El Cubo de Rubik
Juan Antonio Blanco | 06/05/2008 22:37
Tags: sociedad civil, cambios en cuba, diáspora
A propósito del llamado al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba -y de la polémica entre dos lectores que comparaban el modelo europeo y estadounidense- recordé un artefacto puesto de moda en la década del ochenta: el Cubo de Rubik. ¿Lo recuerdan? Les adelanto la descripción de Wikipedia: “Se trata de un conocido rompecabezas cuyas caras están divididas en cuadros de un mismo color sólido cada una, los cuales se pueden mover. El objetivo del juego consiste en desarmar la configuración inicial en orden y volverla a armar.”
Creo que usar como metáfora el Cubo de Rubik para pensar en el reacomodo que demanda la sociedad cubana pudiera sernos de alguna utilidad. En nuestro caso no se trata de desarmar la posición actual de las seis caras del cubo para devolverlas a su estado original. El futuro será siempre distinto al presente y nunca igual al pasado. Nadie puede congelar el actual status quo ni devolvernos a enero de 1959. La Historia no funciona de ese modo.
Pero la imaginación de los cubanos sigue perseguida por dos retos. El que nos lanzara Martí de que construyésemos una República “con todos y para el bien de todos” y el de materializar la promesa incumplida de la Revolución de 1959: “Libertad con pan y pan sin terror”. No se trata de proponernos alcanzar la sociedad perfecta en Cuba u otra parte porque ya sabemos que no existe ni existirá nunca. Se trata de hacer algo que responda a nuestras necesidades en este siglo basándonos en lo aprendido hasta aquí.
La realidad cubana y su potencial para entrar con éxito en el futuro suponen un cambio radical del régimen de gobernanza que hoy ordena las relaciones entre el Estado, el mercado, la sociedad civil, su Diáspora y la economía global. Esas son las seis caras de nuestro Cubo de Rubik y no es nada sencillo encontrar su alineación.
Cada combinación representa un posible modelo de desarrollo que pudiera emprenderse. Pero hay que mover todas las caras del cubo, y no sólo una o dos de ellas, para poder alcanzar la solución. De hecho cada vez que se mueve una es inevitable arrastrar a parte de las otras con ella como se aprecia en el gráfico que aparece arriba.
Me alienta pensar que la Diáspora cubana se ha esparcido por todo el planeta, por lo que ha acumulado múltiples experiencias que algún día podrán ser puestas al servicio de la nación. Eso sucedió en Irlanda del Norte cuando muchos retornaron de manera temporal o permanente después del conflicto a hacer su aporte a la sociedad en que nacieron. También ocurre en Islandia, donde desde los vikingos se impuso una tradición de viajar y conocer para luego retornar trayendo las experiencias a la sociedad de origen.
Y cuando no nos pongamos de acuerdo sobre cual de nosotros trae la mejor solución -como ocurrió con el acalorado, pero al final interesante intercambio al que me referí antes- haremos uso de las libertades democráticas, que para entonces tendremos, a fin de decidir el camino a tomar. Eso no nos asegurará que adoptemos una buena decision, pero garantizará el respeto al acuerdo alcanzado hasta que nos percatemos del error.
Mientras, seguimos ejercitándonos en el diálogo democrático para cuando llegue ese día. Podemos continuar haciéndolo en espacios como éste u otros disponibles. En Cuba, por el momento, tendrán que discutir dentro de los límites de una agenda orientada, supuestamente, a mejorar el “socialismo”, término que nadie hasta el presente se ha molestado por definir con claridad. Seria productivo si los debates en la isla se iniciaran por ese tema para al menos conocer mejor las orejeras que guían la discusión.
No estaría de más donar Cubos de Rubik a todos los miembros del Consejo de Estado y a los delegados al congreso del PCC. También sería pertinente repartirlos entre algunos sectores del exilio. Es una excelente gimnasia mental para cualquiera, pero son en particular recomendables para aquellos que pasan de 75 años.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 08/05/2008 2:33
Mejorar el socialismo
Juan Antonio Blanco | 20/05/2008 2:36
Tags: VI Congreso, socialismo, derechos humanos, Asamblea Nacional, totalitarismo, régimen, cárceles, presos
Han anunciado que a fines del segundo semestre del 2009 se realizará el largamente pospuesto VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Se espera que el equipo de gobierno presente en ese evento su proyecto “socialista”.
