El Código Da Castro
Juan Antonio Blanco | 25/09/2008 22:10
Las opciones frente a las Reflexiones del todavía Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba son escasas. Uno puede ignorarlas o leerlas. Si se decide por el masoquismo que supone lo segundo, enfrenta entonces el problema de tener que descifrar sus mensajes. El Código Da Vinci es cosa de niños en comparación con ese desafío. Hay que adivinar cuál es la motivación real del autor, despajar las distracciones que emplea para oscurecer su verdadero propósito y distinguir entre lo que responde todavía a un objetivo racional –al menos desde su perspectiva- de los ditirambos de una mente afectada de manera inevitable y creciente por la senectud. No es fácil.
Sus últimas Reflexiones parecen reflejar impaciencia por indicar el camino a seguir en medio de la desgraciada situación del país, e impedir –una vez más-- que tomen fuerza algunas ideas que no le agradan. Sobre la situación actual ha dicho: Pienso que no hay alternativa a la necesidad de reevaluarlo todo, buscar más productividad y menos derroche de recursos humanos en los sectores vitales, incluidos la Salud y la Educación —y en los demás de la economía productiva y los servicios—, sin atenernos estrictamente a cifras elaboradas años atrás,sin que merme y por el contrario crezca la calidad de todo lo que se lleva a cabo en nuestra patria, y sin dejar de cumplir deberes internacionalistas cuyos frutos comienzan a percibirse fuertemente.
¿Qué quiere decir, en realidad, Fidel Castro y por qué necesita decirlo ahora?
El Primer Secretario del PCC no quiere que se ceda un ápice en el modelo estatista y vertical de gestión económica. Considera la ausencia de autonomía económica de los ciudadanos elemento insoslayable para su eficaz avasallamiento político. Manda a callar preventivamente a quienes consideran imprescindible aplicar un paquete integral de reformas estructurales para enfrentar la actual situación. No tiene que convencerlos. Le basta con el poder que algunos negaban todavía tuviese. Si se mostrasen testarudos cree poder zafarse de ellos acusándolos de “desinformados”, “corruptos” o “pro-capitalistas”.
No hay arreglo con el Mensajero. A su entender lo único que hay que hacer es revisar las cifras. Esa es la traducción de su frase “reevaluarlo todo”. Reevaluar asignaciones y metas no equivale a hacer “cambios de estructuras y conceptos”. Y “todo” tampoco supone la reevaluación de sus proyectos “internacionalistas” en nombre de los cuales acaba de enviar con mano izquierda dos y media toneladas de medicinas a Jamaica y Haití mientras recibe donativos con la derecha.
Fidel Castro insiste en la vigencia del apotegma fascista: dentro del Estado todo, fuera del Estado, contra el Estado, nada. Liberar las fuerzas productivas de la camisa de fuerza estatal es anatema desde esa perspectiva. La sociedad, a su juicio, debe conformarse con lo que sea capaz de aportarle el Estado. El bienestar es posible si todos trabajan más y mejor, despilfarran menos y son más productivos. Su consejo para salir de esta crisis es simple. Háganle caso a Raúl. Levanten el ánimo.
Pero la realidad es tozuda. Los peces y panes nunca antes se han multiplicado con declaraciones patrióticas y si en esta ocasión no hay cambios ni milagros habrá hambrunas. Tan simple como eso.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 25/09/2008 22:14
¿Apostamos al desarrollo o a la ruleta rusa?
Juan Antonio Blanco | 30/09/2008 0:05
Tags: Fidel Castro. Cuba. Unión Europea, Chávez, huracanes, micro créditos, desarrollo, Estados Unidos, Rusia, Venezuela, reformas
Los huracanes que asolaron la isla han creado una grave situación social. ¿Hay una oportunidad en esta crisis? Sí, excepcional. Pero, ¿para qué? y ¿para quiénes?
