Siempre el Totí
Juan Antonio Blanco | 11/07/2009 17:10
Al decir de la última “Reflexión” del oráculo cubano, Honduras es hoy un país “ocupado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”. Se refiere a la existencia de la base de Soto Cano (Palmerola), bajo completa jurisprudencia hondureña, que obedece a un acuerdo de 1954. Curioso. Bajo esa lógica pudiera afirmarse que Cuba estuvo ocupada por el Ejército Rojo por cuatro décadas, desde 1962 hasta la retirada del último oficial y soldado ruso en el 2002.
Cuando se instalaron a lo largo de toda Cuba numerosas bases soviéticas - de cohetes nucleares, defensa antiaérea, unidades mecanizadas, artillería nuclear y convencional- el que ahora funge como oráculo les cedió el control total sobre los territorios que ocuparon. Los políticos y militares cubanos no podían entrar a ellas ni controlar las decisiones que tomasen ya que venían de Moscú. Su instalación en el territorio nacional fue verbal, sin mediar tratado ni discusión alguna con las instituciones nacionales sobre las consecuencias de aquella decisión. De ese modo arbitrario llegaron y luego fueron retiradas unilateralmente cuando a la URSS primero y a Rusia después les vino en gana.
Rebiya Kadeer, la exiliada uigur, a quien los políticos chinos ahora acusan de liderar la revuelta de esa etnia en Xinjiang, lo dijo con claridad: los regímenes totalitarios siempre acusan a una entidad externa de sus problemas. Si es en el Tibet, el acusado es el Dalai Lama. Si el problema es con una minoría musulmana como los uigur, la culpa es de Al Qaeda y la Sra. Kadeer. Lo mismo ocurre en América Latina. Si se depone a un presidente aliado de Fidel Castro y Chávez en Tegucigalpa, los totalitarios cargan la culpa a Estados Unidos y Carlos Alberto Montaner. Como Zelaya y su familia han tenido que agradecer el constructivo papel jugado por Washington y su embajada, ahora La Habana se concentra en Montaner.
El intelectual cubano ha devenido en el demonio favorito de la propaganda cubana desde la desaparición de Jorge Mas Canosa. Una suerte de Super Totí y baby killer al que pueden responsabilizar de cualquier cosa que no les guste o salga mal. Sea el otorgamiento de un premio internacional a una blogger independiente, la deposición de Manuel Zelaya en Honduras o el deterioro del sistema de salud en la isla.
El modus operandis de la actual propaganda contra Montaner me trae a la memoria la experiencia de un oficial de la llamada sección de medidasactivas de la Dirección General de Inteligencia Cubana. Al entonces joven y creativo oficial, le dieron la importante tarea de preparar un libro dirigido a desacreditar la imagen de Mas Canosa cuando el líder del exilio se encontraba en la cima de su popularidad e influencia. Al concluir su “obra” se imprimieron decenas de miles de ejemplares con la intención de distribuirlos en todo el planeta. Para su sorpresa, Fidel Castro en el último minuto vetó el libro.
Según me explicó el consternado oficial, el Máximo Líder consideró un error narrar la biografía y mostrar fotos de Mas Canosa. Por muchas distorsiones y mentiras que pudieran escribirse de la trayectoria del exiliado cubano, al final resultaba “humanizado”. El ente incorpóreo de Mas Canosa resultaba más útil a Fidel Castro que la historia de cómo un exiliado común y corriente llega a convertirse en una personalidad influyente. Era mucho mejor mantenerlo como un implacable Satanás al que los creyentes, para salvar sus almas, han de lanzar piedras como hacen aquellos islámicos que visitan la Meca en Arabia Saudita.
