La paz, el conflicto y Juanes
Juan Antonio Blanco | 20/08/2009 4:55
Tags: Juanes, exilio cubano, Cuba, gobierno cubano
El derecho a expresar una opinión es sagrado y la pasión al defenderla no es una debilidad. Sin embargo, para que las pasiones sean útiles hay que impedir que interfieran la razón. Afortunadamente la inmensa mayoría del exilio cubano ya lo entiende de ese modo y Juanes lo sabe. El distinguido compositor y cantante ha comprendido el dolor que anida detrás de las interrogantes levantadas en torno a su concierto. Eso habla de su sensibilidad e inteligencia.
Mientras tanto -no exentos de temor ante la eventualidad de que en algún momento del evento pierdan el control sobre los famosos visitantes o el público - las autoridades de la isla intentan posicionarse de otro modo frente a la iniciativa del artista. Han decidido que si el concierto se suspendiera el hecho será presentado como expresión de un exilio “cuya intransigencia lo opone a otorgar unas horas de esparcimiento a sus paisanos”. Si se realiza, lo anotarán como “una victoria de la flexibilidad de la revolución pese a la intolerancia de la Mafia de Miami”.
Pero el problema no ha sido ni es Miami. Más allá de aisladas acciones marginales realizadas por grupos no representativos, la comunidad cubano americana no ha cuestionado el derecho que asiste al artista de ir y cantar en Cuba. El problema que preocupa a todos es que el concierto se realiza en un inevitable contexto político. Negarlo es pueril. Por muchas medidas que Juanes adopte para evitarlo, todo lo que se hace en un estado totalitario esta signado por la política. Haga lo que haga, Juanes no podrá sustraerse a esa realidad. Podría serle de utilidad al respecto meditar sobre lo que en una ocasión expresara Gorki, el cantante de “Porno para Ricardo”, cuando dijo “a mí no me gusta la política, pero parece que yo le gusto a ella”. La política – con sus múltiples y sutiles trampas- perseguirá a Juanes desde que aterrice en Cuba y hasta el momento de su partida. Debe asumirlo.
Sin embargo, eso no disminuye el valor humano de la iniciativa del colombiano. Llevar gratuitamente su arte a un pueblo agobiado por una asfixiante cotidianidad es un gesto loable que merita ser reconocido y agradecido por todos.
Juanes, desplegando audacia y generosidad, desea cantarle a “la paz” desde la isla. Pero algunos han criticado esa idea afirmando que -no habiendo hoy una guerra en Cuba- sería preferible que elevara un canto a “la libertad”. En mi opinión, no son temas excluyentes. La ausencia de acciones bélicas no equivale a que la paz se haya hecho presente. Tampoco el que no existan acciones armadas supone la inexistencia de violencia. La represión de las libertades públicas en Cuba es, de hecho, una expresión de violencia. Cantar a la paz presupone en este caso cantar a la libertad y viceversa.
Si Juanes padece de alguna confusión – no lo sé, no me consta- es probable que sea otra, muy difundida entre diversos sectores: la incomprensión sobre la naturaleza endógena del conflicto cubano. Muchos creen que se trata de un enfrentamiento bilateral entre Cuba y Estados Unidos.
Sin embargo, la realidad es que el núcleo duro del conflicto se expresa entre la población de la isla y un régimen totalitario que, al negarle derechos y libertades básicas, resulta incapaz de satisfacer sus necesidades materiales y espirituales. Si bien es cierto que hoy no existe una “guerra” en el territorio nacional –aunque la hubo y cruenta por varios años- el conflicto y sus causas persisten. La paz no ha triunfado, la violencia no ha desaparecido y el conflicto continúa.
La solución del conflicto cubano no radica en trascender una disputa bilateral, religiosa o territorial, sino en recuperar derechos y libertades ciudadanas negadas por el régimen allí imperante. Es en Cuba donde radica el problema y están sus actores principales: el Estado totalitario y el pueblo cubano, del que su diáspora es parte inseparable.