La elite de poder cubana puede finalmente emprender, como respuesta a la nueva situación creada, su prometido programa de “reformas estructurales y de conceptos”. Una reforma estructural implica mucho más que liberar las fuerzas productivas de la camisa de fuerza de un estatismo omnipresente. No se limita a autorizar la venta de celulares, el trabajo por cuenta propia de los taxistas o incluso la creación de microempresas. Es mucho más que eso. Supone apostar a un reordenamiento estratégico que le de prioridad a aquellas inversiones que acerquen la isla a la sociedad de la información y la integren en la economía mundial mediante procesos de agregación de valor. No tiene sentido “reconstruir” el subdesarrollo a los niveles previos al Gustav y el Ike. El régimen de gobernabilidad que los precedió recibió con ellos un golpe mortal.
Lamentablemente también hay otro modo de interpretar la oportunidad que ofrece esta crisis.
Fidel Castro parece querer emplearla en alejar definitivamente a la elite de poder de cualquier consideración sobre los beneficios de la cooperación con la Unión Europea o de una distensión con Estados Unidos. Quiere empujarlos a cerrar filas con Venezuela, quizás retomando la idea -con la que ya flirteaba- de adoptar alguna suerte de confederación con ese país sudamericano.
El convaleciente líder parece considerar que la “correlación internacional de fuerzas” lo favorece de nuevo. Estados Unidos atraviesa el momento de mayor debilidad estratégica desde la Gran Depresión. En él se conjugan una muy grave crisis financiera con dos guerras en zonas geográficas distantes. Por ello alienta a Chávez a que geste una alianza con Rusia y con otros potenciales rivales de Washington de la cual La Habana pudiera también sacar beneficios. Quiere sostener el moribundo régimen de gobernabilidad estatista con una inyección de capitales que espera obtener de atizar la confrontación internacional. Sueña con revivir la Guerra Fría.
El problema con las gerontocracias es que leen el presente con ideas del pasado.
Lo que hoy vemos no es una nueva Guerra Fría basada en rivalidades ideológicas, sino el conflicto entre el nacionalismo ruso y una política estadounidense que lo ha intentado cercar y humillar innecesariamente por ocho años. El hecho de que exista o no un país comunista a 90 millas de Estados Unidos a los rusos les tiene sin cuidado. Ellos vienen de vuelta del comunismo. En este mundo globalizado, -al que están íntimamente conectados-, no tienen como objetivo estratégico el derrumbe del capitalismo americano o mundial.
Lo que, por ahora, procura Moscú con estas piruetas provisionales en el hemisferio occidental es negociar desde posiciones de fuerza un reacomodo permanente con Estados Unidos sobre sus necesidades de seguridad en Europa. Ese asunto, dicho sea de paso, es posible resolverlo sin que ello suponga la sumisión de los países fronterizos a Moscu, sino en todo caso su neutralidad respecto a Rusia. Semejantes objetivos están muy lejos de ser la Jihad internacional anticapitalista a la que aspiran Fidel y Chávez.
Por su parte, el gobierno chino ya subrayó de manera inequívoca su distancia de los arrebatos ideológicos del presidente de Venezuela durante la más reciente visita de ese mandatario a Beijing. No quieren enredarse en alianzas contra terceros países. Desean comercio y crecimiento económico que les traiga bienestar y gobernabilidad aun dentro de su esquema político autoritario.
Tampoco el actual gobierno de Irán representa un aliado promisorio. Sus objetivos estratégicos no rebasan el marco regional, por lo que cualquier paso más allá de esa dimensión geográfica debe ser interpretado –al igual que ocurre, por ahora, con Rusia- como parte de una estratagema para ganar poder de negociación frente a sus nuevos e inesperados “vecinos” estadounidenses y su tradicional enemigo israelita. Sus “aliados” y “compromisos” extrarregionales son cartas también negociables llegado el momento.
