No queremos limosnas
Juan Antonio Blanco | 17/04/2009 17:32
Así declaró Fidel Castro en una Reflexión sobre las recientes medidas humanitarias de Obama. Tiene mucha razón: los cubanos no queremos limosnas.
Vale la pena, entonces, destacar las limosnas que rechazamos y lo que demandamos incondicionalmente del gobierno cubano.
No queremos que “flexibilicen gradualmente” las normas migratorias y de viajes. Demandamos la supresión de los permisos de entrada y salida del país, el derecho a migrar y retornar libremente, la liberación de los parientes que tienen de rehenes sin permitirles la reunificación familiar y el cese de todas las represalias contra los que desean migrar hacia el exterior o dentro de Cuba.
No queremos que nos “autoricen” a mantener contactos con nuestros familiares. Demandamos la abolición del pago de trámites para ir a nuestro propio país, el reconocimiento del uso de pasaportes de aquellos países donde somos ciudadanos, la reducción de tarifas telefónicas y de los impuestos sobre remesas, las cuales son las más altas del Hemisferio Occidental y de las más caras del mundo.
No queremos que se amplíe “gradualmente” el uso “social” de Internet. Demandamos ejercer el derecho a acceder a la red de redes mundial –no al controlado Intranet- sin “filtros”, pagando en moneda nacional y desde cualquier parte del territorio nacional, incluyendo los hogares.
No queremos que se entreguen tierras en “usufructo” por diez años, donde no se puede residir para labrar la tierra. Demandamos una verdadera reforma agraria que entregue los latifundios estatales improductivos a quienes los hagan producir.
No queremos “autorización” para adquirir celulares y acceder a hoteles. Demandamos que la moneda nacional sea una sola y que los precios de esos y todos los servicios se correspondan con los niveles del salario medio y su poder adquisitivo.
No queremos una política informativa “más critica y abierta”. Demandamos el libre acceso a todas las fuentes de información por medio de la TV satélite e Internet y el derecho a diseminar criterios e informaciones por esas vía y en la prensa nacional sin esperar ser reprimidos por ello.
No queremos que el Partido y el Estado nos “autoricen” cada cierto número de años a decir lo que pensamos sin temer represalias. Demandamos la inmediata e incondicional cancelación de toda la legislación represiva que tipifica como delitos contra la seguridad del Estado y como “propaganda enemiga” y “diversionismo ideológico” la expresión de cualquier criterio que no sea del agrado de los funcionarios.
No queremos “canjes” de presos por conveniencias políticas. Demandamos la revisión de todas las leyes y decretos vigentes -a la luz de los estándares establecidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Pactos sobre Derechos Políticos y Civiles y sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales-, acompañadas de una revisión de todas las sanciones contra personas que, habiendo sido acusadas de delitos comunes o políticos no han cometido crimen alguno a la luz de esas normas, por lo que deben ser liberadas, cancelados sus antecedentes penales y compensadas por la arbitrariedad cometida en su contra.
No queremos que el Estado nos siga prometiendo que va a mejorar los empobrecidos niveles de vida que hoy sufrimos. Demandamos que nos liberen de las leyes que impiden al ciudadano tomar iniciativas económicas personales o familiares para su autosostenimiento y que a la vez provean productos y servicios al resto de la sociedad.
No queremos que el gobierno siga prometiendo reponer las pérdidas y reconstruir las viviendas a los damnificados de los ciclones. Demandamos que se respete su derecho a recibir ayuda directa de cualquier país, institución o persona que desee prestársela.
La lista no es exhaustiva, pero de ella se deriva una conclusión simple. Los pasos dados la pasada semana por la Administración Obama son concretos y benefician de manera instantánea a millones de cubanos, mientras que los pretendidos “cambios” que se asocian a Raúl Castro se han producido a cuenta gotas por casi tres años, y constituyen hasta hoy inaceptables limosnas ofrecidas al ciudadano de a pie en la isla.
Estas son algunas de las demandas soberanas del pueblo cubano. A diferencia del levantamiento del embargo, no dependen de discusiones y decisiones de un parlamento extranjero. Tampoco de “gestos” de nadie. Esperan apenas por el acatamiento de la voluntad popular de parte del gobierno que pretende representarla.
