El extraño caso del Ayatola Chávez
Juan Antonio Blanco | 09/09/2009 22:12
Mientras los medios de todo el mundo informaban que el cineasta Oliver Stone le presentó a los asistentes al Festival de Venecia a Hugo Chávez –su nueva y rutilante estrella--, un hecho realmente relevante ocurría en un pequeño salón, a miles de kilómetros de distancia de los tuxedos y escotados vestidos de aquella fiesta del celuloide.
Brookings Institution, el afamado think tank cercano al Partido Demócrata de Estados Unidos, auspiciaba una serena presentación realizada por un anciano de 90 años, al que todos trataron con respeto y prestaron total atención. Su nombre es Robert M. Morgenthau. Veterano de la II Guerra Mundial, afamado jurista y amigo de personalidades y presidentes estadounidenses, Morgenthau ha ocupado el estratégico cargo de Fiscal del Distrito de Manhattan –capital de las finanzas mundiales- desde 1975. Apenas acaba de anunciar su retiro. Pero no era ese el tema de su disertación. Fue a Brookings Institution a hablar del nuevo ídolo de Oliver Stone: Hugo Chávez. Y lo que dijo estremeció a su selecta audiencia.
Morgenthau develó la existencia de un peligro claro e inminente: la alianza entre fundamentalistas iraníes, grupos terroristas islámicos, las FARC y el gobierno de Hugo Chávez. Una cooperación financiada con narcotráfico para el desarrollo de tecnología nuclear y misiles que estarán al servicio de quienes se opongan al Gran Satán del Norte.
El Fiscal sabe lo que dice. Lleva años investigando las operaciones financieras de Irán. No es un funcionario de Israel. Tampoco un halcón atormentado por pesadillas ideológicas, sino uno de los profesionales de más alto nivel y experiencia en su oficio. La audiencia no estaba constituida por conservadores del Heritage Foundation, sino por liberales del Brookings Institution. Sus opiniones no gozan de la libertad del intelectual o académico. Su cargo judicial le impide asumir la actitud del libre pensador.
No anda preocupado por la simple existencia de fábricas bajo control iraní en un país donde hay una reserva de 50,000 toneladas de uranio. No se inquieta sólo porque la existencia de cooperación militar, minera, nuclear y otras entre los ayatolas iraníes y el gobierno de Hugo Chávez hagan de Venezuela el lugar perfecto para fabricar y almacenar armas de destrucción masiva, lejos de los controles que se ejercen sobre Teherán. Robert M. Morgenthau tiene sus razones para preocuparse, sabe lo que dice y lo expresa de forma serena, sin aspavientos, porque lleva buen tiempo siguiendo los pasos financieros de Iran.
Las conclusiones de su exposición fueron precisas. Según el veterano investigador, el mundo no puede seguir asumiendo ligeramente las afirmaciones de Chávez ni pasando por alto la creciente influencia de Irán en el hemisferio occidental. Advierte que es hora ya de actuar y poner bajo microscopio las transacciones financieras del extraño Ayatola de Caracas.
Creo que en lo que a Hugo Chávez se refiere, seria más saludable seguir las valoraciones de Robert M. Morgenthau, que las del cineasta Stone.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 09/09/2009 22:22
HOY TODOS SOMOS IRANIES
Juan Antonio Blanco | 22/06/2009 2:02
Pese a las notabilísimas diferencias, Irán y Cuba son hoy Estados confesionales, excluyentes y extremistas. En Irán una teocracia islámica reprime derechos humanos básicos. En Cuba esa función la desempeña una elite de poder totalitaria en nombre del socialismo. Pero invocar el Cora'n o el Manifiesto Comunista es apenas una coartada. Que la congregación de fieles se reúna en una mezquita o en el local del partido comunista, es una pincelada folklórica.
La esencia es que ambos grupos se encaramaron sobre los anhelos de sus pueblos, manipularon sus agravios, esgrimieron de excusa una religión que prometía el paraíso, organizaron una iglesia de militantes que les siguiera de manera ciega y construyeron estados represivos con los que aspiran garantizar el disfrute eterno de su poder personal.
Otra similitud esencial es que los educados jóvenes de ambos países rechazan masivamente ese sistema de gobierno incompetente. Detestan a sus conservadores gobernantes y se horrorizan ante la perspectiva de que los condenen a vivir en el medioevo en pleno siglo XXI. Nos parecemos, ¿no es cierto?
Al parecer la mayor parte de los irani'es – en especial las relegadas mujeres- creyeron posible un cambio positivo haciendo uso de las instituciones vigentes. Apoyaron a un político de trayectoria conservadora – Mir Hossein Musavi- quien, pretendiendo una ruptura parcial con su pasado, prometía actuar, al menos, de manera más pragmática que el actual gobernante. De pronto descubrieron que el cambio limitado y constructivo al que aspiraban tampoco era posible.
Quizás nunca lleguen a saber que tal les hubiera ido con Musavi, pero han perdido lo que pudiera quedarles de ingenuidad respecto al sistema institucional que los gobierna. Tras las brutales jornadas del fin de semana el significado de las protestas trasciende el tema electoral.