En las discusiones previas y las que tendrán lugar durante ese cónclave pudieran tenerse en cuenta dos concepciones socialistas diferentes: una libertaria, autogestionaria e incluyente, y otra, totalitaria, estatista y endogámica.
“Mejorar” el actual Socialismo de Estado significaría hacer “arreglos” al actual régimen totalitario de gobernanza, en la esperaza de adquirir un grado de eficiencia que lo haga sostenible, pero sin socializar el poder que hoy monopoliza una elite. Hacerse de una imagen policromada sería otro objetivo de las “mejoras”. Algo así como vestir de hippie a Stalin. Puede que lleguen a reconocer la libertad de empresa y de orientación sexual -que ahora promueven sus hijos- pero siguen refractarios a otras, como las libertades de expresión y asociación.
Sin embargo, “mejorar el socialismo” también puede ser interpretado por los militantes como la necesidad de sustituir el régimen de gobernanza totalitario por otro que tenga presente la advertencia profética de Rosa Luxemburgo:
La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. ( La revolución rusa, Madrid, Castellote, 1975; p. 209- 210)
La pretendida naturaleza “progresista” del régimen cubano hay que medirla no sólo por el número de aulas y médicos, sino también por el trato que se dispensa en las cárceles y por su capacidad para propiciar la convivencia con herejes, disidentes y oposicionistas.
Es de suponer que el gobierno desee evitar situaciones embarazosas cuando el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas realice su programada inspección a la isla en el 2009. Antes de esa visita y del VI Congreso del PCC, hay una agenda progresista que pudiera acometer por razones utilitarias si las éticas no le resultasen suficientes.
Semejante agenda debería incluir la extensión y garantía del cumplimiento de medidas similares a las ya anunciadas por la Fiscalía en la cárcel camagüeyana de Kilo 7 para poner fin a palizas y tratos degradantes. Pese a los traspiés iniciales (un preso fue castigado por exigir que enjuiciaran a los responsables de abusos cometidos anteriormente) quizás estemos presenciando -por las razones que sean- el comienzo de la humanización de las condiciones carcelarias de todos los presos, políticos y comunes. Si ese es el caso, el gobierno debería dar el paso adicional de liberar a dos centenares de opositores pacíficos condenados a más años de cárcel que algunos líderes de las Brigadas Rojas alemanas. La Asamblea Nacional, por su parte, debería acelerar la ratificación de la firma inicial de adhesión dada por Cuba a los dos principales pactos internacionales de derechos humanos. Ese hecho necesitaría a su vez ser acompañado por la revisión y derogación de aquellas partes de la legislación vigente que contradigan lo estipulado en dichos convenios.
Para impulsar esta agenda en los próximos 12 meses quizás fuese oportuno que la Asamblea Nacional reactivase la Comisión ad hoc de Derechos Humanos que disolvieron de facto en 1996 después de su primera reunión.
Una parte de la población –en especial los jóvenes- cree hoy que lo que el país necesita es una democracia liberal representativa con economía de mercado. Otros piden “reinventar” el socialismo en lugar de “mejorar” el existente. Llevan razón. El totalitarismo no es reformable ni “mejorable”. Habrá libertad para todos o no la habrá nunca para nadie. Ni siquiera para los miembros de la elite de poder. Un enfoque interesante sería retomar la premisa inicial de la revolución de 1959: “Libertad con pan y pan sin terror”.
Los comunistas cubanos podrían hacer de su VI Congreso un hito histórico al dar inicio a un proceso de transformación del país hacia una sociedad abierta, soberana, libertaria, democrática, justa y eficiente. Una sociedad decente y vivible que – aun sin etiquetar- siempre estaría más próxima al ideal de Rosa que al de Stalin. Una sociedad de, por y para todos los cubanos. Próxima a Lincoln y Martí.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 20/05/2008 5:41
Magia brasileña
Juan Antonio Blanco | 18/12/2008 20:43
Tags: Brasil, Caribe, integración regional, Chávez, Cuba, América Latina
El gran ganador de las cumbres en Sauípe es Brasil. Más que el gobierno de Lula, es el propio Estado brasileño el triunfador de estas reuniones.