Apoyar esas exigencias -en lugar de mendigar o agradecer limosnas- es un servicio a la defensa de la soberanía nacional. En defensa del único legitimo y genuino soberano que es el pueblo cubano.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 17/04/2009 18:05
La Gran Estafa
Juan Antonio Blanco | 29/12/2008 1:34
El mayor estafador de estos tiempos no es el financiero Bernard Madoff. Ha sido Fidel Castro por más de cincuenta años.
Es cierto que todo proceso político convoca a una mezcla de genuinos creyentes con elementos oportunistas e inescrupulosos. Sin olvidar el modo en que contribuyeron las circunstancias históricas de la época, sería inapropiado menospreciar el papel jugado por las habilidades de este personaje para atraer personas o multitudes colmadas de buenas intenciones. Muchos todavía no se han enterado, o no tienen siquiera idea, de la magnitud del engaño del que han sido víctimas. Otros no desean enterarse. Es duro llegar a la vejez habiendo extraviado el sentido de la existencia y perdido el tiempo de vida en pos de una farsa. Se requiere lucidez y coraje para admitir el error y ser leal a valores humanistas permanentes en lugar de a aquellas instituciones, líderes y consignas que se apropiaron de ellos.
Aun cuando otras muy graves acciones se le imputan al todavía Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, es pertinente, en el cincuenta aniversario de su ascenso al poder absoluto, repasar su récord como estafador de primera línea.
Entre los timados se encuentran:
Aquellos luchadores contra el dictador Fulgencio Batista que no siendo comunistas creyeron arriesgar su vida para restablecer y hacer cumplir a plenitud la Constitución de 1940 - socialmente la más avanzada de la región en aquel tiempo- siendo después de 1959 brutalmente encarcelados, fusilados o desterrados, cuando denunciaron el nuevo rumbo que se imprimía al proceso.
Los religiosos, a los que persiguió y discriminó a pesar de que él ostentó crucifijos y rosarios en la Sierra Maestra y asistió a misa de acción de gracias en los primeros días de enero de 1959.
Los que lo siguieron apoyando, aun después de declararse marxista leninista en 1961, creyendo que implantaría un socialismo “diferente” y libertario, siendo luego reprimidos, políticamente excluidos o socialmente marginados.
Los nacionalistas cubanos, a quienes se presentó como paladín de la soberanía frente a la ideología anexionista –simbolizada, al nacer la República, por la aceptación de la Enmienda Platt y la instalación de la Base Naval de Guantánamo- para luego ceder el uso del territorio nacional a diversas bases militares soviéticas desde 1962 hasta el 2002 e imponer la cláusula constitucional de 1976 que obligaba a la eterna alianza con la URSS.
El pueblo, al que prometió “libertad con pan y pan sin terror”, fórmula de la que hasta hoy sólo garantizó el último componente después de tres reformas agrarias, la creación del Cordón de La Habana, la Brigada Invasora Che Guevara, el Cordón Lechero, las UBPC, los organopónicos urbanos y los experimentos con Ubre Blanca.
La familia cubana, a la que prometió que no se vería dividida nunca más por la necesidad de emigrar, para luego escindirla y enfrentarla por motivos ideológicos, lo que en una sociedad sin libertades y signada por la escasez crónica alentó sucesivas olas migratorias a las que impuso el destierro mediante la “salida definitiva del país”.
Los países y empresas -socialistas y capitalistas- a los que solicitó créditos y recursos, que nunca tuvo la intención de pagar, por un monto similar o superior al estafado por Madoff.
Los funcionarios, académicos e intelectuales cubanos que creyeron- cuando se transformó la geopolítica mundial al caer la URSS- en su disposición a reorientar el país hacia un socialismo democrático, participativo y eficiente, siendo luego anatematizados por sus propuestas aperturistas al rebasarse lo peor de la crisis.
Los organismos multilaterales, a los que nutre de estadísticas manipuladas que ocultan los actuales niveles de pobreza, retraso y desigualdad existentes en Cuba así como el actual desastre de la educación y salud pública en la isla.
