se resisten a alterar el status quo. Unos promueven cambios para comenzar un nuevo capitulo en la historia nacional; otros para que no se llegue a cerrar el que hoy se vive. En ese contexto, Fidel Castro ha optado por ser el líder de la “micro fracción” opuesta al cambio.

La elite de poder en Cuba necesita asegurar la gobernabilidad y sabe que solo hay tres herramientas para ello: la represión, la cooptación –antes por medio de la adhesión ideológica y hoy por temor al “enemigo”- y la integración por vía de generar prosperidad cotidiana. Al hacerse crítica la necesidad de supervivencia, la gente puede llegar a perder el miedo a la represión e incluso al “enemigo”.

El gobierno necesita con urgencia vencer el escepticismo generalizado. También requiere un marco de distensión para que sus proyectos –aun si se tratase de reformas graduales y controladas- puedan prosperar. Es en este punto donde las iniciativas de algunos actores extranjeros involucrados en el conflicto cubano pueden complicar las cosas. Pero, ¿cuán “externo” es el origen de algunas de esas posibles complicaciones? El ahora anciano, pero incorregible caudillo, pudiera estarse dedicando a alentar sucesos que descarrilen sus proyectos.

Según ha declarado el Presidente Hugo Chávez fuentes de inteligencia venezolanas y “de otros países” le han alertado de una inminente agresión colombiana y ha movilizado por ello a su maquinaria de guerra para enfrentarla. Dudo que esas fuentes –si realmente existen- sean ecuatorianas, bolivianas, nicaragüenses, iraníes, chinas, o incluso cubanas. Un examen serio de las actuales circunstancias del gobierno colombiano, del contexto regional y de la sobrecargada agenda de la actual Administración en la Casa Blanca, -cuando se aproxima una elección presidencial y una recesión en ese país-, no permitirían a ningún analista llegar a tan arriesgada conclusión aunque tuviese indicios aislados que le preocupasen.

El Presidente venezolano fue más lejos aun. Ya está, virtualmente, en pie de guerra. Sus acciones podrían ser tomadas de ese modo por otros. Movilizó a sus fuerzas armadas y pidió a los países de la región que retirasen sus fondos de los bancos de EEUU cuando ese país está en la antesala de una recesión. También reclamó a los gobiernos del ALBA que integrasen con urgencia sus fuerzas militares y de inteligencia. “Si se meten con uno de nosotros se meten con todos”. Y poco después declaraba que si la oposición en Venezuela lograba ganar las alcaldías en las elecciones previstas para dentro de unos meses, el “2009 sería el año de guerra”. No satisfecho con todo eso, aseveró que “Si a Hugo Chávez le toca entregar el gobierno en 2013, no lo hará a un contrarrevolucionario, porque si no, vendría la guerra”. Más claro ni el agua: el resultado del recién celebrado referéndum ya puede considerarse cuestionado. Como todo aquel que presente una candidatura contra la suya –sea comunista o anticomunista- es para él un contrarrevolucionario, el presidente venezolano ha venido a declarar sin ambigüedad posible que no entregara a nadie el poder. Qué relevancia tiene perder un referéndum cuando bastan las bayonetas (“vendría la guerra”).

Tiendo a pensar que detrás de bambalinas, conectado de algún modo con estos hechos, se encuentra el gran “Maestro” en la política de confrontación como medio para justificar la congelación del status quo y manipular apoyos populares, movilizando la patriotería. En el caso cubano recurrió repetidamente a enturbiar las aguas cada vez que se amansaban. Lo hizo con Angola cuando el Presidente Ford había levantado ya el embargo a las subsidiarias de empresas de EEUU en terceros países, y La Habana se llenó de Chevrolets, sabiendo que con esa acción, además, torpedeaba el proceso de distensión entre la URSS y EEUU. La Guerra Fría había sido un buen negocio para La Habana desde su perspectiva. Si bien esa acción protegió a Angola del régimen de África del Sur, el análisis de sus iniciativas posteriores indica que no era esa altruista causa lo que realmente lo decidió a emprenderla en aquella ocasión. Lo volvió a hacer con Etiopía –está vez para intervenir en un conflicto entre dos países africanos-, cuando Jimmy Carter le informó de sus planes para avanzar hacia el restablecimiento de relaciones en su mandato presidencial. Insistió en ese curso al dar inicio al éxodo del Mariel en el momento en que Carter se jugaba su reelección frente a Reagan. Lo repitió con Clinton, también al jugarse su reelección, cuando derribó las dos avionetas que sabía desarmadas, pese a que la Casa Blanca le aseguraba que no aprobaría la Helms Burton y deseaba ampliar las conversaciones bilaterales. Insistió en sus maniobras para volar todo puente de entendimiento alternativo cuando a los pocos días de abrirse, por primera vez, una oficina de cooperación de la Unión Europea en Cuba, lanzó la redada de detenciones más grande desde el preludio de la invasión por Bahía de Cochinos.

El Comandante es un experto en iniciar acciones que descarrilan negociaciones y arrastran a todos a confrontaciones que le faciliten someter a los demás a la disciplina del nacionalismo y la patriotería.