Itamaratí- la más profesional de todas las cancillerías latinoamericanas y caribeñas- concibió este maratón de cumbres para relanzar el liderazgo regional de Brasil en el instante en que la caída de los precios del petróleo resta protagonismo a Venezuela. Puede afirmarse que al ALBA “se le acaba la gasolina” y el proceso de integración que ahora se inicia subraya su perspectiva marginal en el nuevo contexto regional y mundial.
Para capturar el protagonismo regional, Brasil tenía que capear y vencer las tensiones que algunos gobernantes del grupo radicalizado en torno a Chávez (Morales, Correa, Lugo) le venía presentando en meses recientes. Y lo logró con un acto de prestidigitación.
Con la mano izquierda Lula exhibió a Raúl Castro, lo invitó a formar parte de este foro totalmente latinoamericano y caribeño (“una oferta que no podía rehusar”) y otorgó espacio a los que deseaban entregarse a la tradicional retórica del nacionalismo regional. Así neutralizó al polo de Caracas. Pero mientras esos gobernantes y buena parte de la prensa miraban en esa dirección, Brasilia, con la mano derecha, se apropiaba del protagonismo en la región que Chávez, con su ALBA, ha tratado de consolidar en los últimos años.
Brasilia necesitaba parir -fuera del control de los gobiernos más radicales- este nuevo proceso de institucionalización regional. Para ello Itamaratí llevaba meses diseñando una puesta en escena propicia a la catarsis verbal ultranacionalista de los afiliados al polo de Caracas. Invitar a Cuba a integrarse al nuevo mecanismo no chocaba con las posiciones regionales, era coherente con la postura tradicional de todos los gobiernos democráticos en Brasil y constituía la pieza perfecta para alcanzar el objetivo estratégico de Itamaratí. Adicionalmente la solidaridad con La Habana es siempre bien recibida por aquellos militantes radicales del partido de gobierno (PT) que en otros campos son críticos de las políticas económicas de Lula y cuyo voto conviene asegurar con vista a las próximas elecciones. Es pertinente subrayar un dato. En Brasil impera una democracia pluralista con inexcusable rotación presidencial. Las estrategias de Itamaratí se diseñan para favorecer los intereses estratégicos del Estado brasileño, no del gobierno de turno.
La maratónica serie de cumbres (Mercosur, Grupo de Río, CALC) no resolvió ninguno de los conflictos económicos o políticos pendientes. Muchos no fueron siquiera abordados. No pudo elegirse a Néstor Kirchner como secretario de UNASUR por la oposición de Uruguay. La iniciativa del Banco del Sur, promovida por Chávez, no fue a ninguna parte. Las demandas de Ecuador y Paraguay contra Brasil no fueron superadas. Las tensiones territoriales de Chile y Bolivia no fueron mencionadas. Los problemas que presenta la crisis alimentaria en el contexto de la crisis financiera global, no fueron asumidos.
El tema cubano era esencial para distraer la atención de otros asuntos que resultaban divisivos y el apoyo emotivo de Lula a La Habana neutralizaba a sus admiradores. Pero aun así, las decisiones en torno a la isla no fueron tan espectaculares como el propio espectáculo de tener al General de Ejército Raúl Castro entre los participantes. Sin estridencias se reiteró la ya universal y tradicional condena del embargo en los mismos términos que se hace cada año en Naciones Unidas y se invitó al gobierno cubano a integrarse al nuevo mecanismo regional que ahora nace y que –a diferencia de la OEA y de Mercosur- no está, por el momento, regido por cláusulas que obliguen a adherirse a principios democráticos.
Como moscas que acuden a la miel, la invitación a Cuba propició que se desencadenase la retórica de sus seguidores ideológicos. Uno proponía dar muerte a la OEA, otro que se expulsara a los embajadores de Estados Unidos si ese país no levantaba en breve el bloqueo a Cuba, y así sucesivamente. Siendo el lugar común de esos oradores que la culpa de todo lo malo que acontece en la región la tiene Estados Unidos y que Cuba simboliza la voluntad regional de resistencia a Washington, la pasión puesta en sus emotivos discursos y abrazos al General los distrajo.
