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Magia brasileña

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El gran ganador de las cumbres en Sauípe es Brasil. Más que el gobierno de Lula, es el propio Estado brasileño el triunfador de estas reuniones.

Itamaratí- la más profesional de todas las cancillerías latinoamericanas y caribeñas- concibió este maratón de cumbres para relanzar el liderazgo regional de Brasil en el instante en que la caída de los precios del petróleo resta protagonismo a Venezuela. Puede afirmarse que al ALBA “se le acaba la gasolina” y el proceso de integración que ahora se inicia subraya su perspectiva marginal en el nuevo contexto regional y mundial.

Para capturar el protagonismo regional, Brasil tenía que capear y vencer las tensiones que algunos gobernantes del grupo radicalizado en torno a Chávez (Morales, Correa, Lugo) le venía presentando en meses recientes. Y lo logró con un acto de prestidigitación.

Con la mano izquierda Lula exhibió a Raúl Castro, lo invitó a formar parte de este foro totalmente latinoamericano y caribeño (“una oferta que no podía rehusar”) y otorgó espacio a los que deseaban entregarse a la tradicional retórica del nacionalismo regional. Así neutralizó al polo de Caracas. Pero mientras esos gobernantes y buena parte de la prensa miraban en esa dirección, Brasilia, con la mano derecha, se apropiaba del protagonismo en la región que Chávez, con su ALBA, ha tratado de consolidar en los últimos años.

Brasilia necesitaba parir -fuera del control de los gobiernos más radicales- este nuevo proceso de institucionalización regional. Para ello Itamaratí llevaba meses diseñando una puesta en escena propicia a la catarsis verbal ultranacionalista de los afiliados al polo de Caracas. Invitar a Cuba a integrarse al nuevo mecanismo no chocaba con las posiciones regionales, era coherente con la postura tradicional de todos los gobiernos democráticos en Brasil y constituía la pieza perfecta para alcanzar el objetivo estratégico de Itamaratí. Adicionalmente la solidaridad con La Habana es siempre bien recibida por aquellos militantes radicales del partido de gobierno (PT) que en otros campos son críticos de las políticas económicas de Lula y cuyo voto conviene asegurar con vista a las próximas elecciones. Es pertinente subrayar un dato. En Brasil impera una democracia pluralista con inexcusable rotación presidencial. Las estrategias de Itamaratí se diseñan para favorecer los intereses estratégicos del Estado brasileño, no del gobierno de turno.

La maratónica serie de cumbres (Mercosur, Grupo de Río, CALC) no resolvió ninguno de los conflictos económicos o políticos pendientes. Muchos no fueron siquiera abordados. No pudo elegirse a Néstor Kirchner como secretario de UNASUR por la oposición de Uruguay. La iniciativa del Banco del Sur, promovida por Chávez, no fue a ninguna parte. Las demandas de Ecuador y Paraguay contra Brasil no fueron superadas. Las tensiones territoriales de Chile y Bolivia no fueron mencionadas. Los problemas que presenta la crisis alimentaria en el contexto de la crisis financiera global, no fueron asumidos.

El tema cubano era esencial para distraer la atención de otros asuntos que resultaban divisivos y el apoyo emotivo de Lula a La Habana neutralizaba a sus admiradores. Pero aun así, las decisiones en torno a la isla no fueron tan espectaculares como el propio espectáculo de tener al General de Ejército Raúl Castro entre los participantes. Sin estridencias se reiteró la ya universal y tradicional condena del embargo en los mismos términos que se hace cada año en Naciones Unidas y se invitó al gobierno cubano a integrarse al nuevo mecanismo regional que ahora nace y que –a diferencia de la OEA y de Mercosur- no está, por el momento, regido por cláusulas que obliguen a adherirse a principios democráticos.

Como moscas que acuden a la miel, la invitación a Cuba propició que se desencadenase la retórica de sus seguidores ideológicos. Uno proponía dar muerte a la OEA, otro que se expulsara a los embajadores de Estados Unidos si ese país no levantaba en breve el bloqueo a Cuba, y así sucesivamente. Siendo el lugar común de esos oradores que la culpa de todo lo malo que acontece en la región la tiene Estados Unidos y que Cuba simboliza la voluntad regional de resistencia a Washington, la pasión puesta en sus emotivos discursos y abrazos al General los distrajo.