Ahora –sin dejar de lado a Estados Unidos aunque lo presida Obama- le toca el turno de “Gran Satán” a Carlos Alberto Montaner. Si cada vez que el oráculo lo dispone usted no lanza sus piedras contra el escritor cubano será declarado “políticamente incorrecto”. Su alma se perderá sin redención posible.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 11/07/2009 17:27
Lecciones chinas para el verano cubano
Juan Antonio Blanco | 17/07/2009 3:36
La aparente chispa que incendió la pradera en la región autónoma china de Xinjiang fue un malentendido sobre un incidente menor entre una joven de origen Han y unos obreros de las minorías uigures. El rumor de que había sido violada por varios de ellos provocó ataques violentos contra los uigures. Las golpizas y asesinatos provocaron, a su vez, la sublevación masiva de uigures en que fueron quemados fábricas y comercios chinos. La situación creada tenía un potencial de desestabilización tan grande que el jefe de estado de la República Popular China decidió abandonar una importante Cumbre internacional y regresar a su país.
El tema involucra un conjunto de graves fallas del régimen chino. Allí se ha conjugado lo peor del capitalismo y el socialismo en función de facilitar un acelerado crecimiento económico y mantener los privilegios de su clase dominante. El régimen totalitario chino niega las libertades civiles, sindicales y políticas que en las sociedades capitalistas permite a los ciudadanos oponerse a los abusos económicos, sociales y ecológicos. Esos males son engendrados por el afán de lucro donde no existe un Estado de Derecho con libertades y poderes independientes que sirvan de recíproco contrapeso.
El crecimiento de la economía china viene por ello acompañado de una gran corrupción, destrucción ecológica, trabajo semi-esclavo, desigualdad en las oportunidades sociales, xenofobia hacia minorías como los tibetanos y los uigures y otros males que representan el Talón de Aquiles de su modelo de desarrollo. Las consecuencias que esas tendencias corrosivas tienen para su competitividad internacional comienzan a ponerse de manifiesto en la medida en que los mercados se cierran a aquellos productos que han sido manufacturados con materiales tóxicos y sale a la luz la ausencia de controles sanitarios y de calidad de una parte de sus producciones y exportaciones.
La sociedad china, al igual que la cubana, -al carecer de democracia como herramienta institucional para la prevención, manejo y solución de conflictos-, se hace vulnerable a que cualquier incidente social de relativa o poca importancia requiera del uso de la fuerza para controlarlo. El empleo de la represión puede contener momentáneamente la expansión de un conflicto, pero al no dar solución a sus causas las agrava e invita a una cíclica espiral de violencia.
Al cerrarse el primer semestre del 2009 Cuba atraviesa una coyuntura excepcionalmente crítica a la que debe hacer frente con instituciones de débil capacidad de gestión y deteriorada legitimidad. En esas circunstancias, cualquier incidente menor y fortuito –que en un contexto de solidez institucional podría ser fácilmente manejado y absorbido- puede desencadenar hechos de magnitud histórica. Es por ello que Raúl Castro ha ordenado identificar las posibles causas inmediatas de potenciales estallidos sociales durante el verano –como es el caso con el transporte y los apagones- y tomado medidas provisionales para tratar de evitarlos en esta etapa. El problema es que “Cuba es un eterno verano”.
Es exacta la paradoja que ha apuntado Carmelo Mesa Lago de que la sociedad cubana, mientras pretende gozar de una supuesta superioridad por su potencial de planificación nacional, carece hoy de un plan económico para enfrentar esta crisis. En el terreno político podría afirmarse que la principal ironía es que el temor a perder el control - que explica el inmovilismo de la actual gerontocracia gobernante- es precisamente el que propicia que ese sea un rumbo posible y cada vez más probable de los acontecimientos.
IMPORTANTE AVISO A LECTORES Y AMIGOS
He cambiado desde el pasado dia 15 de julio mi correo personal.En lo adelante deben escribirme a:
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 17/07/2009 3:50
OEA: paisaje después de la batalla
Juan Antonio Blanco | 04/06/2009 2:02
Bajo augurios apocalípticos de parte de los gobiernos cercanos al cubano, se acaba de aprobar por consenso una resolución sobre Cuba en la OEA que contiene todos los elementos reclamados por los Estados Unidos. La postura de Washington, en esta ocasión, coincidía con las preocupaciones de todos aquellos que por muchos años trabajamos desde la sociedad civil regional por obtener la aprobación de la Carta Democrática Interamericana.
