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¿Rock sí, clásica no?

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¿Alguien en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos tendría la amabilidad de explicar bajo qué lógica es permisible el concierto de Juanes en una plaza pública en Cuba (que no era una plaza cualquiera), pero no el de la Orquesta Filarmónica de New York en un teatro?

¿Pudieran decirnos por qué razón ese concierto entra en conflicto con los intereses de Washington, pero no sucedió igual cuando la misma orquesta fue autorizada a tocar en Corea del Norte, país todavía en guerra con Estados Unidos? Nunca se ha dado fin oficial al enfrentamiento bélico entre ambos`países, y Corea, además de poseer un programa de armas nucleares, acostumbra a sorprendernos lanzando misiles que siempre se sabe de dónde salen pero ni quienes los lanzan pueden pronosticar dónde van a caer.

Recuerdo la anécdota de aquel (i)responsable de cultura de un pueblo cubano que cuando se dio cuenta de que la música que tocarían los artistas que visitarían su población no era muy popular, movilizó a las masas con carteles que exhortaban, “El domingo a bailar y a gozar con la Sinfónica Nacional”. ¿Hay alguien en la OFAC que crea que ya el pueblo cubano bailó y gozó con Juanes y no hay que facilitar que lo haga todos los meses? ¿Es demasiada pachanga? Explanation someone, please!



¿Bases militares “malas”?

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El antiamericanismo es para algunos sectores condición inexcusable para poder clasificar como políticamente correctos. Para esa izquierda binaria sólo merita condenarse aquellas violaciones de derechos humanos realizadas por gobiernos amigos de Estados Unidos. Eso lo sabíamos. Lo novedoso es que ahora nos dicen que hay bases militares “buenas” y otras “malas”.

Cuando hace menos de un año Hugo Chávez y Raúl Castro invitaron a las fuerzas navales y aéreas de Rusia a que viniesen con sus misiles y submarinos nucleares a carenar en sus puertos y aterrizar en sus bases aéreas no recuerdo que la voz indignada de ningún mandatario de la región se alzara para denunciar aquellas acciones. Tampoco cuando dejaron correr los rumores de que podrían asignarles aeropuertos y otras facilidades para que de manera continua se produjesen visitas similares. Aquello no fue motivo de inquietud entre los que hoy corren a exigir explicaciones a Colombia por la concesión de bases militares a Estados Unidos para monitorear, con armamento convencional, los movimientos del narcotráfico regional vinculado al terrorismo.

Si pretenden posar de progresistas deberían demandar que América Latina y el Caribe sean definitivamente declaradas zonas libres de armas de exterminio masivo, terrorismo, narcotráfico y de todas las bases o presencia militar extranjera. Debieran cooperar política y militarmente en la erradicación definitiva de aquellos grupos que enarbolando la bandera de la justicia social han hecho del narcotráfico, el secuestro de personas y los atentados terroristas contra ciudadanos inocentes su verdadera profesión. Y debieran permitir que inspectores internacionales reportasen de forma sistemática e independiente si todos cumplen o no lo estipulado.

¡Basta ya de demagogia barata, señores!



Siempre el Totí

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Al decir de la última “Reflexión” del oráculo cubano, Honduras es hoy un país “ocupado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”. Se refiere a la existencia de la base de Soto Cano (Palmerola), bajo completa jurisprudencia hondureña, que obedece a un acuerdo de 1954. Curioso. Bajo esa lógica pudiera afirmarse que Cuba estuvo ocupada por el Ejército Rojo por cuatro décadas, desde 1962 hasta la retirada del último oficial y soldado ruso en el 2002.

Cuando se instalaron a lo largo de toda Cuba numerosas bases soviéticas - de cohetes nucleares, defensa antiaérea, unidades mecanizadas, artillería nuclear y convencional- el que ahora funge como oráculo les cedió el control total sobre los territorios que ocuparon. Los políticos y militares cubanos no podían entrar a ellas ni controlar las decisiones que tomasen ya que venían de Moscú. Su instalación en el territorio nacional fue verbal, sin mediar tratado ni discusión alguna con las instituciones nacionales sobre las consecuencias de aquella decisión. De ese modo arbitrario llegaron y luego fueron retiradas unilateralmente cuando a la URSS primero y a Rusia después les vino en gana.