No creo que Juanes padezca de ideas malsanas sino, en todo caso, de lagunas informativas y algunos presupuestos errados. En realidad –reitero- no lo sé, no me consta. Pero prejuzgarlo culpable de complicidad con los represores y empujarlo -entre suspicacias, amenazas e insultos- hacia las filas de quienes en La Habana desearían sumarlo a sus torcidas estrategias, es una postura impresentable.
Por mi parte confío que la integridad del joven artista se imponga a las manipulaciones de la gerontocracia cubana y que su canto dé respiro y aliento a todos aquellos a quienes la vida cotidiana en la isla ofrece pocos.
¡Suerte Juanes! !Te deseo un Woodstock cubano!
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 20/08/2009 5:20
La amistad y la política
Juan Antonio Blanco | 14/11/2008 22:27
Tags: Julio Fernández Bulté, amistad, Cuba
Hace un par de semanas perdí en La Habana a una entrañable amistad: Julio Fernández Bulté. A lo largo de su vida fue un referente de decencia, coherencia y lealtad a valores humanistas básicos,
Bulté nunca hizo ni dijo nada en lo que no creyera sinceramente. Sin embargo, cuando encontraba evidencias de que sus apreciaciones sobre algún tema podían ser erradas, no vacilaba en corregirlas sin calcular conveniencias ni apariencias. Era posible sostener con él apasionadas discusiones sobre temas políticos, pero en ellas nunca dejaba de mostrar respeto a su interlocutor.
Julio Fernández Bulté tuvo la valentía de reafirmar de manera pública en Cuba nuestra amistad cuando ya era conocido que yo había optado por el exilio. En estos años he tenido la alegría de saludar a viejos amigos que aun residen en la isla y no vacilaron en darme su abrazo al verme. También he presenciado, con tristeza y compasión, la actitud de otros que han sentido la necesidad de evitarme ante el temor de ser vistos saludando a un “traidor”. No pude ver más a Bulté. La vida no volvió a cruzar nuestros caminos en ninguna parte. Pero estoy seguro que su abrazo no hubiese faltado en cualquier reencuentro.
Cuando pienso en los desafíos tremendos que nos presenta la reconciliación nacional en un futuro no lejano en Cuba, encuentro en personas como Bulté aliento y razones suficientes para el optimismo. Son también un permanente recordatorio de que la amistad no puede supeditarse a las discrepancias que se tengan sobre un tema, y menos a lo que se le imponga como políticamente correcto por terceros.
Gracias a amigos como Bulté soy mejor persona.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 14/11/2008 22:39
Matrioshka ¿rusa?
Juan Antonio Blanco | 25/07/2008 2:42
Hoy, jueves 24 de julio, el Ministerio de Defensa ruso desmintió que su institución tuviese planes de “instalar bases militares cerca de las fronteras de otros países”. Si bien es un paso positivo, resulta todavía impreciso , porque no responde a la interrogante planteada por el artículo de Izvestia, ni a las posteriores declaraciones, ayer miércoles, del ex Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Anatoly Kornukov y del ex Jefe de la aviación estratégica de largo alcance, Mikhail Oparin, publicadas en el sitio Internet de la agencia Interfax AVN. La “hipótesis” que se ha manejado desde un inicio es que dar apoyo logístico en Cuba a bombarderos nucleares rusos de largo alcance no constituye en propiedad la instalación de una base militar en esa isla, pero sirve sus intereses estratégicos respecto a Estados Unidos. Hoy aparecieron nuevas declaraciones en Moscú que sugieren que todo esto puede constituir una “medida activa” de “ciertos sectores” en Praga o Varsovia para enemistar a Rusia de los Estados Unidos. Ingeniosos que son algunos en cubrir sus huellas.
La simple “hipótesis” de que los rusos, Fidel Castro y Chávez –quien invitó en una conferencia de prensa en Moscú a los primeros a establecer bases en territorio venezolano- estén valorando pasos similares a los que condujeron a la Crisis de los Cohetes en 1962, es ya un regalo importante a los que se oponen a la elección del candidato del Partido Demócrata en noviembre. Hoy jueves la edición nacional del Investor's Business Daily les recuerda a sus lectores que Kruschev creyó ver un debilucho e inexperto presidente en Kennedy durante el diálogo que sostuvieron, después de su derrota en Bahía de Cochinos, en junio de 1961. Esa evaluación dio pie, dos meses después, a la construcción del Muro de Berlín y luego al emplazamiento de cohetes nucleares en Cuba. El periódico se interroga cómo manejaría Obama durante su potencial presidencia situaciones semejantes a las que ahora se vislumbran.
