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Mejorar el socialismo

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Han anunciado que a fines del segundo semestre del 2009 se realizará el largamente pospuesto VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Se espera que el equipo de gobierno presente en ese evento su proyecto “socialista”.

En las discusiones previas y las que tendrán lugar durante ese cónclave pudieran tenerse en cuenta dos concepciones socialistas diferentes: una libertaria, autogestionaria e incluyente, y otra, totalitaria, estatista y endogámica.

“Mejorar” el actual Socialismo de Estado significaría hacer “arreglos” al actual régimen totalitario de gobernanza, en la esperaza de adquirir un grado de eficiencia que lo haga sostenible, pero sin socializar el poder que hoy monopoliza una elite. Hacerse de una imagen policromada sería otro objetivo de las “mejoras”. Algo así como vestir de hippie a Stalin. Puede que lleguen a reconocer la libertad de empresa y de orientación sexual -que ahora promueven sus hijos- pero siguen refractarios a otras, como las libertades de expresión y asociación.

Sin embargo, “mejorar el socialismo” también puede ser interpretado por los militantes como la necesidad de sustituir el régimen de gobernanza totalitario por otro que tenga presente la advertencia profética de Rosa Luxemburgo:

La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. ( La revolución rusa, Madrid, Castellote, 1975; p. 209- 210)

La pretendida naturaleza “progresista” del régimen cubano hay que medirla no sólo por el número de aulas y médicos, sino también por el trato que se dispensa en las cárceles y por su capacidad para propiciar la convivencia con herejes, disidentes y oposicionistas.

Es de suponer que el gobierno desee evitar situaciones embarazosas cuando el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas realice su programada inspección a la isla en el 2009. Antes de esa visita y del VI Congreso del PCC, hay una agenda progresista que pudiera acometer por razones utilitarias si las éticas no le resultasen suficientes.

Semejante agenda debería incluir la extensión y garantía del cumplimiento de medidas similares a las ya anunciadas por la Fiscalía en la cárcel camagüeyana de Kilo 7 para poner fin a palizas y tratos degradantes. Pese a los traspiés iniciales (un preso fue castigado por exigir que enjuiciaran a los responsables de abusos cometidos anteriormente) quizás estemos presenciando -por las razones que sean- el comienzo de la humanización de las condiciones carcelarias de todos los presos, políticos y comunes. Si ese es el caso, el gobierno debería dar el paso adicional de liberar a dos centenares de opositores pacíficos condenados a más años de cárcel que algunos líderes de las Brigadas Rojas alemanas. La Asamblea Nacional, por su parte, debería acelerar la ratificación de la firma inicial de adhesión dada por Cuba a los dos principales pactos internacionales de derechos humanos. Ese hecho necesitaría a su vez ser acompañado por la revisión y derogación de aquellas partes de la legislación vigente que contradigan lo estipulado en dichos convenios.

Para impulsar esta agenda en los próximos 12 meses quizás fuese oportuno que la Asamblea Nacional reactivase la Comisión ad hoc de Derechos Humanos que disolvieron de facto en 1996 después de su primera reunión.

Una parte de la población –en especial los jóvenes- cree hoy que lo que el país necesita es una democracia liberal representativa con economía de mercado. Otros piden “reinventar” el socialismo en lugar de “mejorar” el existente. Llevan razón. El totalitarismo no es reformable ni “mejorable”. Habrá libertad para todos o no la habrá nunca para nadie. Ni siquiera para los miembros de la elite de poder. Un enfoque interesante sería retomar la premisa inicial de la revolución de 1959: “Libertad con pan y pan sin terror”.

Los comunistas cubanos podrían hacer de su VI Congreso un hito histórico al dar inicio a un proceso de transformación del país hacia una sociedad abierta, soberana, libertaria, democrática, justa y eficiente. Una sociedad decente y vivible que – aun sin etiquetar- siempre estaría más próxima al ideal de Rosa que al de Stalin. Una sociedad de, por y para todos los cubanos. Próxima a Lincoln y Martí.



Somos felices aquí

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"Somos felices aquí". Así rezaba una valla estratégicamente situada en el camino que conduce desde la capital cubana al aeropuerto internacional de Rancho Boyeros. Por el tono no se sabía si era una orden o una aseveración. Quizás era un recordatorio, a titulo de despedida, dirigido a quienes se disponían a tomar un avión para no regresar a aquel “paraíso”.

