Discútanlo “todo, todo”, con los cubanos
Juan Antonio Blanco | 20/04/2009 16:23
¿Desliz? Raúl Castro no tiene dominio de las tablas diplomáticas y por eso las pierde a veces. En su visita a Brasil espetó que frente a la Administración Obama La Habana exigiría una lógica de “gesto por gesto”. Ahora declaró en la Cumbre del ALBA, en Caracas, que el gobierno cubano estaba dispuesto a discutir “todo, todo” con el de Estados Unidos. Y para que no cupieran dudas especificó que eso incluía asuntos como el de los presos políticos y los derechos humanos.
Pocas semanas antes, el recién estrenado Ministro de Relaciones Exteriores aseguró en público al Comisario europeo Louis Michel que en Cuba no había presos políticos y que se olvidaran de discutir asuntos como el de las prisiones porque correspondían al ámbito de la soberanía nacional. El representante de la Unión Europea marchó de regreso a Bruselas dispuesto a explicar que había que aceptar que la interlocución con La Habana iría muy despacio –no así la cooperación que instó a acelerar junto al abandono de la Posición Común sobre Cuba. El sentido dialéctico de los cubanos –expresado por las palabras de Raúl que anunciaban su disposición a discutirlo “todo”, nada menos que con Estados Unidos- debe haberlo sorprendido de nuevo. Ya le había sucedido en el 2003, cuando pocos días después de inaugurar la primera oficina para la cooperación económica de la Unión Europea con la isla se enteró por la prensa de que se había lanzado la redada más extensa contra disidentes y opositores que hubiese tenido lugar en Cuba desde el preludio del desembarco por Playa Girón. Una operación cuya magnitud requirió de meticulosa “planificación socialista” durante los mismos días en que el Comisario compartía su optimismo con los funcionarios cubanos que lo recibieron afables y “flexibles”.
Pero si se trató de un desliz por parte de un militar no acostumbrado al uso de las respuestas codificadas que sabe repetir con soltura cualquier diplomático, lo cierto es que lo dicho, dicho queda. El gobierno cubano –hay que tomar en serio al General- está dispuesto a discutirlo “todo, todo” ... con los americanos. Y eso que se supone que los anexionistas y platistas son los que expresan disidencias respecto a la línea oficial de su gobierno.
Pues bien, ha llegado la hora de decirle al gobierno cubano que lo discuta “todo, todo” con el pueblo. Y que acate su voluntad.
De tanto repetirlo esos dirigentes han llegado a creer que ellos son la nación y por tanto el soberano. Cuando dicen que exigen respeto a la soberanía nacional lo que realmente quieren decir es que demandan que nacionales y extranjeros acaten la voluntad gubernamental. La suya. Pero resulta que el A, B, C, de la política moderna es que el soberano es el pueblo y es su soberanía y autodeterminación la que hay que respetar. El detalle aquí es que sin libertad el pueblo cubano no se puede “autodeterminar” ni ejercer la soberanía, por lo que la defensa de ambos principios pasa por asegurar primero las libertades básicas al soberano para que pueda comportarse como tal.
Si quieren saber lo que piensa y desea consúltenlo en un referendo monitoreado por observadores internacionales creíbles y acompañado de plenas libertades de expresión y reunión para los simpatizantes de una u otra respuesta. Puede comenzarse por una pregunta muy simple ¿Cree usted que al cabo de medio siglo Fidel y Raúl Castro deben ceder sus cargos y jubilarse de la política nacional? Posteriormente podrían celebrarse otras consultas plebiscitarias sobre los siguientes pasos y cambios nacionales a instrumentar una vez que la voluntad del soberano sea escuchada y acatada en relación a esa primera cuestión trascendental.
Basta ya de piruetas neoanexionistas. Tienen que discutir “todo, todo” con el único soberano: el pueblo cubano.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 20/04/2009 16:26
AUTOCRÍTICA
Juan Antonio Blanco | 16/06/2008 20:33
Tags: tolerancia, polémica, diálogo
Hace unos días CNN dio a conocer un estudio que decía que escribir un Blog era, a menudo, perjudicial para la salud del autor. Si la idea inicial era compartir ideas de manera relajada con un grupo de lectores la realidad podía derivar la experiencia en otras direcciones menos agradables. Los lectores demandan cada vez más atención y en los intercambios juzgan al autor –a veces de manera airada- según lo cercano o alejado que se muestre de sus percepciones.
