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Somos felices aquí

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"Somos felices aquí". Así rezaba una valla estratégicamente situada en el camino que conduce desde la capital cubana al aeropuerto internacional de Rancho Boyeros. Por el tono no se sabía si era una orden o una aseveración. Quizás era un recordatorio, a titulo de despedida, dirigido a quienes se disponían a tomar un avión para no regresar a aquel “paraíso”.

Hay en este mundo quienes pretenden tener indicadores cuantificables para medir la felicidad. Suelen utilizar datos –cuya veracidad no se molestan demasiado en corroborar- aportados por los propios gobiernos a organizaciones internacionales sobre la tasa de mortalidad infantil, la expectativa de tiempo de vida e índices de escolaridad. Nunca he comprendido por qué no incluyen otros indicadores igualmente mensurables, como las tasas nacionales de emigración y los suicidios. El hecho es que estos inefables “felicitólogos” se niegan a considerar el impacto que tienen sobre la felicidad humana la presencia o ausencia de factores tales como las libertades individuales, estado de derecho, institucionalidad democrática y otros similares que al parecer consideran poco precisos e ideologizados.

Según los gobernantes cubanos, en la isla los que no clasifican como seres “felices” son las inevitables excepciones –desequilibrados que insisten en su necesidad de libertad de opción- que sólo sirven para confirmar la regla. Todos los diplomáticos y delegaciones extranjeras que han recorrido el territorio nacional en estos cincuenta años han podido corroborarlo. Sus visitas, acaba de decirnos el General de Ejército Raúl Castro, han sido diligentemente preparadas de antemano para facilitarles llegar a esa sabia conclusión.

Sin embargo, la terca realidad nos interroga sobre la extraña conducta de miles de compatriotas que huyen anualmente hacia cualquier otro punto del planeta a la primera oportunidad.

Cuando se inició la tímida y mediatizada apertura a la iniciativa privada a partir de 1994, el número de las llamadas “salidas ilegales” descendió sustantivamente sin que Estados Unidos hubiese suprimido su Ley de Ajuste Cubano. La gente creía que podría volver a buscar su felicidad junto a familiares y amigos, en lugar que tener que alejarse de ellos intentando alcanzarla. Al cerrarse el espacio y morir la ilusión, el éxodo tomó nuevos bríos.

Muchos esperaban ahora recuperar la esperanza, pero la recién concluida Asamblea Nacional del Poder Popular solo les anuncia tiempos aún más duros. Nada se dijo que indicase que el estado desalojaría los predios económicos que invadió de manera masiva desde la década de los sesenta del pasado siglo. Nada se aprobó que hiciera posible creer que pronto podría buscarse la felicidad en el territorio nacional sin que el estado definiese el contenido de ese concepto.

En el socialismo de estado cubano hay cada vez más personas que restan importancia a saber leer y escribir, si solo se puede ejercer esa virtud dentro de lo considerado políticamente correcto por el gobierno. O les parece inaceptable que su longevidad sea consumida en una sociedad en la que carecen de todo poder y derechos, salvo el de ser convocados a hacer realidad los sueños de sus gobernantes o aplaudirlos en la plaza pública.

Raúl Castro cree que la gobernabilidad depende de los frijoles y lleva razón. Pero es evidente que insiste en producir alimentos y hacer construcciones a partir de las fuerzas del estado. Desconcentrar decisiones y recursos no equivale a descentralizarlos en favor del ciudadano. Sin liberar la iniciativa privada, individual y cooperativa, no habrá suficientes brazos para producir ni construir.

Pero el asunto es aún más complicado. El problema de fondo es que el leit motiv del ser humano no son tampoco “los frijoles” aunque ellos sean esenciales.

Las personas no somos animalitos que bien cobijados (que no es el caso de muchos cubanos hoy día), bien alimentados (que tampoco lo es) y bien atendida su salud (que cada vez lo es menos) son felices en un paraíso abierto a ingenuos visitantes que lo recorren por rutas cuidadosamente escogidas por sus administradores.

El ser humano necesita ejercer el derecho de definir por sí mismo qué es lo que lo hace feliz. No es papel del estado determinar cuál debe ser el ideal de felicidad de las personas. Su función es “empoderar” a los ciudadanos para que puedan intentar alcanzarla en un marco de iguales oportunidades. Ningún estado hace feliz a nadie, aunque pueden hacerle la vida infeliz a muchos.