Lo que procuraba Fidel Castro al alentar a sus aliados a tirarse a fondo en este lance no era el regreso del gobierno de Cuba a esa institución. No había mentido. Es cierto que no lo deseaba –como tampoco le interesa, pese a sus ventajas económicas, entrar al Pacto de Cotonú o incluso a Mercosur- porque allí tendría que convivir con cláusulas relativas a los derechos humanos y –aun más importante- mecanismos para su protección. Es una diferencia sustantiva con aquella Cumbre Iberoamericana en que se pudo dar el lujo de firmar el apoyo a la democracia representativa sabiendo que no existían mecanismos que luego lo inspeccionaran sobre el particular. Su entrada al Grupo de Río la considera una breve transición en la esperanza de que UNASUR o el ALBA lo sustituyan tempranamente.
Los propósitos de Castro para esta asamblea de la OEA eran otros: a) arrinconar, más que a Estados Unidos, a la Administración Obama para nutrir su campaña de que este presidente es más de lo mismo y reducir su popularidad regional, así como entre la población y funcionarios cubanos; b) polarizar la OEA y llevarla al borde la ruptura; c) obtener una declaración de desagravio por la expulsión de 1962 y una mendicante invitación al gobierno cubano a que regresara a la OEA; d) atizar a los representantes cubano-americanos en el Congreso de EEUU para que promuevan el corte del apoyo financiero a la institución si se levantaba la sanción de 1962 motivada por la alianza en aquel momento de Castro con un país que ya no existe hace 18 años.
El resultado ha sido un texto que nada tiene que ver con los objetivos del anciano caudillo ni con algunos cintillos sensacionalistas de prensa que hablan del "reingreso del gobierno de Cuba sin condiciones".
Los tres elementos claves de la resolución son los siguientes:
a) El preámbulo recalca los principios claves en que se basa la OEA y que todavía presentan dificultades al reingreso de Cuba (entre ellos los de la democracia, derechos humanos y seguridad).
b) El primer párrafo operativo dice que deja sin efecto la resolución de 1962, pero no pide excusas al gobierno de Cuba -que fue en realidad el suspendido, no el Estado cubano- por la decisión tomada entonces.
c) El segundo párrafo operativo autoriza a iniciar un proceso de diálogo con el gobierno de Cuba si pidiese el reingreso. Algo extremadamente improbable mientras exista Fidel Castro. Pero la resolución especifica que el dialogo acerca de esa posibilidad ha de producirse a la luz de los principios y propósitos de la institución (antes recordados en el primer párrafo del preámbulo). Traducido al lenguaje común eso equivale a decir que si el gobierno de Cuba diese el paso de solicitar su reingreso-que ha reiterado no va a dar- no lo obtendría de forma automática, sino que se enfrentaría al inicio de un proceso de diálogo, cuya duración no se precisa, en que su solicitud se analizaría a la luz de los citados principios de la organización.
Esta era en esencia la posición declarada de antemano por Hillary Clinton. Los EEUU han obtenido la aprobación de su postura por consenso, sin ir a una votación que pusiera en evidencia la falta de unanimidad en torno a su propuesta y sin arriesgarse a perderla por no obtener los apoyos suficientes. Adicionalmente – y contrario a los objetivos de Fidel Castro- la Administración Obama ha reforzado su imagen conciliadora al aceptar como concesión lo que resultaba obvio: la inevitabilidad de levantar una sanción de 1962 cuyo texto aludía una alianza cubana con un país inexistente hace 18 años. Su ausencia en la organización se explica, a partir de ahora, por motivos mucho más vigentes y claros.