La opinión pública latinoamericana, a la que sigue presentándose como líder de la “heroica resistencia al feroz bloqueo yanqui” cuando el “país enemigo” es hoy su quinto socio comercial y principal suministrador de alimentos a la isla, que hoy importa alrededor del 80% de sus necesidades en ese campo.
Los liberales norteamericanos, a los que ha hecho creer que el embargo se ha mantenido sólo por las gestiones políticas del exilio, cuando él, para asegurar su vigencia, ha saboteado en varias ocasiones y de forma deliberada diversas posibilidades reales de distensión con Washington.
Los académicos, periodistas, políticos, artistas y escritores de cualquier latitud geográfica o ideológica, a quienes ha hecho creer que todavía existe una Revolución Cubana, próxima a cumplir 50 años de edad, cuando el proceso que triunfó en 1959 fue sustituido hace varias décadas por una sociedad posrevolucionaria y totalitaria.
El país que despertó aquel primero de enero de 1959 funcionaba, prosperaba, expandía sus clases medias, y ocupaba un lugar cimero en la región por sus índices de urbanización y consumo, así como por tener avanzadas tecnologías de comunicaciones y una amplia infraestructura y transporte. También contaba con una sociedad civil compleja y vibrante. Incluso algunos de los significativos problemas sociales existentes (desigualdad de oportunidades, índices de analfabetismo y mortalidad infantil, racismo, elevado desempleo, corrupción administrativa) eran en aquel momento de menor magnitud a los que entonces mostraban muchos otros países latinoamericanos y del Caribe. Los desafíos estructurales –excesiva dependencia de Estados Unidos para el comercio, inversiones y tecnologías- requerían nuevas políticas de diversificación económica enmarcadas en un plan de desarrollo nacional, en un país donde el capital nativo había crecido hasta el punto de que ya comenzaba a ser exportado.
Lo que esperaba el pueblo no era que una camarilla de supuestos iluminados destruyera los mecanismos de creación de riquezas, centralizara todo el poder y suprimiese el pluralismo y la democracia. Se creía haber luchado para que el proceso revolucionario, tras poner fin a la dictadura batistiana, hiciera valer la soberanía nacional entendida como la libérrima expresión de la voluntad popular. En cambio, Fidel Castro trajo a Cuba la variante totalitaria del socialismo de Estado no por razones dogmáticas ni con el afán de equilibrar la balanza frente a Estados Unidos, sino por ambiciones y egoísmo personales que sólo pueden ser satisfechos con el disfrute de un poder totalmente centralizado y omnímodo. Fue por ello que sustituyó la soberanía popular por su poder absoluto y el pluralismo por el imperio de sus caprichos personales.
No hay que esperar por la Historia para juzgar el legado de Fidel Castro. Las nuevas generaciones de cubanos – incluidos los hijos de muchos de los dirigentes históricos del proceso de 1959- han emitido ya su voto con los pies. No se marchan sólo porque el presente es insoportable sino porque no creen que la isla tenga porvenir bajo el sistema actual. No ven la viabilidad del país después de sacrificios innombrables e incontables pagados puntualmente por sus padres y abuelos. Quieren, simplemente, escapar del paraíso prometido a sus antecesores hace cincuenta años. Desean vivir en libertad y disfrutar las oportunidades que ofrece una sociedad moderna que refleje el cambio de época que hoy experimenta la humanidad. Su proyecto personal no es vegetar hasta hacerse viejos en una burbuja de totalitarismo y retraso en medio del siglo XXI.
Fidel Castro se apropió -para servir sus propios fines- de los legítimos sueños, sacrificios y esperanzas de millones de personas que alguna vez depositaron su fe en él. Estafa y robo de tal magnitud es imperdonable y no admite comparaciones. No sólo ha arruinado por medio siglo al país, sino que todavía representa hoy el principal obstáculo a cualquier cambio, sea humanitario o sustantivo, para abrir las verjas del futuro.