Mientras tanto, los hábiles diplomáticos brasileños se dedicaban a tejer el único acuerdo que les interesaba en verdad obtener de la inversión realizada para convocar esta maratónica serie de reuniones: el nacimiento de una institución regional inclusiva –libre del radicalismo que fomenta Venezuela- y propicia a gravitar hacia Brasilia. Y lo lograron sin tener para ello que declarar al naciente organismo en necesaria colisión con la OEA, Estados Unidos, Canadá, España, la Unión Europea o el sistema interamericano aunque todo arrebato retórico tuviese su espacio y momento. Cuando Daniel Ortega lanzó un ataque furioso contra Washington y los europeos por suspender parte de su ayuda bilateral por los dudosos manejos que hiciera el Presidente de Nicaragua en las recientes elecciones municipales, la reunión no le extendió su apoyo. A ello se añadió que Lula lo instase a concluir su discurso por estar ya pasado del tiempo concedido. Todo eso,al parecer, decidió a Ortega a marcharse del cónclave hacia Moscú sin asistir a la clausura.

En el caso del gobierno de La Habana, vale recordar que más allá del baño de luces mediático, no ha ocurrido nada que altere su actual status financiero y económico. Una cosa es ser ícono antiestadounidense –mientras exista el embargo- y otra es ser un país solvente y confiable a la inversión y comercio.

Con integración o sin ella, se resista o no la voluntad de Washington, los países de la región tienden a insistir -como cualquier otro- en esa extraña manía de que se cumplan los contratos y les paguen los adeudos. Pero sin libertades básicas – incluyendo la de poder ejercer iniciativas económicas- el sistema que rige la isla no será capaz de responder a esa razonable expectativa. Son detalles no resueltos por la retórica de la “solidaridad”.

Las cumbres de Sauípe, envían también un claro mensaje a los cubanos, donde quiera que estén: sólo nosotros mismos podemos resolver nuestros problemas. Los gobiernos y Estados tienen sus propios intereses y objetivos.



Entre Palin y Penn

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No estamos solos los cubanos cuando pretendemos saber la solución de cada entuerto. Si lo dudan , tomen nota del modo en que tanto conservadores como liberales en Estados Unidos siempre creen tener la última palabra sobre cómo arreglar nuestros problemas. Unos suponen que basta con apretar más las clavijas del embargo para que todo cambie en Cuba. Otros creen que apenas hay que levantarlo unilateralmente para que todos se den la mano en la isla y a través del Estrecho de la Florida. Ambos olvidan que el conflicto tiene raíces cubanas aunque se haya internacionalizado desde el inicio. Es por ello que suponen que los problemas de Cuba se pueden resolver en Washington.

Con la elección de Barack Obama – ¡albricias! – se presenta una nueva oportunidad para abordar la cuestión de Cuba desde una perspectiva más creativa. Es sólo una oportunidad. Aprovecharla supone forjar una política que se aleje de la noción de que estamos ante una película de Hollywood con buenos y malos. Nuestro problema es más complejo, y dista mucho de ser como lo entienden, con peores o mejores intenciones, conservadores como Sarah Palin o liberales al estilo de Sean Penn. La oportunidad que ahora se abre puede cerrarse mañana si no aprendemos primero las lecciones de este medio siglo. Una de ellas es que el sostenimiento del embargo tiene simpatizantes no sólo en el Capitolio de Washington, sino en el Consejo de Estado en La Habana.

Cada vez que en los últimos cincuenta años ha existido una posibilidad de diálogo bilateral o indicio de voluntad política para buscar salida al conflicto entre Cuba y los Estados Unidos, algún hecho vino a abortarlos antes de que fructificasen. La lista es larga y las responsabilidades pueden ser distribuidas entre ambos bandos. Pero es particularmente aleccionador el más reciente episodio ocurrido en 1996 –año electoral en Estados Unidos- cuando la Administración Clinton hizo saber a La Habana que, ante la posibilidad (entonces remota) de que la Ley Helms Burton fuese aprobada, la Casa Blanca la vetaría. Bill Clinton deseaba explorar la posibilidad de normalizar las relaciones bilaterales en su segundo mandato y así lo dio a entender. Vale la pena examinar el fracaso de esa buena intención liberal ya que la frustración de las políticas impulsadas por administraciones conservadoras es más que evidente.

