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HOY TODOS SOMOS IRANIES

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Pese a las notabilísimas diferencias, Irán y Cuba son hoy Estados confesionales, excluyentes y extremistas. En Irán una teocracia islámica reprime derechos humanos básicos. En Cuba esa función la desempeña una elite de poder totalitaria en nombre del socialismo. Pero invocar el Cora'n o el Manifiesto Comunista es apenas una coartada. Que la congregación de fieles se reúna en una mezquita o en el local del partido comunista, es una pincelada folklórica.

La esencia es que ambos grupos se encaramaron sobre los anhelos de sus pueblos, manipularon sus agravios, esgrimieron de excusa una religión que prometía el paraíso, organizaron una iglesia de militantes que les siguiera de manera ciega y construyeron estados represivos con los que aspiran garantizar el disfrute eterno de su poder personal.

Otra similitud esencial es que los educados jóvenes de ambos países rechazan masivamente ese sistema de gobierno incompetente. Detestan a sus conservadores gobernantes y se horrorizan ante la perspectiva de que los condenen a vivir en el medioevo en pleno siglo XXI. Nos parecemos, ¿no es cierto?

Al parecer la mayor parte de los irani'es – en especial las relegadas mujeres- creyeron posible un cambio positivo haciendo uso de las instituciones vigentes. Apoyaron a un político de trayectoria conservadora – Mir Hossein Musavi- quien, pretendiendo una ruptura parcial con su pasado, prometía actuar, al menos, de manera más pragmática que el actual gobernante. De pronto descubrieron que el cambio limitado y constructivo al que aspiraban tampoco era posible.

Quizás nunca lleguen a saber que tal les hubiera ido con Musavi, pero han perdido lo que pudiera quedarles de ingenuidad respecto al sistema institucional que los gobierna. Tras las brutales jornadas del fin de semana el significado de las protestas trasciende el tema electoral.

Lo que ahora se juega en las calles no es solo la vida de los manifestantes sino el futuro de esa sociedad. Al intentar transformar la historia se están transformando ellos mismos. Nada será igual en Irán a partir de ahora.

Al contemplar por Internet ese derroche masivo de coraje frente a bastones eléctricos, chorros de agua, gases y balas, proclamo que “hoy todos somos irani'es”



¿Qué están cocinando?

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Cuba, con 1,233 kilómetros (766 millas) de longitud es la isla más larga del Caribe. Pero resulta ser que unos pretendidos balseros, al verse supuestamente a la deriva, se las ingeniaron para recalar directamente frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba. Dijeron haber tenido roturas en su “embarcación”, una suerte de flotador que no les habría permitido navegar ni en el Laguito del antiguo Country Club. Allí los esperaban un grupo de policías. Uno de ellos declaró a viva voz –para asegurar ser escuchado por todos los presentes- que estas personas no tendrían ningún problema porque salir ilegalmente del país no constituye delito.

Para algún ignorante de la realidad isleña lo ocurrido ese día en el malecón habanero pudiera ser interpretado como un hecho, casual y pintoresco, que demuestra la generosidad del gobierno cubano con aquellos que abandonan su paraíso. Pero en este caso no hay que ser mal pensado para desconfiar de las apariencias.

Cuba se adentra nuevamente en el verano. Época de calores pegajosos, temperamentos irritados y tormentas tropicales. Tiempo de balsas y explosiones sociales de diversa magnitud. Esta vez el verano le llega a un pueblo que esperó tres años por la pretendida Nueva Política Económica de Raúl para arribar al Nuevo Periodo Especial de Fidel. Un pueblo que ya no cree que el embargo sea causa principal de sus problemas cotidianos y que expresa más simpatía por el actual presidente de Estados Unidos que por el suyo.

George W. Bush, en su momento, mandó un discreto y sobrio mensaje a los hermanos Castro. Librando dos guerras simultaneas, en Afganistán e Irak, Estados Unidos consideraría un éxodo masivo desde la isla como una deliberada acción diversionista de sus fuerzas militares en la costa Este. Por lo tanto, como un intolerable acto de guerra para beneficio de sus enemigos. Lo tomaron en serio. Muy en serio.