Citar por su nombre la Carta Democrática era innecesario y por eso podía ser utilizado como ficha de negociación para el consenso. Lo que no podía obviarse era que la democracia y los derechos humanos son hoy principios inseparables de la institución. Pese a su importancia hay muchos otros instrumentos y mecanismos en la OEA que se relacionan con la democracia y los derechos humanos. Mencionarlos todos era imposible y privilegiar la Carta sin recordar los restantes compromisos hubiera puesto en segundo plano a pactos y mecanismos de trascendental importancia como son la Convención Americana de Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, o los acuerdos de seguridad y defensa hemisférica colectiva. El texto ha quedado fortalecido precisamente por el tratamiento genérico que hace de sus pilares fundacionales en vez de remitirse a uno sólo de sus instrumentos.
Fidel Castro ha de estar muy disgustado aunque haga su mejor esfuerzo por ocultarlo. Tiene motivos para estarlo. Obama y Clinton volvieron a escapar de su emboscada. Lo sucedido ha sido un triunfo importante para la Administración Obama cuya imagen conciliadora sale reforzada, sus amigos radicales no pudieron arrinconar a EEUU, dividir ni destruir a la OEA, no pudieron arrancarle un lagrimoso mea culpa por lo de 1962, ni tampoco socavar la vigencia de los actuales instrumentos sobre los que se asienta la organización. Y para colmo lo acordado se logró por un consenso al que se sumaron sus amigos allí presentes ante la imposibilidad de lograr otra cosa o ser ellos los que quedaran aislados.
Queda ahora por ver si los representantes cubano americanos en el Congreso de Estados Unidos le van regalar a Fidel Castro el único objetivo que le queda pendiente después de haber perdido los otros tres.
Seria un error garrafal que guiados por miopes consideraciones de política doméstica declarasen que Obama y Clinton perdieron la batalla de Honduras y promovieran una resolución para quitarles los fondos en el Congreso a la OEA. No sólo le darían razón a quienes no la tienen sino que adicionalmente contribuirían gratuitamente a nutrir el “antiyanquismo” regional en que florecen los populistas radicales.
Texto completo de la resolución aprobada
:LA ASAMBLEA GENERAL
:RECONOCIENDO el interés compartido en la plena participación de todos los Estados Miembros;
GUIADA por los propósitos y principios establecidos de la Organización de los Estados Americanos contenidos en la Carta de la Organización y en sus demás instrumentos fundamentales relacionados con la seguridad, la democracia, la autodeterminación, la no intervención, los derechos humanos y el desarrollo;
CONSIDERANDO la apertura que caracterizó el diálogo de los Jefes de Estado y de Gobierno en la Quinta Cumbre de las Américas, en Puerto España, y que con ese mismo espíritu los Estados Miembros desean establecer un marco amplio y revitalizado de cooperación en las relaciones hemisféricas; y
TENIENDO PRESENTE QUE de conformidad con el artículo 54 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, la Asamblea General es el órgano supremo de la Organización,
RESUELVE:
1. Que la Resolución VI adoptada el 31 de enero de 1962 en la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, mediante la cual se excluyó al Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano, queda sin efecto en la Organización de Estados Americanos.
2. Que la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 04/06/2009 3:21
OBAMA Y EL CAMBIO DE ÉPOCA
Juan Antonio Blanco | 09/11/2008 21:37
Tags: soft power, Internet, Collin Powell, elecciones en Estados Unidos, Obama, Fidel Castro, Hugo Chávez
Barack Hussein Obama es presidente de Estados Unidos. El antiamericanismo, como ideología del odio simplista y ramplón, ha recibido un golpe de alcance planetario. El soft power estadounidense –más poderoso que sus hoy comprometidos ejércitos y finanzas- inicia un proceso de recuperación con la nueva Administración que se inaugurará en enero próximo. Obama puede restaurar el espíritu que dio origen a la frase “Hoy todos somos americanos”, que recorrió el mundo cuando el ataque al World Trade Center y que Bush hizo añicos en muy breve tiempo. No le será fácil, pero es posible.