Temeroso de perder el voto cubano- americano en la Florida, el presidente de Estados Unidos no actuó con suficiente antelación y firmeza para impedir los vuelos de Hermanos al Rescate que por aquel tiempo habían dado un giro novedoso en sus operaciones de salvamento a los balseros. Sus nuevas iniciativas –internarse en territorio cubano y lanzar octavillas- pretendían representar formas de protesta no violentas, pero resultaban claramente violatorias no sólo de la legislación cubana, sino también internacional.

En Cuba, los enemigos de la distensión estaban al tanto del dilema del presidente. Sabían que la Casa Blanca, por consideraciones electorales, no podría lanzar ninguna acción restrictiva de peso a aquellos vuelos hasta el mes de noviembre y también conocían en detalle -y por adelantado- los planes de esa organización por vía de un espía infiltrado en ella. Estaban seguros de que esas acciones no presentaban ningún peligro real a la seguridad de la isla, pero decidieron aprovecharlas para fabricar una situación que impidiese toda mejoría en las relaciones bilaterales.

Derribar las avionetas ponía al presidente Clinton contra la pared. El registro de las comunicaciones indicaba que no se habían hecho disparos de advertencia ni maniobras aéreas para desviarlas de su ruta. Era un hecho de una magnitud imposible de pasar por alto, mucho más en plena campaña electoral. De las decisiones que le fueron presentadas –suscribir la Helms Burton o bombardear la base aérea de San Antonio- el presidente de Estados Unidos escogió la que creyó más benévola.

La clave en torno al episodio de las avionetas no radica en el lugar en que fueron derribadas, sino en el momento escogido por La Habana para hacerlo. ¿Por qué decidieron volarlas en pedazos en febrero de 1996 si sabían que venían desarmadas y cuando la posibilidad de vetar la Helms Burton y abrir un proceso de distensión era real? ¿Por que no esperaron a las elecciones en noviembre si tenían el monitoreo exacto de las actividades de Hermanos al Rescate? ¿Por qué planificaron meticulosamente su derribo y no maniobras alternativas para modificar la ruta u obligarlas a aterrizar?

Los que hablan del derecho soberano de Cuba a disparar contra las avionetas deberían recordar que Gorbachev -pese a tener igual derecho- no dio la orden de derribar una nave similar piloteada por un joven alemán. Aquella incluso aterrizó en la Plaza Roja después de penetrar profundamente el territorio de la URSS y sobrevolar objetivos militares clasificados. Perder la posibilidad de avanzar hacia la distensión con Occidente representaba para Gorbachev un riesgo más grave a la seguridad de la URSS y el bienestar de su población que la información que pudiese haber recopilado aquella avioneta. Pero la lógica de Gorbachev no es la de Fidel Castro.

Clinton calculó que podía posponer por unos pocos meses el tomar medidas eficaces para impedir los vuelos porque supuso que La Habana los toleraría. Creyó que la lógica de Castro sería priorizar la derrota de la Helms Burton y proceder a un proceso de normalización de relaciones. La Casa Blanca basó su política en un supuesto falso. Pese a las penurias que sufría la población en el llamado Periodo Especial, Fidel Castro no tenía interés alguno en que le levantasen el embargo ni en normalizar las relaciones. Como tampoco hoy le interesa recibir ayuda humanitaria de ese país cuando los cubanos han sufrido la devastación de tres huracanes. Suponer que Castro comparte de algún modo los axiomas de la lógica liberal es el primer paso en el camino errado. Su agenda no la dicta tampoco el marxismo o valores socialistas, sino el más estrecho egoísmo.