Hay en este mundo quienes pretenden tener indicadores cuantificables para medir la felicidad. Suelen utilizar datos –cuya veracidad no se molestan demasiado en corroborar- aportados por los propios gobiernos a organizaciones internacionales sobre la tasa de mortalidad infantil, la expectativa de tiempo de vida e índices de escolaridad. Nunca he comprendido por qué no incluyen otros indicadores igualmente mensurables, como las tasas nacionales de emigración y los suicidios. El hecho es que estos inefables “felicitólogos” se niegan a considerar el impacto que tienen sobre la felicidad humana la presencia o ausencia de factores tales como las libertades individuales, estado de derecho, institucionalidad democrática y otros similares que al parecer consideran poco precisos e ideologizados.

Según los gobernantes cubanos, en la isla los que no clasifican como seres “felices” son las inevitables excepciones –desequilibrados que insisten en su necesidad de libertad de opción- que sólo sirven para confirmar la regla. Todos los diplomáticos y delegaciones extranjeras que han recorrido el territorio nacional en estos cincuenta años han podido corroborarlo. Sus visitas, acaba de decirnos el General de Ejército Raúl Castro, han sido diligentemente preparadas de antemano para facilitarles llegar a esa sabia conclusión.

Sin embargo, la terca realidad nos interroga sobre la extraña conducta de miles de compatriotas que huyen anualmente hacia cualquier otro punto del planeta a la primera oportunidad.

Cuando se inició la tímida y mediatizada apertura a la iniciativa privada a partir de 1994, el número de las llamadas “salidas ilegales” descendió sustantivamente sin que Estados Unidos hubiese suprimido su Ley de Ajuste Cubano. La gente creía que podría volver a buscar su felicidad junto a familiares y amigos, en lugar que tener que alejarse de ellos intentando alcanzarla. Al cerrarse el espacio y morir la ilusión, el éxodo tomó nuevos bríos.

Muchos esperaban ahora recuperar la esperanza, pero la recién concluida Asamblea Nacional del Poder Popular solo les anuncia tiempos aún más duros. Nada se dijo que indicase que el estado desalojaría los predios económicos que invadió de manera masiva desde la década de los sesenta del pasado siglo. Nada se aprobó que hiciera posible creer que pronto podría buscarse la felicidad en el territorio nacional sin que el estado definiese el contenido de ese concepto.

En el socialismo de estado cubano hay cada vez más personas que restan importancia a saber leer y escribir, si solo se puede ejercer esa virtud dentro de lo considerado políticamente correcto por el gobierno. O les parece inaceptable que su longevidad sea consumida en una sociedad en la que carecen de todo poder y derechos, salvo el de ser convocados a hacer realidad los sueños de sus gobernantes o aplaudirlos en la plaza pública.

Raúl Castro cree que la gobernabilidad depende de los frijoles y lleva razón. Pero es evidente que insiste en producir alimentos y hacer construcciones a partir de las fuerzas del estado. Desconcentrar decisiones y recursos no equivale a descentralizarlos en favor del ciudadano. Sin liberar la iniciativa privada, individual y cooperativa, no habrá suficientes brazos para producir ni construir.

Pero el asunto es aún más complicado. El problema de fondo es que el leit motiv del ser humano no son tampoco “los frijoles” aunque ellos sean esenciales.

Las personas no somos animalitos que bien cobijados (que no es el caso de muchos cubanos hoy día), bien alimentados (que tampoco lo es) y bien atendida su salud (que cada vez lo es menos) son felices en un paraíso abierto a ingenuos visitantes que lo recorren por rutas cuidadosamente escogidas por sus administradores.

El ser humano necesita ejercer el derecho de definir por sí mismo qué es lo que lo hace feliz. No es papel del estado determinar cuál debe ser el ideal de felicidad de las personas. Su función es “empoderar” a los ciudadanos para que puedan intentar alcanzarla en un marco de iguales oportunidades. Ningún estado hace feliz a nadie, aunque pueden hacerle la vida infeliz a muchos.

El día que realmente se “socialice” –democratizándolo- el inmenso poder que hoy tiene centralizado una cúpula dirigente, los cubanos podrán dar respuesta eficaz a sus necesidades materiales haciendo uso de sus libertades ciudadanas. Y buscaran la felicidad en su propio país. Para entonces, la valla se habrá retirado de la calzada de Rancho Boyeros, porque ninguna sociedad es total y definitivamente feliz y la búsqueda de la felicidad es siempre un proceso inconcluso.