Rebiya Kadeer, la exiliada uigur, a quien los políticos chinos ahora acusan de liderar la revuelta de esa etnia en Xinjiang, lo dijo con claridad: los regímenes totalitarios siempre acusan a una entidad externa de sus problemas. Si es en el Tibet, el acusado es el Dalai Lama. Si el problema es con una minoría musulmana como los uigur, la culpa es de Al Qaeda y la Sra. Kadeer. Lo mismo ocurre en América Latina. Si se depone a un presidente aliado de Fidel Castro y Chávez en Tegucigalpa, los totalitarios cargan la culpa a Estados Unidos y Carlos Alberto Montaner. Como Zelaya y su familia han tenido que agradecer el constructivo papel jugado por Washington y su embajada, ahora La Habana se concentra en Montaner.

El intelectual cubano ha devenido en el demonio favorito de la propaganda cubana desde la desaparición de Jorge Mas Canosa. Una suerte de Super Totí y baby killer al que pueden responsabilizar de cualquier cosa que no les guste o salga mal. Sea el otorgamiento de un premio internacional a una blogger independiente, la deposición de Manuel Zelaya en Honduras o el deterioro del sistema de salud en la isla.

El modus operandis de la actual propaganda contra Montaner me trae a la memoria la experiencia de un oficial de la llamada sección de medidasactivas de la Dirección General de Inteligencia Cubana. Al entonces joven y creativo oficial, le dieron la importante tarea de preparar un libro dirigido a desacreditar la imagen de Mas Canosa cuando el líder del exilio se encontraba en la cima de su popularidad e influencia. Al concluir su “obra” se imprimieron decenas de miles de ejemplares con la intención de distribuirlos en todo el planeta. Para su sorpresa, Fidel Castro en el último minuto vetó el libro.

Según me explicó el consternado oficial, el Máximo Líder consideró un error narrar la biografía y mostrar fotos de Mas Canosa. Por muchas distorsiones y mentiras que pudieran escribirse de la trayectoria del exiliado cubano, al final resultaba “humanizado”. El ente incorpóreo de Mas Canosa resultaba más útil a Fidel Castro que la historia de cómo un exiliado común y corriente llega a convertirse en una personalidad influyente. Era mucho mejor mantenerlo como un implacable Satanás al que los creyentes, para salvar sus almas, han de lanzar piedras como hacen aquellos islámicos que visitan la Meca en Arabia Saudita.

Ahora –sin dejar de lado a Estados Unidos aunque lo presida Obama- le toca el turno de “Gran Satán” a Carlos Alberto Montaner. Si cada vez que el oráculo lo dispone usted no lanza sus piedras contra el escritor cubano será declarado “políticamente incorrecto”. Su alma se perderá sin redención posible.



¿Qué están cocinando?

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Cuba, con 1,233 kilómetros (766 millas) de longitud es la isla más larga del Caribe. Pero resulta ser que unos pretendidos balseros, al verse supuestamente a la deriva, se las ingeniaron para recalar directamente frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba. Dijeron haber tenido roturas en su “embarcación”, una suerte de flotador que no les habría permitido navegar ni en el Laguito del antiguo Country Club. Allí los esperaban un grupo de policías. Uno de ellos declaró a viva voz –para asegurar ser escuchado por todos los presentes- que estas personas no tendrían ningún problema porque salir ilegalmente del país no constituye delito.

Para algún ignorante de la realidad isleña lo ocurrido ese día en el malecón habanero pudiera ser interpretado como un hecho, casual y pintoresco, que demuestra la generosidad del gobierno cubano con aquellos que abandonan su paraíso. Pero en este caso no hay que ser mal pensado para desconfiar de las apariencias.

Cuba se adentra nuevamente en el verano. Época de calores pegajosos, temperamentos irritados y tormentas tropicales. Tiempo de balsas y explosiones sociales de diversa magnitud. Esta vez el verano le llega a un pueblo que esperó tres años por la pretendida Nueva Política Económica de Raúl para arribar al Nuevo Periodo Especial de Fidel. Un pueblo que ya no cree que el embargo sea causa principal de sus problemas cotidianos y que expresa más simpatía por el actual presidente de Estados Unidos que por el suyo.

George W. Bush, en su momento, mandó un discreto y sobrio mensaje a los hermanos Castro. Librando dos guerras simultaneas, en Afganistán e Irak, Estados Unidos consideraría un éxodo masivo desde la isla como una deliberada acción diversionista de sus fuerzas militares en la costa Este. Por lo tanto, como un intolerable acto de guerra para beneficio de sus enemigos. Lo tomaron en serio. Muy en serio.