Barack Obama es el primer presidente afroamericano. Pero no es un líder negro. Es un líder carismático americano. Su programa va más allá de la reivindicación de un grupo racial. No es administrador, es un innovador. Collin Powell lo ha llamado una personalidad de estatura transformacional para eludir la palabra “revolucionaria” que hoy es anatema en la cuna de todas las revoluciones modernas.
Obama se propone traer a la democracia americana una transformación posmoderna de gran alcance. Ya lo hizo en alguna medida. Por eso pudo imponerse en las primarias contra Hillary Clinton. Apoyándose en Internet y con una estrategia de comunicación directa con las bases fundó un movimiento nacional propio, constituido por múltiples redes de apoyo político. Basándose en el trabajo de activistas y las modestas recaudaciones de millones de ciudadanos pudo liberarse de las limitaciones financieras, controles políticos y manipulaciones mediáticas del establishment del Partido Demócrata. La World Wide Web le permitió recaudar más dinero para su campaña que el que nunca antes en la historia recibieron los políticos estadounidenses de las grandes corporaciones privadas. Nadie ha sabido aprovechar mejor que Obama el fenómeno político posmoderno de la nueva era de la información.
Decir que ganó las elecciones por el desastroso desempeño de George W. Bush o sus dotes oratorias es negarle estatura. Pese a la verdad que encierran ambas observaciones debe tenerse presente que ganó porque ofreció algo nuevo a lo que el resto de los candidatos de ambos partidos ofertaban. De nada sirve ser buen orador – sea Fidel Castro o Barack Obama- si el mensaje no conecta con las aspiraciones coyunturales de quienes lo reciben , o se sospecha que quienes lo emiten son parte de un paradigma obsoleto al que volverán tan pronto sean electos. Un orador pésimo como Hugo Chávez pudo al inicio abrirse paso por vía democrática –la que hoy intenta cerrar- porque sacó partido al largo resentimiento contra una oligarquía y clase política insensibles a las necesidades de las mayorías. En Cuba, Fidel Castro dejó de ser un líder carismático mucho antes de su actual convalecencia, cuando su discurso se divorció de los intereses e idiosincrasia del pueblo que antes lo recibió con los brazos abiertos.
Los estadounidenses intuyen que el régimen de gobernanza político y económico que hoy los regula está en crisis. Quieren un nuevo capitalismo con un New Deal que no sea una réplica del de Franklyn Delano Roosevelt, sino que se ajuste a las realidades de este siglo XXI. No les asustan los líderes carismáticos porque saben que los pilares centrales de su democracia –separación de poderes, libertades políticas y civiles, poder judicial independiente- gozan todavía de buena salud y son capaces de controlar a quien intente barrerlos por buen orador que sea. Es precisamente por ellos que un candidato negro como Obama pudo competir y ser electo presidente. Estados Unidos en el 2008 no es comparable con aquella Cuba que en 1959 adolecía de grandes debilidades en su institucionalidad democrática.
El desafío que se le presenta a Obama es cómo hacer uso eficaz de las instituciones democráticas para desarrollar políticas –domésticas e internacionales- en interés de la nación en su conjunto, incluyendo a los que no votaron por él, y no sólo de un sector de funcionarios, políticos o financieros en Wall Street. Esa no es tarea exclusiva de un presidente , sino de una nueva generación dispuesta a abandonar el cinismo y escepticismo sobre la virtud de la política. A ella se enfrentará una parte muy poderosa del sector privado y de la clase política estadounidense, tanto del Partido Republicano como del Demócrata. No es poca cosa. Pero el reto principal para Obama es el de aprender a mirar la realidad desde una nueva perspectiva y saber trasmitir a otros esa cualidad. Esta campaña electoral apenas ha sido el primer paso en esa dirección. Pero por ser el primero es trascendental.