El día que realmente se “socialice” –democratizándolo- el inmenso poder que hoy tiene centralizado una cúpula dirigente, los cubanos podrán dar respuesta eficaz a sus necesidades materiales haciendo uso de sus libertades ciudadanas. Y buscaran la felicidad en su propio país. Para entonces, la valla se habrá retirado de la calzada de Rancho Boyeros, porque ninguna sociedad es total y definitivamente feliz y la búsqueda de la felicidad es siempre un proceso inconcluso.



¿SUMISIÓN O UNIÓN?

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Creo reconocer -hay manierismos inconfundibles- al autor del ovejuno mensaje firmado con el titulo de la obra teatral Esperando a Godot que fuera enviado al post anterior y publicado por mi entre los comentarios de Unamos la nación al que iba dirigido. Allí aparecen, íntegros, mi llamado a la unión y su mensaje de sumisión para quien desee releerlos.

La respuesta –que haré dividiendo por partes su texto- ha resultado extensa para este espacio, aunque no para lo que mereciera decirse a quien la envió. Pero creo que, al final, el tema interesa a todos.

1) “Esta retórica blanquina sobre la nación huele mal”

Ese es el derecho de su olfato. En mi caso tiendo a sentir mal olor cada vez que recibo o leo un mensaje que pretende ser agudo y perspicaz sembrando misterios sin ser claro. Si tiene algo que decir sobre mi o mis intenciones dígalo aunque se oculte detrás de un pseudónimo. Con claridad le digo que creo su texto oscuro por las razones que, párrafo a párrafo, explicaré a continuación.

2) “Está concentrada en trabajar desde arriba, en forma vertical, quitando y poniendo políticas que reacomodan el dominio de aquellos que ya tienen el poder, sea en Cuba o en Miami. En otras palabras, lo que propone Blanco es una alianza entre las élites políticas y culturales, no una transformación democrática que se genere a través de todo lo largo y ancho del espectro social. Ése modelo si avanzado en los setenta y parte de los ochenta, hoy está agotado”.

Creo que lo que le molesta es precisamente lo contrario de lo que usted afirma. En efecto, son las sociedades civiles las que deben tener el protagonismo en esta nueva época y por eso promuevo su capacidad de acción autónoma sobre la base de intereses prioritarios y comunes. Como la nación cubana está fragmentada de diversas formas, y una de las más importantes es la que se ha producido con el destierro masivo de cientos de miles de personas, pretendo contribuir a identificar sus intereses comunes para hacerlos valer contra aquellas estructuras de estado y gobierno que los afectan.

3) “La sociedad cubana no es la misma de hace veinte años, ni el mundo tampoco”.

No pierdo la esperanza de que algunos dirigentes cubanos lleguen a entenderlo.

4) “Lo que tenemos que hacer es acabar con nuestros prejuicios contra las posibilidades de cambio dentro de las estructuras gubernamentales cubanas, por mínimas que estas sean, y ver cómo la sociedad civil puede integrarse a ellas críticamente. Y afuera, presionar para que las relaciones bilaterales pongan a la gente común por encima de los gobernantes”

El que suscribe ha examinado en múltiples ocasiones la potencialidad y sobre todo necesidad de cambios en la sociedad cubana. Si ese no es el rumbo que vienen tomando las cosas me parece exagerado cargarlo a los prejuicios que algunos puedan tener sobre “las posibilidades de cambio de las estructuras gubernamentales cubanas”. El que hizo el discurso el pasado 26 de julio fue Raúl Castro, no yo. Tampoco tengo responsabilidad alguna en la promoción de José Ramón Machado Ventura.

El que me acusa de intentar hacer política elitista hace un llamado ovejuno a darle un cheque en blanco de fe (otro más después de medio siglo) al gobierno cubano, para entonces “ver como la sociedad civil puede integrarse” a las medidas que decidan “por mínimas que estas sean”. Y luego pretende calificar esa integración al añadir que se realice “críticamente”, intentando posar de defensor de una autonomía a la que ya renunció de antemano.