Mientras tanto, los hábiles diplomáticos brasileños se dedicaban a tejer el único acuerdo que les interesaba en verdad obtener de la inversión realizada para convocar esta maratónica serie de reuniones: el nacimiento de una institución regional inclusiva –libre del radicalismo que fomenta Venezuela- y propicia a gravitar hacia Brasilia. Y lo lograron sin tener para ello que declarar al naciente organismo en necesaria colisión con la OEA, Estados Unidos, Canadá, España, la Unión Europea o el sistema interamericano aunque todo arrebato retórico tuviese su espacio y momento. Cuando Daniel Ortega lanzó un ataque furioso contra Washington y los europeos por suspender parte de su ayuda bilateral por los dudosos manejos que hiciera el Presidente de Nicaragua en las recientes elecciones municipales, la reunión no le extendió su apoyo. A ello se añadió que Lula lo instase a concluir su discurso por estar ya pasado del tiempo concedido. Todo eso,al parecer, decidió a Ortega a marcharse del cónclave hacia Moscú sin asistir a la clausura.
En el caso del gobierno de La Habana, vale recordar que más allá del baño de luces mediático, no ha ocurrido nada que altere su actual status financiero y económico. Una cosa es ser ícono antiestadounidense –mientras exista el embargo- y otra es ser un país solvente y confiable a la inversión y comercio.
Con integración o sin ella, se resista o no la voluntad de Washington, los países de la región tienden a insistir -como cualquier otro- en esa extraña manía de que se cumplan los contratos y les paguen los adeudos. Pero sin libertades básicas – incluyendo la de poder ejercer iniciativas económicas- el sistema que rige la isla no será capaz de responder a esa razonable expectativa. Son detalles no resueltos por la retórica de la “solidaridad”.
Las cumbres de Sauípe, envían también un claro mensaje a los cubanos, donde quiera que estén: sólo nosotros mismos podemos resolver nuestros problemas. Los gobiernos y Estados tienen sus propios intereses y objetivos.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 18/12/2008 22:10
Siempre el Totí
Juan Antonio Blanco | 11/07/2009 17:10
Al decir de la última “Reflexión” del oráculo cubano, Honduras es hoy un país “ocupado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”. Se refiere a la existencia de la base de Soto Cano (Palmerola), bajo completa jurisprudencia hondureña, que obedece a un acuerdo de 1954. Curioso. Bajo esa lógica pudiera afirmarse que Cuba estuvo ocupada por el Ejército Rojo por cuatro décadas, desde 1962 hasta la retirada del último oficial y soldado ruso en el 2002.
Cuando se instalaron a lo largo de toda Cuba numerosas bases soviéticas - de cohetes nucleares, defensa antiaérea, unidades mecanizadas, artillería nuclear y convencional- el que ahora funge como oráculo les cedió el control total sobre los territorios que ocuparon. Los políticos y militares cubanos no podían entrar a ellas ni controlar las decisiones que tomasen ya que venían de Moscú. Su instalación en el territorio nacional fue verbal, sin mediar tratado ni discusión alguna con las instituciones nacionales sobre las consecuencias de aquella decisión. De ese modo arbitrario llegaron y luego fueron retiradas unilateralmente cuando a la URSS primero y a Rusia después les vino en gana.
Rebiya Kadeer, la exiliada uigur, a quien los políticos chinos ahora acusan de liderar la revuelta de esa etnia en Xinjiang, lo dijo con claridad: los regímenes totalitarios siempre acusan a una entidad externa de sus problemas. Si es en el Tibet, el acusado es el Dalai Lama. Si el problema es con una minoría musulmana como los uigur, la culpa es de Al Qaeda y la Sra. Kadeer. Lo mismo ocurre en América Latina. Si se depone a un presidente aliado de Fidel Castro y Chávez en Tegucigalpa, los totalitarios cargan la culpa a Estados Unidos y Carlos Alberto Montaner. Como Zelaya y su familia han tenido que agradecer el constructivo papel jugado por Washington y su embajada, ahora La Habana se concentra en Montaner.
El intelectual cubano ha devenido en el demonio favorito de la propaganda cubana desde la desaparición de Jorge Mas Canosa. Una suerte de Super Totí y baby killer al que pueden responsabilizar de cualquier cosa que no les guste o salga mal. Sea el otorgamiento de un premio internacional a una blogger independiente, la deposición de Manuel Zelaya en Honduras o el deterioro del sistema de salud en la isla.
El modus operandis de la actual propaganda contra Montaner me trae a la memoria la experiencia de un oficial de la llamada sección de medidasactivas de la Dirección General de Inteligencia Cubana. Al entonces joven y creativo oficial, le dieron la importante tarea de preparar un libro dirigido a desacreditar la imagen de Mas Canosa cuando el líder del exilio se encontraba en la cima de su popularidad e influencia. Al concluir su “obra” se imprimieron decenas de miles de ejemplares con la intención de distribuirlos en todo el planeta. Para su sorpresa, Fidel Castro en el último minuto vetó el libro.