Lo que ahora se juega en las calles no es solo la vida de los manifestantes sino el futuro de esa sociedad. Al intentar transformar la historia se están transformando ellos mismos. Nada será igual en Irán a partir de ahora.
Al contemplar por Internet ese derroche masivo de coraje frente a bastones eléctricos, chorros de agua, gases y balas, proclamo que “hoy todos somos irani'es”
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 22/06/2009 4:54
Una tarea para Súper Castro
Juan Antonio Blanco | 06/12/2008 0:30
Menos mal que al fin “alguien” viene volando a salvarnos. No es un águila ni una tiñosa. Es Fidel Castro. Esta es una tarea para Súper Castro. Desde ese buque insignia del periodismo sagaz que es el Granma, el Súper acepta el reto del destino: “Alguien tenía que dar una respuesta serena y sosegada que debe navegar hoy contra esa poderosa marea de ilusiones que en la opinión pública internacional despertó Obama”.
Mas apabullado que el propio McCain por los resultados electorales en Estados Unidos, Súper Castro –que nunca creyó que “el negrito” tuviera un chance e intentó manipular en su contra el voto cubano americano- ya se dispone a enfrentar con sus superpoderes al presidente electo. “Nada de esperar al 20 de enero, que esto pinta mal y hay que atajarlo temprano”, parece haberse dicho.
Súper Castro comienza por enmendarle de nuevo la plana a su hermano para que no se pierda lo que ha constituido una tradicion familiar. “Con Obama se puede conversar donde lo desee”. Algo así como el guapo que se quita la camisa y dice desafiante “Donde tú quieras asere!”
Todo esto es muy gracioso. Como divertidos son los argumentos que Súper Castro emplea en desesperado intento por demostrar que Obama parece negro pero no lo es. Nos recuerda que estudió en Harvard y ascendió a la clase media rica llegando a poseer algunos millones. Los negros cubanos a los que les dijeron por medio siglo que si abandonaban sus barbacoas por el espejismo de la Yuma les tirarían los perros al llegar, ahora se enteran de que, sin intentar cambiar de raza como Michael Jackson, se puede ir a Harvard, llegar a millonario y ser elegido presidente de Estados Unidos.
Obama, al parecer de Súper Castro, no fue electo por sus enfoques y méritos propios. Nada de eso. Es porque McCain era mediocre, estalló la crisis, y Obama hizo uso de la TV (?) e Internet. Eso, supuestamente, explica el error de los avezados ”expertos” en La Habana que creyeron nunca llegaría a la Casa Blanca. Para evitar que se den situaciones similares en un país de crisis endémica como Cuba es que el Súper impide que candidatos independientes se presenten a elecciones, controla la TV y bloquea el acceso a Internet. “Porsia”.
Súper Castro titula esta Reflexión “Navegar contra la marea” para que sea inequívoco su mensaje de escepticismo respecto al nuevo presidente y a las perspectivas de normalizar las relaciones bilaterales de Cuba con Estados Unidos. Pero ni modo. Reuters, AP y varios diarios relevantes recogen sus ideas bajo titulares que anuncian “Castro dispuesto a conversar con Obama”. Quizás. Aunque se tratase solamente de conversar puede resultar en algo positivo. Pero la experiencia nos dice que el sendero que conduce al trono habanero del Súper estará plagado de minas.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 06/12/2008 1:03
China y Rusia: ¿fuerzas reformistas?
Juan Antonio Blanco | 26/11/2008 3:19
Recuerdo la conmoción que hace años causó Juana Bacallao cuando creyendo agradar a sus anfitriones hizo un brindis por Chiang Kai Chek en una recepción de la embajada de Mao Tse Tung en La Habana. Después de todo, lo de ella no es la política sino el vaudeville. Pero también sucede que al cruzar el umbral de cierta edad se tiende a confundir personas, lugares y situaciones. Recuerdos juveniles se agitan y enturbian la razón creando situaciones ridículas. Es por eso, como apuntara Fidel Castro en un olvidado discurso que la semana pasada me enviase un lector, que es siempre necesario renovar los dirigentes. A los viejos, según su propia advertencia, puede ofrecérsele que continúen aportando su experiencia desde un Consejo de Ancianos.
Cuando los estadistas contemporáneos visitan la isla lo hacen con la solemnidad y respeto de quien se sabe en un museo del pasado siglo. En él los ancianos siguen aferrados al poder. Los cubanos, por su parte, lo ven como una versión del Hotel California de donde, según narra la canción de los Eagles, nunca se puede salir.
Jóvenes dirigentes chinos y rusos recorren en estos días la región buscando comercio e integración, no hipotecas ideológicas. Les interesa el petróleo de Venezuela, no los ditirambos “bolivarianos”; el níquel cubano, no las reflexiones del compañero Fidel. A diferencia de la Unión Europea y Estados Unidos no se sienten motivados por el examen de la situación de los derechos políticos y civiles, pero no por ello se constituyen en mecenas incondicionales. Esperan que los acuerdos comerciales se cumplan y los créditos se paguen. Son representantes de dos modelos de neocapitalismo, -totalitario y autoritario-, no de sistemas comunistas ni socialistas. El resto es paisaje.
