Diáspora: ¿conflicto intergeneracional?
Juan Antonio Blanco | 23/12/2008 2:40
Tags: Diáspora, generaciones, migrantes, exilio, destierro
La proximidad de las fiestas navideñas me devuelve al tema de la familia cubana. El interesante artículo de Yaxis Cires Dib, Juventud y emigración, (Cubaencuentro; 22/ 12/ 2008) conecta con ese tópico e invita a profundizar en las diferencias generacionales de la diáspora cubana. Sin embargo, me gustaría sugerir que, en este caso, usáramos un concepto diferente al de daño antropológico para propiciar el inicio de un diálogo intergeneracional. Demasiadas investigaciones académicas y encuestas se han encargado hasta ahora de resaltar las diferencias.
Las generaciones no son buenas o malas; sanas o dañadas; normales o anormales. Son, simplemente, diferentes. Si se dice que la nueva generación viene “dañada” habría que preguntarse de cuáles daños estaba afectada la que precedió y abrió espacio a la actual situación cubana. Si unos salen “dañados” del manicomio sin rejas que hoy es la isla, ¿qué podría decirse de quienes contribuyeron a edificarlo desde la época republicana? ¿No eran daños antropológicos el mesianismo, la fe puesta en la aparición de grandes “salvadores” en lugar del fortalecimiento de las instituciones democráticas, el culto a la violencia, la intolerancia política y otras lindezas que padecieron las generaciones anteriores? Debiéramos ser prudentes al emitir opiniones sobre cualquier generación, sea anterior o posterior a aquella a la que pertenecemos.
Sobre las actitudes “políticas” de la diáspora cubana reitero los siguientes criterios:
1- Los únicos que, eventualmente, pueden ser llamados "emigrados" son los que tienen el PRE (“permiso de residencia en el exterior”) quienes constituyen una minoría dentro de la diáspora cubana. Son ellos los que pueden salir y entrar al país, así como residir fuera, sin que sus propiedades sean confiscadas. Sus actitudes y conducta tienden a diferir de las del resto de los cubanos en el exterior, sea por convicción o conveniencia.
2- Los que pueden ser considerados "exiliados" son aquellos que huyeron o se marcharon de Cuba por considerar -de manera consciente- que sus ideas, conductas y aspiraciones sociales son incompatibles con el modelo de sociedad que impone el régimen que allí prevalece. No obstante, este sector defiende - por principio- su derecho como ciudadanos cubanos a visitar o radicarse nuevamente en la isla, aunque no tengan incluso interés en ejercerlo. Una parte de ese exilio es políticamente activo (de forma personal u organizada) y otra no. Unos expresan de manera pública sus ideas y otros prefieren reservárselas. El exilio organizado y activo constituye hoy una fracción también minoritaria de la diáspora cubana.
3- La inmensa mayoría de la diáspora la compone una masa de desterrados, no por opción propia, sino por decreto gubernamental ("salida definitiva"). Para no pocos de ellos -a diferencia de muchos de los exiliados- volver a su país a seguir viviendo bajo el mismo régimen "sin decir ni hacer nada que les busque problemas mientras estén afuera” sería una opción aceptable. Sin embargo, afirmar que son por ello "apolíticos" constituye una valoración arriesgada. Si no se suman a las organizaciones del exilio es, en parte, porque no desean “marcarse” ante el respectivo consulado y exponerse a que se les niegue el “permiso de entrada” para visitar a sus familiares en Cuba. Pero también porque no han encontrado en estas organizaciones ninguna propuesta que atienda sus demandas (que son muy limitadas y específicas), ni conectan emocional o intelectualmente con sus plataformas y discurso. La condición de desterrados y los abusos financieros a que el régimen los somete en unión de sus familias -costos de llamadas y remesas, aduanas, pasaportes, altos precios en los shoppings-, tienen, sin embargo, naturaleza política y representan su zona de fricción principal con el actual régimen Pero esos no son temas prioritarios para un exilio que prefiere hablar de la "solución final". Para algunos de sus miembros, limitarse a llamar la atención acerca de estos temas humanitarios -que países neocomunistas como China y Vietnam han ya trascendido- es ser apolítico, cobarde o incluso "traidor".