Raúl Castro hizo en aquel tiempo el insólito anuncio de que sus tropas colaborarían en atrapar y devolver a los marines de la Base Naval de Guantánamo cualquier prisionero que escapase de allí. De aquel lugar al que la prensa y discursos cubanos siempre se refieren como “ese pedazo del territorio nacional usurpado por el imperialismo yanqui”. Tanto se inquietaron que en el 2003 decidieron “en juicio sumario y ejemplarizante” fusilar a tres individuos que intentaron una salida ilegal amenazando con hacer uso de la fuerza. De habérseles aplicado el Código Penal aquel hecho les hubiera supuesto una pena máxima de ocho años de cárcel.

Los hermanos Castro querían dejarle claro a Bush que – a diferencia de lo sucedido cuando Camarioca, el Mariel o el éxodo de 1994- no eran ellos quienes alentarían y facilitarían como antes a cientos de miles de desesperados a lanzarse al mar desafiando el mal tiempo, los barcos sobrecargados y los tiburones. La purga semi oficial de “desafectos” que aproximadamente cada 15 años orquestaba y facilitaba el gobierno cubano parecía haber llegado a su fin.

Entonces, ¿a qué viene ahora este barato montaje en que un policía recuerda a la población, al inicio de un potencial verano caliente, que no constituye delito embarcarse -sin pedir pasaportes, permisos ni visas- hacia Estados Unidos?

¿Qué están cocinando esta gente en La Habana? ¿Están probando a Obama? ¿Quieren chantajearlo durante las próximas conversaciones migratorias con el fantasma de un incontenible éxodo? ¿Quieren orquestar una crisis migratoria para mostrarlo debilucho y humillarlo? ¿Desean acaso obligarlo a dar una respuesta, como cuando en 1996 el derribo de las avionetas abrió la puerta a la aprobación de la Ley Helms Burton y puso fin a cualquier intento de mejorar las relaciones bilaterales en el segundo mandato de Clinton?

Estados Unidos sigue sosteniendo dos guerras simultáneas y nadie ha derogado la advertencia de la Administración Bush sobre el significado militar que la Casa Blanca y el Pentágono atribuirían a la orquestación deliberada de un éxodo masivo cubano sobre su costa Este.

Dialogar y tender la mano no es cosa de “mariconzones” como siempre ha supuesto el Reflexionador en Jefe. Obama no es un líder indeciso y dispone de una amplio abanico de opciones diplomáticas y coercitivas con las que enfrenta a sus enemigos.

Sería bueno que recordasen que el mismo presidente que siempre ofrece el diálogo como opción preferible y primera no dudó un segundo en ordenar a los francotiradores de la Marina que liquidaran a los piratas somalíes y dispuso que la Fuerza Aérea de Estados Unidos dispare sus cohetes sobre Al Qaeda en Afganistán y Paquistán. Aunque la guerra sigue cobrando víctimas inocentes, la combinación de una mejor inteligencia sobre los movimientos de los líderes talibanes y la existencia de una nueva generación de misiles con GPS de alta precisión permite cada vez más a Washington pasarle la cuenta a enemigos específicos, con nombre y apellidos.Fue, por cierto, Ronald Reagan quien primero individualizara el uso esas nuevas tecnologías al emplearlas en un golpe quirúrgico contra la residencia privada de Muammar al-Gaddafi.

En resumen, ni el país es el mismo de épocas anteriores, ni el cambio de presidente en Estados Unidos supone un cambio en el significado que Washington atribuiría a un nuevo éxodo cubano en las actuales circunstancias. Abrir la opción negociadora no supone para Obama someterse al vapuleo de sus adversarios. No debieran olvidarlo.



Gestos, ¿hacia quién?

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Los representantes del gobierno cubano ya han comenzado a repetir la consigna del Reflexionador en Jefe: Cuba no tiene que hacer ningún gesto hacia Estados Unidos. Todas las concesiones, a su entender, han de ser unilaterales y deben satisfacer a plenitud las demandas de La Habana.