A todos los afectados de uno u otro modo por este personaje, les deseo un feliz 2009.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 30/12/2008 4:50
Deporte y Sociedad
Juan Antonio Blanco | 24/03/2009 0:06
Tags: deporte, logros socialistas, libertad, Fidel Castro
Hace algo más de dos décadas el deporte cubano era un oasis de eficiencia en una sociedad maldecida por la ineptitud crónica y extensiva. No sólo en baseball y boxeo sino también en otras especialidades deportivas los cubanos acudían a eventos internacionales a cosechar medallas. En gran medida, el caudillo se limitaba a asegurarles a los atletas condiciones de entrenamiento equiparables a las del deporte profesional y presentarlos internacionalmente como amateurs. Pero aún más importante fue haberles limitado la interferencia política a la apropiación de sus triunfos para mostrarlos como “logros de la Revolución y evidencia de la superioridad del socialismo”.
¿Recuerdan cómo eran las cosas entonces? A diferencia de la llamada política de cuadros en la que la incondicionalidad ideológica y personal era valorada por encima de la eficacia, en los deportes existía una política de promoción que acompañaba al atleta desde su selección en el municipio hasta su integración al equipo nacional. También a la inversa de lo que ocurría en el resto del país, en los deportes regía la transparencia en torno a las decisiones. Las promociones eran determinadas por el rendimiento del deportista, cuya carrera era seguida no sólo por los dirigentes del ramo sino por toda la prensa y la afición. Si un pitcher de larga y exitosa trayectoria perdía el control sobre los bateadores del equipo contrario en cualquier juego, lo mandaban al banco sin contemplaciones, mientras que cualquier ministro podía hundir un sector productivo o de servicios durante décadas sin que nadie pudiera chistar. Cuando se sufría una derrota se analizaban en detalle las fallas propias que pudieran haber provocado ese desenlace en vez de culpar las condiciones climáticas o las conspiraciones del enemigo. En contraste con la represión ejercida contra toda opinión autónoma en cualquier otra esfera de la vida nacional, los fanáticos y comentaristas deportivos gozaban de una amplia libertad de expresión para criticar, opinar y proponer lo que creyeran pertinente en periódicos, estaciones de radio y TV, ómnibus, parques y calles. En la esfera deportiva nada era “políticamente incorrecto” salvo lo que condujese a la derrota.
Esa libertad permitió el desarrollo del deporte, que entonces era competitivo y eficiente, en un país al que la ausencia de libertades había condenado a la incompetencia y retraso endémicos. Incluso en este campo es posible verificar la veracidad de la tesis de Amartya Sen sobre el vínculo que existe entre la libertad y el desarrollo. La presencia de libertades políticas y civiles facilita las tareas del desarrollo en tanto que su ausencia se transforma en significativo estorbo a las tareas económicas y sociales.
Por aquel entonces –para suerte del deporte cubano- el “máximo líder” prefería dedicar su tiempo a inventar un nuevo tipo de ganado, construir pedraplenes, expandir el riego con microjet, realizar campañas militares de ultramar o llamar al III Mundo a no pagar su deuda externa. En otras palabras, tenia otras cosas con las que entretenerse. Ahora, para desgracia de nuestros peloteros, el caudillo multioficio dispone de tiempo suficiente para amargarles la existencia. Ya se denuncian conspiraciones imperiales detrás de cada derrota, lo más importante en la selección de deportistas no es su rendimiento sino la certidumbre de que regresen a la isla y el tiempo dedicado a entrenar en el terreno hay que compartirlo con el que se dedique a círculos de estudios sobre las reflexiones del Manager en Jefe.
Lo cierto es que Fidel Castro parece empeñado al final de su vida en derruir el “logro socialista” del deporte, como ya hizo antes con los sistemas de educación y salud. Atrás van quedando los años en que esa esfera de la vida nacional era un extraño oasis de libertad, competitividad y eficiencia.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 24/03/2009 0:13
¿Derechos de los inmigrantes?
Juan Antonio Blanco | 21/10/2008 4:26
Me pareció formidable que el canciller cubano dijese a la Troika de la Unión Europea que su gobierno quisiera incluir en la discusión sobre la situación de los derechos humanos en Cuba la de los inmigrantes en Europa. Como Felipe Pérez Roque no tiene un mandato global de ninguna institución multilateral para representar a millones de inmigrantes radicados en el Viejo Continente, sus palabras han abierto la puerta para que se ponga sobre la mesa la situación específica de los migrantes cubanos. Aquellos que migran desde la isla para devenir inmigrantes y desterrados en múltiples destinos y regiones geográficas. Es acerca de ellos y sus derechos sobre lo que puede conversar el canciller. Muchos esperamos sus explicaciones.