O sea, ver qué decide hacer el gobierno y entonces veremos –VEREMOS- cómo (si se lo permiten y hasta dónde se lo permiten) se “incorpora a ellas –incorporarse es siempre lo “políticamente correcto”, nunca oponerse. Para cerrar ese malabarismo verbal se agrega “críticamente”, palabra que no alcanza a ocultar el espíritu sumiso, elitista y pro gubernamental de este enfoque.

Toda la concepción anterior –que intenta pasar por actualizada y democrática- no revindica el papel autónomo de la sociedad civil ni el ejercicio de la soberanía popular, sino es un sumiso canto al vanguardismo leninista –elitista trasnochado del que ningún intelectual de izquierda que se respete hace ya la defensa.

Pero me llama aun más la atención el hecho de que su mensaje, al tiempo que llama a quitarnos los prejuicios sobre el inmovilismo gubernamental (al cabo de 24 meses del ascenso de Raúl Castro) se conjugue con una exhortación tan típica del gobierno cubano como la de que los que estamos “fuera” debemos callarnos la boca sobre lo que ocurre en nuestro país y volcar todos nuestros esfuerzos a reclamar un cambio en las relaciones bilaterales. Que conveniente, ¿no?

Eso –sin misterio- es tramposo. Ese “zapatero a tus zapatos”, que implica una suerte de “trabaja para quitarme el embargo y no hables ni opines de un país al que ya no perteneces” ha sido una de las peores expresiones de la estulticia y arrogancia gubernamental. Execrable división del trabajo la que se pretende imponer a los desterrados cubanos y el “misterioso” mensajero nos propone seguir.

La mediocridad patética de estas sugerencias no puede ser revestida con baratas piruetas intelectuales. Es usted quien espera por Raúl “Godot” Castro para ver cómo se logra integrar a sus decisiones “por mínimas que sean”. Ese es su problema.

5) “Tarde o temprano, estos pasan, la nación perdura”.

Plenamente de acuerdo. Se acerca el día en que esa aseveración será confirmada, -para algunos de manera poco amable-, por los hechos.

Una CODA para los encargados de la propaganda desde cualquier latitud geográfica.

Veo que resienten este llamado a la unidad nacional. Gracias por hacerlo saber.

La nación con todos y para el bien de todos –que incluirá también a personas como ustedes- será una realidad más temprano que tarde. Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese.

Sigan llamando a la sumisión, que yo no me cansaré de convocar a la unión.



No somos el enemigo

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El ping pong político de la ayuda humanitaria se va complicando. Fidel Castro tiene una larga lista de "enemigos" a quienes pretende bloquear su apoyo a los damnificados cubanos por las recientes tormentas Gustav y Ike.

Fragmentos de la noticia sobre la cuarta oferta de Estados Unidos

El secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, dijo este domingo que Washington ha realizado una cuarta oferta de ayuda a La Habana, y pidió al gobierno de la Isla que ponga "los intereses del pueblo cubano por encima de las diferencias políticas", informó EFE.

"Nuestra oferta más reciente fue una respuesta directa al pedido del gobierno cubano para materiales de construcción", explicó Carlos Gutiérrez.

La Agencia Estadounidenses para el Desarrollo Internacional (USAID) "está preparada para entregar, por aire y mar , suministros de construcción y albergues que puedan dar vivienda temporal y permanente" para unas 48.000 personas.

Según informes de prensa y de organismos de socorro que han visitado la Isla, hasta 2,5 millones de cubanos estarían sin hogar.

El paquete de ayuda más reciente de Estados Unidos, dijo el funcionario, incluye el envío aéreo de 8.000 equipos para albergues de emergencia y para el hogar, seguido por el envío de materiales complementarios, como techos de zinc y madera para reparaciones residenciales.

Fragmentos de las declaraciones del Comisario Europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel

El comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel, visitará Cuba entre el 22 y el 25 de octubre para negociar la posible reanudación de los programas de cooperación del Ejecutivo comunitario con el gobierno de la isla, una asistencia que el régimen de La Habana rechaza desde 2003.