En 1776 la Revolución Americana imaginó y materializó un nuevo mundo dando paso a un cambio de época. ¿Puede Estados Unidos en el siglo XXI generar el imaginario y sentar los fundamentos de un nuevo sistema democrático de gobernanza nacional e internacional con la misma ingeniosidad con la que inventó la democracia moderna, el régimen multilateral de relaciones internacionales posterior a la II Guerra Mundial y la tecnología de Internet que ha transformado el modo en que interactuamos a cualquier escala?
Estamos inmersos, desde mediados del pasado siglo, en un nuevo proceso civilizatorio generado por la acelerada revolución de las tecnologías de información y comunicaciones. El tránsito planetario hacia otros regímenes de gobernanza nacionales e internacionales será difícil y convulso – incluso violento- y puede tomar hasta mediados del presente siglo. Transformar mentalidades y luchar contra intereses creados es más complejo y lento que revolucionar las herramientas tecnológicas a nuestro alcance. Pero no es imposible. Incluso se vuelve ineludible.
Lo que acaba de ocurrir en Estados Unidos es síntoma de la complejidad del proceso histórico de transformación mundial que hoy experimentamos. Las mejores intenciones de Obama no tienen el éxito garantizado. ¿Quién puede dudarlo? Pero haber aceptado el reto de promover cambios –y los peligros que eso conlleva- ya le ha ganado al nuevo presidente el respeto de amplias mayorías dentro y fuera de Estados Unidos.
Los que hasta el último minuto apostaron en La Habana a que “el negro” nunca sería electo – y trataron de contribuir a su derrota en Florida manipulando la traumatizada psiquis del exilio cubano- ahora apuestan a que lo asesinen, o, al menos, cometa errores de tal magnitud que pierda su atractivo político. No están solos. En Moscú, Teherán y Caracas, por mencionar algunos, hay quienes comparten su incredulidad y parecen dispuestos a enfrentarlo a una temprana crisis para sacar partido de su inexperiencia, tal y como antes hiciera la URSS con John F. Kennedy.
Desde una perspectiva política, Obama no es un presidente débil. Muy por el contrario, su presidencia goza hoy de un consenso nacional e internacional que neutraliza a sus enemigos. Es además poseedor de un carácter e inteligencia excepcionales. Aquel que lo desafíe puede contribuir a galvanizar y consolidar de manera definitiva la simpatía interna e internacional que ya existe en torno a su presidencia, quizás en mayor medida que cuando “el joven e inexperto” John F. Kennedy salió airoso del reto que le presentó la Crisis de los Cohetes en octubre de 1962. Si se lanzan a esa aventura, les arriendo las ganancias.
A los racistas -de “izquierdas” y "derechas"- mi más sentido pésame.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 10/11/2008 0:12
Fidel y Chávez: reveses estratégicos
Juan Antonio Blanco | 11/08/2009 1:12
A Fidel y Hugo Chávez se les nota un poco nerviosillos de un tiempo acá. Es comprensible.
El precio del crudo no va recuperar los niveles que permitían a la empresa petrolera venezolana ser rentable pese a su alta ineficiencia “roja rojita”. En Cuba sucede lo mismo con el níquel mientras que la ineptitud de la economía estatal impide que el incremento de las visitas turísticas genere mayores ingresos. Tampoco la isla produce alimentos suficientes por lo que en un 80% se compran a Estados Unidos. El malestar social crece tanto en Cuba como en Venezuela donde hoy el presidente Obama es mas popular que ambos mandatarios.
Los partidos de gobierno en países como Argentina, Brasil, Chile -que hasta ahora han mostrado una exquisita tolerancia hacia sus desaguisados - en pocos meses enfrentarán elecciones presidenciales con una oposición conservadora que parece aventajarlos en los sondeos de opinión.