Discutir la situación de los derechos humanos de los migrantes supone el examen integral de los atropellos a que son sometidos tanto por el país del que salen ( emisor) como por aquel al que llegan ( receptor). El caso cubano promete un diálogo interesante.
Los interlocutores europeos de Pérez Roque pueden responder su solicitud con un listado de preguntas tan específicas como incómodas.
Algunas interrogantes que pudieran planteársele al canciller cubano en su reunión con la Unión Europea son las siguientes.
¿Por qué el cubano que desea viajar o migrar tiene que pedir un permiso de salida al gobierno de su país, además de la visa al que desea viajar?
¿Por qué existe un status de salida definitiva para aquellos que desean probar fortuna en otras latitudes y no cuentan con el beneplácito del gobierno?
¿Por qué su aspiración de emigrar se transforma en destierro al serle impuesta la salida definitiva y tener que solicitar permiso para visitar el país en que nació?
¿Por qué se le confiscan todas sus propiedades y pertenencias, incluso antes de salir del territorio nacional?
¿Por qué no son públicas y trasparentes todas las leyes, regulaciones y “orientaciones” –verbales y escritas- que norman los procesos y casos migratorios?
¿Por qué el gobierno que rompió lanzas por la reunificación de Elián González con su padre impide la de otros familiares con sus parientes en el exterior, incluso cuando el país receptor les ha extendido las correspondientes visas?
¿Por qué el gobierno que reclama de Washington que levante las restricciones a sus ciudadanos para que puedan ir de turistas a Cuba impide con frecuencia que personas en grave estado de salud puedan ser visitadas por sus parientes radicados en el exterior -como ocurrió en el caso de Celia Cruz al fallecer su madre- aunque ya sean ciudadanos de otro país?
¿Por qué los trámites migratorios se cobran a precios desmedidos para el salario medio cubano?
¿Por qué la empresa telefónica cubana tiene una de las tarifas más altas del planeta para llamadas de larga distancia, complicando de ese modo la comunicación entre familias en un país donde la tasa de conexión a Internet es una de las más bajas del mundo?
No es una lista exhaustiva, pero permite dar comienzo a esa interesante conversación a la que ha invitado Pérez Roque al sacar un tema en que el gobierno de Cuba tiene techo de cristal.
En realidad la mejor pregunta sería otra. ¿Por qué no arreglan Cuba para que no salgan tantos cubanos hacia Europa y cualquier otro destino pese a no tener una Ley de Ajuste Cubano que los beneficie al llegar? Desde África hasta Alaska, desde Europa hasta Sri Lanka y Australia, pasando por el Medio Oriente, los isleños se las han ingeniado para “escapar y resolver”.
Los cancilleres de la Unión Europea deberían disponer de la traducción a sus respectivos idiomas de las palabras de Fidel Castro el 4 de enero de 1959 en Camagüey. Podrían entonces orientar que sea sobre esa base que se conduzca la discusión con el canciller cubano sobre el tema que él mismo ha propuesto.
Cito:
¿Cómo vamos a decir: “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada? “Mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.
¡Eso no es patria!
Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo. Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo. Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.
Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Y eso es verdad y ustedes lo saben.
Luego, hay que arreglar la República. ¿Aquí algo anda mal o todo anda mal?
(Cita tomada del sitio oficial de Cuba http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/. Apúrense a verlo allí antes que de lo quiten).
La respuesta que el público dio a gritos aquel día fue: “Todo”. Lo mismo pudiéramos gritar hoy, cuando se aproxima el 50 aniversario de aquel discurso.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 21/10/2008 15:21
No queremos limosnas
Juan Antonio Blanco | 17/04/2009 17:32
Así declaró Fidel Castro en una Reflexión sobre las recientes medidas humanitarias de Obama. Tiene mucha razón: los cubanos no queremos limosnas.
Vale la pena, entonces, destacar las limosnas que rechazamos y lo que demandamos incondicionalmente del gobierno cubano.