Si Rusia necesitaba lanzar “medidas activas” para fortalecer su posición antes de negociar con Bush el mes próximo, eso no la autoriza a filtrar a su prensa supuestas discusiones sobre la posibilidad de emplazar armas en un territorio extranjero como quien discute ubicarlas en los Urales.
Por otro lado, el comentario de hoy jueves firmado por Fidel Castro sobre lo publicado en Izvestia lejos de reivindicar la independencia de Cuba es, más que lamentable, patético. El silencio sostenido hasta hoy por el gobierno cubano sobre este asunto puede calificarse de cualquier modo menos de “digno” como pretende Castro. Estamos ante una potencia que se dice especula acerca de la utilización de Cuba a conveniencia, después que la ha abandonado tres veces. Esa es la esencia de la suavemente llamada por el Asesor en Jefe “hipótesis” rusa.
Ciertamente no es Cuba quien tiene que dar explicaciones y pedir perdón absolutamente a nadie, sino los rusos. Y no deben presentar sus excusas al gobierno de Estados Unidos por evaluar contramedidas a las que ese país viene promoviendo en territorio europeo, sino al pueblo cubano por especular sobre posibles respuestas a costa de su soberanía. Lo que tenía que haber hecho Cuba era exigir esas explicaciones, y rechazar sin ambigüedad alguna el artículo de Izvestia. Si deseaban mantener la simetría en el manejo del incidente pudieron incluso responder a través de un artículo claro y digno de algún periodista de Granma o Juventud Rebelde, o incluso de algún militar retirado, posando de académico desde alguno de los múltiples centros de estudios del PCC y el MINFAR.
En la retorcida redacción de Fidel Castro no es posible encontrar el decoro que reclamaba la situación ni el rechazo inequívoco a la idea de la que habla Izvestia. El silencio gubernamental y su resbaloso comentario abren espacio a la interrogante sobre si estas “medidas activas” son cien por ciento de inspiración rusa o se implementaron con la cooperación de algunos “amigos”. Aunque hayan sido lanzadas por altos ex oficiales soviéticos desde Moscú, ¿son exclusivamente rusas estas piruetas o dentro de la matrioshka hay también una figura de uniforme verde oliva?
Raúl Castro parecía tener conciencia de que los “dividendos de la paz” y el llamado “poder blando” ( soft power) son más importantes que la estrategia de confrontación permanente y el poder militar. Después de todo fue él quien habló de la supremacía de los frijoles sobre los cañones y ofreció conversar con Estados Unidos. ¿Terminará su vida a la sombra del hermano mayor que revisa y aprueba sus discursos? ¿Es ese su destino inescapable?
Lo que sigo dudando –y mucho- es que los rusos compren fórmulas geopolíticas del siglo XX en las actuales condiciones. Putin y Medvediev, sin perder de vista sus objetivos, comprenden la diferencia existente entre el mundo de hoy y el de ayer; Fidel Castro no.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 19/08/2008 2:40
Matrioshka ¿rusa?
Juan Antonio Blanco | 25/07/2008 2:42
Hoy, jueves 24 de julio, el Ministerio de Defensa ruso desmintió que su institución tuviese planes de “instalar bases militares cerca de las fronteras de otros países”. Si bien es un paso positivo, resulta todavía impreciso , porque no responde a la interrogante planteada por el artículo de Izvestia, ni a las posteriores declaraciones, ayer miércoles, del ex Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Anatoly Kornukov y del ex Jefe de la aviación estratégica de largo alcance, Mikhail Oparin, publicadas en el sitio Internet de la agencia Interfax AVN. La “hipótesis” que se ha manejado desde un inicio es que dar apoyo logístico en Cuba a bombarderos nucleares rusos de largo alcance no constituye en propiedad la instalación de una base militar en esa isla, pero sirve sus intereses estratégicos respecto a Estados Unidos. Hoy aparecieron nuevas declaraciones en Moscú que sugieren que todo esto puede constituir una “medida activa” de “ciertos sectores” en Praga o Varsovia para enemistar a Rusia de los Estados Unidos. Ingeniosos que son algunos en cubrir sus huellas.