Lo dicho más arriba no pretende juzgar las actitudes de unos y otros, sino constituye apenas un intento por apuntar y comprender algunas de las diferencias generacionales dentro de la diáspora. Es comprensible que aquellas personas de anteriores generaciones -que vieron sus familiares fusilados o sufrieron largas condenas de cárcel- no entiendan la lógica de algunos de esos desterrados, quienes ni siquiera están dispuestos a defender sus demandas humanitarias inmediatas si calculan que ello les supone algún riesgo. Pero muchos miembros de esa nueva generación creen, en términos prácticos, que el sacrificio de las anteriores –cuya magnitud no siempre conocen ni entienden del todo- fue improductivo, ya que el régimen al que se enfrentaron sigue en pie. Si Pablito Milanés les pregunta hoy a los revolucionarios cubanos "¿Valió la pena?", estos nuevos desterrados le presentan la misma interrogante al exilio. Eso duele tanto en La Habana como en Miami. Y el dolor fomenta rencores y nuevas incomprensiones intergeneracionales.
Sería provechoso que los miembros de diversas generaciones de cubanos hoy radicados en el exterior dialogasen sobre sus experiencias y perspectivas. Es muy posible que descubran zonas de consenso que no son subrayadas en las encuestas de opinión. Mientras tanto, "no juzgarás" es, en este tema, un mandamiento de pertinente recordación a propósito de las Navidades.
¡Felicidades a todos!
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 23/12/2008 18:34
El serrucho del saboteador
Juan Antonio Blanco | 22/01/2009 2:16
Tags: spoilers, doables, negociaciones, oposicion interna, pueblo cubano. Obama, conflicto, conversaciones, Cuba, Estados Unidos, exilio, diálogos
Existen quienes serruchan la mesa antes de sentarse en ella. Son los que enmascaran el sabotaje a cualquier acuerdo posible e inmediato que conduzca a la solución de un conflicto bajo la imagen de que abrazan los más caros principios y objetivos del grupo al que pertenecen. Para ellos lo más importante es impedir, empantanar o descarrilar el proceso desde el inicio. Conscientes de la pérdida de legitimidad que ante la opinión publica -y muchos de sus propios seguidores- supondría oponerse a toda conversación, diálogo o negociación, dicen estar abiertos a esas opciones, pero buscan el modo de hacerlas imposibles o de garantizar su fracaso.
Estos aguafiestas (spoilers) están siempre presentes en cualquiera de los bandos en pugna. Son instituciones o personas que consideran que sus intereses están mejor resguardados con la prolongación del conflicto que con avanzar hacia su solución. Anteponen sus intereses individuales a aquellos del grupo que dicen representar. Para silenciar entre sus propios seguidores las voces que insistan en buscar salidas al conflicto, se apropian de los sacrificios pagados por el grupo (“¿qué le vamos a decir a nuestros mártires si ahora cedemos en esto o aquello?”). A ese pretendido “principismo”, -enarbolado de manera hipócrita en función de intereses que no responden a los de todo el grupo, sino a los de los propios saboteadores-, agregan una alta dosis de maximalismo (“para hablar de cualquier cosa o llegar a cualquier acuerdo, primero el enemigo debe deshacer, de manera íntegra e incondicional, todo lo que consideramos nos perjudica”).
Los saboteadores de todo diálogo saben que el modo de poner en marcha un proceso gradual de desmontaje de cualquier conflicto es iniciarlo abordando cuestiones específicas, factibles de solución. Las partes nunca podrán avanzar en nada si declaran que sin la previa, total e incondicional, capitulación definitiva de uno u otro bando no es posible siquiera conversar. Es por ello que esa es una de las tácticas favoritas de los saboteadores.
Cuando honradamente se desea explorar la posibilidad de poner fin a una confrontación prolongada, lo primero que se impone es hacer la lista de cosas posibles de ser resueltas en breve plazo (los llamados doables). El listado se ordena según la complejidad que el tema plantea para su abordaje e inmediata solución. Primero se discuten las cosas más sencillas y luego se avanza hacia las complicadas. Cada asunto abordado y resuelto de ese modo genera confianza adicional entre las partes y una dinámica que incita a ampliar el listado de doables avanzando de ese modo hacia la definitiva superación del conflicto. Pretender otorgar prioridad a los asuntos más espinosos o de difícil solución a corto plazo, ha sido siempre una estrategia del saboteador.