Soy de la opinión de que se escribe por las mismas razones que se tienen relaciones sexuales: por amor, diversión o dinero. Este Blog lo hago por amor. Y el amor es una fuerte vocación, pero no puede disponer del tiempo que ha de dedicarse al trabajo para asegurar el sustento familiar. Esa realidad -y el inevitable hecho de que soy un ser tremendamente imperfecto- determina que no siempre pueda prestar al Blog y las discusiones que se suscitan en él toda la atención y tiempo que merecen y demandan.
Aquí cumplo dos funciones: aportar alimento para la reflexión ( food for thought) y moderar (tomen nota del alcance pleno de esa palabra) el intercambio sobre el tema de la semana.
Como autor no vengo a dictar cátedra y trasmitir ideas propias como “verdades absolutas”. En la vida podemos tener ciertos valores permanentes, pero nuestras percepciones e ideas sobre cómo mejor ponernos a su servicio evolucionan con cada nueva información y experiencia. Vengo al Blog a dar y recibir . Cambio de Época es una avenida de dos vías. Mis comentarios semanales fluctúan entre unos mejor logrados y otros de peor calidad. La vida es así. Es probable que en alguna ocasión alguien se sienta irritado con mis opiniones pero nunca he deseado ofender deliberadamente a nadie con ellas. Si no he tenido siempre éxito en lo segundo lo lamento profundamente y espero que puedan perdonarme.
Como moderador no vengo a manipular un debate a favor de aquellas concepciones más próximas a mi punto de vista, sino a propiciar un clima de diálogo respetuoso antes que de polémica. El diálogo es una búsqueda común de elementos que complementen las creencias que ostentamos como “verdades” al entrar en ese intercambio. En las polémicas se enfrentan dos o más pretendidas “verdades” y se espera que para que unas puedan “ganar” las otras necesariamente tienen que “perder”.
En un diálogo no se viene a ganar o perder, sólo a ganar. Todos ganan al enriquecer su perspectiva y creencias con las de otros. Por eso dije desde un inicio, y ahora reitero, que son bienvenidos por igual comunistas y anticomunistas y que acá se invita a analizar el mensaje no al mensajero.
Todos –me incluyo- estamos parcialmente errados y todos llevamos razón en los temas que abordamos. En este espacio venimos a sacar provecho de la calidad del intercambio aun si no mutamos de parecer como resultado de él. Yo no puedo erigirme en árbitro de quien tiene el mejor argumento porque sólo estaría favoreciendo a aquellos que se aproximen a mi punto de vista aunque sea errado. Mi deber –no siempre bien cumplido- ha de limitarse a facilitar un diálogo de calidad. Si surgen amarguras entre ustedes es porque yo no he sabido servir con eficacia el propósito de este Blog que tiene menos que ver con la promoción de una visión política particular que de una cultura del diálogo de la que todos saquemos provecho.
Espero haber aportado como autor temas e ideas que les hayan resultado de utilidad, pero creo haberlos defraudado como moderador en algunas ocasiones. No siempre he dispuesto del tiempo ni mostrado la habilidad que demanda moderar un intercambio entre personas desconocidas sobre temas tradicionalmente cargados de emociones y suspicacias. A veces he pecado por exceso al editar un mensaje y en otras ocasiones he descuidado la necesidad de dar un seguimiento más cuidadoso y cercano a la discusión. Apremiado por el tiempo se me han escapado expresiones de algunos comentaristas que hubiese preferido no aparecieran en este espacio.
Una autocrítica sincera tiene cuatro componentes: reconocer la falta, explicar por qué se incurrió en ella, expresar el arrepentimiento a los afectados y asumir el compromiso de corregir el daño. A todos los visitantes y comentaristas de este Blog presento mis más sinceras excusas, ante ustedes reconozco mis faltas y me comprometo a hacer todo lo que esté a mi alcance por enmendarlas.
Les pido a todos que perdonen mis imperfecciones y me sigan ayudando a hacer de este espacio un lugar de diálogos fructíferos con todos y para el bien de todos pese a las profundas y emotivas diferencias de experiencias y criterios que podamos tener.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 16/06/2008 20:45
Dialogueros
Juan Antonio Blanco | 09/06/2008 23:56
Tags: conflicto, conversaciones, diálogo, negociación, paz, política
Recibí un mensaje que solicita una clarificación acerca de la diferencia entre conversaciones, diálogos y negociaciones. Es un tema importante.