Un voto por la decencia

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Por su trascendecia adelanto a los lectores de Cambio de Época la posición adoptada en sesión extraordinaria por Consenso Cubano en la noche del viernes y que será dada a conocer hoy en comunicado de prensa. Adjunto una lista de las instituciones vinculadas a ese foro.

www.consensocubano.org

DECLARACION DE CONSENSO CUBANO

ANTE LA PRESENTE EMERGENCIA HUMANITARIA EN CUBA

En relación con el desastre causado por el reciente huracán Gustav y la posibilidad de que esta situación se agrave aún más durante la presente temporada , Consenso Cubano declara lo siguiente:

1) Consistentes con los Pilares fundacionales de Consenso Cubano consideramos que estamos llamados a extender una solidaridad incondicional y generosa a nuestras hermanas y hermanos en la isla, guiados exclusivamente por un espíritu humanista y humanitario.

2) Llamamos a Caritas y otras instituciones que gozan de credibilidad ante todas las partes para asumir el liderazgo en esas tareas y al resto a brindarle todo el apoyo en obtener las donaciones y facilitar los envíos y su distribución. Nadie debe intentar politizar la ayuda.

3) Inspirados en nuestra Agenda Humanitaria para la Familia Cubana, nos identificamos y apoyamos sin reserva las iniciativas de solicitar al Presidente de los EEUU que se suspendan, al menos temporalmente, todas las restricciones vigentes en este país que hoy pudieran obstaculizar estos esfuerzos humanitarios e imponen dificultades a las familias afectadas para comunicarse y apoyarse.

4) Solicitamos al gobierno de Cuba que levante, al menos temporalmente, todas las restricciones vigentes que puedan entorpecer u obstaculizar estos esfuerzos humanitarios o impongan dificultades a las familias afectadas para comunicarse y apoyarse. Asimismo que apoye las gestiones de Caritas y otras instituciones humanitarias sin reservas, acepte sus donaciones desinteresadas y tome cualquier otra medida que viabilice esta solidaridad entre cubanos.

Con el más alto espíritu de unidad nacional exhortamos a todos los sectores del destierro cubano a que impulsen estas gestiones humanitarias y exhortamos a todos los cubanos en cualquier parte y a todos los pueblos del mundo a hacer lo mismo.

Septiembre 2008

Miami, Estados Unidos

ORGANIZACIONES QUE FORMAN PARTE DE CONSENSO CUBANO

Partidos políticos

Coordinadora Social Demócrata  
Partido Demócrata Cristiano de Cuba  
Partido Social Demócrata de Cuba  
Unión Liberal Cubana  
   
Instituciones académicas y culturales  
   
Bibliotecas Independientes de Cuba  
Instituto de Estudios Cubanos  
Instituto Jacques Maritain  
   
Otras organizaciones  
   
Acción Democrática Cubana  
Agenda Cuba  
Arco Progresista  
Christian Commitment Foundation  
Comité Cubano Pro Derechos Humanos  
Confederación Campesina de Cuba  
Cuba Study Group  
Flamur Cuba / Federación Latinoamericana de Mujeres (FLAMUR)  
Fundación Nacional Cubano Americana  
Grupo por la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba  
Hermanos al Rescate  
Movimiento Democracia  
Solidaridad de Trabajadores Cubanos  
Todos Unidos  
Women For Human Rights International  
   
Organizaciones que participan en calidad de observadores  
CAUSA  
Proyecto Demócrata Cubano  
Movimiento Cristiano Liberación  
Raíces de Esperanza  


Discútanlo “todo, todo”, con los cubanos

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¿Desliz? Raúl Castro no tiene dominio de las tablas diplomáticas y por eso las pierde a veces. En su visita a Brasil espetó que frente a la Administración Obama La Habana exigiría una lógica de “gesto por gesto”. Ahora declaró en la Cumbre del ALBA, en Caracas, que el gobierno cubano estaba dispuesto a discutir “todo, todo” con el de Estados Unidos. Y para que no cupieran dudas especificó que eso incluía asuntos como el de los presos políticos y los derechos humanos.