Una nueva Administración, que prioriza la diplomacia y el diálogo sobre la fuerza y la confrontación, ha arribado a la Casa Blanca. Entre los grupos del exilio y la oposición interna las posturas no violentas, favorables a soluciones negociadas, pasan a primer plano. Y el pueblo cubano se ha pronunciado alto y claro a favor de una reforma revolucionaria de la sociedad cubana que, para serlo, ha de ser radical, libertaria, inclusiva y democrática. Sería deseable que en La Habana no continuara predominando la lógica preconizada hasta ahora por el Saboteador en Jefe y su microfracción de inmovilistas. Evocando a Lennon, podría afirmarse que hay que dar un chance a la paz...y la properidad del país. Ya es hora.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 22/01/2009 2:51
Males de familia
Juan Antonio Blanco | 09/02/2009 21:46
Tags: Putin, Boutflika, Dos Santos, migrantes cubanos, Fidel Castro, Raúl Castro, Obama, Asamblea Nacional
El Comandante Cero (siempre a la izquierda) padece de intenso desasosiego. Su hermano está afectado por una irrefrenable melancolía.
Al Comandante Cero lo atormenta su irrelevancia. Castigo divino a la soberbia. Andar dependiendo de otros para cualquier cosa y desplazado del interés público. Cosas veredes, debe repetirse a cada instante. Vive en mundo de fantasía en que imagina que Obama y su Jefe de Gabinete esperan cada amanecer la salida del Granma para leer sus agudas Reflexiones. No obstante, algunos mandatarios se apuran a visitar La Habana. Si tienen suerte y llegan un día en que está presentable podrán verlo y tomarse fotos antes de que se convierta en otro muñeco de algún museo de cera. Ya comienza a serlo. Me cuentan que en la isla a pocos interesaba el rumor de su muerte ni la noticia de su reaparición. En el mundo -¡horror!- todos aclaman y admiran al nuevo Presidente de Estados Unidos. Ingrata que es la gente.
A su hermano, sin embargo, lo atormenta la melancolía. Si viene un chino, canta canciones de la época de Mao. Si va a Moscú, se reúne con círculos de abuelos que ostentan sus medallas de la Gran Guerra Patria. No entiende por qué los chinos le repiten en cada ocasión que su relación con Cuba no está dirigida contra terceros países. Ni la razón por la que Putin le recita -varias en veces en el mismo discurso- que espera que esta vez se cumpla lo acordado. Acuerdos que ni de lejos son los que obtenía La Habana con la URSS y están muy distantes de dar solución a la grave situación nacional. En Angola, Dos Santos le recalca que el desarrollo logrado en ese país africano ha sido alcanzado sin depender de nadie. En Argelia, hace las delicias de un Bouteflika al que no pueden venirle con cuentos porque hace mucho tiempo conoce bien las interioridades e ineptitudes del gobierno cubano. A su salida de Cuba el General declaró que su viaje era muestra de la solidez de su gobierno y de la buena salud que gozaba su hermano. La realidad es otra. Anda -a toda carrera- en busca de aliados petroleros que no se interesen por los derechos humanos ni la democracia, pero resulten más confiables que Hugo Chávez. El problema es que a todos, sin excepción, les interesa que Cuba pague. Ingrata que es la gente.
Al cierre:
El gobierno de Madrid ha protestado -con notable retraso- la resolución adoptada el pasado 11 de julio del 2008 por la Asamblea Nacional del Poder Popular en que expresa su rechazo a la directiva de retorno de inmigrantes ilegales aprobada por la Unión Europea en junio de ese año. Conmovedora solidaridad humana la de la Asamblea Nacional de Cuba con esos emigrantes ilegales extranjeros. Me pregunto cuándo incluirán en su agenda la defensa de los derechos de los migrantes legales cubanos frente a las arbitrariedades y abusos a que son sometidos por su propio Estado. Es asunto de decoro.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 09/02/2009 21:56
El otro “ajuste cubano”
Juan Antonio Blanco | 27/10/2009 2:09
El país necesita un “ajuste cubano” al siglo XXI. Una transformación medular que libere las fuerzas productivas y reconstruya los mecanismos generadores de prosperidad. Mientras ese “ajuste cubano” no se produzca en la isla, los ciudadanos seguirán buscando el modo de acogerse a la ley de Ajuste Cubano en Estados Unidos o de probar fortuna en otra nación.
En un artículo publicado el domingo pasado, la revista Palabra Nueva de la Arquidiócesis de La Habana, hizo un llamado al General Raúl Castro a liberar "toda la energía acumulada'' y "todo el talento restringido'' de los cubanos. El texto afirma sin ambages: "Es cierto que el talento abunda en la sociedad cubana. Pero en buena medida es un talento restringido, atado, reo de las mismas estructuras y políticas que lo crearon. En ocasiones se pierde, y en otras se debate en la impotencia y el sufrimiento, porque nada hiere más al talento que la imposibilidad de mostrarse y rendir frutos''. Cierto.