Llevan razón quienes dicen que los diálogos sin escenarios que presionen a las partes a alcanzar un acuerdo son ejercicios poco promisorios. Un grupo social no abandona sus privilegios en un acto de iluminismo intelectual.
Aun si toma fuerza la disposición a alcanzar un acuerdo siempre habrá personas cuyos intereses individuales, terquedad o egoísmo los hagan actuar como saboteadores del proceso. Pero sólo iniciando conversaciones es que puede identificarse a esos personajes y enfrentarlos a los otros de su propio grupo interesados en encontrar una salida al conflicto. Las conversaciones y diálogos, como regla general, debilitan al intransigente mientras que la confrontación los fortalece.
Hay que tener en cuenta las características del interlocutor. No se habla con angelitos cargados de buenas intenciones. Quien lo olvida le toman el pelo. Hay quien no sabe conversar, dialogar o negociar aunque sea ministro. Decidir el calendario de cumplimiento de compromisos, garantizar su monitoreo y hacerlos irreversibles son partes sustantivas de todo acuerdo responsable.
Pero si usted quiere alcanzar la paz tiene que hablar con sus enemigos y si desea sacar a alguien de la cárcel tendrá que discutirlo con el carcelero a menos que espere que un terremoto derrumbe los muros de la prisión o disponga de una fuerza de asalto para rescatar a los prisioneros.
La historia recuerda a algunos dialogueros exitosos como fueron el Primer Ministro de África del Sur y Nelson Mandela, los miembros del partido de Francisco Franco y los de la oposición española y los representantes de las dos facciones irlandesas.
Antes y ahora no han faltado dialogueros en Estados Unidos:
- Richard Nixon con Mao y Breznev
- Ronald Reagan y Bush con Mijail Gorbachev
- El gobierno de Bill Clinton y el de George W. Bush con el máximo líder de Corea del Norte Kim Jong-il
Hace unos días se conoció la noticia de las conversaciones entre el gobierno de Israel y el de Siria. A ello se suma el acuerdo alcanzado por Tel Aviv con Hezbolá para intercambiar un prisionero por los restos de los soldados israelitas muertos en la guerra del verano del 2006 en el Líbano. Igualmente se reveló que mantienen también conversaciones con Hamas para la liberacion de un prisionero israelita por miembros de esa organización presos en Tel Aviv. La pasada semana el actual jefe de gobierno en Irak se entrevistó con su contraparte iraní para asegurarle que nunca permitiría que ese país fuese atacado desde su territorio.
No voy a entrar al ejercicio de calificar quienes de estas personas, gobiernos e instituciones tenían o tienen sus manos manchadas de sangre, pero es obvio que hay más de una.
Puede apreciarse que hay distintos tipos de interlocución. Una cosa es conversar sobre alguna situación específica para explorar las posibilidades de un acuerdo puntual (sea una tregua o liberación de prisioneros) y otra es dialogar como proceso de mayor alcance. El diálogo –si se llega a él después de las conversaciones exploratorias preliminares- procura clarificar perspectivas y objetivos más allá de la retórica oficial y se usa para identificar zonas de consenso a fin de determinar si es posible luego negociar un acuerdo sobre esas coincidencias aunque persistan áreas de desacuerdo que continúen siendo disputadas.
Cuando las conversaciones exploratorias resuelven asuntos puntuales y crean la confianza necesaria, es que se pasa al diálogo, y si este último logra identificar consensos importantes se procede entonces a negociar un acuerdo que, de manera contractual, ponga fin de forma parcial o definitiva a un conflicto.
Si usted le propone a alguien conversar y ya cree que es una invitación a dialogar o negociar un acuerdo definitivo se crean malos entendidos que se pagan caro después. Y si a usted le proponen conversar y se niega porque no está preparado a aceptar una negociación, puede perder la oportunidad de resolver algún aspecto importante y puntual de su agenda.