No queremos que “flexibilicen gradualmente” las normas migratorias y de viajes. Demandamos la supresión de los permisos de entrada y salida del país, el derecho a migrar y retornar libremente, la liberación de los parientes que tienen de rehenes sin permitirles la reunificación familiar y el cese de todas las represalias contra los que desean migrar hacia el exterior o dentro de Cuba.
No queremos que nos “autoricen” a mantener contactos con nuestros familiares. Demandamos la abolición del pago de trámites para ir a nuestro propio país, el reconocimiento del uso de pasaportes de aquellos países donde somos ciudadanos, la reducción de tarifas telefónicas y de los impuestos sobre remesas, las cuales son las más altas del Hemisferio Occidental y de las más caras del mundo.
No queremos que se amplíe “gradualmente” el uso “social” de Internet. Demandamos ejercer el derecho a acceder a la red de redes mundial –no al controlado Intranet- sin “filtros”, pagando en moneda nacional y desde cualquier parte del territorio nacional, incluyendo los hogares.
No queremos que se entreguen tierras en “usufructo” por diez años, donde no se puede residir para labrar la tierra. Demandamos una verdadera reforma agraria que entregue los latifundios estatales improductivos a quienes los hagan producir.
No queremos “autorización” para adquirir celulares y acceder a hoteles. Demandamos que la moneda nacional sea una sola y que los precios de esos y todos los servicios se correspondan con los niveles del salario medio y su poder adquisitivo.
No queremos una política informativa “más critica y abierta”. Demandamos el libre acceso a todas las fuentes de información por medio de la TV satélite e Internet y el derecho a diseminar criterios e informaciones por esas vía y en la prensa nacional sin esperar ser reprimidos por ello.
No queremos que el Partido y el Estado nos “autoricen” cada cierto número de años a decir lo que pensamos sin temer represalias. Demandamos la inmediata e incondicional cancelación de toda la legislación represiva que tipifica como delitos contra la seguridad del Estado y como “propaganda enemiga” y “diversionismo ideológico” la expresión de cualquier criterio que no sea del agrado de los funcionarios.
No queremos “canjes” de presos por conveniencias políticas. Demandamos la revisión de todas las leyes y decretos vigentes -a la luz de los estándares establecidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Pactos sobre Derechos Políticos y Civiles y sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales-, acompañadas de una revisión de todas las sanciones contra personas que, habiendo sido acusadas de delitos comunes o políticos no han cometido crimen alguno a la luz de esas normas, por lo que deben ser liberadas, cancelados sus antecedentes penales y compensadas por la arbitrariedad cometida en su contra.
No queremos que el Estado nos siga prometiendo que va a mejorar los empobrecidos niveles de vida que hoy sufrimos. Demandamos que nos liberen de las leyes que impiden al ciudadano tomar iniciativas económicas personales o familiares para su autosostenimiento y que a la vez provean productos y servicios al resto de la sociedad.
No queremos que el gobierno siga prometiendo reponer las pérdidas y reconstruir las viviendas a los damnificados de los ciclones. Demandamos que se respete su derecho a recibir ayuda directa de cualquier país, institución o persona que desee prestársela.
La lista no es exhaustiva, pero de ella se deriva una conclusión simple. Los pasos dados la pasada semana por la Administración Obama son concretos y benefician de manera instantánea a millones de cubanos, mientras que los pretendidos “cambios” que se asocian a Raúl Castro se han producido a cuenta gotas por casi tres años, y constituyen hasta hoy inaceptables limosnas ofrecidas al ciudadano de a pie en la isla.
Estas son algunas de las demandas soberanas del pueblo cubano. A diferencia del levantamiento del embargo, no dependen de discusiones y decisiones de un parlamento extranjero. Tampoco de “gestos” de nadie. Esperan apenas por el acatamiento de la voluntad popular de parte del gobierno que pretende representarla.
Apoyar esas exigencias -en lugar de mendigar o agradecer limosnas- es un servicio a la defensa de la soberanía nacional. En defensa del único legitimo y genuino soberano que es el pueblo cubano.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 17/04/2009 18:05