Solo la megalomanía de los dos líderes caribeños puede explicar que se crean actores centrales del ajedrez global, cuando en realidad siguen siendo sus peones. Para que Rusia, China u otros países con coincidencias políticas con La Habana apostasen por invertir a largo plazo en su economía el gobierno cubano tendría primero que hacer significativas reformas y aperturas. Nadie se siente motivado a hacer el bailout de un régimen fracasado y asumir el pago en lo delante de sus hipotecas. La URSS y la Guerra Fría basada en alianzas ideológicas no tienen retorno. Los aviones y barcos que surcarán las aguas del Caribe en las próximas semanas pueden desaparecer con la misma rapidez con que aparecieron si los rusos obtienen suficientes garantías a su seguridad.
La gobernabilidad y la independencia de Cuba no radican hoy en anacrónicos malabarismos geopolíticos. El país necesita promover una atmósfera de distensión y cooperación, no de antagonismo y confrontación La actitud solidaria asumida por los cubanos en el exterior -por encima de diferencias y viejas heridas que no han cicatrizado- facilita conectar el actual proceso de reconstrucción con el propósito de avanzar hacia la inclusión de la diáspora en el desarrollo de la isla. Las remesas, que ya constituyen la primera o segunda entrada de divisas al país, pueden ampliarse considerablemente y con rapidez si se le otorgan los incentivos necesarios. Las próximas elecciones en Estados Unidos abren una ventana de oportunidad para que el conflicto bilateral sea reexaminado desde las perspectivas de quien salga electo. Por su parte, la Unión Europea ya levantó sus sanciones y espera ahora por el diálogo con La Habana para determinar si puede o no avanzarse hacia la cooperación. Los dividendos de la paz siempre serán más jugosos y permanentes que los de la confrontación externa e interna.
Hacer uso de la oportunidad que ofrece la crisis creada por Gustav y Ike para apostar por la modernización y apertura de la sociedad cubana, es una opción. Ignorar la gravedad de la crisis social creyendo que los recursos para su solución se obtendrán de nuevos juegos geopolíticos, es jugar a la ruleta rusa. Sin duda, esa es otra opción. Ambas tienen consecuencias.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 30/09/2008 0:11
En Macondo siempre es 26
Juan Antonio Blanco | 29/07/2008 0:39
Raúl Castro vistió verde oliva y decidió hacer feliz a su hermano y no al pueblo. Después de dos años de una siembra intensiva de expectativas, el General pronunció un discurso dirigido a desmovilizar la esperanza. Y lo ha logrado. En eso sí ha tenido éxito.
La consigna de “siempre es 26” adquirió esta vez otro significado: el de Macondo. La gigantesca imagen de Fidel Castro con el lema “Victoria de las ideas” como telón de fondo también era mal augurio. El triunfo de sus ideas condujo a un pozo. Persistir en ellas es la opción del suicida.
El estado, dice el General de Ejército, no tiene recursos para responder a las necesidades y expectativas planteadas por la población, ni para enfrentar los sombríos tiempos que se avecinan.
El estado totalitario que rige en Cuba, ciertamente, no tiene los recursos necesarios porque dilapidó los recibidos de la URSS y hoy sigue siendo incapaz de crear riquezas con eficiencia. Los recursos de todo tipo están en la sociedad civil; en la gente. En esa población, artificialmente empobrecida por un sistema disfuncional, y en aquella parte de la nación desterrada y esparcida por todo el planeta. Sus ideas e iniciativas, las de todos, son las que se necesitan hoy.
Permítase la unión de la nación y libérese la capacidad de soñar, hoy privativa de la elite de poder. Ahí sí hay recursos humanos y financieros para salir del pozo:
· Nuevos productos, servicios y empleos que pueden generarse por decenas de miles de iniciativas individuales y cooperativas.
· Remesas –hoy la segunda entrada de divisas al país- que pudieran ser capitalizables en microempresas urbanas y rurales si éstas se legalizan.