Recuerdo “a quien pueda interesar” que las energías y el talento restringido y perdido no se limitan a los once millones de cubanos residentes en la isla sino incluye a los otros dos millones de su diáspora. Cientos de miles de talentos se perdieron cuando fueron desterrados de por vida al imponérseles, de forma unilateral, la llamada “salida definitiva del país”. Hoy ya no es Estados Unidos el principal obstáculo a la inyección de capital y talentos al desarrollo nacional que puede aportar la diáspora. Son las leyes vigentes en Cuba las que siguen obstaculizando esa posibilidad.
No pienso exclusivamente en los grandes capitales que poseen algunos cubanos a quienes se les priva del derecho de invertir en su país como hacen los extranjeros. Más bien tengo en mente los miles de millones de dólares en remesas que podrían ser capitalizables si se abriese a los cubanos la posibilidad de emprender sus propias iniciativas económicas. También recuerdo los miles de profesionales, hoy en el destierro, que podrían contribuir en la reconstrucción de los mecanismos generadores de la prosperidad nacional una vez que ello se haga posible.
Levantar el bloqueo a la iniciativa económica individual y a la libertad de movimiento son medidas que tendrían un impacto inmediato en el elevamiento del bienestar de las familias cubanas. Es hora de que Cuba se aleje de las políticas restrictivas que en esos renglones comparte en exclusiva con Corea del Norte, nación en la que ya han conducido a más de una hambruna. Cuando se liberen las “energías acumuladas” y “talentos restringidos” a los que se refiere la revista Palabra Nueva los cubanos podrán, finalmente, poner todo su ingenio e iniciativa en desarrollar la nación en vez de tener que usarlos para construirse anfibios en los que huir del lugar donde nacieron.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 27/10/2009 2:14
OBAMA Y EL CAMBIO DE ÉPOCA
Juan Antonio Blanco | 09/11/2008 21:37
Tags: soft power, Internet, Collin Powell, elecciones en Estados Unidos, Obama, Fidel Castro, Hugo Chávez
Barack Hussein Obama es presidente de Estados Unidos. El antiamericanismo, como ideología del odio simplista y ramplón, ha recibido un golpe de alcance planetario. El soft power estadounidense –más poderoso que sus hoy comprometidos ejércitos y finanzas- inicia un proceso de recuperación con la nueva Administración que se inaugurará en enero próximo. Obama puede restaurar el espíritu que dio origen a la frase “Hoy todos somos americanos”, que recorrió el mundo cuando el ataque al World Trade Center y que Bush hizo añicos en muy breve tiempo. No le será fácil, pero es posible.
Barack Obama es el primer presidente afroamericano. Pero no es un líder negro. Es un líder carismático americano. Su programa va más allá de la reivindicación de un grupo racial. No es administrador, es un innovador. Collin Powell lo ha llamado una personalidad de estatura transformacional para eludir la palabra “revolucionaria” que hoy es anatema en la cuna de todas las revoluciones modernas.
Obama se propone traer a la democracia americana una transformación posmoderna de gran alcance. Ya lo hizo en alguna medida. Por eso pudo imponerse en las primarias contra Hillary Clinton. Apoyándose en Internet y con una estrategia de comunicación directa con las bases fundó un movimiento nacional propio, constituido por múltiples redes de apoyo político. Basándose en el trabajo de activistas y las modestas recaudaciones de millones de ciudadanos pudo liberarse de las limitaciones financieras, controles políticos y manipulaciones mediáticas del establishment del Partido Demócrata. La World Wide Web le permitió recaudar más dinero para su campaña que el que nunca antes en la historia recibieron los políticos estadounidenses de las grandes corporaciones privadas. Nadie ha sabido aprovechar mejor que Obama el fenómeno político posmoderno de la nueva era de la información.
Decir que ganó las elecciones por el desastroso desempeño de George W. Bush o sus dotes oratorias es negarle estatura. Pese a la verdad que encierran ambas observaciones debe tenerse presente que ganó porque ofreció algo nuevo a lo que el resto de los candidatos de ambos partidos ofertaban. De nada sirve ser buen orador – sea Fidel Castro o Barack Obama- si el mensaje no conecta con las aspiraciones coyunturales de quienes lo reciben , o se sospecha que quienes lo emiten son parte de un paradigma obsoleto al que volverán tan pronto sean electos. Un orador pésimo como Hugo Chávez pudo al inicio abrirse paso por vía democrática –la que hoy intenta cerrar- porque sacó partido al largo resentimiento contra una oligarquía y clase política insensibles a las necesidades de las mayorías. En Cuba, Fidel Castro dejó de ser un líder carismático mucho antes de su actual convalecencia, cuando su discurso se divorció de los intereses e idiosincrasia del pueblo que antes lo recibió con los brazos abiertos.