No me resulta difícil, por haber sido testigo cercano de algunos de esos hechos, imaginarlo alimentando fantasías y paranoias en otros presidentes aliados e instándolos a actuar sobre la base de una interpretación distorsionada de la realidad. Basado en sus dotes de manipulador, pudiera estar lanzado a una maniobra de doble propósito. Por un lado recuperar la popularidad de Chávez y justificar que asuma poderes de emergencia nacional para que, sobre esa base, imponga lo que no logró por vía del referéndum. Por la otra, cerrarle, a los aún timoratos reformistas gubernamentales –de manera definitiva-, la posibilidad de futuras alianzas externas con fuerzas progresistas, pero moderadas, como Brasil o con bloques como la Unión Europea.

Su reciente y oscura disquisición sobre el error de Stalin al no decidirse a movilizar sus tropas, pese a los alertas que le había enviado un agente de inteligencia soviético desde Japón acerca de la inminencia de una invasión alemana, cobra nuevo significado en esta coyuntura. Solo que Venezuela, Colombia y el contexto regional y mundial en el siglo XXI no son los de la URSS y Alemania en 1941. Las informaciones de Sorge tampoco tenían el propósito de enturbiar las aguas entre ambos países. Alemania era ya un régimen totalitario y expansionista cuando Stalin suscribió con Hitler un pacto de no agresión.

Hay pronósticos errados que una vez aceptados como verdades invitan a otros a obrar en consecuencia. Es lo que en inglés llaman “a self-fulfilling prophecy”. Si bien Colombia no tendría razón para intervenir militarmente en Venezuela, expandiendo con ello su ya compleja guerra civil, sus Fuerzas Armadas, al verse frente al despliegue venezolano, pueden llegar a suponer que Chávez pretende atacarlos y se decidan a actuar, basados en esa suposición, con una escalada militar. En situaciones en las que los actores distorsionan las pretensiones de los demás, en un contexto cargado de tensiones y desconfianzas, lo que no era cierto puede transformarse en realidad como resultado de los errores de interpretación de todos o de un hecho fortuito que actúa como catalizador. Relean la historia del estallido de la Primera Guerra Mundial y verán lo que sucede cuando se confunden conjeturas con realidades.

“En río revuelto ganancia de pescadores”. Fidel Castro fue siempre un apostador arriesgado a la hora de revolver las aguas y pescar beneficios sin que el río llegase a desbordarse y lo ahogara. La filosofía del Comandante era la de sacar ventajas materiales a su bien calculada participación en la Guerra Fría con las que compensar su total ineptitud para construir una economía eficiente. La de Raúl Castro pudiera ser otra: la de generar eficiencia económica y alejarse de los conflictos internacionales para sacar dividendos a la paz en lugar de a la guerra.

Pero, si como es previsible, Chávez resulta menos brillante que el Maestro para sacar ventajas políticas internas a su danza al borde del abismo y la guerra de veras se desencadena, ¿cuáles van a ser las consecuencias para Cuba de esa aventura?

Si el hermano convaleciente y su ciego discípulo venezolano arrastran a todos a una conflagración de insospechada magnitud y consecuencias, se dinamitarían los puentes internacionales alternativos para anclar los posibles proyectos del actual gobierno de La Habana. También tendría el gobierno cubano que enfrentar el actual estado subjetivo de la población. Me pregunto si el pueblo del 2008 es el mismo de 1962 cuando la Crisis de Octubre. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que oficiales y reclutas de la FAR se van a envolver gustosos en el pabellón venezolano y marchar a morir por culpa de la incontinencia verbal de Hugo Chávez?

Nadie sabe si ya hay tratados militares suscritos entre los dos países, además de los civiles que aparecen en la prensa. Nadie sabe la magnitud, naturaleza y misión de la actual presencia militar cubana en Venezuela hoy día, ancladas en un país de creciente conflictividad interna y exterior. Un fósforo inoportuno puede iniciar un incendio de grandes proporciones y trágicas consecuencias para los cubanos involucrados en este episodio por vía de su temerario caudillo.

Aunque, si viene el cataclismo, ¿qué puede importarle a quien ya vive prestado cada día? No hay Plan B para salir de esa tormenta una vez que se desate. Ni el anciano aventurero, ni su admirador venezolano lo tienen. No pueden tenerlo porque simplemente no existe esa posibilidad.

Lo sensato es que la elite de poder cubana acabe de comprender que la amenaza más clara e inmediata a sus intereses – y a los del pueblo, en este caso- no radica en Washington ni Miami, sino en un anciano, siempre proclive a la aventura y el voluntarismo, que sigue contando con algunos admiradores tan influyentes como inexpertos en el manejo de crisis internacionales.

Lo cierto es que si Cuba necesita del petróleo de Venezuela, Hugo Chávez también depende de su alianza con la isla. Precisa de médicos, asesores civiles, militares y sobre todo del capital simbólico que desea heredar de lo que fue una revolución. La elite de poder cubana tiene cartas suficientes para imponer cordura a sus aliados, siempre y cuando no se someta ella misma a los delirios de quien puede hundirlos de manera definitiva antes de partir de este mundo.

Como dijo Mariela Castro: ha llegado el momento de que se deje cuidar. Y yo agrego: para que todos, sin excepción, podamos cuidarnos de él en tan delicadas circunstancias. Cortarle la cuenta telefónica con ETECSA sería una contribución importante a la paz regional.



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Sobre este blog

La sociedad cubana ante el cambio

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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco96@gmail.com

 

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