Por otra parte, Michel informó hoy (septiembre 16) de que la CE se ha puesto en contacto con Cuba para ofrecer ayuda tras el paso de los huracanes "Gustav" y "Ike", que asolaron en las últimas semanas la isla, y aseguró que Bruselas se encuentra a la espera de la respuesta de las autoridades cubanas.

"Ya no depende de nosotros, les corresponde a ellos decirnos si la desean o no", insistió el comisario, que recordó que en casos de asistencia como este es necesaria la autorización del país receptor.

Mientras la gente hace colas delante de ollas colectivas o vive desplazada en casas ajenas y carpas improvisadas, Fidel Castro se da el lujo de seguir rechazando, según sus propios criterios, la ayuda que no sea de su agrado y lanza las primeras amenazas contra quienes no piensen igual que él.

El pasado 16 de septiembre escribió en el Granma:

Es obvio que el gobierno de ese poderoso país no puede comprender que la dignidad de un pueblo no tiene precio. La ola de solidaridad con Cuba, que abarca a países grandes y pequeños, con recursos y hasta sin recursos, desaparecería el día en que Cuba dejara de ser digna . Se equivocan rotundamente los que en nuestro país se disgusten por ello.

En su ultima “reflexión” del domingo, aquel que continúa trazando el camino de Cuba hasta que se demuestre lo contrario, dice:

También se producen blandenguerías en algunos ciudadanos que se habitúan a recibir y dedican poco tiempo a meditar, leer periódicos e informarse de las realidades. El enemigo conoce sobradamente bien las debilidades de los seres humanos en su búsqueda de espías y traidores

El bien atendido, cobijado y alimentado Primer Secretario del Partido Comunista ya anunció que esta batalla apenas comienza y dio a entrever que su próximo blanco serán las donaciones procedentes de la diáspora que tampoco sean de su agrado (o sea, casi todas). Sus envíos pueden ser “confiscados”, amenazó en ese mismo texto.

¿Quiere EEUU dar una buena imagen? Seguro. Eso, en efecto, conviene a sus intereses políticos inmediatos, aunque lo que más beneficiaría a ambas naciones sería una revisión a fondo de sus políticas bilaterales. También le conviene ayudar a asegurar condiciones mínimas en Cuba a los damnificados para que no piensen en largarse para EEUU. Tampoco quieren que se les responsabilice con la hambruna que acecha a la vuelta de pocos meses. ¿Es todo eso hacer política? Seguro. ¿Debe anteponerse el objetivo igualmente político de La Habana de impedir que los EEUU "queden bien" al alivio que supone esa ayuda para los damnificados? No, mil veces no. No es ético hacerlo. Esa falta de ética en la postura asumida en esta situación por Fidel Castro es la que resta fuerza persuasiva a sus argumentos. Si al ofrecer el envío de una brigada médica a New Orleans dijo que la ayuda humanitaria debería estar por encima de la política, ahora no ha sido capaz de aplicar esa norma moral en beneficio de los cubanos.

Tampoco han sido muy coherentes las posturas asumidas por La Habana ante la ayuda ofrecida por diversas fuentes.

¿Por qué se consideró que la oferta inicial de 100,000 dólares por EEUU representaba una cifra "ridícula" pero ese no fue luego el caso con los 300,000 de China, país mencionado por Fidel Castro entre sus agradecimientos? ¿Por qué el envío de equipos de evaluación ofrecidos por Venezuela y México no fue rechazado por "humillante", pero la idea de recibirlo de EEUU, resultó intolerable? ¿Por qué se insiste todavía en rechazar la ayuda estadounidense después que esa condición fuera retirada y multiplicada 50 veces la cifra inicial? ¿Y cuál es el problema ahora con la Unión Europea? ¿Bajo cual lógica se rechaza la ayuda de ese bloque regional de 27 países pero se le acepta a dos naciones –Bélgica y España, que no son mencionadas siquiera entre los agradecimientos de Fidel Castro- que envíen la suya?

El convaleciente Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, desde su cómodo aposento, no tiene moral para hablar en nombre de los que ahora nada tienen y a los que ni tan siquiera se les reconoce el derecho de aparentar "desánimo" o de poner cara "hosca" en presencia de Raúl Castro, sobre todo si se tiene presente que su escolta exhibe rostros hoscos a quienes no sonrían al paso del General. Las donaciones, en última instancia, no son para el gobierno cubano, sino para los damnificados. Recibirlas es su derecho a la vida.