Raúl Castro hizo en aquel tiempo el insólito anuncio de que sus tropas colaborarían en atrapar y devolver a los marines de la Base Naval de Guantánamo cualquier prisionero que escapase de allí. De aquel lugar al que la prensa y discursos cubanos siempre se refieren como “ese pedazo del territorio nacional usurpado por el imperialismo yanqui”. Tanto se inquietaron que en el 2003 decidieron “en juicio sumario y ejemplarizante” fusilar a tres individuos que intentaron una salida ilegal amenazando con hacer uso de la fuerza. De habérseles aplicado el Código Penal aquel hecho les hubiera supuesto una pena máxima de ocho años de cárcel.

Los hermanos Castro querían dejarle claro a Bush que – a diferencia de lo sucedido cuando Camarioca, el Mariel o el éxodo de 1994- no eran ellos quienes alentarían y facilitarían como antes a cientos de miles de desesperados a lanzarse al mar desafiando el mal tiempo, los barcos sobrecargados y los tiburones. La purga semi oficial de “desafectos” que aproximadamente cada 15 años orquestaba y facilitaba el gobierno cubano parecía haber llegado a su fin.

Entonces, ¿a qué viene ahora este barato montaje en que un policía recuerda a la población, al inicio de un potencial verano caliente, que no constituye delito embarcarse -sin pedir pasaportes, permisos ni visas- hacia Estados Unidos?

¿Qué están cocinando esta gente en La Habana? ¿Están probando a Obama? ¿Quieren chantajearlo durante las próximas conversaciones migratorias con el fantasma de un incontenible éxodo? ¿Quieren orquestar una crisis migratoria para mostrarlo debilucho y humillarlo? ¿Desean acaso obligarlo a dar una respuesta, como cuando en 1996 el derribo de las avionetas abrió la puerta a la aprobación de la Ley Helms Burton y puso fin a cualquier intento de mejorar las relaciones bilaterales en el segundo mandato de Clinton?

Estados Unidos sigue sosteniendo dos guerras simultáneas y nadie ha derogado la advertencia de la Administración Bush sobre el significado militar que la Casa Blanca y el Pentágono atribuirían a la orquestación deliberada de un éxodo masivo cubano sobre su costa Este.

Dialogar y tender la mano no es cosa de “mariconzones” como siempre ha supuesto el Reflexionador en Jefe. Obama no es un líder indeciso y dispone de una amplio abanico de opciones diplomáticas y coercitivas con las que enfrenta a sus enemigos.

Sería bueno que recordasen que el mismo presidente que siempre ofrece el diálogo como opción preferible y primera no dudó un segundo en ordenar a los francotiradores de la Marina que liquidaran a los piratas somalíes y dispuso que la Fuerza Aérea de Estados Unidos dispare sus cohetes sobre Al Qaeda en Afganistán y Paquistán. Aunque la guerra sigue cobrando víctimas inocentes, la combinación de una mejor inteligencia sobre los movimientos de los líderes talibanes y la existencia de una nueva generación de misiles con GPS de alta precisión permite cada vez más a Washington pasarle la cuenta a enemigos específicos, con nombre y apellidos.Fue, por cierto, Ronald Reagan quien primero individualizara el uso esas nuevas tecnologías al emplearlas en un golpe quirúrgico contra la residencia privada de Muammar al-Gaddafi.

En resumen, ni el país es el mismo de épocas anteriores, ni el cambio de presidente en Estados Unidos supone un cambio en el significado que Washington atribuiría a un nuevo éxodo cubano en las actuales circunstancias. Abrir la opción negociadora no supone para Obama someterse al vapuleo de sus adversarios. No debieran olvidarlo.



Gestos, ¿hacia quién?

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Los representantes del gobierno cubano ya han comenzado a repetir la consigna del Reflexionador en Jefe: Cuba no tiene que hacer ningún gesto hacia Estados Unidos. Todas las concesiones, a su entender, han de ser unilaterales y deben satisfacer a plenitud las demandas de La Habana.

Curioso por partida doble. Por un lado le exigen a Obama que en tres meses cambie la política de medio siglo pero después de tres años de medidas irrelevantes en la isla, ellos responden que los cambios en Cuba tienen que venir “poco a poco”. Por otro lado, eso altera lo dicho por Raúl Castro en su viaje a Brasil cuando declaró que “esta vez” avanzar en las relaciones bilaterales supondría un proceso de “gesto por gesto”. ¿Otro malentendido?