Al ser aprobada la Helms Burton por cortesía de la iniciativa del Comandante en Jefe cubano, el poder ejecutivo estadounidense, en clara violación de los preceptos constitucionales, perdió la potestad de decidir la política exterior hacia Cuba y traspasó al Congreso esa responsabilidad. Desde entonces levantar cualquiera de las restricciones codificadas en esa ley sólo puede hacerse repudiando la ley en su conjunto por decisión del Congreso. El congresista Díaz Balart debería reconocer, en justicia, que sin la ayuda decisiva de Fidel Castro nunca se habría aprobado esa legislación.

En La Habana, Washington y Miami hay sectores que siempre han mostrado un marcado interés en descarrilar cualquier distensión. Unos, por un patriotismo mal entendido. Otros, porque en cualquiera de las dos orillas han encontrado un provechoso modo de vida en la prolongación del conflicto, del mismo modo que lo hacen las FARC en Colombia.

Ahora que en algunos centros influyentes de Estados Unidos vuelve a hablarse de reexaminar la relación bilateral con Cuba es pertinente instarlos a que primero se formulen, oportunamente, algunas preguntas sobre la naturaleza de este conflicto e identifiquen quienes son sus actores principales y cuáles son sus intereses. Otras interrogantes no menos productivas podrían ser: ¿A quién podría interesarle que fracasara de nuevo cualquier diálogo o negociación? ¿Qué nuevas –o viejas- piedras y cáscaras de plátano podrían lanzarse al camino de la distensión? ¿Qué medidas pueden tomarse para evitar que los provocadores tengan éxito nuevamente? Para darle una respuesta acertada a esas interrogantes hay que primero alejarse de los simplismos maniqueos sobre Cuba que marcan los supuestos tanto de los conservadores como de los liberales estadounidenses.

Cambiar el contexto externo de este conflicto normalizando la relación bilateral con Estados Unidos incidirá de modo importante sobre el curso que aquel tome en la isla, por lo que siempre reviste especial importancia. Pero ese cambio no asegura per se la dirección que tomen los acontecimientos en Cuba ni aporta la solución definitiva a los problemas de todo tipo que el país enfrenta. El núcleo central del problema fue y sigue siendo cubano por lo que los actores nacionales –diáspora incluida- serán los realmente determinantes en la salida, mejor o peor, que aquel tenga.

El problema de Cuba tuvo su origen en esa isla, no en Estados Unidos. Las políticas de Washington complicaron aun más las cosas, pero no generaron este conflicto. Nuevas politicas de Estados Unidos pueden facilitar la búsqueda de soluciones, pero no las aportarán. Va siendo hora de que asumamos nuestra responsabilidad por el porvenir y abandonemos la creencia de que otros -sean rusos, venezolanos, chinos o estadounidenses; sean conservadores o liberales- serán quienes den respuesta a nuestras vicisitudes.



La amistad y la política

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Hace un par de semanas perdí en La Habana a una entrañable amistad: Julio Fernández Bulté. A lo largo de su vida fue un referente de decencia, coherencia y lealtad a valores humanistas básicos,

Bulté nunca hizo ni dijo nada en lo que no creyera sinceramente. Sin embargo, cuando encontraba evidencias de que sus apreciaciones sobre algún tema podían ser erradas, no vacilaba en corregirlas sin calcular conveniencias ni apariencias. Era posible sostener con él apasionadas discusiones sobre temas políticos, pero en ellas nunca dejaba de mostrar respeto a su interlocutor.

Julio Fernández Bulté tuvo la valentía de reafirmar de manera pública en Cuba nuestra amistad cuando ya era conocido que yo había optado por el exilio. En estos años he tenido la alegría de saludar a viejos amigos que aun residen en la isla y no vacilaron en darme su abrazo al verme. También he presenciado, con tristeza y compasión, la actitud de otros que han sentido la necesidad de evitarme ante el temor de ser vistos saludando a un “traidor”. No pude ver más a Bulté. La vida no volvió a cruzar nuestros caminos en ninguna parte. Pero estoy seguro que su abrazo no hubiese faltado en cualquier reencuentro.