Los estadounidenses intuyen que el régimen de gobernanza político y económico que hoy los regula está en crisis. Quieren un nuevo capitalismo con un New Deal que no sea una réplica del de Franklyn Delano Roosevelt, sino que se ajuste a las realidades de este siglo XXI. No les asustan los líderes carismáticos porque saben que los pilares centrales de su democracia –separación de poderes, libertades políticas y civiles, poder judicial independiente- gozan todavía de buena salud y son capaces de controlar a quien intente barrerlos por buen orador que sea. Es precisamente por ellos que un candidato negro como Obama pudo competir y ser electo presidente. Estados Unidos en el 2008 no es comparable con aquella Cuba que en 1959 adolecía de grandes debilidades en su institucionalidad democrática.
El desafío que se le presenta a Obama es cómo hacer uso eficaz de las instituciones democráticas para desarrollar políticas –domésticas e internacionales- en interés de la nación en su conjunto, incluyendo a los que no votaron por él, y no sólo de un sector de funcionarios, políticos o financieros en Wall Street. Esa no es tarea exclusiva de un presidente , sino de una nueva generación dispuesta a abandonar el cinismo y escepticismo sobre la virtud de la política. A ella se enfrentará una parte muy poderosa del sector privado y de la clase política estadounidense, tanto del Partido Republicano como del Demócrata. No es poca cosa. Pero el reto principal para Obama es el de aprender a mirar la realidad desde una nueva perspectiva y saber trasmitir a otros esa cualidad. Esta campaña electoral apenas ha sido el primer paso en esa dirección. Pero por ser el primero es trascendental.
En 1776 la Revolución Americana imaginó y materializó un nuevo mundo dando paso a un cambio de época. ¿Puede Estados Unidos en el siglo XXI generar el imaginario y sentar los fundamentos de un nuevo sistema democrático de gobernanza nacional e internacional con la misma ingeniosidad con la que inventó la democracia moderna, el régimen multilateral de relaciones internacionales posterior a la II Guerra Mundial y la tecnología de Internet que ha transformado el modo en que interactuamos a cualquier escala?
Estamos inmersos, desde mediados del pasado siglo, en un nuevo proceso civilizatorio generado por la acelerada revolución de las tecnologías de información y comunicaciones. El tránsito planetario hacia otros regímenes de gobernanza nacionales e internacionales será difícil y convulso – incluso violento- y puede tomar hasta mediados del presente siglo. Transformar mentalidades y luchar contra intereses creados es más complejo y lento que revolucionar las herramientas tecnológicas a nuestro alcance. Pero no es imposible. Incluso se vuelve ineludible.
Lo que acaba de ocurrir en Estados Unidos es síntoma de la complejidad del proceso histórico de transformación mundial que hoy experimentamos. Las mejores intenciones de Obama no tienen el éxito garantizado. ¿Quién puede dudarlo? Pero haber aceptado el reto de promover cambios –y los peligros que eso conlleva- ya le ha ganado al nuevo presidente el respeto de amplias mayorías dentro y fuera de Estados Unidos.
Los que hasta el último minuto apostaron en La Habana a que “el negro” nunca sería electo – y trataron de contribuir a su derrota en Florida manipulando la traumatizada psiquis del exilio cubano- ahora apuestan a que lo asesinen, o, al menos, cometa errores de tal magnitud que pierda su atractivo político. No están solos. En Moscú, Teherán y Caracas, por mencionar algunos, hay quienes comparten su incredulidad y parecen dispuestos a enfrentarlo a una temprana crisis para sacar partido de su inexperiencia, tal y como antes hiciera la URSS con John F. Kennedy.
Desde una perspectiva política, Obama no es un presidente débil. Muy por el contrario, su presidencia goza hoy de un consenso nacional e internacional que neutraliza a sus enemigos. Es además poseedor de un carácter e inteligencia excepcionales. Aquel que lo desafíe puede contribuir a galvanizar y consolidar de manera definitiva la simpatía interna e internacional que ya existe en torno a su presidencia, quizás en mayor medida que cuando “el joven e inexperto” John F. Kennedy salió airoso del reto que le presentó la Crisis de los Cohetes en octubre de 1962. Si se lanzan a esa aventura, les arriendo las ganancias.
A los racistas -de “izquierdas” y "derechas"- mi más sentido pésame.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 10/11/2008 0:12