Al parecer, el búnker habanero, pese a declarar lo contrario, no acepta todavía ningún diálogo genuino. Hablar no es dialogar. Oír, no es escuchar. Y lo que exige La Habana es la capitulación unilateral e inmediata del enemigo. Quizás esa sea la táctica para asegurar el inmovilismo. Pero podrían equivocarse.

El potencial de relaciones bilaterales no se reduce a las enmarcadas en el intercambio entre ambos gobiernos. Ese fue el error de George W. Bush. Están las que se desarrollan entre los cubanos en la isla y los radicados en Estados Unidos, y las que pudieran expandirse de nuevo entre instituciones de la sociedad civil norteamericana y grupos, individuos e instituciones –reconocidas legalmente o no por el Estado- asentadas en Cuba.

Si las relaciones bilaterales entre gobiernos se tornan lentas o paralizan se puede avanzar a diferente y mayor velocidad en el conjunto de relaciones pueblo a pueblo y cubano a cubano.

Estados Unidos puede continuar haciendo gestos unilaterales hacia los habitantes de la isla y sus parientes en el exterior sin tener que hacer concesiones unilaterales al gobierno cubano. Los esfuerzos por mejorar la relación bilateral pueden ser menos centrados en los gobiernos -mientras se haga imposible avanzar en ese campo- y concentrarse más en facilitar la relación pueblo a pueblo y entre cubanos en la isla y la diáspora.

Obama ya tuvo un gesto unilateral hacia los cubanos y cubano-americanos al levantar las restricciones estadounidenses que obstaculizaban el flujo normal de sus relaciones mutuas. Fidel Castro se negó a hacer otro gesto equivalente hacia sus súbditos. Reafirmó así la actual política que hace de las remesas y llamadas a Cuba las más caras del hemisferio occidental y a esa isla una rareza planetaria donde los nacidos en ella requieren permisos para salir o entrar al país.

Millones de cubanos recién obtuvieron una mejoría gracias a la decisión de Obama y tomaron nota de que el altanero caudillo rehusaba complementar el gesto estadounidense hacia ellos con otro similar. Ganancia para Obama; pérdida para el caudillo.

Cada paso no correspondido que dé Estados Unidos en favor de los cubanos –aunque no pueda materializarse a plenitud por ser bloqueado por el gobierno de la isla- contribuirá a revelar ante la población, la diáspora y los gobiernos de otros países quién desea beneficiar al pueblo de esa isla y quién pretende aferrarse al status quo a expensas de su sufrimiento.

Washington tiene un amplio campo para mejorar su credibilidad y aprecio entre los cubanos, sin tener por ello que hacer concesiones unilaterales hacia el gobierno de los hermanos Castro. El presidente Obama puede continuar aportando fórmulas diversas dirigidas a ayudar al ciudadano de a pie y dejar que sea el gobierno cubano el encargado de encontrarle un problema a cada solución. Que sean Fidel y su hermano quienes “bloqueen” los gestos unilaterales hacia los cubanos que pueda hacer Obama. Si desean correr la suerte de Chacumbele, ese es su problema. Dejémoslos.

De insistir el gobierno cubano en congelar las relaciones gubernamentales exigiendo la capitulación de su oponente es muy posible que Washington se lo conceda. El asunto no es de naturaleza prioritaria ni estratégica para Estados Unidos. Más allá de la retórica que ocasionalmente se despliegue en algún foro multilateral, los gobiernos que condenan el embargo, salvo dos o tres excepciones, no van a supeditar el progreso de sus relaciones bilaterales con Washington a que lo levanten. Ese es el a, b, c, del llamado realismo político. El mismo que los inhibe de sumar su voz a las denuncias por violaciones de derechos humanos en la isla.

Es el gobierno cubano el que tiene que decidir si desea o no hacer uso de la actual ventana de posibilidades para avanzar hacia una mejor relación con su vecino o prefiere sabotearla de nuevo. De optar por lo primero entonces ha de dejar la tribuna y las consignas por el sosegado ambiente de una mesa privada de diálogo. Es ahí y no en la Plaza ni en el Granma donde “todo, todo”, debe discutirse.

Dada la edad de Obama y la de los Castro es razonable suponer que si el actual presidente estadounidense resulta reelecto en el 2012 tendrá ya que lidiar con otros dirigentes cubanos que, quizás para entonces, estén preparados a tomarse las cosas en serio. Mientras tanto, Obama puede y debe continuar, con audacia y perseverancia, haciendo gestos hacia quien los merece y aprecia: el pueblo de Cuba.



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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: [email protected]

 

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