· Recursos humanos emigrados que pueden hacerse disponibles para proyectos productivos y sociales a través de diversas organizaciones no lucrativas (que además aportarían capitales adicionales sin esperar su restitución).
Las decisiones a tomar por el gobierno para que el país acceda a esas posibilidades tampoco requieren de recurso alguno:
· Transformar las actuales empresas y servicios estatales ineficientes en cooperativas de sus propios trabajadores y permitirles que operen como empresas mixtas autónomas con capitales estatales y extranjeros. Las empresas –al igual que las tierras- deben socializarse en favor de quienes las hacen producir. La capacidad de recibir remesas no es la línea inescapable entre el empresario y el trabajador cuando el segundo puede ser también copropietario y accionista de las empresas en que trabaja por obra de un plumazo gubernamental. Por eso es hipócrita el actual esfuerzo por atizar envidias hacia el trabajador por cuenta propia y el receptor de remesas.
· Legalizar la pequeña y mediana empresa en lugar de malgastar el erario público en perseguirlas. Así podrían dedicarse a actividades productivas los recursos que hoy se invierten en su represión.
· Legalizar el traspaso real de las propiedades en bienes raíces y automóviles a sus actuales “usufructuarios” para que puedan valerse de ellas como herramientas para prestar servicios y garantizar el sustento familiar.
Raúl Castro retoma el cansino discurso del estado paternalista. Ése que explica su impotencia para resolver los problemas por causas siempre ajenas a su voluntad: el bloqueo, los ciclones, el cambio climático, las fluctuaciones de la economía mundial o hasta la potencial invasión por extraterrestres si la de los americanos se hace poco creíble. Sin embargo, nadie pide hoy al estado que lo haga feliz, sino que permita a los ciudadanos ejercer la libertad de buscar la felicidad en su propio país. Ante un estado y equipo de gobierno que se declaran impotentes para resolver los problemas del pueblo puede respondérsele: ¿Y quién les ha dicho que los necesitamos?
La “carga” que Cuba reclama ahora –ya que se recurre a los versos de Villena- es contra los muros que por medio siglo han dividido la nación y frenan sus fuerzas productivas. Bribones son los que insisten en mantener dividida a la nación y secuestrados los medios de producción. Derriben los muros del apartheid que permite sólo al estado y a los inversionistas extranjeros participar en la gestión de la economía. Levanten de una vez –sin subterfugios ni cortapisas- los abominables permisos de entrada y salida al país, que no están vinculados a las fluctuaciones de los precios en el mercado mundial. La nación es una sola y la patria es de todos.
La “normalización de relaciones” de la que Cuba está más urgida no es con Estados Unidos o la Unión Europea, sino con aquella parte de la nación que fue desterrada. Las demás caerán por su peso una vez se resuelva esta división. La resurrección de la retórica de los cañones, cuando puede llegar a la Casa Blanca alguien dispuesto a conversar sin precondiciones, indica que están inquietos ante la eventualidad de que pueda “estallar” la paz. Es posible que, como antes han hecho más de una vez, en las próximas semanas y meses se las ingenien para fomentar situaciones, internas e internacionales, que contribuyan a posponer o descarrilar esa posibilidad.
Acudiendo a otras metáforas poéticas pudiera afirmarse que nadie –ni sus hijos- tiene ya interés en permanecer atado “a su viejo gobierno de difuntos y flores”. Por eso emigran aunque ello implique el destierro. El discurso del General de Ejército el pasado 26 de julio no incrementará la productividad, pero sí la cifra de los que planean abandonar la isla.
Para abrir las verjas del futuro quizás se haga imprescindible “un rabo de nube”. Esa parece ser la conclusión a la que invita el discurso de Raúl Castro.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 29/07/2008 3:03
Agujero Negro
Juan Antonio Blanco | 21/07/2009 13:19
Tags: Reformas, crisis financiera, Raúl Castro
¿Recuerdan los cartelitos que rezaban “Cerrado por reformas” que aparecían ocasionalmente en puertas de comercios o teatros? Me vinieron a la mente cuando leía el brillante análisis del internacionalmente laureado académico cubano Carmelo Mesa Lago (El País, Julio 12, 2009) sobre la situación de la economía cubana. Allá la situación parece que será la inversa. Un día el país completo tendrá que “cerrar” -declarándose en bancarrota- por no haberse reformado oportunamente. Cuba se ha cerrado al cambio.