Cuando pienso en los desafíos tremendos que nos presenta la reconciliación nacional en un futuro no lejano en Cuba, encuentro en personas como Bulté aliento y razones suficientes para el optimismo. Son también un permanente recordatorio de que la amistad no puede supeditarse a las discrepancias que se tengan sobre un tema, y menos a lo que se le imponga como políticamente correcto por terceros.

Gracias a amigos como Bulté soy mejor persona.



No somos el enemigo

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El ping pong político de la ayuda humanitaria se va complicando. Fidel Castro tiene una larga lista de "enemigos" a quienes pretende bloquear su apoyo a los damnificados cubanos por las recientes tormentas Gustav y Ike.

Fragmentos de la noticia sobre la cuarta oferta de Estados Unidos

El secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, dijo este domingo que Washington ha realizado una cuarta oferta de ayuda a La Habana, y pidió al gobierno de la Isla que ponga "los intereses del pueblo cubano por encima de las diferencias políticas", informó EFE.

"Nuestra oferta más reciente fue una respuesta directa al pedido del gobierno cubano para materiales de construcción", explicó Carlos Gutiérrez.

La Agencia Estadounidenses para el Desarrollo Internacional (USAID) "está preparada para entregar, por aire y mar , suministros de construcción y albergues que puedan dar vivienda temporal y permanente" para unas 48.000 personas.

Según informes de prensa y de organismos de socorro que han visitado la Isla, hasta 2,5 millones de cubanos estarían sin hogar.

El paquete de ayuda más reciente de Estados Unidos, dijo el funcionario, incluye el envío aéreo de 8.000 equipos para albergues de emergencia y para el hogar, seguido por el envío de materiales complementarios, como techos de zinc y madera para reparaciones residenciales.

Fragmentos de las declaraciones del Comisario Europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel

El comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel, visitará Cuba entre el 22 y el 25 de octubre para negociar la posible reanudación de los programas de cooperación del Ejecutivo comunitario con el gobierno de la isla, una asistencia que el régimen de La Habana rechaza desde 2003.

Por otra parte, Michel informó hoy (septiembre 16) de que la CE se ha puesto en contacto con Cuba para ofrecer ayuda tras el paso de los huracanes "Gustav" y "Ike", que asolaron en las últimas semanas la isla, y aseguró que Bruselas se encuentra a la espera de la respuesta de las autoridades cubanas.

"Ya no depende de nosotros, les corresponde a ellos decirnos si la desean o no", insistió el comisario, que recordó que en casos de asistencia como este es necesaria la autorización del país receptor.

Mientras la gente hace colas delante de ollas colectivas o vive desplazada en casas ajenas y carpas improvisadas, Fidel Castro se da el lujo de seguir rechazando, según sus propios criterios, la ayuda que no sea de su agrado y lanza las primeras amenazas contra quienes no piensen igual que él.

El pasado 16 de septiembre escribió en el Granma:

Es obvio que el gobierno de ese poderoso país no puede comprender que la dignidad de un pueblo no tiene precio. La ola de solidaridad con Cuba, que abarca a países grandes y pequeños, con recursos y hasta sin recursos, desaparecería el día en que Cuba dejara de ser digna . Se equivocan rotundamente los que en nuestro país se disgusten por ello.

En su ultima “reflexión” del domingo, aquel que continúa trazando el camino de Cuba hasta que se demuestre lo contrario, dice:

También se producen blandenguerías en algunos ciudadanos que se habitúan a recibir y dedican poco tiempo a meditar, leer periódicos e informarse de las realidades. El enemigo conoce sobradamente bien las debilidades de los seres humanos en su búsqueda de espías y traidores

El bien atendido, cobijado y alimentado Primer Secretario del Partido Comunista ya anunció que esta batalla apenas comienza y dio a entrever que su próximo blanco serán las donaciones procedentes de la diáspora que tampoco sean de su agrado (o sea, casi todas). Sus envíos pueden ser “confiscados”, amenazó en ese mismo texto.