La simple “hipótesis” de que los rusos, Fidel Castro y Chávez –quien invitó en una conferencia de prensa en Moscú a los primeros a establecer bases en territorio venezolano- estén valorando pasos similares a los que condujeron a la Crisis de los Cohetes en 1962, es ya un regalo importante a los que se oponen a la elección del candidato del Partido Demócrata en noviembre. Hoy jueves la edición nacional del Investor's Business Daily les recuerda a sus lectores que Kruschev creyó ver un debilucho e inexperto presidente en Kennedy durante el diálogo que sostuvieron, después de su derrota en Bahía de Cochinos, en junio de 1961. Esa evaluación dio pie, dos meses después, a la construcción del Muro de Berlín y luego al emplazamiento de cohetes nucleares en Cuba. El periódico se interroga cómo manejaría Obama durante su potencial presidencia situaciones semejantes a las que ahora se vislumbran.
Si Rusia necesitaba lanzar “medidas activas” para fortalecer su posición antes de negociar con Bush el mes próximo, eso no la autoriza a filtrar a su prensa supuestas discusiones sobre la posibilidad de emplazar armas en un territorio extranjero como quien discute ubicarlas en los Urales.
Por otro lado, el comentario de hoy jueves firmado por Fidel Castro sobre lo publicado en Izvestia lejos de reivindicar la independencia de Cuba es, más que lamentable, patético. El silencio sostenido hasta hoy por el gobierno cubano sobre este asunto puede calificarse de cualquier modo menos de “digno” como pretende Castro. Estamos ante una potencia que se dice especula acerca de la utilización de Cuba a conveniencia, después que la ha abandonado tres veces. Esa es la esencia de la suavemente llamada por el Asesor en Jefe “hipótesis” rusa.
Ciertamente no es Cuba quien tiene que dar explicaciones y pedir perdón absolutamente a nadie, sino los rusos. Y no deben presentar sus excusas al gobierno de Estados Unidos por evaluar contramedidas a las que ese país viene promoviendo en territorio europeo, sino al pueblo cubano por especular sobre posibles respuestas a costa de su soberanía. Lo que tenía que haber hecho Cuba era exigir esas explicaciones, y rechazar sin ambigüedad alguna el artículo de Izvestia. Si deseaban mantener la simetría en el manejo del incidente pudieron incluso responder a través de un artículo claro y digno de algún periodista de Granma o Juventud Rebelde, o incluso de algún militar retirado, posando de académico desde alguno de los múltiples centros de estudios del PCC y el MINFAR.
En la retorcida redacción de Fidel Castro no es posible encontrar el decoro que reclamaba la situación ni el rechazo inequívoco a la idea de la que habla Izvestia. El silencio gubernamental y su resbaloso comentario abren espacio a la interrogante sobre si estas “medidas activas” son cien por ciento de inspiración rusa o se implementaron con la cooperación de algunos “amigos”. Aunque hayan sido lanzadas por altos ex oficiales soviéticos desde Moscú, ¿son exclusivamente rusas estas piruetas o dentro de la matrioshka hay también una figura de uniforme verde oliva?
Raúl Castro parecía tener conciencia de que los “dividendos de la paz” y el llamado “poder blando” ( soft power) son más importantes que la estrategia de confrontación permanente y el poder militar. Después de todo fue él quien habló de la supremacía de los frijoles sobre los cañones y ofreció conversar con Estados Unidos. ¿Terminará su vida a la sombra del hermano mayor que revisa y aprueba sus discursos? ¿Es ese su destino inescapable?
Lo que sigo dudando –y mucho- es que los rusos compren fórmulas geopolíticas del siglo XX en las actuales condiciones. Putin y Medvediev, sin perder de vista sus objetivos, comprenden la diferencia existente entre el mundo de hoy y el de ayer; Fidel Castro no.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 19/08/2008 2:40
Libertad y Desarrollo
Juan Antonio Blanco | 19/03/2009 19:27
El Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, demostró con irrefutables datos y sólida profesionalidad el vínculo indisoluble entre la libertad y el desarrollo. Con ello hizo una importante contribución conceptual al principio reconocido en la Conferencia Mundial de la ONU sobre Derechos Humanos realizada en 1993 en Viena: los derechos humanos son inalienables, indivisibles e interdependientes.