¿Como anda la economía cubana? Muy mal, según el experto. Mesa Lago subraya que si se cumpliesen los pronósticos de algunos “pesimistas” y se llegase este año a experimentar una tasa negativa de crecimiento de -0.5% ese seria “el peor desempeño desde 1994”
A esa inquietante perspectiva hay que sumar la información aportada por el corresponsal del periódico mexicano La Jornada en su despacho del pasado 19 de julio. Según las fuentes de Gerardo Arreola, ha surgido un agujero negro de unos mil millones de dólares en cuentas sin pagar a las empresas extranjeras que negocian con Cuba. Su artículo incluye la siguiente observación: “Esta crisis en el sector bancario no la vivió Cuba siquiera en los peores momentos de la década pasada, tras la caída de la Unión Soviética.”
¿Y las acciones gubernamentales ante este cuadro? Los prometidos cambios “estructurales y de concepto” siguen brillando por su ausencia. Las escasas medidas adoptadas tienen la misma celeridad y eficacia de quien pretende correr en un pantano.
De las 100,000 solicitudes de tierras estatales ociosas presentadas hace diez meses se ha tramitado el 73% pero han sido efectivamente entregadas en usufructo el 38%. La producción nacional de alimentos continua cayendo y ya el pasado año costo al país $1850 millones de Euros importarlos. La ya exigua cuota racionada continúa disminuyendo en la mesa familiar. El salario real sigue descendiendo pese a algunos incrementos nominales y el recién autorizado pago a destajo se aplica a menos del 20% de la fuerza laboral. Todo llega tarde y en medida insuficiente. Mercuro cromo y curitas para hacer frente a heridas profundas de rápido desangramiento.
La Constitución vigente en la isla otorga formalmente el máximo poder al Partido Comunista de Cuba. Por su parte los estatutos que rigen esa organización política conceden la suprema autoridad interna al Congreso del Partido. Pero ese máximo órgano de autoridad y poder es un cero a la izquierda al que nadie consulta desde el pasado siglo (1997). Su convocatoria para fines del 2009 parece haberse extraviado. Si finalmente se convocase sería un acto litúrgico, no un congreso. Después de todo, ¿para que realizar esa o cualquier consulta en un país donde sólo vale una opinión?
Las recientes purgas demostraron que incluso a la más alta tecnocracia se le tiene prohibido opinar. Ser “librepensador” sigue siendo una actitud problemática en el “socialismo” cubano. Ni Raúl Castro escapa a ese principio. Cuando lo olvida enseguida lo corrigen.
Sólo Fidel tiene licencia para tener y expresar ideas sin cortapisa alguna. Y mientras el pueda “reflexionar” el país habrá que cerrarlo por ausencia de reformas porque no las quiere ni le interesan. Por estos días, con su bien pertrechada alacena, está muy ocupado preparando la “insurrección” en Honduras por lo que no puede ocuparse de las mundanas inquietudes alimenticias padecidas por simples mortales.
IMPORTANTE AVISO A LECTORES Y AMIGOS
He cambiado desde el pasado dia 15 de julio mi correo personal.En lo adelante deben escribirme a:
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 21/07/2009 15:01
Mejorar el socialismo
Juan Antonio Blanco | 20/05/2008 2:36
Tags: VI Congreso, socialismo, derechos humanos, Asamblea Nacional, totalitarismo, régimen, cárceles, presos
Han anunciado que a fines del segundo semestre del 2009 se realizará el largamente pospuesto VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Se espera que el equipo de gobierno presente en ese evento su proyecto “socialista”.