 

Pocas semanas antes, el recién estrenado Ministro de Relaciones Exteriores aseguró en público al Comisario europeo Louis Michel que en Cuba no había presos políticos y que se olvidaran de discutir asuntos como el de las prisiones porque correspondían al ámbito de la soberanía nacional. El representante de la Unión Europea marchó de regreso a Bruselas dispuesto a explicar que había que aceptar que la interlocución con La Habana iría muy despacio –no así la cooperación que instó a acelerar junto al abandono de la Posición Común sobre Cuba. El sentido dialéctico de los cubanos –expresado por las palabras de Raúl que anunciaban su disposición a discutirlo “todo”, nada menos que con Estados Unidos- debe haberlo sorprendido de nuevo. Ya le había sucedido en el 2003, cuando pocos días después de inaugurar la primera oficina para la cooperación económica de la Unión Europea con la isla se enteró por la prensa de que se había lanzado la redada más extensa contra disidentes y opositores que hubiese tenido lugar en Cuba desde el preludio del desembarco por Playa Girón. Una operación cuya magnitud requirió de meticulosa “planificación socialista” durante los mismos días en que el Comisario compartía su optimismo con los funcionarios cubanos que lo recibieron afables y “flexibles”.

 

Pero si se trató de un desliz por parte de un militar no acostumbrado al uso de las respuestas codificadas que sabe repetir con soltura cualquier diplomático, lo cierto es que lo dicho, dicho queda. El gobierno cubano –hay que tomar en serio al General- está dispuesto a discutirlo “todo, todo” ... con los americanos. Y eso que se supone que los anexionistas y platistas son los que expresan disidencias respecto a la línea oficial de su gobierno.

 

Pues bien, ha llegado la hora de decirle al gobierno cubano que lo discuta “todo, todo” con el pueblo. Y que acate su voluntad.

 

De tanto repetirlo esos dirigentes han llegado a creer que ellos son la nación y por tanto el soberano. Cuando dicen que exigen respeto a la soberanía nacional lo que realmente quieren decir es que demandan que nacionales y extranjeros acaten la voluntad gubernamental. La suya. Pero resulta que el A, B, C, de la política moderna es que el soberano es el pueblo y es su soberanía y autodeterminación la que hay que respetar. El detalle aquí es que sin libertad el pueblo cubano no se puede “autodeterminar” ni ejercer la soberanía, por lo que la defensa de ambos principios pasa por asegurar primero las libertades básicas al soberano para que pueda comportarse como tal.

 

Si quieren saber lo que piensa y desea consúltenlo en un referendo monitoreado por observadores internacionales creíbles y acompañado de plenas libertades de expresión y reunión para los simpatizantes de una u otra respuesta. Puede comenzarse por una pregunta muy simple ¿Cree usted que al cabo de medio siglo Fidel y Raúl Castro deben ceder sus cargos y jubilarse de la política nacional? Posteriormente podrían celebrarse otras consultas plebiscitarias sobre los siguientes pasos y cambios nacionales a instrumentar una vez que la voluntad del soberano sea escuchada y acatada en relación a esa primera cuestión trascendental.

 

Basta ya de piruetas neoanexionistas. Tienen que discutir “todo, todo” con el único soberano: el pueblo cubano.

 

 



¿SUMISIÓN O UNIÓN?

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Creo reconocer -hay manierismos inconfundibles- al autor del ovejuno mensaje firmado con el titulo de la obra teatral Esperando a Godot que fuera enviado al post anterior y publicado por mi entre los comentarios de Unamos la nación al que iba dirigido. Allí aparecen, íntegros, mi llamado a la unión y su mensaje de sumisión para quien desee releerlos.

La respuesta –que haré dividiendo por partes su texto- ha resultado extensa para este espacio, aunque no para lo que mereciera decirse a quien la envió. Pero creo que, al final, el tema interesa a todos.

1) “Esta retórica blanquina sobre la nación huele mal”

Ese es el derecho de su olfato. En mi caso tiendo a sentir mal olor cada vez que recibo o leo un mensaje que pretende ser agudo y perspicaz sembrando misterios sin ser claro. Si tiene algo que decir sobre mi o mis intenciones dígalo aunque se oculte detrás de un pseudónimo. Con claridad le digo que creo su texto oscuro por las razones que, párrafo a párrafo, explicaré a continuación.

2) “Está concentrada en trabajar desde arriba, en forma vertical, quitando y poniendo políticas que reacomodan el dominio de aquellos que ya tienen el poder, sea en Cuba o en Miami. En otras palabras, lo que propone Blanco es una alianza entre las élites políticas y culturales, no una transformación democrática que se genere a través de todo lo largo y ancho del espectro social. Ése modelo si avanzado en los setenta y parte de los ochenta, hoy está agotado”.