Los barcos y aviones de guerra que han aparecido en el Caribe por cortesía de Caracas son, probablemente, el folklórico episodio final de un capítulo llamado George W. Bush. Pronto la Unión Europea y Barack Obama renegociarán el despliegue de cohetes estadounidenses y la expansión de la OTAN a cambio de garantías permanentes a la seguridad y la estabilidad de todos los países de aquella región. Cuando eso suceda la postalita mas difícil de coleccionar para los niños cubanos y venezolanos serán la que tenga la foto que recuerde esta visita de la flota rusa. Sin duda, La Habana puede todavía identificar algunos puntos de posible alianza política coyuntural con Rusia, pero no es como antes una alianza ideológica, porque la clase dominante rusa no es comunista ni socialista, aunque sea autoritaria. Lo mismo puede decirse de China.
La alianza estratégica que en realidad buscan chinos y rusos es con Washington. Quieren sentarse con europeos y estadounidenses a construir juntos una nueva arquitectura internacional multipolar en la que Moscú y Beijing no sean marginados ni hostigados. El flirteo con ancianos y orates –créditos, armas y retórica solidaria incluidos- es el ajedrez que han de jugar mientras llegan hasta allí. Sólo Bush pudo obrar el milagro de atizar viejos amores, pero con Obama en la Casa Blanca, ¿a quién le interesa conversar sobre el porvenir mundial con los gobernantes de una islita que no tendrá futuro mientras ellos apuntalen su inmovilismo?
La mala noticia para el Parque Jurásico habanero es que están lidiando con fuerzas que cuando enfrenten crónicos impagos ralentizarán como hasta ahora la implementación de sus compromisos. Al final, es probable que arriben a la conclusión de que jamás podrán cobrar lo que le adeuden a menos que Cuba cambie. Por ello no es impensable que terminen uniéndose a otros actores, internos y externos, para presionar juntos por la apertura y reforma económica de la isla. A fin de cuentas, ellos son modernos y razonables. Sólo esperan por una oferta que no puedan rehusar.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 26/11/2008 14:57
Muchachos, no tengan miedo
Juan Antonio Blanco | 22/09/2009 1:41
Tags: Paz sin Fronteras, Juanes, Cuba
Un puñado de artistas les coló un gol a todos los que creyeron imposible lo que ocurrió el domingo en Cuba.
Ante un millón y medio de personas se habló de libertad, de presos, del exilio, y de una sola familia cubana. Se saludó desde la tarima a los Aldeanos y a Silvito El Libre cuya actuación fue proscrita por el gobierno. Sobre todo, se instó a los “muchachos” –en un país desgobernado por una gerontocracia-- a que no tuviesen miedo, porque es tiempo de cambiar y el futuro es de ellos. Lejos de asumir que el problema que hay que atender es el conflicto bilateral entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, los músicos visitantes centraron sus llamados a trascender el conflicto interno que liquidó la libertad y dividió a los cubanos.
Si los artistas hicieron lo suyo el pueblo hizo el resto. Pese al desvanecido trasporte público, inundó la plaza sin que le pusieran buses desde cada fábrica y centro de estudios como se hace para lograr la asistencia a los actos políticos. Ausentes estaban las tradicionales ventas de refrescos y los regalos masivos de camisetas que el gobierno dispensa a quienes suelen agitar banderitas cuando se les convoca a ese espacio. También se escogió la peor hora de un caluroso verano cubano para ofrecer “generosamente” esa plaza a los músicos. Pero nada desalentó a los habaneros. Saltaron por encima de cercas y barandas y se apropiaron de los espacios reservados en primera fila a privilegiados y porristas. El Ministro del Interior tuvo que descender de su auto y pudo caminar hasta su oficina gracias a la diligente acción de sus soldados.
Los que allí dificultaron el paso de los dioses y elegidos eran jóvenes. Los mismos que sólo piensan en largarse del país sintieron que de algún modo se habían apoderado -aunque fuese por pocas horas- de un espacio propio. La plaza en la que se acostumbra tocar himnos marciales y se ensalza la violencia y la muerte fue tomada por jóvenes que cantaron al amor y a la vida. No gritaron todas las cosas que hubiesen deseado, pero disfrutaron sabiendo que en ese breve espacio de tiempo cada minuto era para ellos. La plaza fue de ellos.
Un sentimiento de reapropiación de la dignidad pisoteada –apenas un instante al que puso fin la seguridad-- recorrió la multitud cuando Juanes y Bosé ayudaron a subir a la tarima a un joven negro que, descamisado, ondeaba una bandera nacional mientras ellos cantaban a la libertad. En ese joven humilde que agitaba orgulloso su bandera se vieron reflejados millones de cubanos, de dentro y de fuera, como la gran familia cubana que evocaron los artistas.
Hoy todo es igual en apariencia. Lo mismo sucedió con Woodstock. Los sismos culturales se hacen sentir en plazos dilatados.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 22/09/2009 4:31