Según me explicó el consternado oficial, el Máximo Líder consideró un error narrar la biografía y mostrar fotos de Mas Canosa. Por muchas distorsiones y mentiras que pudieran escribirse de la trayectoria del exiliado cubano, al final resultaba “humanizado”. El ente incorpóreo de Mas Canosa resultaba más útil a Fidel Castro que la historia de cómo un exiliado común y corriente llega a convertirse en una personalidad influyente. Era mucho mejor mantenerlo como un implacable Satanás al que los creyentes, para salvar sus almas, han de lanzar piedras como hacen aquellos islámicos que visitan la Meca en Arabia Saudita.
Ahora –sin dejar de lado a Estados Unidos aunque lo presida Obama- le toca el turno de “Gran Satán” a Carlos Alberto Montaner. Si cada vez que el oráculo lo dispone usted no lanza sus piedras contra el escritor cubano será declarado “políticamente incorrecto”. Su alma se perderá sin redención posible.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 11/07/2009 17:27
Desde mi “radio de acción”
Juan Antonio Blanco | 16/09/2009 4:20
La prensa informa del nuevo debate nacional “convocado por Raúl y el Partido”. Se dice que este proceso "no será exactamente igual'', pues esta vez estará dirigido a realizar un "análisis interno'' de "lo que ocurre en cada lugar'', identificar los problemas y sugerir soluciones. Así lo explica el Material de Estudio con las orientaciones para conducir –y saber conducirse- en esas asambleas. "Este análisis debe ser objetivo, sincero, valiente, creador, de intercambio'' en ‘‘la más absoluta libertad de criterios y "el respeto a las opiniones que puedan resultar discrepantes'', añade el citado texto.
Machado Ventura, cuando fue nombrado Secretario de Organización del PCC, impuso un principio disciplinario a los miembros del partido comunista: limitar sus observaciones críticas y propuestas al llamado “radio de acción” o entorno inmediato de los militantes. Ese es el criterio que, al parecer, regirá ahora esas “libérrimas” asambleas.
Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, sin embargo, acaba de publicar en la revista Espacio Laical un lúcido y valiente texto en el que no se limita a quejarse de la baja producción de ostias para las misas dominicales, sino en el que reclama una reforma sustantiva del Estado cubano por medio de un cambio constitucional. Tiene por ello todo mi respeto. Esa es la actitud responsable que corresponde a un descendiente de patricios cubanos y sacerdote de una iglesia que llama cada día a servir con lealtad los principios de Cristo.
Como soy también parte de la nación cubana (porque allí nací) y ostento ciudadanía de esa isla – ya que no se me reconoce otra por las autoridades cubanas pese a que la actual Constitución los obligaría a ello- voy a responder a ese llamado “de Raúl y el Partido”. Pero a diferencia de Monseñor, lo haré refiriéndome a mi entorno inmediato como solicitan sus organizadores.
Deseo dejar registrados cinco planteamientos vinculados directamente a mi “radio de acción”, que son los siguientes:
1) El restablecimiento del derecho de todo ciudadano a migrar y retornar libremente al país o residir fuera el tiempo que estime pertinente y la consiguiente supresión, -inmediata, completa e incondicional- de los permisos de entrada y salida del país.
2) El cese de todas las represalias y acoso contra los que desean migrar hacia el exterior o dentro de Cuba.
3) La liberación inmediata e incondicional de los parientes que, como a rehenes, no se les permite la reunificación familiar.
4) La abolición del pago de trámites para ir a nuestro propio país o prorrogar nuestra presencia fuera de él y el reconocimiento del uso de pasaportes de aquellos países donde somos ciudadanos.
5) La reducción de tarifas telefónicas y de los impuestos sobre remesas, las cuales son las más altas del Hemisferio Occidental y de las más caras del mundo.
En buena lógica, si la privación de libertad de cinco cubanos en Estados Unidos es considerada tan importante por el gobierno de la isla, ¿por qué no dispensan igual prioridad a la situación de millones de cubanos cuya libertad de movimiento ha sido conculcada por casi medio siglo?
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 16/09/2009 4:46