Creo que lo que le molesta es precisamente lo contrario de lo que usted afirma. En efecto, son las sociedades civiles las que deben tener el protagonismo en esta nueva época y por eso promuevo su capacidad de acción autónoma sobre la base de intereses prioritarios y comunes. Como la nación cubana está fragmentada de diversas formas, y una de las más importantes es la que se ha producido con el destierro masivo de cientos de miles de personas, pretendo contribuir a identificar sus intereses comunes para hacerlos valer contra aquellas estructuras de estado y gobierno que los afectan.

3) “La sociedad cubana no es la misma de hace veinte años, ni el mundo tampoco”.

No pierdo la esperanza de que algunos dirigentes cubanos lleguen a entenderlo.

4) “Lo que tenemos que hacer es acabar con nuestros prejuicios contra las posibilidades de cambio dentro de las estructuras gubernamentales cubanas, por mínimas que estas sean, y ver cómo la sociedad civil puede integrarse a ellas críticamente. Y afuera, presionar para que las relaciones bilaterales pongan a la gente común por encima de los gobernantes”

El que suscribe ha examinado en múltiples ocasiones la potencialidad y sobre todo necesidad de cambios en la sociedad cubana. Si ese no es el rumbo que vienen tomando las cosas me parece exagerado cargarlo a los prejuicios que algunos puedan tener sobre “las posibilidades de cambio de las estructuras gubernamentales cubanas”. El que hizo el discurso el pasado 26 de julio fue Raúl Castro, no yo. Tampoco tengo responsabilidad alguna en la promoción de José Ramón Machado Ventura.

El que me acusa de intentar hacer política elitista hace un llamado ovejuno a darle un cheque en blanco de fe (otro más después de medio siglo) al gobierno cubano, para entonces “ver como la sociedad civil puede integrarse” a las medidas que decidan “por mínimas que estas sean”. Y luego pretende calificar esa integración al añadir que se realice “críticamente”, intentando posar de defensor de una autonomía a la que ya renunció de antemano.

O sea, ver qué decide hacer el gobierno y entonces veremos –VEREMOS- cómo (si se lo permiten y hasta dónde se lo permiten) se “incorpora a ellas –incorporarse es siempre lo “políticamente correcto”, nunca oponerse. Para cerrar ese malabarismo verbal se agrega “críticamente”, palabra que no alcanza a ocultar el espíritu sumiso, elitista y pro gubernamental de este enfoque.

Toda la concepción anterior –que intenta pasar por actualizada y democrática- no revindica el papel autónomo de la sociedad civil ni el ejercicio de la soberanía popular, sino es un sumiso canto al vanguardismo leninista –elitista trasnochado del que ningún intelectual de izquierda que se respete hace ya la defensa.

Pero me llama aun más la atención el hecho de que su mensaje, al tiempo que llama a quitarnos los prejuicios sobre el inmovilismo gubernamental (al cabo de 24 meses del ascenso de Raúl Castro) se conjugue con una exhortación tan típica del gobierno cubano como la de que los que estamos “fuera” debemos callarnos la boca sobre lo que ocurre en nuestro país y volcar todos nuestros esfuerzos a reclamar un cambio en las relaciones bilaterales. Que conveniente, ¿no?

Eso –sin misterio- es tramposo. Ese “zapatero a tus zapatos”, que implica una suerte de “trabaja para quitarme el embargo y no hables ni opines de un país al que ya no perteneces” ha sido una de las peores expresiones de la estulticia y arrogancia gubernamental. Execrable división del trabajo la que se pretende imponer a los desterrados cubanos y el “misterioso” mensajero nos propone seguir.

La mediocridad patética de estas sugerencias no puede ser revestida con baratas piruetas intelectuales. Es usted quien espera por Raúl “Godot” Castro para ver cómo se logra integrar a sus decisiones “por mínimas que sean”. Ese es su problema.

5) “Tarde o temprano, estos pasan, la nación perdura”.

Plenamente de acuerdo. Se acerca el día en que esa aseveración será confirmada, -para algunos de manera poco amable-, por los hechos.

Una CODA para los encargados de la propaganda desde cualquier latitud geográfica.

Veo que resienten este llamado a la unidad nacional. Gracias por hacerlo saber.

La nación con todos y para el bien de todos –que incluirá también a personas como ustedes- será una realidad más temprano que tarde. Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese.

Sigan llamando a la sumisión, que yo no me cansaré de convocar a la unión.



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La sociedad cubana ante el cambio

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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco96@gmail.com

 

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