Mientras seguimos demandando el levantamiento de las restricciones de remesas y viajes a los cubanos en Estados Unidos hay que exigirle al gobierno en la isla que deje entrar toda la ayuda humanitaria de emergencia disponible, incluida la de la Unión Europea, -que nunca impuso un embargo económico a Cuba y cuyas sanciones políticas del 2003 fueron levantadas hace meses. Ese bloque ya dio 2 millones de Euros (cerca de 3 millones de dólares) a Haití en ayuda humanitaria por el Gustav y el Ike mientras La Habana primero guardaba silencio frente a la interrogante europea sobre si aceptarían o no la ayuda y ahora pretende ocultar su negativa a recibirla alegando que no existe todavía un acuerdo marco de cooperación –que es un asunto diferente al de la ayuda de emergencia que ahora está en juego- entre la Unión Europea y Cuba.

Hay quienes me dicen -con razón- que pierdo el tiempo solicitando una postura ética a quienes carecen de ella sea en La Habana, Miami o Washington. Pero no es para ellos que escribo. Es para los estadounidenses y cubanos decentes en ambas orillas que deben saber con claridad lo que sucede, conocer las opciones existentes y participar, juntos, en defensa de los intereses de los damnificados.

Prefiero que sean El Discípulo & B, quienes -con rap y lógica popular- respondan tanto al Asesor en Jefe como a aquellos políticos que desde cualquier latitud geográfica o ideológica juegan con la suerte de las víctimas de esta tragedia. Frente a ellos –en defensa de la genuina dignidad y la ética- hay cubanos y norteamericanos que, poniendo a un lado nuestras diferencias, demandamos unidos el derribo de todos los muros que hoy entorpecen esta operación humanitaria.

Nosotros no somos el enemigo.

NO SOY EL ENEMIGO (El discípulo & B)



Males de familia

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El Comandante Cero (siempre a la izquierda) padece de intenso desasosiego. Su hermano está afectado por una irrefrenable melancolía.

Al Comandante Cero lo atormenta su irrelevancia. Castigo divino a la soberbia. Andar dependiendo de otros para cualquier cosa y desplazado del interés público. Cosas veredes, debe repetirse a cada instante. Vive en mundo de fantasía en que imagina que Obama y su Jefe de Gabinete esperan cada amanecer la salida del Granma para leer sus agudas Reflexiones. No obstante, algunos mandatarios se apuran a visitar La Habana. Si tienen suerte y llegan un día en que está presentable podrán verlo y tomarse fotos antes de que se convierta en otro muñeco de algún museo de cera. Ya comienza a serlo. Me cuentan que en la isla a pocos interesaba el rumor de su muerte ni la noticia de su reaparición. En el mundo -¡horror!- todos aclaman y admiran al nuevo Presidente de Estados Unidos. Ingrata que es la gente.

A su hermano, sin embargo, lo atormenta la melancolía. Si viene un chino, canta canciones de la época de Mao. Si va a Moscú, se reúne con círculos de abuelos que ostentan sus medallas de la Gran Guerra Patria. No entiende por qué los chinos le repiten en cada ocasión que su relación con Cuba no está dirigida contra terceros países. Ni la razón por la que Putin le recita -varias en veces en el mismo discurso- que espera que esta vez se cumpla lo acordado. Acuerdos que ni de lejos son los que obtenía La Habana con la URSS y están muy distantes de dar solución a la grave situación nacional. En Angola, Dos Santos le recalca que el desarrollo logrado en ese país africano ha sido alcanzado sin depender de nadie. En Argelia, hace las delicias de un Bouteflika al que no pueden venirle con cuentos porque hace mucho tiempo conoce bien las interioridades e ineptitudes del gobierno cubano. A su salida de Cuba el General declaró que su viaje era muestra de la solidez de su gobierno y de la buena salud que gozaba su hermano. La realidad es otra. Anda -a toda carrera- en busca de aliados petroleros que no se interesen por los derechos humanos ni la democracia, pero resulten más confiables que Hugo Chávez. El problema es que a todos, sin excepción, les interesa que Cuba pague. Ingrata que es la gente.