¿Quiere EEUU dar una buena imagen? Seguro. Eso, en efecto, conviene a sus intereses políticos inmediatos, aunque lo que más beneficiaría a ambas naciones sería una revisión a fondo de sus políticas bilaterales. También le conviene ayudar a asegurar condiciones mínimas en Cuba a los damnificados para que no piensen en largarse para EEUU. Tampoco quieren que se les responsabilice con la hambruna que acecha a la vuelta de pocos meses. ¿Es todo eso hacer política? Seguro. ¿Debe anteponerse el objetivo igualmente político de La Habana de impedir que los EEUU "queden bien" al alivio que supone esa ayuda para los damnificados? No, mil veces no. No es ético hacerlo. Esa falta de ética en la postura asumida en esta situación por Fidel Castro es la que resta fuerza persuasiva a sus argumentos. Si al ofrecer el envío de una brigada médica a New Orleans dijo que la ayuda humanitaria debería estar por encima de la política, ahora no ha sido capaz de aplicar esa norma moral en beneficio de los cubanos.

Tampoco han sido muy coherentes las posturas asumidas por La Habana ante la ayuda ofrecida por diversas fuentes.

¿Por qué se consideró que la oferta inicial de 100,000 dólares por EEUU representaba una cifra "ridícula" pero ese no fue luego el caso con los 300,000 de China, país mencionado por Fidel Castro entre sus agradecimientos? ¿Por qué el envío de equipos de evaluación ofrecidos por Venezuela y México no fue rechazado por "humillante", pero la idea de recibirlo de EEUU, resultó intolerable? ¿Por qué se insiste todavía en rechazar la ayuda estadounidense después que esa condición fuera retirada y multiplicada 50 veces la cifra inicial? ¿Y cuál es el problema ahora con la Unión Europea? ¿Bajo cual lógica se rechaza la ayuda de ese bloque regional de 27 países pero se le acepta a dos naciones –Bélgica y España, que no son mencionadas siquiera entre los agradecimientos de Fidel Castro- que envíen la suya?

El convaleciente Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, desde su cómodo aposento, no tiene moral para hablar en nombre de los que ahora nada tienen y a los que ni tan siquiera se les reconoce el derecho de aparentar "desánimo" o de poner cara "hosca" en presencia de Raúl Castro, sobre todo si se tiene presente que su escolta exhibe rostros hoscos a quienes no sonrían al paso del General. Las donaciones, en última instancia, no son para el gobierno cubano, sino para los damnificados. Recibirlas es su derecho a la vida.

Mientras seguimos demandando el levantamiento de las restricciones de remesas y viajes a los cubanos en Estados Unidos hay que exigirle al gobierno en la isla que deje entrar toda la ayuda humanitaria de emergencia disponible, incluida la de la Unión Europea, -que nunca impuso un embargo económico a Cuba y cuyas sanciones políticas del 2003 fueron levantadas hace meses. Ese bloque ya dio 2 millones de Euros (cerca de 3 millones de dólares) a Haití en ayuda humanitaria por el Gustav y el Ike mientras La Habana primero guardaba silencio frente a la interrogante europea sobre si aceptarían o no la ayuda y ahora pretende ocultar su negativa a recibirla alegando que no existe todavía un acuerdo marco de cooperación –que es un asunto diferente al de la ayuda de emergencia que ahora está en juego- entre la Unión Europea y Cuba.

Hay quienes me dicen -con razón- que pierdo el tiempo solicitando una postura ética a quienes carecen de ella sea en La Habana, Miami o Washington. Pero no es para ellos que escribo. Es para los estadounidenses y cubanos decentes en ambas orillas que deben saber con claridad lo que sucede, conocer las opciones existentes y participar, juntos, en defensa de los intereses de los damnificados.

Prefiero que sean El Discípulo & B, quienes -con rap y lógica popular- respondan tanto al Asesor en Jefe como a aquellos políticos que desde cualquier latitud geográfica o ideológica juegan con la suerte de las víctimas de esta tragedia. Frente a ellos –en defensa de la genuina dignidad y la ética- hay cubanos y norteamericanos que, poniendo a un lado nuestras diferencias, demandamos unidos el derribo de todos los muros que hoy entorpecen esta operación humanitaria.

Nosotros no somos el enemigo.

NO SOY EL ENEMIGO (El discípulo & B)



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La sociedad cubana ante el cambio

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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco96@gmail.com

 

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