Hasta la Conferencia de Viena, los principales adversarios de la Guerra Fría habían asumido la retórica de privilegiar a un grupo de derechos en detrimento de otros. Occidente era el paladín de los derechos civiles y políticos por encima de los económicos, sociales y culturales. Los defensores del “socialismo realmente existente” decían que los derechos políticos y civiles eran libertades burguesas formales y que lo relevante era promover los derechos económicos, sociales y culturales, de los cuales supuestamente, sus estados totalitarios eran los mejores garantes.
Lo normado en Viena y avalado por Amartya Sen ha sido enturbiado por fuerzas del espectro ideológico -sea del lado diestro o siniestro- incapaces de empinarse sobre el pasado. Es este debate el que vuelve a situarse al centro de todo esfuerzo por entender lo que ocurre en América Latina hoy día.
En el pasado reciente el populismo de vocación totalitaria no hubiera encontrado espacio en nuestra región si quienes hace dos décadas atrás defendían los derechos políticos y civiles hubiesen reconocido su interdependencia de los sociales, económicos y culturales.
América Latina no necesita de nuevos demagogos de izquierda o derechas, sino de nuevos regímenes de gobernabilidad capaces de asegurar que el ejercicio de las libertades deje de ser asimétrico para los diferentes sectores sociales, que rija la equidad de oportunidades y que las instituciones de la sociedad civil gocen de autonomía real para poder ejercer la libre participación ciudadana en la vida nacional.
La oposición a la izquierda autoritaria está condenada al fracaso mientras pretenda desconocer el hartazgo popular con aquellos regímenes de gobernabilidad que se desentienden de las carencias y necesidades humanas básicas de sectores significativos de la población. El autoritarismo político debe ser resistido, sin que ello suponga resignarse a retornar al autoritarismo económico que profesan ciertas elites. Donde se haya impuesto la nueva retórica demagógica no será posible develar sus intenciones, si el discurso opositor es reacio a ejercer una crítica honesta respecto al pasado y no ofrece ninguna rectificación creíble respecto al futuro.
Con el tiempo, de manera inevitable, los electores irán descubriendo que la izquierda autoritaria no es la respuesta a sus problemas. Al suprimir la libertad, sea de forma gradual o abrupta, obstaculizará el desarrollo y terminará repartiendo la miseria. Pero para entonces ya no quedarán espacios ni instituciones libres desde las cuales reclamar derechos de ninguna clase.
Pese a su filiación populista lo cierto es que los líderes de esa izquierda autoritaria no reconocen los derechos de los ciudadanos, sean políticos y civiles, económicos, sociales o culturales. Para ellos, al final, no hay ciudadanos con libertades inalienables y derechos indivisibles, sino personas que deben estarles siempre agradecidas por cualquier beneficio que se les otorgue y deberán demostrarlo sometiéndose acrítica e incondicionalmente al poder. Incluso sus más allegados colaboradores descubrirán que tampoco gozan de ninguna libertad y a la menor diferencia son desechados, como ocurrió a Ernesto Cardenal en Nicaragua y a Carlos Lage en Cuba.
El problema es sencillo: habrá libertad para todos o no la habrá para nadie. Y sin libertad no hay desarrollo, sino miseria.
Eso es lo que conecta la posición de los disidentes y presos políticos cubanos con el reclamo de cambios que millones de personas -en miles de asambleas- formularon a un poder que por medio siglo se ha mostrado tan soberbio como inepto. Si un comisario de la Unión Europea y algún gobierno extranjero prefieren ignorar esa realidad lo harán a expensas de su propia credibilidad.
El futuro de la isla no descansa en una gerontocracia agotada ni en aquellos que opten por hacerle la oposición desde posturas esclerotizadas, sino en nuevas generaciones capaces de casar la libertad con la justicia social.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 19/03/2009 21:18