Pero no para ahí la racha de mala suerte.
Han aparecido nuevas evidencias del vínculo entre las FARC y el gobierno de Correa en Quito así como de esa agrupación narcoterrorista y el gobierno de Chávez. Un video del Mono Jojoy y unos cohetes vendidos a Caracas por los suecos, - ahora capturados a las FARC- , ponen sobre la mesa la conexión operativa encubierta entre el fenecido socialismo del siglo XX y el que estos dos dictadores nos proponen para el siglo XXI. En Honduras, más allá de la torpeza cometida con la expulsión de Zelaya a Costa Rica, perdieron una importante base de operaciones y se ha sentado el precedente de que las subversión bolivariana es reversible. Las evidencias del modus operandis chavista que allí se vienen recogiendo pueden ser tan reveladoras como las encontradas en la famosa laptop del difunto comandante de las FARC Raúl Reyes
En resumen: la proyección estratégica regional del eje La Habana - Caracas se ha visto comprometida a corto y mediano plazo.
La “correlación de fuerzas regional” ha comenzado a girar en dirección contraria a sus objetivos. Es por eso que, en su desespero, acuden a un mayor aventurerismo incrementando las acciones encubiertas dirigidas a desestabilizar Honduras y lanzándose a fondo en el cuestionamiento del derecho soberano que asiste a Bogotá a seguir sus pasos cuando el pasado año ofrecieron a Rusia facilidades logísticas en Cuba y Venezuela para reanudar la presencia militar de Moscú en el hemisferio occidental. Mientras UNASUR se aprestaba a discutir en Quito el derecho de Colombia para otorgar facilidades a fuerzas estadounidenses convencionales carenaba en la Bahía de La Habana un submarino nuclear ruso la semana pasada. De eso nadie quiso hablar.
Algunos gobiernos de la llamada “izquierda moderada” en UNASUR le hacen el juego al ALBA con declaraciones ambiguas de tenue sabor “antiyanqui”, pero eso no le basta a Hugo y Fidel que salieron defraudados ante la imposibilidad de obtener una enérgica condena de Colombia en la reciente reunión de esa institución en Quito.
El hecho es que el reloj sigue marcando las horas y el tiempo se les acaba.
Si Honduras hace gestos positivos hacia las propuestas de Oscar Arias y esquiva o neutraliza hasta las elecciones de noviembre -con firmeza, pero también sabiduría y tacto políticos- las zancadillas desestabilizadoras que le vienen tendiendo los dos caudillos, será difícil que la OEA no se vea precisada a revisar su postura en el 2010 y los europeos seguirán los pasos que adopte la organización regional en este tema.
Por otro lado, a los países que vienen soportando las ingerencias de los pretendidos “socialistas del siglo XXI” se les presenta la oportunidad de virarle la tortilla al ALBA en el debate sobre las bases en Colombia previsto para la “cita presidencial extraordinaria” de UNASUR a darse dentro de unos días en Argentina. No es difícil imaginar que -de proponérselo seriamente- pudieran transformar el debate sobre las relaciones militares entre Bogotá y Washington en una discusión general sobre el otorgamiento de facilidades a la presencia militar de gobiernos y de grupos irregulares armados extranjeros, como son los casos de Rusia, las FARC y Sendero Luminoso. Si lo hacen es muy probable que Chávez, Correa, Morales y Fidel, se vean en un aprieto. Hasta Daniel Ortega tendría que responder por el amparo territorial ofrecido a grupos de pretendidos zelayistas hondureños y de otras nacionalidades que proclaman abiertamente estarse entrenando para iniciar la insurrección en Honduras.
En esas circunstancias, al cúmulo de recientes reveses estratégicos sufrido por el ALBA es posible que se agregase un serio descalabro diplomático si algunos gobiernos que han sido sus victimas se lo proponen.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 11/08/2009 1:29