Curioso por partida doble. Por un lado le exigen a Obama que en tres meses cambie la política de medio siglo pero después de tres años de medidas irrelevantes en la isla, ellos responden que los cambios en Cuba tienen que venir “poco a poco”. Por otro lado, eso altera lo dicho por Raúl Castro en su viaje a Brasil cuando declaró que “esta vez” avanzar en las relaciones bilaterales supondría un proceso de “gesto por gesto”. ¿Otro malentendido?

Al parecer, el búnker habanero, pese a declarar lo contrario, no acepta todavía ningún diálogo genuino. Hablar no es dialogar. Oír, no es escuchar. Y lo que exige La Habana es la capitulación unilateral e inmediata del enemigo. Quizás esa sea la táctica para asegurar el inmovilismo. Pero podrían equivocarse.

El potencial de relaciones bilaterales no se reduce a las enmarcadas en el intercambio entre ambos gobiernos. Ese fue el error de George W. Bush. Están las que se desarrollan entre los cubanos en la isla y los radicados en Estados Unidos, y las que pudieran expandirse de nuevo entre instituciones de la sociedad civil norteamericana y grupos, individuos e instituciones –reconocidas legalmente o no por el Estado- asentadas en Cuba.

Si las relaciones bilaterales entre gobiernos se tornan lentas o paralizan se puede avanzar a diferente y mayor velocidad en el conjunto de relaciones pueblo a pueblo y cubano a cubano.

Estados Unidos puede continuar haciendo gestos unilaterales hacia los habitantes de la isla y sus parientes en el exterior sin tener que hacer concesiones unilaterales al gobierno cubano. Los esfuerzos por mejorar la relación bilateral pueden ser menos centrados en los gobiernos -mientras se haga imposible avanzar en ese campo- y concentrarse más en facilitar la relación pueblo a pueblo y entre cubanos en la isla y la diáspora.

Obama ya tuvo un gesto unilateral hacia los cubanos y cubano-americanos al levantar las restricciones estadounidenses que obstaculizaban el flujo normal de sus relaciones mutuas. Fidel Castro se negó a hacer otro gesto equivalente hacia sus súbditos. Reafirmó así la actual política que hace de las remesas y llamadas a Cuba las más caras del hemisferio occidental y a esa isla una rareza planetaria donde los nacidos en ella requieren permisos para salir o entrar al país.

Millones de cubanos recién obtuvieron una mejoría gracias a la decisión de Obama y tomaron nota de que el altanero caudillo rehusaba complementar el gesto estadounidense hacia ellos con otro similar. Ganancia para Obama; pérdida para el caudillo.

Cada paso no correspondido que dé Estados Unidos en favor de los cubanos –aunque no pueda materializarse a plenitud por ser bloqueado por el gobierno de la isla- contribuirá a revelar ante la población, la diáspora y los gobiernos de otros países quién desea beneficiar al pueblo de esa isla y quién pretende aferrarse al status quo a expensas de su sufrimiento.

Washington tiene un amplio campo para mejorar su credibilidad y aprecio entre los cubanos, sin tener por ello que hacer concesiones unilaterales hacia el gobierno de los hermanos Castro. El presidente Obama puede continuar aportando fórmulas diversas dirigidas a ayudar al ciudadano de a pie y dejar que sea el gobierno cubano el encargado de encontrarle un problema a cada solución. Que sean Fidel y su hermano quienes “bloqueen” los gestos unilaterales hacia los cubanos que pueda hacer Obama. Si desean correr la suerte de Chacumbele, ese es su problema. Dejémoslos.

De insistir el gobierno cubano en congelar las relaciones gubernamentales exigiendo la capitulación de su oponente es muy posible que Washington se lo conceda. El asunto no es de naturaleza prioritaria ni estratégica para Estados Unidos. Más allá de la retórica que ocasionalmente se despliegue en algún foro multilateral, los gobiernos que condenan el embargo, salvo dos o tres excepciones, no van a supeditar el progreso de sus relaciones bilaterales con Washington a que lo levanten. Ese es el a, b, c, del llamado realismo político. El mismo que los inhibe de sumar su voz a las denuncias por violaciones de derechos humanos en la isla.