En las discusiones previas y las que tendrán lugar durante ese cónclave pudieran tenerse en cuenta dos concepciones socialistas diferentes: una libertaria, autogestionaria e incluyente, y otra, totalitaria, estatista y endogámica.
“Mejorar” el actual Socialismo de Estado significaría hacer “arreglos” al actual régimen totalitario de gobernanza, en la esperaza de adquirir un grado de eficiencia que lo haga sostenible, pero sin socializar el poder que hoy monopoliza una elite. Hacerse de una imagen policromada sería otro objetivo de las “mejoras”. Algo así como vestir de hippie a Stalin. Puede que lleguen a reconocer la libertad de empresa y de orientación sexual -que ahora promueven sus hijos- pero siguen refractarios a otras, como las libertades de expresión y asociación.
Sin embargo, “mejorar el socialismo” también puede ser interpretado por los militantes como la necesidad de sustituir el régimen de gobernanza totalitario por otro que tenga presente la advertencia profética de Rosa Luxemburgo:
La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. ( La revolución rusa, Madrid, Castellote, 1975; p. 209- 210)
La pretendida naturaleza “progresista” del régimen cubano hay que medirla no sólo por el número de aulas y médicos, sino también por el trato que se dispensa en las cárceles y por su capacidad para propiciar la convivencia con herejes, disidentes y oposicionistas.
Es de suponer que el gobierno desee evitar situaciones embarazosas cuando el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas realice su programada inspección a la isla en el 2009. Antes de esa visita y del VI Congreso del PCC, hay una agenda progresista que pudiera acometer por razones utilitarias si las éticas no le resultasen suficientes.
Semejante agenda debería incluir la extensión y garantía del cumplimiento de medidas similares a las ya anunciadas por la Fiscalía en la cárcel camagüeyana de Kilo 7 para poner fin a palizas y tratos degradantes. Pese a los traspiés iniciales (un preso fue castigado por exigir que enjuiciaran a los responsables de abusos cometidos anteriormente) quizás estemos presenciando -por las razones que sean- el comienzo de la humanización de las condiciones carcelarias de todos los presos, políticos y comunes. Si ese es el caso, el gobierno debería dar el paso adicional de liberar a dos centenares de opositores pacíficos condenados a más años de cárcel que algunos líderes de las Brigadas Rojas alemanas. La Asamblea Nacional, por su parte, debería acelerar la ratificación de la firma inicial de adhesión dada por Cuba a los dos principales pactos internacionales de derechos humanos. Ese hecho necesitaría a su vez ser acompañado por la revisión y derogación de aquellas partes de la legislación vigente que contradigan lo estipulado en dichos convenios.
Para impulsar esta agenda en los próximos 12 meses quizás fuese oportuno que la Asamblea Nacional reactivase la Comisión ad hoc de Derechos Humanos que disolvieron de facto en 1996 después de su primera reunión.
Una parte de la población –en especial los jóvenes- cree hoy que lo que el país necesita es una democracia liberal representativa con economía de mercado. Otros piden “reinventar” el socialismo en lugar de “mejorar” el existente. Llevan razón. El totalitarismo no es reformable ni “mejorable”. Habrá libertad para todos o no la habrá nunca para nadie. Ni siquiera para los miembros de la elite de poder. Un enfoque interesante sería retomar la premisa inicial de la revolución de 1959: “Libertad con pan y pan sin terror”.
Los comunistas cubanos podrían hacer de su VI Congreso un hito histórico al dar inicio a un proceso de transformación del país hacia una sociedad abierta, soberana, libertaria, democrática, justa y eficiente. Una sociedad decente y vivible que – aun sin etiquetar- siempre estaría más próxima al ideal de Rosa que al de Stalin. Una sociedad de, por y para todos los cubanos. Próxima a Lincoln y Martí.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 20/05/2008 5:41