Lo que no hace un político es renunciar de antemano a las soluciones políticas aunque se prepare y reserve el derecho de acudir a otras opciones. A menos que se trate de politiqueros, que son otra cosa.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 10/06/2008 0:51
La Isla de los Viejos
Juan Antonio Blanco | 15/11/2009 14:06
Cada disparatada “Reflexión” del Asesor en Jefe confirma el problema de la gerontocracia. Una solución sería reubicarla en la Isla de la Juventud. Después de todo, para que la República pudiera nacer en 1902 hubo que prescindir de la soberanía sobre ese territorio hasta la década del treinta. Renunciar de nuevo a ella por algún tiempo podría ser un precio razonable a cambio de rescatar al resto del país del medioevo. ¿Qué mejor lugar para esos viejos que una isla llamada “Juventud”?
El problema que tenemos trece millones de cubanos es que un puñado de ancianitos reaccionarios se empeñan en transformar nuestra patria en un museo socialista. Han decretado el Fin de la Historia y hecho de Cuba “la Isla de los Viejos”. Mientras un nuevo proceso civilizatorio se abre paso ellos insisten en rodearse de masas que griten consignas que no creen, periódicos que mienten y gente que los alabe aunque deseen su muerte.
Entonces, ¿por qué no transformar la Isla de la Juventud en un inmenso museo sin muros –cual zoológico sin rejas- donde celebren sus unánimes congresos y televisen sus insoportables discursos? La idea del filme Bye, bye Lenin, pero a gran escala. Piénsenlo por un instante. Una Isla de la Juventud para vejetes intransitables. ¡Claro que sí! De ese modo podrían vivir inmersos en sus fantasías y tontos útiles de toda latitud geográfica desfilarían por allí a saludarlos.
Eso sí, tendrían que ser consecuentes. Entre los aspectos museables del socialismo cubano están las normas migratorias vigentes. Si, por ejemplo, quisieran visitar amigos y familiares que hubiesen dejado atrás necesitarían de un permiso de entrada al resto del archipiélago cubano y otro de salida de su islita, que difícilmente podrían obtener además de que serían muy caros. Tampoco tendrían acceso a Internet y las tarifas telefónicas desde ese territorio serían las más altas de todo el orbe. Cualquier remesa que recibieran sufriría un desmedido sobrecargo.
No soy ajeno al problema que este proyecto acarrearía a los actuales habitantes de la Isla. Pero a ellos podríamos ofrecerles asilo –sea con pies secos o mojados- y un generoso Ajuste Cubano. A fin de cuentas, el tramo en balsa de Nueva Gerona a Batabanó es más corto y seguro que de La Habana a Miami.
¿Quién sabe? Quizás la Isla de la Juventud podría llegar a ser una “potencia geriátrica” y Cuba una sociedad dinámica.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 15/11/2009 14:11
Política Migratoria: un debate necesario
Juan Antonio Blanco | 14/10/2009 4:13
Hoy los congresistas estadounidenses discuten sobre el derecho que asiste a los ciudadanos de Estados Unidos a visitar Cuba. Mientras tanto, los cubanos seguimos discutiendo sobre las violaciones a nuestros derechos migratorios.
La Revista Temas asociada al Ministerio de Cultura de Cuba ha publicado un coloquio entre juristas cubanos sobre la política migratoria de la isla. Es bueno que los asesores de ministros discutan esos temas. Pero lo que tienen que acabar de decir las autoridades con poder real es si suprimen o no –de manera inmediata e incondicional- todos los decretos, normas, regulaciones y “orientaciones”, sean escritas o verbales, que interfieren el pleno ejercicio de la libertad ciudadana para salir y entrar al país. Mientras esa voluntad no exista, lo demás es “diversionismo ideológico”.
Es cierto que hoy viajan más personas que años atrás. En el último medio siglo han “flexibilizado’ las normas. Pero igualmente cierto es que lo que constituye un derecho es administrado como una dádiva para premiar o castigar comportamientos y castrar la autonomía del ciudadano. En lo que a mi respecta no creo que haya que esperar otro medio siglo de ‘flexibilizaciones” para alcanzar lo que por derecho nos corresponde.
Me pregunto si este tema entra o no en “el radio de acción” de los ciudadanos convocados por estos días a nuevos procesos de discusión en todo el país. Los que no hemos sido invitados a ninguna de esas asambleas tendremos que llevar esta discusión a todo foro internacional que desee escucharnos.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 14/10/2009 5:04