Es el gobierno cubano el que tiene que decidir si desea o no hacer uso de la actual ventana de posibilidades para avanzar hacia una mejor relación con su vecino o prefiere sabotearla de nuevo. De optar por lo primero entonces ha de dejar la tribuna y las consignas por el sosegado ambiente de una mesa privada de diálogo. Es ahí y no en la Plaza ni en el Granma donde “todo, todo”, debe discutirse.

Dada la edad de Obama y la de los Castro es razonable suponer que si el actual presidente estadounidense resulta reelecto en el 2012 tendrá ya que lidiar con otros dirigentes cubanos que, quizás para entonces, estén preparados a tomarse las cosas en serio. Mientras tanto, Obama puede y debe continuar, con audacia y perseverancia, haciendo gestos hacia quien los merece y aprecia: el pueblo de Cuba.



Discútanlo “todo, todo”, con los cubanos

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¿Desliz? Raúl Castro no tiene dominio de las tablas diplomáticas y por eso las pierde a veces. En su visita a Brasil espetó que frente a la Administración Obama La Habana exigiría una lógica de “gesto por gesto”. Ahora declaró en la Cumbre del ALBA, en Caracas, que el gobierno cubano estaba dispuesto a discutir “todo, todo” con el de Estados Unidos. Y para que no cupieran dudas especificó que eso incluía asuntos como el de los presos políticos y los derechos humanos.

 

Pocas semanas antes, el recién estrenado Ministro de Relaciones Exteriores aseguró en público al Comisario europeo Louis Michel que en Cuba no había presos políticos y que se olvidaran de discutir asuntos como el de las prisiones porque correspondían al ámbito de la soberanía nacional. El representante de la Unión Europea marchó de regreso a Bruselas dispuesto a explicar que había que aceptar que la interlocución con La Habana iría muy despacio –no así la cooperación que instó a acelerar junto al abandono de la Posición Común sobre Cuba. El sentido dialéctico de los cubanos –expresado por las palabras de Raúl que anunciaban su disposición a discutirlo “todo”, nada menos que con Estados Unidos- debe haberlo sorprendido de nuevo. Ya le había sucedido en el 2003, cuando pocos días después de inaugurar la primera oficina para la cooperación económica de la Unión Europea con la isla se enteró por la prensa de que se había lanzado la redada más extensa contra disidentes y opositores que hubiese tenido lugar en Cuba desde el preludio del desembarco por Playa Girón. Una operación cuya magnitud requirió de meticulosa “planificación socialista” durante los mismos días en que el Comisario compartía su optimismo con los funcionarios cubanos que lo recibieron afables y “flexibles”.

 

Pero si se trató de un desliz por parte de un militar no acostumbrado al uso de las respuestas codificadas que sabe repetir con soltura cualquier diplomático, lo cierto es que lo dicho, dicho queda. El gobierno cubano –hay que tomar en serio al General- está dispuesto a discutirlo “todo, todo” ... con los americanos. Y eso que se supone que los anexionistas y platistas son los que expresan disidencias respecto a la línea oficial de su gobierno.

 

Pues bien, ha llegado la hora de decirle al gobierno cubano que lo discuta “todo, todo” con el pueblo. Y que acate su voluntad.

 

De tanto repetirlo esos dirigentes han llegado a creer que ellos son la nación y por tanto el soberano. Cuando dicen que exigen respeto a la soberanía nacional lo que realmente quieren decir es que demandan que nacionales y extranjeros acaten la voluntad gubernamental. La suya. Pero resulta que el A, B, C, de la política moderna es que el soberano es el pueblo y es su soberanía y autodeterminación la que hay que respetar. El detalle aquí es que sin libertad el pueblo cubano no se puede “autodeterminar” ni ejercer la soberanía, por lo que la defensa de ambos principios pasa por asegurar primero las libertades básicas al soberano para que pueda comportarse como tal.