Al cierre:

El gobierno de Madrid ha protestado -con notable retraso- la resolución adoptada el pasado 11 de julio del 2008 por la Asamblea Nacional del Poder Popular en que expresa su rechazo a la directiva de retorno de inmigrantes ilegales aprobada por la Unión Europea en junio de ese año. Conmovedora solidaridad humana la de la Asamblea Nacional de Cuba con esos emigrantes ilegales extranjeros. Me pregunto cuándo incluirán en su agenda la defensa de los derechos de los migrantes legales cubanos frente a las arbitrariedades y abusos a que son sometidos por su propio Estado. Es asunto de decoro.



Obamofobia

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La Obamofobia no es una patología limitada a los afiliados al KKK y algunos republicanos radicales. En Caracas y otras capitales se padece por igual de ese síndrome. La simpatía que irradia el actual presidente de Estados Unidos es motivo de profunda preocupación en los círculos de la izquierda autoritaria.

Por estos días, Chávez parece dedicado a concertar una acción durante la próxima Cumbre de las Américas dirigida a destruir la credibilidad y aminorar la atracción del presidente de Estados Unidos.

La popularidad mundial del nuevo ocupante de la Casa Blanca es de tal magnitud que Chávez y su inseparable abuelito en La Habana se han visto obligados a hacer alardes de hipocresía para que su mensaje sea, al menos, escuchado. Del Obama cómplice del “genocidio” contra el pueblo palestino, según una de las primeras “reflexiones” sobre el presidente estadounidense del Primer Secretario del PCC, ahora se habla de otro sincero y con buenas intenciones al que hay que tratar de ayudar. Lo que sucede es que el modo con el que se pretende “ayudarlo” es algo extravagante. Se le exige, por ejemplo, que demuestre su sinceridad y voluntad de cambios levantando unilateralmente el embargo y liberando de manera inmediata a los “Cinco Héroes”,

¿Confunden Chávez y Fidel el sistema constitucional estadounidense de poderes separados con el que reina en la isla, donde un hombre hace y deshace sin respetar ninguna norma jurídica? ¿Acaso lo que realmente se procura con esas demandas es “demostrar” que Obama es más de lo mismo porque no accede corriendo a sus reclamos?

La forma en que piensan “ayudar” al Presidente de Estados Unidos parece ser la de armarle un gran “escándalo” durante la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en torno a la demanda del embargo. Para ello hay dos anillos de concertación “artillera”. El primero lo integra Chávez con sus homólogos de un grupo de países. Pero si bien el rechazo al embargo es una demanda ampliamente compartida, no lo es el deseo de arrinconar a Obama, por lo que los “duros” no están seguros del todo de hasta donde el resto de los participantes les permitirá llegar con su show en el foro multilateral.

El segundo anillo de presiones lo constituye la Cumbre de los Pueblos que –como es usual- va a ser instalada en Trinidad y Tobago como tribuna paralela a la de los jefes de Estado. Allí, además de los respetables representantes de organizaciones no gubernamentales legítimas, desfilarán también los activistas profesionales del radicalismo bolivariano, exigiendo definiciones inmediatas a Obama y “desenmascarándolo” por no levantar de manera unilateral e incondicional, el embargo a Cuba.

Es probable que la prensa -que detesta las Cumbres por aburridas e insulsas- se dé un festín reportando las confrontaciones folklóricas de los “duros” con los “blandos” y asegurando –para satisfacción de Chávez y su cómplice habanero- que los titulares de la Cumbre informen de “la primera derrota política de la actual Administración de Estados Unidos”. Particular placer derivarán del hecho los dos compadres por coincidir las fechas con las de la batalla de Playa Girón. Pero el placer, aun cuando se obtiene, es siempre efímero y hay victorias pírricas.

¿Le conviene a Raúl Castro formar parte de esas piruetas de su hermano y el presidente venezolano? No lo creo. Puede apoyarse en Lula para que lo ayude a escapar de ese entuerto. Pero si conflicto es lo que busca debiera saber que debe llevar dos jabas y, muy probablemente, olvidarse de toda perspectiva futura de mejorar las relaciones con Washington.



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La sociedad cubana ante el cambio

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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco96@gmail.com

 

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