 

Si quieren saber lo que piensa y desea consúltenlo en un referendo monitoreado por observadores internacionales creíbles y acompañado de plenas libertades de expresión y reunión para los simpatizantes de una u otra respuesta. Puede comenzarse por una pregunta muy simple ¿Cree usted que al cabo de medio siglo Fidel y Raúl Castro deben ceder sus cargos y jubilarse de la política nacional? Posteriormente podrían celebrarse otras consultas plebiscitarias sobre los siguientes pasos y cambios nacionales a instrumentar una vez que la voluntad del soberano sea escuchada y acatada en relación a esa primera cuestión trascendental.

 

Basta ya de piruetas neoanexionistas. Tienen que discutir “todo, todo” con el único soberano: el pueblo cubano.

 

 



El serrucho del saboteador

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Existen quienes serruchan la mesa antes de sentarse en ella. Son los que enmascaran el sabotaje a cualquier acuerdo posible e inmediato que conduzca a la solución de un conflicto bajo la imagen de que abrazan los más caros principios y objetivos del grupo al que pertenecen. Para ellos lo más importante es impedir, empantanar o descarrilar el proceso desde el inicio. Conscientes de la pérdida de legitimidad que ante la opinión publica -y muchos de sus propios seguidores- supondría oponerse a toda conversación, diálogo o negociación, dicen estar abiertos a esas opciones, pero buscan el modo de hacerlas imposibles o de garantizar su fracaso.

Estos aguafiestas (spoilers) están siempre presentes en cualquiera de los bandos en pugna. Son instituciones o personas que consideran que sus intereses están mejor resguardados con la prolongación del conflicto que con avanzar hacia su solución. Anteponen sus intereses individuales a aquellos del grupo que dicen representar. Para silenciar entre sus propios seguidores las voces que insistan en buscar salidas al conflicto, se apropian de los sacrificios pagados por el grupo (“¿qué le vamos a decir a nuestros mártires si ahora cedemos en esto o aquello?”). A ese pretendido “principismo”, -enarbolado de manera hipócrita en función de intereses que no responden a los de todo el grupo, sino a los de los propios saboteadores-, agregan una alta dosis de maximalismo (“para hablar de cualquier cosa o llegar a cualquier acuerdo, primero el enemigo debe deshacer, de manera íntegra e incondicional, todo lo que consideramos nos perjudica”).

Los saboteadores de todo diálogo saben que el modo de poner en marcha un proceso gradual de desmontaje de cualquier conflicto es iniciarlo abordando cuestiones específicas, factibles de solución. Las partes nunca podrán avanzar en nada si declaran que sin la previa, total e incondicional, capitulación definitiva de uno u otro bando no es posible siquiera conversar. Es por ello que esa es una de las tácticas favoritas de los saboteadores.

Cuando honradamente se desea explorar la posibilidad de poner fin a una confrontación prolongada, lo primero que se impone es hacer la lista de cosas posibles de ser resueltas en breve plazo (los llamados doables). El listado se ordena según la complejidad que el tema plantea para su abordaje e inmediata solución. Primero se discuten las cosas más sencillas y luego se avanza hacia las complicadas. Cada asunto abordado y resuelto de ese modo genera confianza adicional entre las partes y una dinámica que incita a ampliar el listado de doables avanzando de ese modo hacia la definitiva superación del conflicto. Pretender otorgar prioridad a los asuntos más espinosos o de difícil solución a corto plazo, ha sido siempre una estrategia del saboteador.

Una nueva Administración, que prioriza la diplomacia y el diálogo sobre la fuerza y la confrontación, ha arribado a la Casa Blanca. Entre los grupos del exilio y la oposición interna las posturas no violentas, favorables a soluciones negociadas, pasan a primer plano. Y el pueblo cubano se ha pronunciado alto y claro a favor de una reforma revolucionaria de la sociedad cubana que, para serlo, ha de ser radical, libertaria, inclusiva y democrática. Sería deseable que en La Habana no continuara predominando la lógica preconizada hasta ahora por el Saboteador en Jefe y su microfracción de inmovilistas. Evocando a Lennon, podría afirmarse que hay que dar un chance a la paz...y la properidad del país. Ya es hora.



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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco96@gmail.com

 

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